viernes, 17 de agosto de 2018

NO QUIERO CREERLO, PERO PREGUNTO: ¿SOMOS CADA VEZ MÁS TONTOS?

A mediados de junio surgió la noticia de que un reciente estudio llevado a cabo por investigadores noruegos señalaba que el cociente de inteligencia de la población ha comenzado a caer, y que la caída comenzó con las personas nacidas en el año 1975, a pesar de la universalización de la enseñanza y de disponer de más medios de información. Según los autores del estudio, el motivo no es una cuestión de genética, sino que se debe a aspectos como los cambios en la forma de enseñanza, o la pérdida de hábito de la lectura de libros en favor de la televisión y los ordenadores y dispositivos móviles. Al parecer, tal como anunciaban con cierto humor algunos titulares de de prensa, parece que " nos estamos volviendo más tontos".
No hacía falta, creo yo, un estudio para darnos cuenta de que no sólo en cuanto al cociente de inteligencia, sino también en aspectos básicos y cotidianos de la vida, se percibe que muchas las personas de todas las edades que actúan de modo impulsivo, primario, sin detenerse a pesar en las consecuencias, a veces muy graves e irreparables, de sus actos u omisiones. Y también se ven muchas personas que ante una dificultad o incluso un simple contratiempo se quedan paralizadas, sin capacidad de reacción, sin saber cómo actuar ni resolver el problema que se les ha presentado.
Sin ir más lejos, esta semana, y de nuevo, el barco Aquarius navegaba con más de cien inmigrantes a bordo. Me resultó curioso que los gobiernos se rifan, negocian, hacen rebajas de cuantos les tocan a cada uno. Creía que el tráfico de seres humanos había acabado hace tiempo, pero me doy cuenta de que no es así. Amigos: la vida es innegociable. El ser humano no es una mercancía que se compra y se vende. Probablemente si quien negocia, fuera en el barco en cuestión, seguro que cambiaríamos de opinión.
Pero es que hay más: ¿Qué delito ha cometido el Padre Carlos Riudavets Montes?. Un jesuita que durante 38 años trabajó con los más desfavorecidos. Seguro que trabajó feliz. Seguro que esa felicidad se la transmitía a los que con él vivían. Su vida se truncó a los 73 años y que probablemente hubiesen sido más, pero ¿por qué?. ¿Por creer en un tal Jesús y denunciar injusticias?
¿Cuántos casos de violencia de género volvemos a sufrir en nuestro país?. Es que todo ello me lleva a pensar que hay algo que no funciona y que probablemente nos estamos volviendo más tontos cuando estamos viviendo en una sociedad con una tecnología mucho más avanzada, pero parece que la mente, nuestra mente, no ha avanzado mucho. Sigo pensando que la vida cada vez más tiene menos valor.
Como nos dirá la primera lectura de este fin de semana, el libro de
la sabiduría, nos hacen falta sabios. Y probablemente el sabio no es el que sabe mucho, que también, probablemente el sabio es el que empieza por conocerse a sí mismo y en consecuencia actúa. Me ha maravillado la valentía de nuestro Papa, de Francisco, que ha tenido la valentía de anular del catecismo la pena de muerte. Me gustaría invitar - desde la humildad - a nuestro Papa que siga revisando nuestro catecismo, a que siga anulando artículos que denigren al ser humano.
El sabio, hoy en día, como nos dirá Marcos en este domingo (Mc 6), es el que come de este pan y que vivirá eternamente. No quiero creerlo. Me niego a aceptarlo que cada vez seamos más tontos. Apostemos por la vida, pero sobre todo por la VIDA, por ese sabio llamado Jesús de Nazaret, por ese sabio que él mismo nos dice yo soy el pan vivo bajado del cielo
Feliz verano
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 10 de agosto de 2018

FUERTE PROBLEMA EN EL VERANO CON LA DIETA


Probablemente es algo que a todos nos incumbe e incluso yo diría que nos preocupa: a unos más que a otros por supuesto. Parece como que en el verano, por aquello de la piscina o de la playa, hay que darle un giro total a nuestra vida. En invierno y en otoño como que la importancia es otra, o no tiene importancia. En la primavera nos empiezan a bombardear con la "operación biquini", o la operación "fuera tripa". Les voy a decir algo: los que tenemos cierta tendencia a no soltar kilos - porque trabajo cuesta cogerlos, ¿saben? -, parece que tenemos un sufrimiento añadido. Claro, llega el verano y eso de la dieta como que no encaja mucho en la mayoría de los mortales, incluso aunque se intente.
Por otra parte, una de las cosas buena que tenemos a nuestro alcance es lo que llamamos "la dieta mediterránea", rica en frutas, verduras, pasta, arroz, aceite de oliva, pescado....Sin embargo aún conociendo los beneficios que nos aporta esta dieta, se nos recuerda que estamos abandonando este tipo de alimentación, sustituyéndola por carnes procesadas, grasas, azúcares... que unido al sedentarismo o a la falta de ejercicio, hace que la obesidad aumente, existan problemas cardiovasculares, etc..
Aunque lo podemos constatar en nuestras parroquias todas las semanas y según un estudio de Abril del 2018, el 68% de los españoles se declara católico, pero solo un 14% participa de la eucaristía dominical. Ya lo dejaba entrever en mi reflexión del domingo pasado. Gracias a Dios ya nadie nos obliga a asistir a ciertas prácticas religiosas, pero es triste que haya que ir al médico para darnos cuenta que ciertos alimentos que venden en ciertos establecimientos no nos aportan ningún beneficio, que no hacemos ejercicio y que tenemos problemas coronarios. A nivel religioso, ¿a quién acudimos?
Me parece triste, y lo decía, que hasta los propios agentes de pastoral, hagan "dieta religiosa", entendiendo por dieta dejar de comer en vez de comer sano. ¿Adelgazamos?, probablemente, pero no de la forma que debiéramos. LLevamos tres domingos en los que Jesús nos recuerda cuál es el verdadero alimento que nos tiene que dar fuerza para la vida, y nosotros emperrados en hacer dieta sin acudir a los cánones correspondientes.
Probablemente pondremos cincuenta millones de disculpas: la playa, el cura que está no me gusta, es que me da perece... pero ¿y los que madrugan para ir al gimnasio?, ¿los que madrugan, estando de vacaciones, para hacer la ruta del colesterol?. Cuando hablamos de ir a compartir la fe, podemos hacer como Elías en la primera lectura que ante las dificultades se sienta debajo de una retama y se desea la muerte: ¡que pena!
Lo más probable es que cuando desde algunas instancias se nos recorten derechos o nos quiten algunas situaciones que por el momento podemos hacer, nos tiraremos de los pelos y diremos por qué nos hacen eso. Sencillamente ahora no estamos prestando la debida atención ante las
dificultades. Nuestras eucaristías, veraniegas o no, están quedando escasas de gente y no hay que echarle la culpa a nadie. Somos nosotros mismos los que no damos el ejemplo que requiere una situación como esa.
No pidamos peras a los olmos, porque no las dan. Prediquemos con el ejemplo, incluso para nuestros hijos y así no digamos nunca, "no sé por qué mi hijo no quiere ir a misa los domingos", pues porque probablemente nosotros no damos ejemplo. Si nosotros no vemos la eucaristía como algo importante, no tiene sentido involucrar a los demás en algo que nosotros no sentimos.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 3 de agosto de 2018

DIOS TAMBIÉN ESTÁ EN PLAYA DEL INGLÉS, EN LA HUELGA DEL TAXI O EN LAS PATERAS



Lo que voy a decir probablemente no tenga excesiva importancia para muchos. Pero en el verano lo que me gusta hacer es todo aquello que durante el año no puedo hacer por trabajo, reuniones, etc... y la playa me relaja. ¡A quién no le relaja o no le da fatiga el ver una llama en una hoguera!. ¡A quién no le relaja escuchar las olas del mar!. Pues a mí me pasa algo parecido: el fuego - siempre que esté controlado -, el agua del mar.... me relaja. Me relaja el caminar por la orilla de la playa, da igual solo que acompañado, aunque prefiero lo último. Tomar un poquito el sol, bañarme... y... llega uno a casa como nuevo, aunque eso por los año no es muy fiable.
Estos días, uno de los que he ido a caminar solo por playa del inglés, esos días en los que la marea parece que te dice que la arena es toda tuya y que las piedras las dejamos para otro momento, me encontré con un amigo y que después de saludarnos, le pregunté: "¿caminando solito?. No. Vamos dos. Dios viene conmigo". Y es verdad. Ahora que el evangelio de estos días nos habla de pan, quizás material, como el domingo pasado, y este domingo también nos habla de algo parecido. Nos habla de fundamento, en una sociedad en la que como decía un filósofo, es una sociedad líquida.
Cuando este filósofo hablaba de este tema, lo hacía en contraposición a sociedades anteriores en las que parecían más sólidos: se hacían proyectos a medio y largo plazo, porque había unos pilares lo suficientemente sólidos para poder soñar de esa manera: trabajo fijo, relación sentimental estable, valores sociales que todo el mundo aceptaba y eran asumidos..... Hoy todo eso no solo se ha debilitado, sino que se ha convertido en algo líquido. No parece haber nada duradero: ni el trabajo, ni las relaciones sociales, ni valores.... todo camina a una gran velocidad y tenemos un fuerte sentimiento de inestabilidad, porque no podemos apoyarnos en nada que nos ofrezca solidez. Se nos escurre como el agua entre los dedos.
A veces pienso si para muchos, nuestra idea de Dios es como el agua que se nos escurre. Por eso cuando mi amigo me dijo que no iba solo por la playa sino que Dios iba con él, está claro que Dios no coge vacaciones en verano. Es más. Me dio una lección, porque cuando yo iba caminando probablemente no iba pensando en Dios.
El evangelio de este domingo nos va a invitar a saciarnos de lo que no nos dará más hambre. ¿Cómo pasar correctamente de lo líquido a lo sólido?, el evangelio es claro: trabajemos por el alimento que perdura no por el alimento que perece; por el alimento que nos dará la vida eterna. Aunque vivamos en una sociedad en la que solamente encontramos alimentos perecederos como la olla de carne de los israelitas en la primera lectura, creo que caminar - como mi amigo - con Jesús en el verano, no es mala idea. Y no es mala idea que
Jesús esté de huelga con los taxistas, siempre y cuando estos tengan razón, además que siempre viaja en patera con los más débiles.
Me resulta curioso cuando veo nuestras eucaristías, la cantidad de bancos vacíos. Siempre me pregunto dónde se encuentran todos esos agentes de pastoral que durante los cursos catequéticos nos damos golpes de pecho, nos apuntamos a dieciocho mil reuniones, solicitamos planes de formación, probablemente negamos ciertos sacramentos porque algún padre ha faltado más de la cuenta y tenemos que ser implacables con la norma impuesta por la parroquia.... pero los bancos siguen vacíos.
¿Saben?. Ojalá me encuentre de nuevo con mi amigo, porque en vez de ir cada uno por su lado, nos juntamos y caminamos los dos con Dios por la playa. ¡Qué lección más buena, porque Dios no duerme ni reposa en verano!
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 27 de julio de 2018

HOY TENEMOS. MAÑANA NO SABEMOS


Mi padre probablemente no sea el mejor padre del mundo. Y si nos preguntamos cada uno de nosotros sobre cada uno de nuestros padres, probablemente la apreciación sea la misma. No hay padre perfecto, como tampoco hay hijo perfecto. Es más, no hay un manual de como tiene que ser el mejor padre del mundo y si cada uno de nosotros nos miramos en el espejo - salvo excepciones - diremos que nuestro padre aunque no sea el mejor, lo queremos con locura. Eso nos pasa a todos.
Pero volviendo a mi padre (padres), si había algo que le repateaba es que por un lado mi madre hiciera más comida de la que podíamos comer porque el destino de las sobras ya sabíamos cual era y por otra parte le molestaba que los hijos tuviéramos expresiones como "¡qué asco!.¡otra vez lo mismo!,¡pues a mí no me gusta y no como!". Probablemente son expresiones que no solo se dieron en mi infancia, sino que probablemente se dan en la infancia de muchos de los niños de hoy en día. El acababa diciendo: "usted come lo que tiene delante, puesto que hoy tenemos, pero mañana no sabemos".
Las lecturas de este fin de semana, sin querer, le dan la razón, no solamente a mi padre, sino a muchos padres de todo el mundo. Tiramos y consumimos más de lo que necesitamos, mientras que hay muchos que ni siquiera son capaces de llevarse a la boca una gota de agua. Me resulta sangrante, ahora que todos estamos fritos por ir de vacaciones, incluso hemos retrasado la compra del billete esperando al 75% de descuento y me resulta sangrante digo que cada tres segundo alguien esté muriendo de hambre en el mundo. No sé si mucha gente me lee cada fin de semana, pero mientras leemos estas letras, como mínimo cuatro personas habrán muerto y probablemente nos hemos quedado como si nada. Un perro en Europa, come mejor que un niño en África.
Hay que llegar a una economía del corazón. Jesús no fue economista, pero entendía que la gente tenía necesidad, llevan un largo tiempo en un descampado y no tienen qué comer. Una gestión económica humana mira y escucha el clamor de cientos de personas que ven que con sus limitados ingresos no alcanzan para satisfacer las necesidades básicas que garanticen vivir con un mínimo de dignidad. Jesús no conoce la prima de riesgo, pero sí conoce los corazones de las personas. Me da la impresión que quien elaboran las leyes de los mercados están muy lejos de las necesidades de las personas.
Cada vez más urge una cultura y una política de la solidaridad. Una política que mueva corazones para que cuando se comparte sobra y con creces. Una gestión económica con corazón debería ayudar a superar la lógica del beneficio y del lucro personal para pensar en el bien para todos hasta afirmar con convicción que lo que no es bueno para todos no es bueno para mí. Los bienes del mundo son suficientes pero no están bien repartidos.
Ahora que estamos enfrascados en desenterrar cadáveres porque así tranquilizamos conciencias, pero no damos de comer a la gente, resulta que cada día mueren 350.000 niños por causas relacionadas con la pobreza. Pero nosotros a lo nuestro y es más importante el tema de difuntos, ese oscuro tenebrismo que mirar por un Jesús que se compadece de los que no tienen, que tiene su corazón al lado del que le tiende la mano solicitando ayuda.
No sé si Jesús va a lograr convencer a los mercados y a los técnicos, pero a quienes creemos que otro mundo es posible, seguramente nos motiva a vivir de una manera distinta y a gestionar los bienes que tenemos con corazón. Porque ya lo decía mi padre: hoy tenemos pero mañana no sabemos..

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 20 de julio de 2018

POR FAVOR, ¿ESTÁ EL SR. CURA?. PUES NO. NO ESTÁ

Bueno creo que en más de una ocasión nos han preguntado por el cura. Probablemente en alguna ocasión más que ahora, pero ahora también nos siguen preguntando. A veces tenemos a algún cura hasta en la sopa y otras veces por más que lo buscamos no lo encontramos. Recuerdo que una vez a algún cura amigo le preguntaban o le decían ¡ es que nunca te encuentro en la casa parroquial o en la Iglesia" y él siempre respondía, " es que el evangelio está en la calle ". Probablemente en el medio está la virtud, pero ¿dónde está el término medio?
Muchas veces en nuestras parroquias, cuando no sale algo bien o de nuestro agrado casi siempre decimos "es que la culpa la tienen los curas", "son vagos y no tienen ganas de trabajar", a veces incluso decimos que "están anticuados". Probablemente, en muchos casos, estas afirmaciones pueden ser ciertas, pero en otros probablemente es porque la gente de un pueblo, de una ciudad quiere que el cura haga lo que esa gente quiere que haga y a veces el cura hace propuestas y los laicos, de los que tanto hablamos que tienen que involucrarse, no responden a la llamada del cura.
Este fin de semana, las lecturas nos hablan de ovejas dispersas y eludir responsabilidades es una manifestación propia del egoísmo. Acordémonos de aquella frase tan famosa, "¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?", le dice Caín a Dios cuando le pregunta por Abel. Preocuparse por uno mismo no debería significar despreocuparse de los demás.
El profeta Jeremías lanza un duro reproche a "los pastores que pastorean a mi pueblo", porque han hecho dejación de sus responsabilidades. Sin embargo las palabras de Jeremías son una advertencia y una llamada a la esperanza. Por medio de ellas Dios sigue recordándonos que somos responsables de los demás, no porque sean de nuestra propiedad, sino porque son nuestros hermanos. Una advertencia que debemos tener muy presente cuando tenemos personas a nuestro cargo (fieles, familiares, empleados, alumnos, enfermos...) pero también una llamada a la esperanza. Jesús es el modelo para asumir responsabilidades hacia los demás.
¡ Cuánto nos queda por trabajar!. Probablemente hay curas malos, pésimos, curas que no valen para la labor a la que están llamados desde su ministerio. Probablemente haya laicos que no deberían solicitar trabajar en favor de otros..... pero siempre hay un término medio. Me viene a la mente aquel ejemplo que alguien me decía siempre nos viene a la mente el avión que se cae, pero no los miles y miles que siguen volando y afortunadamente no les pasa nada.
Eso creo que es lo que nos pasa en esta bendita Iglesia, que es santa y pecadora porque está compuesta de personas en su fragilidad y debilidad, pero que lucha, combate, afronta realidades que muchas veces no le deberían de tocar; es verdad que hay pastores que olvidan a sus ovejas, es verdad que hay
pastores - como decía el Papa -que no huelen a oveja; es verdad que hay pastores a los que les tocamos en la puerta de su vivienda y nunca los encontramos... pero hay pastores que se rompen la cara por sus ovejas ( no hay que ir - ahora mismo - nada más que a Nicaragua), pastores que pagan con su sangre la defensa de su feligresía.
Me gustaría que los laicos, los que muchas veces reivindicamos puesto en la Iglesia, que también seamos capaces de rompernos y trabajar por nuestros compañeros. Busquemos puesto, pero que el puesto sea de servicio.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 13 de julio de 2018

¡ CON LO SENCILLA QUE ES LA SENCILLEZ!

¡ CON LO SENCILLA QUE ES LA SENCILLEZ!


Estarán de acuerdo conmigo que desde tiempos inmemoriales en todas las parroquias se ha intentado hacer de la mejor forma posible, que el mensaje, el anuncio llegue de la mejor forma posible: desde que se compraban carpetas con dibujos, que parecían - mejor dicho, eran - recortables, hasta las

máquinas eléctricas, hasta las nuevas tecnologías de hoy en día. Todo valía para una hoja de cantos, una hoja parroquial, para un comunicado, para las amonestaciones de las parejas que se casaban, etc... como diría la canción que tiempo tan feliz. Eso llevaba su tiempo, su trabajo. Se "copiaban " las parroquias.... y eso todas las semanas.
Para la tarea de anunciar el Evangelio hoy, no podemos substraernos del uso de los medios digitales -pues son una ayuda eficaz- pero cuidando de no convertirlos en un fin propio. Voy a poner dos ejemplos que pueden suceder en cualquiera de nuestras parroquias o incluso en cualquiera de nuestras tareas pastorales con los grupos que sean. El primero sucedió cuando en pleno furor del Power Point un grupo de educadores preparó una presentación impecable para hacer más didáctico su trabajo en zonas rurales. Se llegó el día, todo estaba preparado pero faltaba algo importante… en aquella zona rural, ese día, no había electricidad. El problema lo solucionaron con gran creatividad acudiendo a los cuentos, las dramatizaciones, las carteleras, etc. Aunque no se pudo hacer uso de la presentación, los indicadores de satisfacción fueron muy favorables. El segundo hecho sucedió en una conferencia sobre “El mensaje de Jesús”. El Power Point utilizado por el conferenciante estaba tan cargado de animaciones, imágenes, vídeo clips, etc. que terminó cansando al auditorio y, lo peor, eclipsando “El mensaje de Jesús”. A pesar de la maravilla tecnológica empleada, los indicadores de satisfacción no fueron los mejores.
El Evangelio de este fin de semana (Marcos 6,7-13) hoy nos indica cómo ha de ser el modo de proceder de las personas llamadas a anunciar la buena noticia del Reino. Sin detrimento de los maravillosos medios modernos, el modo de proceder que propone Jesús es una apuesta por la sencillez y una llamada a simplificar de manera que lo nuclear, que es el anuncio del Reino y de la misericordia del Padre, no quede ocultado por los artificios técnicos y sea fácilmente captable por todas las personas. Me atrevo a sugerir como título para este modo de proceder: “Evangelizar al estilo de Jesús: en pobreza y humildad” y destacar tres características.
De dos en dos: En esta indicación de Jesús percibo, por un lado, una alusión a la dimensión comunitaria del anuncio del Evangelio. El enviado no anuncia su mensaje y su forma de entenderlo sino un mensaje que es de todos, que es nuestro, de la comunidad de los discípulos de Jesús e incluso, yendo más allá, de todos aquellos que encuentran en el mensaje de Jesús una razón de sentido para sus vidas. Esta indicación puede ayudarnos a evitar la tentación de creernos los dueños o los protagonistas del mensaje que anunciamos o a utilizarlo para conseguir nuestros propios fines aunque éstos sean loables. Por otro lado, la presencia de un compañero o compañera, además del apoyo en la misión, sirve como testimonio para confirmar que, tanto el mensaje como sus mensajeros, han sido enviados por la comunidad.
En sencillez y pobreza: Jesús no quiere que sus apóstoles vayan rodeados de ninguna parafernalia que pueda generar distancia con la gente o asimetrías en la relación pastoral. El quiere que vayan -que vayamos. Sin prisas: Quedarse el tiempo que sea necesario en una comunidad y no convertir el encuentro alrededor de la Palabra y de la Mesa de la inclusión en una visita protocolaria es un reto para quienes vivimos en este mundo cada vez más agitado y convulso.
Por cierto, FELICIDADES a los marineros que en esta semana celebran su día grande, el día de Ntra. Sra. del Carmen.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 6 de julio de 2018

DE VEZ EN CUANDO NOS VIENE BIEN UNA CURA DE HUMILDAD

Estarán de acuerdo conmigo en que las redes sociales no son malas siempre y cuando sirvan para lo que se han hecho: para la comunicación, siempre que esta - la comunicación - no ahogue las relaciones entre los seres humanos, no ahogue el diálogo fluido entre iguales, no ahogue la palabra que es lo que nos distingue de esos otros animales que no hablan.
Pero me da la impresión que las redes sociales no están siendo utilizadas en su justa medida y si esa medida  supone que las utilizo para mofarme, reírme, burlarme, acosar... a alguien, pues no están sirviendo para lo que han sido creadas. Por eso creo que una cura de humildad nos tiene que venir bien. Creo que a todos nos gusta que nos aplaudan - incluso al más sencillo del mundo también, en un momento de su vida,  le gusta. Nos gusta que nos reconozcan el esfuerzo el trabajo, el tesón... que ponemos en infinidad de cosas que hacemos. ¡A quien no le gusta un aplauso!. Los que hemos tenido la oportunidad de recibir alguno, parece que somos los protagonistas de la fiesta y hasta... nos sentimos importantes.
Probablemente en más de una ocasión y a pesar nuestro hemos expresado que "una cura de humildad no nos viene mal". De vez en cuando solemos ser muy exigentes y críticos con los errores de los demás, y se nos olvida que nosotros no somos perfectos y que como cualquier persona, podemos también cometer errores. Cuando esto ocurre, cuando reconocemos o nos reconocen los errores, no nos gusta porque probablemente nos hace sentir humillados y avergonzados; nos vemos obligados a reconocer nuestras propias limitaciones. Sin embargo si queremos la cura de humildad puede incluso servirnos para ser más comprensivos con los demás.
Es curioso como el propio Jesús experimenta la humillación de ser rechazado en su propia tierra donde era conocido: "no es éste el carpintero, el hijo de María...". Probablemente desconfiaban de él. Jesús sufre la humillación de su propio fracaso: no desprecian a un profeta más que en su tierra, lo desprecian entre sus parientes y en su propia casa. ¡ Qué grande es Jesús, que supo ponerse a la altura de los otros para saber como se sentían!. Pero sin duda la más grande de las humillaciones, la tuvo en la cruz.
Ser humilde no es enarbolar una bandera y sentirse orgulloso de ello para decir aquí estoy. Ser humilde no es lo mismo que enorgullecerse de la humillación porque eso sería masoquismo. Ser humilde no es caminar con la cabeza baja, hablar poco o escapar de la sociedad. Son las humillaciones cotidianas de aquellos que callan para salvar a su familia, o evitan hablar bien de sí mismos y prefieren exaltar a otros en vez de gloriarse o incluso eligen las tareas menos brillantes.
Probablemente a todos nos guste un aplauso y creo que eso no es malo. A todos nos gusta que en un momento determinado nos den una medalla o nos reconozcan lo bien que de vez en cuando hacemos las cosas. Pero que eso no sirva para explotar a los demás, para mirar por encima del hombro a otros, para creernos superiores a los demás, para pensar que los demás no tienen valores, sino que los nuestros son los mejores, entonces caeremos en la cuenta que no desprecian a un profeta más que en su tierra.
Que bueno es la cura de humildad que hace que veamos la viga que llevamos dentro de nuestros ojos.
Hasta la próxima 
Paco Mira