sábado, 28 de diciembre de 2013

FIN DE AÑO, FAMILIA Y LA PAZ

FIN DE AÑO, FAMILIA Y LA PAZ
            Parece que fue ayer, cuando un uno de enero se brindaba por un año mejor, feliz, cuando queríamos que los sueños se hicieran realidad, cuando los deseos eran uvas que auguraban un futuro mejor que el que teníamos hace 365 días. Y ya ven. Otra vez la misma cantinela, otra vez el mismo ritual, otra vez el mismo protocolo, pero… ¿resultados?.
            Es curioso, en el que este mes lo dedicamos al encuentro y reencuentro de los que están (como diría Pablo) en la diáspora, es decir al encuentro de aquellos que a lo largo del año no comparten con nosotros los mismos espacios de proximidad, debería ser protocolario, debería ser obligatorio, el poder, no sólo augurar un buen año, sino realmente cumplirlo. Las fiestas del fin de año, la navidad, deberían ser una fiesta para lo que son, pero al mismo tiempo de balance, de poner en una báscula aquello que a lo largo del año que agoniza, no fue lo que quisiéramos que fuera, que aquellos deseos que no se han cumplido, hagamos el propósito de cumplirlos.
            Y para ello, la Iglesia, como siempre ella, nos propone celebrar el día de la familia. Y es que empezando por lo pequeño llegamos a lo grande; empezando por lo hogareño, por el calor de los que nos quieren… podremos solucionar muchos de los grandes problemas. Debería ser obligatorio en estas fechas un poner sobre el mantel de todas y cada una de las familias lo que creemos que no ha funcionado, lo que pensamos que podría ser mejor, lo que nos ha impedido realizarnos como seres humanos compartiendo el amor de todos y cada uno de los que nos rodean.
         
   Y por ello, de nuevo la Iglesia, como no, nos ofrece que el día primero comencemos rezando y pidiendo por algo que se me antoja casi imposible como es la paz. Y se me antoja casi imposible, porque si se diera el recuento familiar, lo más probable que en lo pequeño solucionamos lo grande.
            Amigos, hay quien dice que para atrás ni para coger impulso, sin embargo nosotros no somos lo que hoy somos, sino tenemos un pasado. El 2013 ha tenido sus luces y sus sombras, ha tenido la alegría de un Papa que está sabiendo insuflar lo que quizás nos hiciera falta: entusiasmo, oxígeno fresco…en una iglesia, la nuestra, con quizás demasiado polvo que nos impide ver con claridad su grandeza; Ha tenido la luz canaria de la beata Lorenza; siempre es bueno que alguien nos vaya marcando las huellas de la senda de la vida, para que podamos tener una guía a la que agarrarnos. Ese gran número de voluntarios que echan una mano para ayudar a los que lo necesitan…
            Sombras del 2013 también las ha habido. La crisis se ha seguido cebando con los más necesitados. Las colas en caritas deberían ser borradas de la faz de la tierra. Eso significa que  alcanzaríamos  los frutos de lo que estamos haciendo mejor que antes; ha habido la sombra de la paz, especialmente en Siria, en Sudán, etc… Jesús de Nazaret no se merece una bala en el cuerpo del inocente, precisamente por eso, por ser inocente.
            Amigos, recordemos cuando el 31, a las 00.00 levantemos una copa para brindar, acordémonos de los que no la pueden levantar. Pidamos deseos para el 2014, pero deseos que nazcan de la Navidad que hemos celebrado, porque así no ha sido baldío el nacimiento de un humilde niño. Brindemos para que dentro de 365 días no tengamos que arrepentirnos de algo que deseamos y no cumplimos.
            De corazón personal y en el de mi familia, FELIZ 2014
            Por cierto “el único que puede hablar en todos los idiomas es el eco”
            Hasta la próxima en el próximo año

            Paco Mira



viernes, 20 de diciembre de 2013

NO FELICITEMOS LA NAVIDAD, HAGAMOS NAVIDAD



NO FELICITEMOS LA NAVIDAD. HAGAMOS NAVIDAD
            Es curioso que parece lo mismo, pero no lo es. Y no lo es, porque no es justamente lo mismo. Por fin ha llegado el día. Ha llegado lo que todos queremos. Ha llegado el inicio de nuestra lucha, el inicio del cumplimiento de las ilusiones, de las esperanzas, de la alegría, de la fiesta – quizás desbordada o no – en definitiva los días más esperados del año.
            Es, quizás,  el momento de los villancicos; el momento de lágrimas que se derraman por ausencias muy significativas; el momento de reencuentros que siempre se han esperado y que ahora se hacen más notables. Es, sin duda, Navidad.
            Y porque estamos en ello, me gustaría recordar con todos y cada uno de ustedes un villancico, aquel que dice “campana, sobre campana. Asómate a la ventana…. Verás al niño en la cuna…”.  Y, a veces, los villancicos deberían de ser órdenes. Quise ser fiel a ellos y me asomé a la ventana, al tañir de las campanas. Y vi al niño representado en aquel padre y madre de familia revolviendo en los contenedores de basura para poder llevar algo de comida a su casa,aún con el riesgo de ciertas infecciones; Me volví a asomar a la ventana y vi aquella madre que con cierta sonrisa resignada entiende que su hijo no “ volverá a casa por navidad, “ quizás por motivos laborales, por motivos económicos… Me volví a asomar a la ventana y vi que el niño de la cuna también eran la cantidad de presos, de inmigrantes… de gente que formaría parte del belén y que para ellos la navidad es como un 24 de agosto, o un 24 de marzo.
            Amigos, la navidad es muy fácil de felicitarla, pero muy difícil de vivirla. El replicar de campanas debiera ser ese despertador de cada jornada laboral que nos invita a levantarnos para ir al trabajo, pero debería ser el que nos diga que el camino que baja a Belén no es un camino de rosas, no es un camino que cualquiera puede recorrer, no es un camino de postales navideñas, de deseos que nunca cumplimos, de juegos de azar a la lotería…. El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve, los avatares de la vida, las dificultades del día a día… nos va marcando.
            Felicitar la navidad es fácil, hacer navidad es complicado. Navidad, del latín “nativitate” (nace la vida en ti), no será realidad hasta que esa Vida con mayúsculas en la que creemos la hagamos realidad en nuestro quehacer diario. Navidad debería ser no sólo el 24 de Diciembre, sino cualquiera de los 365 días del año, seguro que Jesús nacería con una sonrisa mucho más placentera.
            Vivamos y disfrutemos de las oportunidades que anualmente nos oferta Jesús de Nazaret en su cumpleaños. Toquemos y repliquemos campanas por objetivos cumplidos y deseados. Cantemos villancicos, zambombas y panderetas por deseos que en su programación previa se han hecho realidad. Si eso se cumple, es Navidad.
            Cuando este año estemos cantando a la Navidad, miremos a Juan Grande o al Salto del Negro. Miremos a la valla de Melilla con las cuchillas incrustadas. Miremos al contenedor más cercano. Miremos al último desahuciado conocido o anónimo. Miremos al parado que su cena será una simple tortilla francesa y es feliz compartiéndola con su familia. Mirémonos a nosotros mismos y veamos si Jesús, que nace, se ríe con nosotros.
            Amigos, no felicitemos la Navidad, HAGAMOS NAVIDAD
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 13 de diciembre de 2013

NELSON, "ADVIENTO", MANDELA

                                       NELSON, “ADVIENTO”, MANDELA
            La grandeza de la vida es que el hombre puede ir contando su propia historia. No solamente contarla, sino escribirla. Cada día que pasa todos y cada uno de nosotros vamos escribiendo en las páginas del día a día los acontecimientos que precisamente marcan nuestra propia historia. Sin duda que, en mayor o menor medida, vamos dejando huella y lo más probable es que otros sean capaces de seguirla.
            Los que hemos tenido la suerte de vivir a caballo entre dos siglos, ha sido, sin duda,  una experiencia que a muchos les gustaría vivir, disfrutar y compartir. El siglo XX, alguien lo ha definido como el siglo de grandes desgracias y el nacimiento de grandes personajes que mayoritariamente han nacido con ese siglo y se han ido con él. Sin embargo siempre hay alguno que queda un poco más para la posteridad, quizás para que no se pierda la esencia para la que han nacido.

            Por el siglo XX han pasado personajes que han dejado una huella profunda como puede ser el caso de Monseñor Romero, de Teresa de Calcuta, de Luther King, etc… de tantos y tantos que han pasado por esta vida y que no quisiéramos que se fueran, quizás porque gracias a ellos, en parte, la historia ha ido caminando.
            Sin embargo y gracias a Dios, Mandiba aguantó un poco más. Quiso compartir con nosotros los primeros años del nuevo siglo, del nuevo milenio.. de la nueva vida. Gracias, Nelson. Pero gracias por todo lo que nos has dejado, que creo que no ha sido baldío, que no ha sido para guardar en el baúl de los recuerdos. Te has ido en el adviento. Claro, nos has querido dejar la huella histórica de la esperanza, porque esta es lo último que se pierde, como tampoco te perdemos a ti. Precisamente por el adviento, por la esperanza es por lo que tú has luchado en esta vida. Es curioso que los personajes de este adviento: Juan, María, Isaías… también han luchado.
            Nelson, has conseguido superar algo tan complicado en la vida como es el rencor. Quizás 27 años entre rejas, lo único que habría alimentado sería la sed de la venganza y sin duda has conseguido que la frase de Francisco de Asís, que “donde haya odio, ponga amor”, la hiciste realidad.
            Mandela ha querido anticipar la Navidad. Tenía casi prisa por formar parte del Belén de la historia y de la vida y lo ha conseguido. Todo el mundo le quiere. Ahora, en su pueblo, en Sudáfrica, en el mundo entero le seguimos queriendo. Ha adelantado, a sus 95 años, las tareas domésticas de preparar una cuna, un hogar cálido, un pesebre cómodo a ese Jesús de Nazaret que le acoge con los brazos abiertos.
      ¡Cuánto tenemos que aprender de los que nos preceden en la vida!.¡Cuántas huellas tenemos que encajar en nuestros pies para recorrer el camino de la historia y procurar equivocarnos lo menos posible!. Nelson Mandela fue auténtico. Fue él mismo. Cualquier modelo no encajaría en su apreciación vital de la historia. Nosotros, a veces, buscamos modelos de identificación y el único modelo es Jesús de Nazaret. Jesús, por medio de Juan, nos pide conversión, nos pide que no sigamos por los caminos del odio y de la venganza. ¡que bien lo supo entender Mandela!. El no necesitó que nadie le dijera lo que tendría que hacer en un momento determinado. El amor supera todo tipo de barreras ideológicas, culturales, de color….
            Nosotros, los cristianos, tenemos un modelo de amor que supera todo.
            Gracias Nelson Adviento Mandela y feliz Navidad
            Hasta la próxima.

            Paco Mira
                                                   

viernes, 6 de diciembre de 2013

DE ENAMORADO A....

DE ENAMORADA A….CABREAD0 AFÓNICO
            A veces la liturgia es tan caprichosa, sin querer queriendo, que puede que acontecimientos importantes como los de este fin de semana, donde dos personajes tan maravillosos se entrecruzan, hace que uno pise al otro. Por ello, si me lo permiten me gustaría hablar un poquito de ambos.
            ¿Quién de nosotros no se ha enamorado alguna vez?. Quizás, y sin ello, es una experiencia maravillosa, independientemente del futuro que nos depare la propia vida. Cuando uno se enamora, nos tiembla el cuerpo entero, nos viene un cosquilleo en la barriga, sentimos miedo…pero cuando se explota, ya nos da igual todo, corremos, saltamos, brincamos…. Lo publicamos en el periódico y encima lo más probable es que cantemos las maravillas de encontrarnos con la persona adecuada y en el momento oportuno.
    Me da la impresión que es un poco lo que le pasó a María. María sintió miedo, cuando un personaje entró sin permiso en su casa. Lo más probable es que ni tocase en la puerta, porque en aquella época lo más probable es que no se estilase. Y sintió miedo porque el propio ángel le dice que no tema. María, como cualquier enamorada, se pregunta por qué ella tiene que ser la elegida. María, una vez que asume la historia de su vida, lo primero que hace es salir corriendo, no se si asustada o de gozo, pero corre a la montaña a ver a su prima y por último, María lo que hace es proclamar con gozo que asume la propia historia que le ha tocado.
            En definitiva un enamorado, María acepta la presencia de Dios en ella; quiere ser el vehículo por el que Dios manifiesta su presencia a los demás. María quizás no entienda el por qué, pero sabe que en el fondo merece la pena. A lo largo de la historia nos hemos entretenido demasiado en si era o no virgen, si antes, durante y después del parto y es curioso que lo más importante del tema es que Dios quiere encarnarse entre nosotros, que Dios, despojándose de su rango… se hizo igual a nosotros menos en el pecado”. Quizás sin querer, Pablo estaba desvelando la duda. Dios camina con nosotros, por la misma senda que nosotros, con los mismos sufrimientos, alegrías y penas que nosotros.
            Por ello hay alguien, cuando las cosas no salen bien, que me imagino que son muchas,  se cabrea, se llama Juan y nos pide conversión. Porque Juan sabe, que si no cambiamos de actitud, si no nos damos la vuelta al calcetín, lo más probable que no lleguemos a la misma postura de María. Vivimos en un momento en que el positivismo de la vida, la comprobación racional de las cosas… no deja lugar a sentimientos, emociones… no deja espacio a que el corazón, como los enamorados, deje fluir con normalidad sus posicionamientos.
            Me imagino a un Juan cabreado por los caminos polvorientos de Palestina. Un Juan afónico por anunciar la evidencia; un Juan incomprendido por un grupo de personas que no entendían que el amor era posible, y encima no merecía desatarle la correa de las sandalias. María lo entendió, no sin temor previo, pero al fin y al cabo como consecuencia de su compromiso.
            Es una pena que hoy la festividad y el segundo domingo de adviento coincidan, pero es un honor y un orgullo el poder contemplar en el mismo día a Juan y María unidos por una misma causa. Uno afónico y la otra en silencio. Quizás contradicciones. Pero hoy también hay quien se queda afónico gritando que el mensaje de Jesús sigue mereciendo la pena y otros con su ejemplo, con su testimonio, su silencio… también indican que Jesús camina con nosotros por el camino de la vida.
            Felicidades a las Inmaculadas y a los afónicos por causas justas
           
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 29 de noviembre de 2013

¿QUÉ CELEBRAMOS?....ESPERAR

¿QUÉ CELEBRAMOS?... ESPERAR
           
No hace mucho escribía sobre mi querida Iglesia diocesana. Y en aquella ocasión comentaba que me gustaba y quería a una iglesia santa y pecadora. Una Iglesia que instruye y una Iglesia que comete errores y a veces de bulto. Hoy vuelvo a recordar que quiero a esta Iglesia contradictoria. Es curioso que en tiempos de estrés, de nerviosismo, de intranquilidad, porque quizás la situación general así lo requiera… la Iglesia nos oferta tranquilidad, espera, sosiego… y sobre todo nos oferta Adviento, esperanza.
            Quizás estemos en un periodo en que la desesperanza, la desilusión, la falta de motivación… sea la tónica general. Y visto de esa manera hasta parece lógico. Los tiempos que corremos no nos ayudan a reconocer que quizás la vida con un poquito más de calma, hasta podría ser más rentable.
            Hemos acabado el año, quizás tendríamos que felicitarnos, pero como nos comenta el evangelio de esta semana, “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿qué encontrará?”. Se nos ha ido el año de la fe. Quizás también sería cuestión de hacer balance y no de haber celebrado un año de la fe, sino qué ha supuesto en mi vida el recordar todo un año que sigo teniendo confianza en ese Dios encarnado en Jesús de Nazaret. Se nos ha ido el tiempo ordinario y ahora nos toca esperar. Pero esperar no supone estar con los brazos cruzados mirando para el cielo por si casualidad cae algo. Entiendo que esperar supone una “cierta mosca detrás de la oreja”, porque precisamente esa espera nos tiene que impulsar a dar razón de ese año que terminó.
         
   Y acabó el año, litúrgico, claro. Y quizás sea cuestión de meternos en la boca las uvas y pedir ciertos deseos. Será cuestión de brindar por aquello que creemos que hemos conseguido y quizás será cuestión de volvernos a preguntar si cuando venga el hijo del hombre….
            Estamos comenzando el año nuevo en la liturgia y lo hacemos esperando. Le pedimos al Padre que nos muestre su misericordia y nos de su salvación. Y les confieso que cada vez me cuesta más pensar que muchos de los que autorizan a poner cuchillas en la valla de Melilla, también rezarán que les muestre la misericordia. Por eso creo en el Adviento, un Adviento de desierto, de dureza, quizás de crueldad, pero es un adviento de esperar, de calma de sosiego, porque sin duda los medios justificarán el fin.
          
  Qué mejor que comenzar el Adviento, la espera… en familia, porque sin duda la familia tiene que ser testigo de la vida que se encarna. Unámonos al IX encuentro de familias y al calor del hogar esperemos y seamos testigos de la vida que se nos entrega y que se nos ofrece. Sin duda el Cruce de Arinaga será testigo de la ternura familiar.
            Vivamos el nuevo año litúrgico con alegría. No dejemos que la desesperación – por otra parte en ciertos casos lógica – nos conduzca a la desesperanza; no dejemos que la apatía del desierto, la crudeza del mismo, nos lleve a la oscuridad de la luz que se vislumbra y que el profeta Isaías entre otros, se va encargar de todo lo contrario.
            El nuevo año litúrgico comienza con una carta apostólica del Papa Francisco. Solo por ser él quien es, no por Papa, sino como Papa persona, siempre es un aire fresco el poder leerlo. No perdamos la oportunidad de comentar su carta, siempre en estas fechas es un adviento esperado y reconfortante.
            Amigos, vivamos la alegría de la fe, desde el adviento esperanzado y así lograremos llegar a una Navidad llena de entusiasmo y de de alegría
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 22 de noviembre de 2013

SE ACABÓ LA EUFORIA

SE ACABÓ LA EUFORIA Y ¿AHORA QUE?
            En algún tiempo, no sé si también ahora, los reyes eran los que desbordaban euforia por todas partes. Sin duda era los que no tenían problemas o al menos aparentaban el no tenerlos. Los reyes disponían a su antojo y los vasallos obedecían. Me da la impresión que a todo el mundo le iba bien, pues los que se quejaban eran los menos.
            Volvemos a celebrar la fiesta del Rey, no de los reyes. Nuestro monarca tiene su día en el calendario. Un monarca que quizás no difiera mucho de los actuales, o al menos de alguno que conocemos: no es asumido por todo el mundo, incluso alguno se plantea si su figura en los tiempos que corremos dice o nos dice algo y por ello hay que mantenerlo. Alguno plantea que la figura del rey es una figura del pasado y por ello no tiene sentido, ha quedado obsoleta.        Es un monarca, un rey que no ha pasado por muchas operaciones, como alguno de los actuales que conocemos: sus operaciones han acabado con su vida. Y lo hicieron  porque los médicos, los entendidos de entonces, no acabaron por comprender su papel y su misión y por ello era más fácil no estudiar su mensaje que acabar con él. Sencillo, muerto el perro se acaba la rabia.
            Pero casualidades de la vida, su reino, que él mismo decía que no era de este mundo, se ha convertido en un pueblo de reyes, en una asamblea santa… que tiene como misión que su reinado no se apague, no se acabe… aunque tampoco sea comprendida y entendida. Un pueblo, el de reyes, que será perseguido, calumniado, vilipendiado a lo largo de los siglos. Sin embargo el Jefe, el Rey… nos dirá que no nos preocupemos porque estaremos con él, desde ya en el paraíso.
            Sólo nos pide algo muy sencillo: gratitud, generosidad, confianza… lo que conocemos por fe. Algo que a un Papa se le ha ocurrido que durante todo un año había que mirarse al espejo y comprobar si de gratuidad, de generosidad, de fe… andábamos repletos o por el contrario un poco escasos. Se acaba el año de la fe y quizás es la hora de hacer balance de cómo andamos de eso que decimos que hemos heredado de una forma gratuita. Es el momento de dar razón en un pueblo de reyes, que el reinado de la cruz, el reinado de la gratuidad, el reinado de la humildad…. ha merecido la pena.
            En un mundo como el de hoy, donde las palabras ya cansan y se las lleva el viento; donde las promesas sin hechos son como hojas a las que el río se lleva sin resistencia, quizás es la hora de preguntarnos cuál es nuestro papel en este maravilloso reinado, donde la fe tiene que empezar a sentirse de una vez por todas sin necesidad que nadie nos lo recuerde.
            Se acaba el año litúrgico y ¿van….? Unos cuantos. No sé si es ahora cuando tenemos, los cristianos, que tomar las uvas. No sé si es ahora cuando tenemos que pedir los deseos, lo que sí tengo claro que es la hora de despertar ya, que se nos tiene que notar que somos pueblo de Dios, que tenemos que bendecir a nuestro Dios, que Dios sigue siendo ese Dios que se ha encarnado en el Jesús de Nazaret que tocamos en el hermano que sufre, por eso su reino no es de este mundo.
       
 Amigos, acabamos el año de la fe, pero comencemos a tener fe que se nos note en la cara. Quizás se nos acabó la euforia con la que lo hemos comenzado y nos podemos preguntar, como el título de estas letras, ¿y ahora qué?. Pues ahora será dar razón de nuestra fe, de nuestra esperanza. Seamos reyes de un pueblo, que aunque no sea de este mundo, toca la tierra y las realidades de la misma. A Dios rogando, pero con el mazo dando.
            Hasta la próxima.

            Paco Mira
                                                                

viernes, 15 de noviembre de 2013

¡¡¡¡FELICIDADES CANARIONA¡¡¡¡¡¡


FELICIDADES CANARIONA. O….¿CANARIENSIS?
            Pues yo creo que es lo mismo. Lo que pasa que una marca la identidad de un pueblo, donde se ubica una Iglesia local, y el otro pone el apellido dentro de la misma iglesia para no confundirnos, dentro de la misma familia, con otra iglesia vecina. Sin duda son expresiones que merecen la pena poner encima de un pedestal.
            Pero ante todo felicidades. Felicidades porque es su día. Porque en este día queremos todos tener presente a nuestra Iglesia. Porque en el calendario pone que este fin de semana nuestra Iglesia se vestirá de gala y que todos sus hijos la recordarán, la apoyarán y la valorarán. Me imagino que para muchos no es la mejor de las Iglesias, pero es la que tenemos y por ello hemos de valorarla. Esto es como los padres, siempre los de mi amigo son mejores que los míos, pero son los que tengo.
            ¿Saben?. Me gusta mi Iglesia. Esta Iglesia que tiene defectos; esta Iglesia que, como decía san Agustín, es santa y pecadora. Y tiene defectos y es pecadora, porque está compuesta por hombres y mujeres que se equivocan; hombres y mujeres a los que hay que corregir con cierta frecuencia, pero hombres y mujeres que tienen la capacidad suficiente para volver a levantarse e intentar no equivocarse. Por eso me gusta así. Quiero a esta mi Iglesia, con los curas canosos, viejillos… con los curas jóvenes, con los que empiezan con una ilusión inmensa en el seminario….Quiero a esta Iglesia de mujeres currantes, de laicos comprometidos, de hombres que fueron y ahora no lo son, pero que no les importaría volver a ser pero de otra manera y con su vida compartida. Quiero a esta Iglesia que recuerda un sínodo que no se ha cumplido quizás en su principio, una iglesia que todos los años marca un Plan Diocesano de Pastoral y que muchos no cumplimos… pero quiero a mi Iglesia
            Quiero cuidar de mi Iglesia. Quiero mimarla. Quiero que vaya por el camino del aire fresco que va marcando el Papa argentino que nadie pensaba que iba a ser y que está sacudiendo las alfombras de mi casa eclesial. No quiero que se deteriore, por eso he de cuidarla porque seguro que ella me cuida a mí
            Quiero curar también a mi Iglesia. Tanto roce entre nosotros los hermanos, nos hacemos heridas, algunas profundas, por eso he de procurar que mi Iglesia sea sana. El curar a la Iglesia supone evitar los malos rollos de cuentas que no me pertenecen porque el dinero ha de ser efímero. El curar a la Iglesia supone también la denuncia de los abusos de cualquier tipo.
            Quiero cultivar a mi Iglesia: regarla, podarla, abonarla… es fácil contratar jornaleros que hagan un trabajo que yo puedo hacer, pero que supondría el mancharme las manos. Muchos tienen manchadas las manos de amor, de solidaridad, de fraternidad… ojalá que nunca se las limpien porque ello significa que seguimos en la huerta de la vida al lado de mi querida Iglesia.
            Ojalá que nuestra Iglesia, esa Iglesia a la que quiero, sea una Iglesia con todos y al servicio de todos. Que nadie nos pueda achacar que los pobres, los tristes, los desvalidos… son unas bienaventuranzas escritas en un papel, pero que no tiene aplicación práctica. Eso significa que nuestra Iglesia está viva y defiende la vida. Digamos que no a los que, con la disculpa de defender su propio cuerpo, destrozan la vida de otro que quiere compartir las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad de este maravilloso espacio llamado mundo. Digamos no al aborto, digamos sí a la vida.
            Por eso quiero a mi Iglesia. Porque queda mucho por hacer y trabajar y como dice Pablo a la comunidad de Tesalónica, el que no trabaje que no coma. Hay trabajos que no necesitan remuneración, aunque se pida un pequeño esfuerzo económico para el propio sustento.
            Felicidades, Iglesia
            Hasta la próxima.

            Paco Mira
                                                        

viernes, 8 de noviembre de 2013

VIVO PARA CONVIVIR Y CONVIVO PARA VIVIR

VIVO PARA CONVIVIR Y CONVIVO PARA VIVIR
            En la carrera tenía un profesor de sociología que siempre que teníamos clase, comenzaba la misma con la frase con la que comienzo estas líneas. Siempre la dejaba caer, como coletilla, con la sana intención de pensar de que algún día nos la aprenderíamos de memoria. Y lo consiguió.
            No es fácil abstraerse del significado de la misma. Nacemos para vivir, no como algunos piensan que nacemos para morir, aunque esto sea una consecuencia de la vida misma. Solo muere lo que está vivo. Pero en esa vida, larga o corta, debemos y tenemos la obligación de convivir. Es decir que en la medida en que yo me relaciono con otros, crezco como persona y los demás crecen conmigo. Vivir y convivir suponen dos piezas claves de esta maravillosa realidad llamada vida.
            Y precisamente a esa vida es a lo que nos invita el evangelio y las lecturas de este domingo. La vida ha de estar por encima de las leyes, de las normas… aunque estas nos ayuden a vivir. Los fariseos, nuestros fariseos de hoy en día; los doctores de la ley, nuestros doctores eclesiásticos y no eclesiásticos de hoy en día, temen que las normas no se cumplan, que los sacramentos no se lleven a la práctica con la necesaria ritualidad… y en el fondo lo que estamos haciendo es apagando la propia esencia de la vida, del evangelio y quizás pretendamos poner contra las cuerdas al propio Jesús de Nazaret.
            Pero claro, los primeros que tenemos que creernos lo de la vida somos nosotros mismos. Ahora que vivimos momentos chungos, momentos apremiantes, momentos de escasez en muchos sentidos… quizás también vivamos momentos de desesperanza, momentos de angustia, momentos de desánimo. La vida nos tiene que invitar a la esperanza; la vida nos tiene que invitar a la ilusión, la vida nos tiene que invitar a tener ganas.
        
 Quizás vivamos un momento en que a la fe la metemos en el trastero de nuestra vida, que la arrinconemos en la despensa del olvido y sin embargo Pablo en la carta que le dirige a la comunidad de Tesalónica les dice que el Señor les dará fuerza para anunciar su buena nueva. Tesalónica y el propio Pablo se lo creyeron. Lo malo es que nosotros tengamos duda de que nuestro Dios no es un Dios de vivos sino de muertos.
            Nuestro Dios es un Dios que nos quiere como somos, con nuestras alegrías y nuestras penas, con nuestras vida saludable y nuestro dolor… porque en él se supone que superamos aquello que nos aflige. No caigamos en la tentación del ritualismo, pero tampoco caigamos en la tentación de la intransigencia. No abusemos del poder, sea cual fuere este, porque seguro que en ninguna de estas cosas hay vida, sino que hay muerte. E insisto que el nuestro es un Dios de vivos y no de muertos.
            Al mal tiempo buena cara. A tiempo de dificultad, de crisis, de soledad, de desgana…  que se nos note que el mensaje nos ha llegado, nos ha calado, que somos capaces de discernir en tiempos de mucha broza, el verdadero grano que se siembra en tierra buena, el grano que da fruto, el grano que da vida, porque somos testigos de un Dios de vivos y no de muertos.
            Hasta la próxima.

                                                                                    Paco Mira

viernes, 1 de noviembre de 2013

¡VIVEN !!!!


¡VIVEN, VIVEN, VIVEN, VIVEN….!
            Me imagino que todos se acordarán, nos acordaremos, de aquella famosa película en la que se narraba el hallazgo de unos supervivientes en los Andes argentinos, después de que estos lograran sobrevivir – algunos – gracias a la práctica del canibalismo con sus compañeros fallecidos. Cuando fueron encontrados, quien lo hizo, se exclamó VIVEN. Todo ello basado en un hecho real.
            Y esa película, esa realidad, me viene a cuento hoy por las fiestas que estamos celebrando. Por un lado los fieles difuntos y por otro la festividad de todos los santos. No sé por qué me da la impresión que nuestra religiosidad, nuestra cultura, es más una cultura de cementerio, de lágrima, de luto, de vestimenta negra… que de alegría, de colores claros, quizás de fiesta….. Parece que celebramos más el llevar flores a los cementerios, que vivir con alegría la resurrección de los que nos han precedido.
            Ya lo dice nuestro evangelio, el evangelio de todos, que nuestro Dios es un Dios de vivos, de gente lucha, de gente que se gana la vida con el sudor de su frente y con la honradez de un trabajo y su salario correspondiente. Nuestro Dios es un Dios de vivos solidarios, de vivos que prestan su acción social en cáritas, en organizaciones solidarias, en familias acogedoras con los deshauciados. Nuestro Dios es un Dios que se parte y reparte entre todas aquellas personas que caminan a nuestro lado y a veces no nos damos cuenta.
            Amigos, no viven… vivimos porque creemos – o eso espero – en un Dios que fomenta la vida y no el mortífero aborto; vivimos porque creemos en un Dios que fomenta el respeto y la amabilidad de todos aquellos que, como hermanos de una misma familia, se aman. No está mal la flor, el ramo… pero no nos quedemos con eso solamente. Vayamos fomentando el Reino de Dios y sobre todo su justicia.
            Por eso serán dichosos y afortunados los misericordiosos, los limpios de corazón, los pobres en el espíritu, los que sufren por la causa de Jesús, los que caminan por esos caminos de tierra y polvo en busca de un enfermo, de un encarcelado, en busca de los que tienen hambre, no solo de pan, de justicia. Esos son los que están llamados a la santidad.
            Me gustaría también hoy recordar a todos aquellos que nos han precedido en el camino de la fe, en la calle de la vida religiosa. Aquellos que probablemente no estén en los altares, pero que muchos de ellos se merecen un altar, por ejemplo a san chofer de guagua, santa lavandera de ropa, san mensajero y santa secretaria, santa madre de familia y san gerente de empresa, san obrero de la construcción y san agricultor, san estudiante y santa colegiala, santa viuda, santa solterona, santa niña, santa anciana, san sacerdote, san obispo, san pontífice, san limosnero, san celador, santa cocinera, san arredatario y san millonario, por qué no… tantos y tantos que amaron a Dios y cumplieron con los deberes de cada día.
            Eso es lo que celebramos hoy. La vida de todos y cada uno de nosotros y de los que nos han ido marcando, con su huella, el camino que hay que seguir. Muchos están en las peanas de nuestras iglesias, otros en el anonimato, pero que también se lo merecen, otros conviven con nosotros todos los días. Es verdad que muchos son los llamados, pero pocos los escogidos, pero todos estamos llamados a felicitarnos por nuestro día dedicado a la santidad y al Dios de los vivos y no de los muertos. ¿nos apuntamos?
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 25 de octubre de 2013

SE ACABA LA FIESTA

SE ACABA LA FIESTA ¿Y…?

            No será porque no se sabía. Dicen que todo lo bueno se acaba, pero que también lo bueno tiene poso, y normalmente se suele recordar en el tiempo porque nos ha dejado huella. Y creo que ese es y tiene que ser el sentido de la fiesta. Una fiesta que no deje huella, una fiesta que no deje poso, lo más probable es que ha fallado en algo.
            A veces pensamos que la fiesta es solamente jolgorio, alegría, diversión, bailoteo… preguntamos quien cierra las fiestas o quien en su momento inicia las mismas con la lectura del pregón. Pero quizás el problema de la fiesta es que hemos tenido todo un año para prepararnos, ¿a qué?. ¿cuál ha sido el verdadero sentido que nos mueve a tener una semana un poco más diferente de las demás del año?
            La fiesta tiene que ser la provocación del encontrarme con otros que comparten lo mismo que yo, la misma alegría, el mismo sentimiento. La fiesta tiene que ser la disculpa real para aprovechar la ocasión y reunirme con aquellos que hace tiempo que no veo o que incluso no me hablo. La fiesta no tiene por qué tener una estola que nos indique lo  bueno que hacemos, pero sí que nos provoque que lo que hacemos es realmente bueno.
            Este año hemos iniciado la fiesta con el replique de campanas. Hemos iniciado la fiesta con nuestro santo en la puerta y quizás tiene que ser el que nos guie no solo en la fiesta, sino a lo largo del año. El mensaje de los mensajeros, el mensaje de los arcángeles, el mensaje de los que nos han precedido… es un mensaje silencioso, callado, pero efectivo. Quizás no es hora de discutir sobre el sexo de los ángeles y menos de los arcángeles, pero sí preguntarnos si somos capaces  de descubrir donde están y cuando nos acompañan.
            Cuantos Tobías de la vida, cuantos amigos,… vecinos…, conocidos…. de nuestro pueblo están esperando que un hombre/mujer buenos les acompañen en el camino de la vida. A veces el gesto y la palabra oportuna; el arrimar el hombro en el silencio de una situación concreta; esa sonrisa no maliciosa, pero sí cómplice de momentos claves… son las pautas, las pistas de de alguna manera tienen que marcar el camino que nos conduce a la verdad.
            El evangelio no es fácil, por eso quienes lo siguen normalmente son los que lo llevan a la práctica desde el anonimato, desde el silencio… son los  arcángeles de la vida diaria. Rafael es esa medicina de Dios, de ese médico al que no vemos pero que nos acompaña todos los días de nuestra vida; Rafael es ese arcángel que nos da la mano en el lugar adecuado y en el momento oportuno.
            Amigos, no dejemos acabar la fiesta simplemente con una gran traca de voladores, que también. No dejemos acabar la fiesta haciendo una crítica de lo mal o bien que han salido las cosas. Acabemos la fiesta con el impulso necesario para tener fuerza que nos dure hasta el año que viene, con un compromiso solidario, con un compromiso de tender manos, con un compromiso de arrimar hombros, con el compromiso de ser un poco mejor que este año porque estamos convencidos que el proyecto, la causa, merece la pena. Desde aquí me invito, invito a todos los del pueblo a que hagamos un balance de lo que nos une, de lo que nos anima a continuar… en definitiva de lo que nos ha llevado a hacer fiesta, y esta por el buen camino. Invitados quedamos.
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 18 de octubre de 2013

PROPAGACIÓN DE LA FE

DIA MUNDIAL DE LA PROPAGACIÓN DE LA FE

                        Pregunta fácil, ¿no lo estamos haciendo?. Los cristianos ¿no estamos propagando la fe?. Si la respuesta es que no, cojamos la maleta y dediquémonos a otra cosa.
            Recuerdo que cuando era pequeño, más pequeño que ahora, en el colegio nos daban, si queríamos, una hucha para salir a la calle y pedirle a la gente: ¡que tiempos aquellos!. Los recuerdo con cierta nostalgia: era una disculpa y quedar con un amigo al que no solo veías en el colegio; era una disculpa para salir un sábado por la tarde que quizás tu madre en otras condiciones igual no te dejaba; Se veía la cara de ilusión en cada niño, cada vez que alguien echaba unas monedillas, etc… y el lunes siguiente nos preguntábamos quien había recaudado más.
            En las huchas estaba reflejado quizás un chinito, o

un negrito… y siempre pensábamos que en otro lado se estaba peor que aquí. Yo, al menos, pensaba que aquella gente de la hucha todavía no conocía lo que nosotros conocíamos. Que aquella gente (imaginada desnuda o como mucho de taparrabos), eran unas fieras indomables y que los misioneros iban casi casi como al circo romano, pero del siglo XX.
            ¡fíjense como han cambiado los tiempos!. Si algún chiquillo sale hoy con una hucha a la calle, lo más probable es que vuelva a su casa lloroso porque llega sin su hucha que ha sido robada; hoy quizás muy pocos apoyen el que se pida por anunciar el evangelio, como tampoco se apoye la beatificación de unos cuantos cristianos, de un bando y quizás también del otro; hoy casi hay que pedir por favor, que se necesita no gente que consuma sacramentos, sino gente que viva los sacramentos.
            Por eso entiendo que lo que se celebra este domingo es la ratificación de lo que decimos que somos. Creo, como lo decía al principio, que no se trata tanto de recordar que otros necesitan de fe, sino que nosotros somos los primeros que tenemos que ser misioneros en nuestro pueblo, en nuestra casa, en la familia, en el trabajo. Que lo más probable es que no nos haga falta una hucha para pedir, sino que nosotros tenemos que darnos como ejemplo para aquellos que nos vean sepan que somos misioneros.
            Es verdad que no hemos de olvidarnos de aquellos que apuestan en su vida por retos quizás mejores que los tenemos nosotros o al menos quizás más reconfortantes. Retos y medios en los que no vale la pena quejarse, porque el pobre, el que es más pobre que yo, lo más probable que no sepa lo que es una queja. Recemos por ellos, por los que se comprometen fuera de nuestras fronteras, a anunciar la buena nueva, el evangelio. Ayudémosle económicamente porque lo más probable es que ellos tengan menos que nosotros.
            Pero no nos olvidemos que el Domund empieza en
casa. La propagación de la fe se hace en familia, porque la hemos heredado y la transmitimos a nuestras generaciones y da la casualidad que hoy en vez de aumentar resulta que estamos disminuyendo. Algo está fallando. El evangelio de este domingo nos va a preguntar Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?. Que buena pregunta. Hasta hace cinco años nadie pensaba que España iba a estar en crisis, que eso no nos podía pasar a nosotros y fíjense por donde vamos. Preguntémonos si cuando venga Jesús va  a encontrar testigos de su gran noticia. Si realmente somos propagadores de la fe, si somos misioneros, en definitiva, si celebramos el domund.
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 11 de octubre de 2013

MARÍA TAMBIÉN PIENSA EN VERDE

MARIA TAMBIEN PIENSA EN VERDE
                        Lo más probable es que sea así. Y es que, como dice una amiga mía, María piensa como le da la gana. Entre otras cosas porque tiene categoría suficiente para que eso sea así y al mismo tiempo, porque una madre tiene la experiencia, el coraje, el valor… suficiente para que sus pensamientos puedan ser llevados a la práctica de una manera efectiva.
            Alguien dijo que el mes de Octubre podría ser el
mes de María: Rosario, Pilar, Teresa de Jesús, etc…. mes de mujeres, mes de madres, quizás mes de madres corajes, de madres luchadoras, de madres convencidas de la educación que dan a sus retoños, que dan como diría nuestro párroco, a sus chinijos.
            Pero me quiero quedar con María Madre en el Pilar. Me quiero quedar con todas aquellas madres que tienen sus fundamentos como tal, en bases lo suficientemente sólidas como para perpetuar lo que enseñan. Hoy en día nos quejamos que nuestros hijos no son como nosotros, que nuestros nietos no son como los abuelos… pero quizás habrá que preguntarse si la educación  que  han recibido de los que les han precedido ha sido la más adecuada.
            Una madre nunca educa a un hijo, como diría un amigo mío, fuera del tiesto. Una madre educa educando, educa con el ejemplo que, a veces, también, es heredado. Una madre educa en valores que nunca se pierden, que son universales y en valores que van a perpetuar a lo largo de generaciones. La Virgen del Pilar tiene un montón de connotaciones como para fundamentar la fe en lo básico: primero el nombre: Pilar, roca, fortaleza… y segundo una madre es… que es una madre.
            Me gustaría tener un recuerdo para la Guardia Civil. Un recuerdo para los guardianes de los derechos, deberes y libertades. Una madre es también una guardiana. Normalmente el uniforme es un orgullo heredado, nunca un arma de superioridad y abuso. Ojalá que nunca pierdan la simpatía que han tenido, que nunca pierdan el valor que se les supone y que nunca pierdan la actitud de servicio.
            Un recuerdo este fin de semana, como una madre, para los hermanos de América Latina. Un recuerdo a la hispanidad, un recuerdo a un montón de valores que se comparten por infinidad de coincidencias. A veces pensamos que los del otro lado del “charco” son del tercer mundo y es que nosotros hemos querido que así fuera. Hermano latinoamericano, sigue siendo como eres y nunca pierdas esa faceta. Ojalá valoremos a todos los descubridores de los derechos, de las libertades, de los valores humanos.
            También un recuerdo a lo que nos une como es la lengua. Hoy que se habla de reivindicar independentismos que a veces más que unirnos, nos separan, María, como madre, nos invita a hablar en la misma lengua, nos invita a entendernos, a valorarnos, a mirarnos los unos a los otros como hermanos.
            Por eso creo que María piensa en verde, en el verde
de la esperanza en una sociedad más justa e igualitaria. Piensa en el verde esperanza de volver, como el leproso del evangelio, la mirada al Jesús que salva y al Jesús que nos une como hermanos en infinidad de cuestiones de la vida.
            Ojalá que la virgen del Pilar nos ayude en una camino nada fácil, pero siempre color esperanza, como el verde de muchos acontecimientos.
           
            Hasta la próxima.

            Paco Mira