sábado, 22 de junio de 2013

DEL VERANO,PAU, AGENTES PASTORAL, CRUZ


DEL VERANO, PAU, AGENTES DE PASTORALCRUZ….
        Pues no sé si cabrá todo en el mismo saco. Pero no nos olvidemos que estos días los alumnos, mis queridos alumnos… han terminado, o lo están haciendo, el presente curso escolar. Es la hora de recoger lo que se ha sembrado; es la hora de coger la gavilla y empezar a segar; es la hora de dar cuenta de aquello que hemos dicho que sabíamos, que nos lo curramos, que lo hemos trabajado.... es la hora de los saltos de alegría porque todo tiene su recompensa, pero también es la hora de ciertas amarguras, porque quizás el esfuerzo realizado nos ha dado algún tirón, algún pinchazo, y… alguna lágrima aflora por nuestro lacrimal y se desliza suavemente por nuestra mejilla. Es lo que llamamos evaluación final, la PAU (prueba de acceso a la universidad) para algunos. Es curioso que el esfuerzo hay que cuantificarlo, pues si no das la medida no estudias lo que quieres.
        Casualidades de la vida, los agentes de pastoral (a lo mejor nuestro párroco tendrá que dar una catequesis y decirnos lo que es un agente de pastoral), también han tenido su PAU (Prueba de Amor Unificada) este fin de semana. Se han “examinado” de los sentimientos, de cómo se encontraban haciendo un servicio a la comunidad, de cómo unificadamente, todos en conjunto eran capaces de amar, desde el evangelio, a la comunidad de San Rafael, prestando su tiempo, su dedicación, sus valores…pero claro… es una PAU no cuantificable y sin duda no servirá para encontrar trabajo, por eso – a veces – no se valora.
        Justo con las evaluaciones finales nos llega el verano. Nos llega para disfrutar de más horas de sol de las que normalmente tenemos. Nos llega para respirar lo suficientemente hondo como para decir, “ahora, el curso que viene, no lo puedo dejar”. El verano es esa estación en la que no vamos al gimnasio pero que queremos tener el tipo justo como para mantenerlo y para lucirlo. El verano es el tiempo propicio para no descargar las pilas de fe, sino de repartir la carga allá donde cada uno se encuentre.

        Los agentes de pastoral han de sentirse orgullosos de la satisfacción del deber cumplido. Han de sentirse orgullosos que tienen una comunidad que les arropa, les comprende y les apoya. Han de sentirse orgullosos de que el verano no ha de apagar la sed de un evangelio que está ávido de ser comprendido, estudiado, amado y respetado. Es ese evangelio que este fin de semana nos va a decir que el que quiera seguir la huella, la estela de ese Jesús de Nazaret, es una estela de cruz.
        Cada uno tiene que llevar la suya. Cada uno ha de enjugar las lágrimas de una “pau” suspendida. Cada uno ha de afrontar la cruz de una tarea pastoral que no ha salido como se esperaba; cada uno ha de afrontar la cruz de esas situaciones en las que no hemos estado a la altura de las circunstancias, pero que sin embargo seguimos en la brecha y en la lucha. Los agentes de pastoral también han de llevar su propia cruz y a veces ayudar a los demás. Si no que se lo pregunten a la gente de caritas, a la gente de pastoral de la salud, a la gente de acogida, incluso a los propios catequistas. Bendito evangelio éste que nos va marcando el camino.
        Dice “el Jefe” que el que quiera seguirle sabe a qué puerta tiene que tocar. Que el que quiera ir detrás de él sólo tiene que asumir su propia realidad, dejar aquello que nos estorba, reconocer lo que tenemos que afrontar y seguirle,  a veces por caminos que nada tienen que ver.
        Debemos alcanzar, como en la PAU, la nota de corte, la nota que nos da acceso a poder llamarnos seguidores de Jesús de Nazaret.. Porque él le preguntó a los amigos que quien decía la gente que era él. Ojalá que el verano no nos enfríe.
        Por cierto, si nos preguntan, tú como cristiano, como agente de pastoral, ¿qué le dirías a la gente quién es Jesús de Nazaret?. ¿será el silencio o un no sé, o no me acuerdo… la respuesta?

        Hasta la próxima, Paco Mira

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