viernes, 1 de noviembre de 2013

¡VIVEN !!!!


¡VIVEN, VIVEN, VIVEN, VIVEN….!
            Me imagino que todos se acordarán, nos acordaremos, de aquella famosa película en la que se narraba el hallazgo de unos supervivientes en los Andes argentinos, después de que estos lograran sobrevivir – algunos – gracias a la práctica del canibalismo con sus compañeros fallecidos. Cuando fueron encontrados, quien lo hizo, se exclamó VIVEN. Todo ello basado en un hecho real.
            Y esa película, esa realidad, me viene a cuento hoy por las fiestas que estamos celebrando. Por un lado los fieles difuntos y por otro la festividad de todos los santos. No sé por qué me da la impresión que nuestra religiosidad, nuestra cultura, es más una cultura de cementerio, de lágrima, de luto, de vestimenta negra… que de alegría, de colores claros, quizás de fiesta….. Parece que celebramos más el llevar flores a los cementerios, que vivir con alegría la resurrección de los que nos han precedido.
            Ya lo dice nuestro evangelio, el evangelio de todos, que nuestro Dios es un Dios de vivos, de gente lucha, de gente que se gana la vida con el sudor de su frente y con la honradez de un trabajo y su salario correspondiente. Nuestro Dios es un Dios de vivos solidarios, de vivos que prestan su acción social en cáritas, en organizaciones solidarias, en familias acogedoras con los deshauciados. Nuestro Dios es un Dios que se parte y reparte entre todas aquellas personas que caminan a nuestro lado y a veces no nos damos cuenta.
            Amigos, no viven… vivimos porque creemos – o eso espero – en un Dios que fomenta la vida y no el mortífero aborto; vivimos porque creemos en un Dios que fomenta el respeto y la amabilidad de todos aquellos que, como hermanos de una misma familia, se aman. No está mal la flor, el ramo… pero no nos quedemos con eso solamente. Vayamos fomentando el Reino de Dios y sobre todo su justicia.
            Por eso serán dichosos y afortunados los misericordiosos, los limpios de corazón, los pobres en el espíritu, los que sufren por la causa de Jesús, los que caminan por esos caminos de tierra y polvo en busca de un enfermo, de un encarcelado, en busca de los que tienen hambre, no solo de pan, de justicia. Esos son los que están llamados a la santidad.
            Me gustaría también hoy recordar a todos aquellos que nos han precedido en el camino de la fe, en la calle de la vida religiosa. Aquellos que probablemente no estén en los altares, pero que muchos de ellos se merecen un altar, por ejemplo a san chofer de guagua, santa lavandera de ropa, san mensajero y santa secretaria, santa madre de familia y san gerente de empresa, san obrero de la construcción y san agricultor, san estudiante y santa colegiala, santa viuda, santa solterona, santa niña, santa anciana, san sacerdote, san obispo, san pontífice, san limosnero, san celador, santa cocinera, san arredatario y san millonario, por qué no… tantos y tantos que amaron a Dios y cumplieron con los deberes de cada día.
            Eso es lo que celebramos hoy. La vida de todos y cada uno de nosotros y de los que nos han ido marcando, con su huella, el camino que hay que seguir. Muchos están en las peanas de nuestras iglesias, otros en el anonimato, pero que también se lo merecen, otros conviven con nosotros todos los días. Es verdad que muchos son los llamados, pero pocos los escogidos, pero todos estamos llamados a felicitarnos por nuestro día dedicado a la santidad y al Dios de los vivos y no de los muertos. ¿nos apuntamos?
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

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