sábado, 28 de diciembre de 2013

FIN DE AÑO, FAMILIA Y LA PAZ

FIN DE AÑO, FAMILIA Y LA PAZ
            Parece que fue ayer, cuando un uno de enero se brindaba por un año mejor, feliz, cuando queríamos que los sueños se hicieran realidad, cuando los deseos eran uvas que auguraban un futuro mejor que el que teníamos hace 365 días. Y ya ven. Otra vez la misma cantinela, otra vez el mismo ritual, otra vez el mismo protocolo, pero… ¿resultados?.
            Es curioso, en el que este mes lo dedicamos al encuentro y reencuentro de los que están (como diría Pablo) en la diáspora, es decir al encuentro de aquellos que a lo largo del año no comparten con nosotros los mismos espacios de proximidad, debería ser protocolario, debería ser obligatorio, el poder, no sólo augurar un buen año, sino realmente cumplirlo. Las fiestas del fin de año, la navidad, deberían ser una fiesta para lo que son, pero al mismo tiempo de balance, de poner en una báscula aquello que a lo largo del año que agoniza, no fue lo que quisiéramos que fuera, que aquellos deseos que no se han cumplido, hagamos el propósito de cumplirlos.
            Y para ello, la Iglesia, como siempre ella, nos propone celebrar el día de la familia. Y es que empezando por lo pequeño llegamos a lo grande; empezando por lo hogareño, por el calor de los que nos quieren… podremos solucionar muchos de los grandes problemas. Debería ser obligatorio en estas fechas un poner sobre el mantel de todas y cada una de las familias lo que creemos que no ha funcionado, lo que pensamos que podría ser mejor, lo que nos ha impedido realizarnos como seres humanos compartiendo el amor de todos y cada uno de los que nos rodean.
         
   Y por ello, de nuevo la Iglesia, como no, nos ofrece que el día primero comencemos rezando y pidiendo por algo que se me antoja casi imposible como es la paz. Y se me antoja casi imposible, porque si se diera el recuento familiar, lo más probable que en lo pequeño solucionamos lo grande.
            Amigos, hay quien dice que para atrás ni para coger impulso, sin embargo nosotros no somos lo que hoy somos, sino tenemos un pasado. El 2013 ha tenido sus luces y sus sombras, ha tenido la alegría de un Papa que está sabiendo insuflar lo que quizás nos hiciera falta: entusiasmo, oxígeno fresco…en una iglesia, la nuestra, con quizás demasiado polvo que nos impide ver con claridad su grandeza; Ha tenido la luz canaria de la beata Lorenza; siempre es bueno que alguien nos vaya marcando las huellas de la senda de la vida, para que podamos tener una guía a la que agarrarnos. Ese gran número de voluntarios que echan una mano para ayudar a los que lo necesitan…
            Sombras del 2013 también las ha habido. La crisis se ha seguido cebando con los más necesitados. Las colas en caritas deberían ser borradas de la faz de la tierra. Eso significa que  alcanzaríamos  los frutos de lo que estamos haciendo mejor que antes; ha habido la sombra de la paz, especialmente en Siria, en Sudán, etc… Jesús de Nazaret no se merece una bala en el cuerpo del inocente, precisamente por eso, por ser inocente.
            Amigos, recordemos cuando el 31, a las 00.00 levantemos una copa para brindar, acordémonos de los que no la pueden levantar. Pidamos deseos para el 2014, pero deseos que nazcan de la Navidad que hemos celebrado, porque así no ha sido baldío el nacimiento de un humilde niño. Brindemos para que dentro de 365 días no tengamos que arrepentirnos de algo que deseamos y no cumplimos.
            De corazón personal y en el de mi familia, FELIZ 2014
            Por cierto “el único que puede hablar en todos los idiomas es el eco”
            Hasta la próxima en el próximo año

            Paco Mira



viernes, 20 de diciembre de 2013

NO FELICITEMOS LA NAVIDAD, HAGAMOS NAVIDAD



NO FELICITEMOS LA NAVIDAD. HAGAMOS NAVIDAD
            Es curioso que parece lo mismo, pero no lo es. Y no lo es, porque no es justamente lo mismo. Por fin ha llegado el día. Ha llegado lo que todos queremos. Ha llegado el inicio de nuestra lucha, el inicio del cumplimiento de las ilusiones, de las esperanzas, de la alegría, de la fiesta – quizás desbordada o no – en definitiva los días más esperados del año.
            Es, quizás,  el momento de los villancicos; el momento de lágrimas que se derraman por ausencias muy significativas; el momento de reencuentros que siempre se han esperado y que ahora se hacen más notables. Es, sin duda, Navidad.
            Y porque estamos en ello, me gustaría recordar con todos y cada uno de ustedes un villancico, aquel que dice “campana, sobre campana. Asómate a la ventana…. Verás al niño en la cuna…”.  Y, a veces, los villancicos deberían de ser órdenes. Quise ser fiel a ellos y me asomé a la ventana, al tañir de las campanas. Y vi al niño representado en aquel padre y madre de familia revolviendo en los contenedores de basura para poder llevar algo de comida a su casa,aún con el riesgo de ciertas infecciones; Me volví a asomar a la ventana y vi aquella madre que con cierta sonrisa resignada entiende que su hijo no “ volverá a casa por navidad, “ quizás por motivos laborales, por motivos económicos… Me volví a asomar a la ventana y vi que el niño de la cuna también eran la cantidad de presos, de inmigrantes… de gente que formaría parte del belén y que para ellos la navidad es como un 24 de agosto, o un 24 de marzo.
            Amigos, la navidad es muy fácil de felicitarla, pero muy difícil de vivirla. El replicar de campanas debiera ser ese despertador de cada jornada laboral que nos invita a levantarnos para ir al trabajo, pero debería ser el que nos diga que el camino que baja a Belén no es un camino de rosas, no es un camino que cualquiera puede recorrer, no es un camino de postales navideñas, de deseos que nunca cumplimos, de juegos de azar a la lotería…. El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve, los avatares de la vida, las dificultades del día a día… nos va marcando.
            Felicitar la navidad es fácil, hacer navidad es complicado. Navidad, del latín “nativitate” (nace la vida en ti), no será realidad hasta que esa Vida con mayúsculas en la que creemos la hagamos realidad en nuestro quehacer diario. Navidad debería ser no sólo el 24 de Diciembre, sino cualquiera de los 365 días del año, seguro que Jesús nacería con una sonrisa mucho más placentera.
            Vivamos y disfrutemos de las oportunidades que anualmente nos oferta Jesús de Nazaret en su cumpleaños. Toquemos y repliquemos campanas por objetivos cumplidos y deseados. Cantemos villancicos, zambombas y panderetas por deseos que en su programación previa se han hecho realidad. Si eso se cumple, es Navidad.
            Cuando este año estemos cantando a la Navidad, miremos a Juan Grande o al Salto del Negro. Miremos a la valla de Melilla con las cuchillas incrustadas. Miremos al contenedor más cercano. Miremos al último desahuciado conocido o anónimo. Miremos al parado que su cena será una simple tortilla francesa y es feliz compartiéndola con su familia. Mirémonos a nosotros mismos y veamos si Jesús, que nace, se ríe con nosotros.
            Amigos, no felicitemos la Navidad, HAGAMOS NAVIDAD
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 13 de diciembre de 2013

NELSON, "ADVIENTO", MANDELA

                                       NELSON, “ADVIENTO”, MANDELA
            La grandeza de la vida es que el hombre puede ir contando su propia historia. No solamente contarla, sino escribirla. Cada día que pasa todos y cada uno de nosotros vamos escribiendo en las páginas del día a día los acontecimientos que precisamente marcan nuestra propia historia. Sin duda que, en mayor o menor medida, vamos dejando huella y lo más probable es que otros sean capaces de seguirla.
            Los que hemos tenido la suerte de vivir a caballo entre dos siglos, ha sido, sin duda,  una experiencia que a muchos les gustaría vivir, disfrutar y compartir. El siglo XX, alguien lo ha definido como el siglo de grandes desgracias y el nacimiento de grandes personajes que mayoritariamente han nacido con ese siglo y se han ido con él. Sin embargo siempre hay alguno que queda un poco más para la posteridad, quizás para que no se pierda la esencia para la que han nacido.

            Por el siglo XX han pasado personajes que han dejado una huella profunda como puede ser el caso de Monseñor Romero, de Teresa de Calcuta, de Luther King, etc… de tantos y tantos que han pasado por esta vida y que no quisiéramos que se fueran, quizás porque gracias a ellos, en parte, la historia ha ido caminando.
            Sin embargo y gracias a Dios, Mandiba aguantó un poco más. Quiso compartir con nosotros los primeros años del nuevo siglo, del nuevo milenio.. de la nueva vida. Gracias, Nelson. Pero gracias por todo lo que nos has dejado, que creo que no ha sido baldío, que no ha sido para guardar en el baúl de los recuerdos. Te has ido en el adviento. Claro, nos has querido dejar la huella histórica de la esperanza, porque esta es lo último que se pierde, como tampoco te perdemos a ti. Precisamente por el adviento, por la esperanza es por lo que tú has luchado en esta vida. Es curioso que los personajes de este adviento: Juan, María, Isaías… también han luchado.
            Nelson, has conseguido superar algo tan complicado en la vida como es el rencor. Quizás 27 años entre rejas, lo único que habría alimentado sería la sed de la venganza y sin duda has conseguido que la frase de Francisco de Asís, que “donde haya odio, ponga amor”, la hiciste realidad.
            Mandela ha querido anticipar la Navidad. Tenía casi prisa por formar parte del Belén de la historia y de la vida y lo ha conseguido. Todo el mundo le quiere. Ahora, en su pueblo, en Sudáfrica, en el mundo entero le seguimos queriendo. Ha adelantado, a sus 95 años, las tareas domésticas de preparar una cuna, un hogar cálido, un pesebre cómodo a ese Jesús de Nazaret que le acoge con los brazos abiertos.
      ¡Cuánto tenemos que aprender de los que nos preceden en la vida!.¡Cuántas huellas tenemos que encajar en nuestros pies para recorrer el camino de la historia y procurar equivocarnos lo menos posible!. Nelson Mandela fue auténtico. Fue él mismo. Cualquier modelo no encajaría en su apreciación vital de la historia. Nosotros, a veces, buscamos modelos de identificación y el único modelo es Jesús de Nazaret. Jesús, por medio de Juan, nos pide conversión, nos pide que no sigamos por los caminos del odio y de la venganza. ¡que bien lo supo entender Mandela!. El no necesitó que nadie le dijera lo que tendría que hacer en un momento determinado. El amor supera todo tipo de barreras ideológicas, culturales, de color….
            Nosotros, los cristianos, tenemos un modelo de amor que supera todo.
            Gracias Nelson Adviento Mandela y feliz Navidad
            Hasta la próxima.

            Paco Mira
                                                   

viernes, 6 de diciembre de 2013

DE ENAMORADO A....

DE ENAMORADA A….CABREAD0 AFÓNICO
            A veces la liturgia es tan caprichosa, sin querer queriendo, que puede que acontecimientos importantes como los de este fin de semana, donde dos personajes tan maravillosos se entrecruzan, hace que uno pise al otro. Por ello, si me lo permiten me gustaría hablar un poquito de ambos.
            ¿Quién de nosotros no se ha enamorado alguna vez?. Quizás, y sin ello, es una experiencia maravillosa, independientemente del futuro que nos depare la propia vida. Cuando uno se enamora, nos tiembla el cuerpo entero, nos viene un cosquilleo en la barriga, sentimos miedo…pero cuando se explota, ya nos da igual todo, corremos, saltamos, brincamos…. Lo publicamos en el periódico y encima lo más probable es que cantemos las maravillas de encontrarnos con la persona adecuada y en el momento oportuno.
    Me da la impresión que es un poco lo que le pasó a María. María sintió miedo, cuando un personaje entró sin permiso en su casa. Lo más probable es que ni tocase en la puerta, porque en aquella época lo más probable es que no se estilase. Y sintió miedo porque el propio ángel le dice que no tema. María, como cualquier enamorada, se pregunta por qué ella tiene que ser la elegida. María, una vez que asume la historia de su vida, lo primero que hace es salir corriendo, no se si asustada o de gozo, pero corre a la montaña a ver a su prima y por último, María lo que hace es proclamar con gozo que asume la propia historia que le ha tocado.
            En definitiva un enamorado, María acepta la presencia de Dios en ella; quiere ser el vehículo por el que Dios manifiesta su presencia a los demás. María quizás no entienda el por qué, pero sabe que en el fondo merece la pena. A lo largo de la historia nos hemos entretenido demasiado en si era o no virgen, si antes, durante y después del parto y es curioso que lo más importante del tema es que Dios quiere encarnarse entre nosotros, que Dios, despojándose de su rango… se hizo igual a nosotros menos en el pecado”. Quizás sin querer, Pablo estaba desvelando la duda. Dios camina con nosotros, por la misma senda que nosotros, con los mismos sufrimientos, alegrías y penas que nosotros.
            Por ello hay alguien, cuando las cosas no salen bien, que me imagino que son muchas,  se cabrea, se llama Juan y nos pide conversión. Porque Juan sabe, que si no cambiamos de actitud, si no nos damos la vuelta al calcetín, lo más probable que no lleguemos a la misma postura de María. Vivimos en un momento en que el positivismo de la vida, la comprobación racional de las cosas… no deja lugar a sentimientos, emociones… no deja espacio a que el corazón, como los enamorados, deje fluir con normalidad sus posicionamientos.
            Me imagino a un Juan cabreado por los caminos polvorientos de Palestina. Un Juan afónico por anunciar la evidencia; un Juan incomprendido por un grupo de personas que no entendían que el amor era posible, y encima no merecía desatarle la correa de las sandalias. María lo entendió, no sin temor previo, pero al fin y al cabo como consecuencia de su compromiso.
            Es una pena que hoy la festividad y el segundo domingo de adviento coincidan, pero es un honor y un orgullo el poder contemplar en el mismo día a Juan y María unidos por una misma causa. Uno afónico y la otra en silencio. Quizás contradicciones. Pero hoy también hay quien se queda afónico gritando que el mensaje de Jesús sigue mereciendo la pena y otros con su ejemplo, con su testimonio, su silencio… también indican que Jesús camina con nosotros por el camino de la vida.
            Felicidades a las Inmaculadas y a los afónicos por causas justas
           
            Hasta la próxima.

            Paco Mira