viernes, 25 de abril de 2014


BUENO, TANTO ROLLO Y ¿AHORA QUÉ?
            Tengo un amigo con el que de vez en cuando dialogo temas un poco más serios que el fútbol, la tele o alguna noticia del periódico. Temas como pueden ser los religiosos. Y esta semana, hablando de la semana santa, él me decía el título de estas letras: “bueno Paco, tantas vacaciones, tanta parafernalia con las procesiones, tanto bombo y platillo en la tv con el Papa o el cardenal Rouco y….¿ahora qué?”. La verdad, les he de confesar que la pregunta me dejó, no sólo temblando, sino pensando. Es verdad y ¿ahora qué?
            Este fin de semana, las lecturas y los acontecimientos que nos pueden ocurrir, quizás dejen con la boca abierta a mi amigo o quizás, también, puede ser que le den la razón. Mi amigo no se llama Tomás, pero el nombre es lo de menos, es la persona la que pregunta igual que mi amigo, igual que Tomás, incluso gente que normalmente comparte nuestras eucaristías, no solo los domingos, sino a diario.
            Este fin de semana, Juan el evangelista, nos cuenta que los discípulos estaban con las puertas cerradas por miedo. A veces me interrogo si nosotros, después de dos mil años todavía no hemos abierto las puertas y eso que siempre nos estamos quejando. Parece como si los que tienen que abrir las puertas son otros (en el Vaticano por ejemplo) y eso no va con nosotros. Da impresión o ha dado la impresión que nosotros somos los poseedores de la verdad y de “aquí no se escapa nadie”. El evangelio no está dentro, está fuera.. Los periódicos no se quedan en las redacciones, sino que salen a la venta a la calle.
            La Buena Noticia tiene que estar en la calle, en las plazas de los pueblos, tiene que llegar a las gentes de todos los lugares. No puede quedar encerrada por miedo a nadie: no sería ni noticia ni buena. Todo anuncio gozoso tiene el riesgo de ser criticado, vapuleado, maltratado… no importa para ello hemos encendido un cirio pascual que nos recuerda que la luz que va delante es la que alumbra y es a la que hemos de seguir.
        
    Y sin duda el gran personaje es Tomás. Esa persona que quizás no estuviera cuando debiera porque a lo mejor las ocupaciones laborales, la familia… no se lo permitía. Por eso no quiere que nadie le cuente nada, quiere experimentar él mismo la Pascua, quiere sentir él mismo el acontecimiento central de nuestra fe. Quizás Tomás no se fiara de lo que los demás le contaban, porque a lo mejor su testimonio no era auténtico. El necesitaba tener el encuentro personal con Jesús.
            Por eso mi amigo, el del rollo, quizás se asemeje más a Tomás. Quizás nosotros no somos los más adecuados para decirle a los demás que el sepulcro está vacío, porque nosotros no hemos ido corriendo a encontrarnos con esa experiencia maravillosa. Abramos las puertas, gritemos, aún a pesar de las críticas, que lo que hemos vivido estos días sigue mereciendo la pena.


            Precisamente este fin de semana se celebra el encuentro diocesano de jóvenes con el Sr. Obispo. Sí, esos jóvenes a los que tanto criticamos que no se les ve por la Iglesia. ¿no será que nosotros tenemos las puertas cerradas a sus inquietudes, a sus demandas, a su forma de entender la vida, a sus afanes a sus ilusiones….?. Quizás nosotros tengamos que decirles “traigan sus manos”, esas manos jóvenes para abrir los portones de la cerrazón de los mayores; esas manos jóvenes que sienten como suyas el sufrimiento de tantos Cristos crucificados, pero sobre todo resucitados. Esas manos jóvenes que quieren aportar savia nueva a la nueva Iglesia del Papa Francisco.
            Amigos, arropémosles, ayudémosles, oigámosles, tendamos nuestras manos para que juntos con las de ellos podamos responder a la definición de Jesús, “Dichosos los que crean sin haber visto”. Que nuestro ejemplo del fin de semana sea para toda la vida.
            Pronta recuperación para los enfermitos


                   

                                     ¡¡¡Hasta la próxima!!!

                                                          Paco Mira

viernes, 18 de abril de 2014

HAY UNA COSA QUE TE QUIERO DECIR: ¡POR FIN LA LUZ!, ¿O NO?



HAY UNA COSA QUE TE QUIERO DECIR: ¡POR FIN LA LUZ!, ¿O NO?
         Hay cosas en la vida que creo que no deberíamos darlas como ciertas, entre otras cosas porque lo más probable es que no estemos seguros de ellas. Y no hablo a nivel de fe. ¡Cuántos de nosotros no querríamos, en alguna ocasión, estar un poco a oscuras o en silencio, o huir del ruido, …. Para encontrarnos con nosotros mismos!. Sólo sabremos anhelar las cosas importantes en la medida en la que notemos su ausencia. Y de eso saben esos programas televisivos que tanta audiencia tienen, como por ejemplo hay una cosa que te quiero decir. Todos los que van allí buscan. Buscan lo que han perdido, porque a lo mejor no han sabido cuidarlo; buscan lo que necesitan tener porque su vacío no lo llenan con nada ni con nadie…Buscar, ese es el verbo.
         En nuestra vida, como en la vida de los amigos de Jesús, me da la impresión que hemos perdido lo esencial por no saber o quizás no querer cuidar lo importante y de no utilizar el verbo buscar. Pedro y sus amigos lloraron amargamente cuando se dieron cuenta que para ellos aquello había acabado; lloraron amargamente porque fueron capaces de negar públicamente la evidencia y la realidad, quizás para no verse involucrados en un proceso que, según ellos, se había acabado. Entraron en las tinieblas, en la niebla de un día que no deja salir el sol; en nuestra querida panza de burro de la vida.
         Sin embargo, es curioso, que cuando alguien dijo que había algo extraño se pusieron a correr cual carrera de puntuación. Querían ver, querían que la noche se hiciera luz, querían que los nubarrones se volvieran rojizos porque eso era señal que haría un buen día. Por eso, querido amigo, hay una cosa que te quiero decir. Y te la quiero decir recordando a R.Kipling. Sí el del libro de la selva:
“ Si la luz de la luna escurriéndose entre las hojas y ramas llega a iluminar el tronco fornido y maravillados observamos como es y como era, es que algo nuevo nace en la tierra.
Y si el fuego nos asombra en la noche e imaginamos al verlo, sorprendentes formas, colores mágicos, generosos dones, vidas que evolucionan y progresan, es que hay juventud en la tierra.
Y si un pueblo, ni que sea de un solo individuo, camina con decisión por caminos ignotos del hoy y el aquí, sin vacilar y sin miedo, es que hay progreso espiritual en la tierra.
Y si alguien por pequeño y único que sea, escudriñando en su ensueño es capaz de divisar un bello país siquiera un instante y sus ojos sollozan de emoción y de gozo, es que hay esperanza en la tierra.
Y si el Cristo encuentra descanso en lo más hondo de nuestra morada interior, llenándola así de optimismo, de coraje y de fe, es que hay salvación en la tierra.
Y si cada uno de nosotros se abre confiado al Amor y al Eterno, al enigma envolvente, al que con ternura está a nuestra vera, y al que nos molesta e irrita con su compañía, entonces, solo entonces hermanos sabremos que se celebra la Pascua en la Tierra”.
      
   Por eso amigos hay una cosa que les quiero decir. Que esta aventura que se ha iniciado hace dos mil años, merece la pena; les quiero decir que la noche no puede con la claridad de la evidencia; les quiero decir que la Vida ha vencido a la muerte. Vivamos la vida, seamos amantes de la vida. Vayamos por las calles de nuestro pueblo, sin vergüenza, diciendo que hay cosas que queremos decir y es que Jesús de Nazaret está vivo y que gracias a esa maravillosa realidad nosotros seguimos su camino. Ojalá que quien nos vea, sepa que en nuestra cara se refleja lo que decimos que creemos. Es la mejor forma y manera de anunciar que Jesús de Nazaret merece la pena.
         Recordar a los que están viviendo una situación de tristeza, de dolor, de enfermedad (Suso Vega, Susita León, Adelaidita… y tantos y tanos), para ellos también la luz de la Pascua
         Felices Pascuas
Hasta la próxima

         Paco Mira
                                     

viernes, 11 de abril de 2014

¡¡¡HOSANNA HEY

     ¡¡¡HOSANNA HEY!!

            Por fin llegó, o eso creo que es lo que los cristianos estamos esperando. Pero sin lugar a dudas la semana santa, es santa no por la utilidad que nosotros damos de ella, sino por la oportunidad que ella misma nos ofrece para cuestiones diferentes, dispares, … pero para muchos atractivas, porque en el fondo y en la forma, nos guste o no, lo es
            Es curioso que para muchos de los que vivimos aquí y quizás en otros lugares, la semana santa es una semana de estreno: se estrena la campaña playera. Muchos dan por inaugurada la temporada con unos días al sol y este si es el que más calienta pues mejor. Es, al mismo tiempo una semana de contrastes y contradicciones: muchos no van a la Iglesia, pero el viernes cumplen con el sancocho; muchos no van a la Iglesia, pero se aprovecha para refrescar el sacramento del perdón, aunque digamos que el cura es un….; muchos no van a la Iglesia, pero el jueves y el viernes nuestros templos se ponen a tope, eso sí nos quedamos en el sufrimiento y no celebramos la pascua. Tres días es mucho y por eso dejamos la obra incompleta a falta de un acto. Pero no nos importa. Lo que cuenta es el jueves y el viernes.
            Y mientras, lejos, muy lejos…. y¡ tan cerca!, un hombre camina por calles empedradas gracias a los romanos; camina aclamado – sin saber por qué – por un montón de gente, muchos de ellos niños, montado en un burrito que previamente había sido encargado por los amigos. Quizás no entienda por qué aquella gente ha dejado a un lado sus quehaceres cotidianos, ha dejado aparcados sus rutinas diarias y se echaron a la calle para aclamarle. Y encima le aclaman como a uno de los grandes reyes de Israel como era David.
            Hoy, quizás, esa misma persona se vuelve a echar a la calle, pero lo que encuentra es un templo lleno de gente desconocida porque a lo largo del año no ha compartido su misma inquietud; esa misma persona se vuelve a echar a la calle y encuentra gente que suele mirar los relojes porque las celebraciones se hacen interminables, sin entender que esa persona lo único que hace es servir y eso cuesta un sacrificio.
            Esa persona, que montada en un burro, recorre las callejuelas de una ciudad dominada; es la misma que hoy ,y a pie ,sigue recorriendo las calles de nuestro pueblo, de nuestras ciudades… también dominadas por la indiferencia, la apatía, el rencor, el odio… el hambre, la desnudez, el olvido. Lavar los pies doloridos, cansados, ensangrentados no es tarea fácil y no se justifica con un día. Es un sacrificio de una vida que a veces el desenlace no es el que queremos. Lavar pies es una tarea que tiene un ejemplo, que tiene una señal. Es una tarea que nos toca a todos y cada uno de los que ayudamos a subir a un burrito a esa persona en la que
creemos. Lavar pies es un ejemplo de quien convencido de un compromiso de vida, lo toma como un servicio a los más necesitados. Y hoy, nuestra sociedad por desgracia,  entiende bastante de necesidades.
            Eso, en el fondo, es la vida del propio cristianismo. Tenemos momentos álgidos. Tenemos momentos de grandes virtudes  y grandes acontecimientos, pero también tenemos momentos en los que la vida nos coloca, quizás, en el lugar que nos corresponde. La vida está llena de viernes santos, de sacrificios, de cuestas arriba, pero también de jueves santos, de servicios, de ayudas… de grandes momentos.
            Vivamos el momento del Hosamna. El momento de la satisfacción del trabajo bien hecho.
Hasta la próxima

                                 Paco Mira

viernes, 4 de abril de 2014

¡ CUANTOS LÁZAROS DE LA VIDA!

¡ CUANTOS LÁZAROS DE LA VIDA!
        Les confieso que este fin de semana, las lecturas, el evangelio… invitan a la vida, pero es muy complicado compartir la muerte. Complicado porque los misterios, cuando se quieren explicar, no encuentran la racionalidad como para ello. Es, por ello , que no es fácil. Sin embargo ante ese misterio, ante los amigos de Betania, me gustaría compartir con uds.  Lo que uno siente.
        Hace ya unos cuantos años, cuando uno aterrizó por estas maravillosas tierras, por estas islas afortunadas, un amigo, una vez a la semana, me llevaba a comer a casa de una amiga común. Siempre estaré agradecido al amigo primero y a la amiga porque me acogió y por lo menos una vez a la semana uno empezaba a degustar el famoso potaje canario. Con el paso del tiempo, uno no se ha olvidado de ellos, pero quizás he pecado (ahora es cuaresma y me confieso) de no atender, saludar, llamar, …. Al menos a uno de los dos.
        Los amigos, los que realmente son amigos, creo, que no basta con tenerlos presentes. Eso es muy fácil y no cuesta nada. Los amigos hay que cuidarlos, quererlos y yo diría… hasta mimarlos, incluso aunque notemos, pensemos, creamos… que no hay correspondencia por la otra parte. Porque si no nos podría pasar como a los amigos de Betania.
        Llorar es bueno. Llorar es aflorar sentimientos. Llorar es una forma de comunicación. Jesús lloró. Y lloró porque es bueno hacerlo, porque quiso que afloraran sentimientos, porque quiso expresar y comunicar lo que sentía. Pero es curioso, que no quiso llorar y comunicar con los difuntos. No quiso llorar con quien no tiene la posibilidad de disfrutar de la vida. Por eso y con urgencia llama a la vida. Le dice a Lázaro que no siga en la situación en la que está.
        ¡cuántos Lázaros de la vida!.¡cuántos se aferrar más a la muerte que a la vida!.¡cuántos se olvidan de lo bello, de lo maravilloso que es poder disfrutar lo que nos ofrece nuestro Padre!. El evangelio de este fin de semana, por contradictorio que parezca es una invitación a la vida, a vivir, a disfrutar. Es una invitación a no angustiarnos con cosas que poco a poco nos van matando.
        Déjenme que recuerde desde aquí a todas las Martas y a todas las Marías de la vida que nos piden con urgencia que si hubiésemos estado donde debiéramos, quizás no sucederían muchas situaciones de muerte. El cristiano no solamente es el que tiene que tener situaciones de vida, sino el que tiene que ayudar a conseguirlas. La vida, nuestra vida nos oferta todos los días situaciones de ese tipo; situaciones en las que tenemos que insuflar vida, porque nosotros la tenemos. Situaciones en las que tenemos que ser Martas y Marías de la vida.
        Lázaro es el prototipo de la vida. Lázaro es el prototipo que nos invita que tenemos que estar en el momento y en la situación adecuada. Lázaro es el amigo que nos tiende la mano y que no quiere que estemos en la oscuridad y en la penumbra.
        Amigos, disfrutemos de los amigos. Disfrutemos de las situaciones que nos hacen felices; disfrutemos de los momentos oportunos en lugares adecuados. En definitiva, disfrutemos de la vida. La vida nos pone a prueba. Pruebas que tenemos que superar, obstáculos que tenemos que saltar, pero esa es la grandeza de la misma. En esta cuaresma miremos a nuestro interior y a nuestro alrededor y procuremos ser felices en la medida de lo posible.
       
Pero también, a ese Dios de la vida quiero gritarle como el autor del Salmo 129: desde lo hondo a ti grito, Señor. ¡por favor! Escucha mi voz. Que nuestro grito a Dios sea para los más necesitados, para aquellos que no acaban de ver claro el futuro y se ven como Lázaros de la vida. Estoy seguro que Dios tiene los oídos atentos a la voz de nuestra súplica y plegaria.
        Una semana más vaya desde aquí, mi aire y aliento de ánimo para Suso. El está viviendo su particular cuaresma, pero seguro que, como Lázaro, se agarrará a la vida, para seguir dándola. Animo.
Hasta la próxima

        Paco Mira