viernes, 11 de abril de 2014

¡¡¡HOSANNA HEY

     ¡¡¡HOSANNA HEY!!

            Por fin llegó, o eso creo que es lo que los cristianos estamos esperando. Pero sin lugar a dudas la semana santa, es santa no por la utilidad que nosotros damos de ella, sino por la oportunidad que ella misma nos ofrece para cuestiones diferentes, dispares, … pero para muchos atractivas, porque en el fondo y en la forma, nos guste o no, lo es
            Es curioso que para muchos de los que vivimos aquí y quizás en otros lugares, la semana santa es una semana de estreno: se estrena la campaña playera. Muchos dan por inaugurada la temporada con unos días al sol y este si es el que más calienta pues mejor. Es, al mismo tiempo una semana de contrastes y contradicciones: muchos no van a la Iglesia, pero el viernes cumplen con el sancocho; muchos no van a la Iglesia, pero se aprovecha para refrescar el sacramento del perdón, aunque digamos que el cura es un….; muchos no van a la Iglesia, pero el jueves y el viernes nuestros templos se ponen a tope, eso sí nos quedamos en el sufrimiento y no celebramos la pascua. Tres días es mucho y por eso dejamos la obra incompleta a falta de un acto. Pero no nos importa. Lo que cuenta es el jueves y el viernes.
            Y mientras, lejos, muy lejos…. y¡ tan cerca!, un hombre camina por calles empedradas gracias a los romanos; camina aclamado – sin saber por qué – por un montón de gente, muchos de ellos niños, montado en un burrito que previamente había sido encargado por los amigos. Quizás no entienda por qué aquella gente ha dejado a un lado sus quehaceres cotidianos, ha dejado aparcados sus rutinas diarias y se echaron a la calle para aclamarle. Y encima le aclaman como a uno de los grandes reyes de Israel como era David.
            Hoy, quizás, esa misma persona se vuelve a echar a la calle, pero lo que encuentra es un templo lleno de gente desconocida porque a lo largo del año no ha compartido su misma inquietud; esa misma persona se vuelve a echar a la calle y encuentra gente que suele mirar los relojes porque las celebraciones se hacen interminables, sin entender que esa persona lo único que hace es servir y eso cuesta un sacrificio.
            Esa persona, que montada en un burro, recorre las callejuelas de una ciudad dominada; es la misma que hoy ,y a pie ,sigue recorriendo las calles de nuestro pueblo, de nuestras ciudades… también dominadas por la indiferencia, la apatía, el rencor, el odio… el hambre, la desnudez, el olvido. Lavar los pies doloridos, cansados, ensangrentados no es tarea fácil y no se justifica con un día. Es un sacrificio de una vida que a veces el desenlace no es el que queremos. Lavar pies es una tarea que tiene un ejemplo, que tiene una señal. Es una tarea que nos toca a todos y cada uno de los que ayudamos a subir a un burrito a esa persona en la que
creemos. Lavar pies es un ejemplo de quien convencido de un compromiso de vida, lo toma como un servicio a los más necesitados. Y hoy, nuestra sociedad por desgracia,  entiende bastante de necesidades.
            Eso, en el fondo, es la vida del propio cristianismo. Tenemos momentos álgidos. Tenemos momentos de grandes virtudes  y grandes acontecimientos, pero también tenemos momentos en los que la vida nos coloca, quizás, en el lugar que nos corresponde. La vida está llena de viernes santos, de sacrificios, de cuestas arriba, pero también de jueves santos, de servicios, de ayudas… de grandes momentos.
            Vivamos el momento del Hosamna. El momento de la satisfacción del trabajo bien hecho.
Hasta la próxima

                                 Paco Mira

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