viernes, 9 de mayo de 2014

¡ÑOS, PACO: PUES CREO QUE FUI UNAS CINCO VECES!

¡ÑOS, PACO: PUES CREO QUE FUI UNAS CINCO VECES!
            
Hace poco, tuve que llamar a un padre de un alumno por un asusto académico. En la conversación – casi como a los discípulos de Emaús de la semana pasada – salió el tema de la Eucaristía. No me pregunten por qué, pero salió. En la conversación el chiquillo comentó que contando con la primera comunión, me comenta que había participado en la eucaristía unas cinco veces. Lo dijo como una hombría, siendo un niño. Cuando miro para el padre, el gesto no era menos elocuente: sonrisa en la boca y… encima una palmadita en la espalda. Sobre la marcha, cambié el tema, casi me vino a la mente el cerrar las puertas, como los discípulos, por miedo a….
            Ahora estamos en plena vorágine de las primeras comuniones. Ahora resulta, en este mes, que todos deberíamos ser canonizados porque somos unos santos de primera. Ahora todo lo que diga o haga el cura nos parece una maravilla… Y es curioso que cuando termine este vendaval de fe, más de uno, por no decir la mayoría, respiran hondo, y exclaman, ¡por fin!, casi como el alumno al que antes hacía referencia.
            Perdonen que sea sincero, pero me da pena que hagamos las cosas porque normalmente las hemos hecho. A veces pienso que hemos entrado en una espiral rutinaria de la que no estamos convencidos. A lo mejor es cuestión – cosa que no se – de dar carpetazo y empezar de nuevo, de cero… igual eso significa hacerle caso al discurso de Pedro, en la lectura de los Hechos de los Apóstoles, cuando les dice que tienen que convertirse.
            Creo que no deberíamos de sentirnos orgullosos del número de gente que hace la primera comunión; no deberíamos de sentirnos orgullosos de lo que gastamos para que el día sea inolvidable para nuestros hijos…Deberíamos de sentirnos orgullosos de lo “que hemos oído y aprendido” nos va a servir como norma para la vida en la que nos ha tocado vivir. Cuando un niño, que ha hecho la primera comunión y delante de su padre se siente orgulloso y este le apoya porque solo ha asistido cinco veces a compartir la fe con los demás, era para decirle, lo siento usted se ha equivocado de puerta.
            Hoy el pastor nos invita a permanecer unidos para que no exista dispersión. Nos invita a entrar todos por la misma puerta. Una puerta que ha de abrirse solo a los convencidos de que este proyecto merece la pena. Un pastor que llama desde el convencimiento y no desde el ritualismo. Un pastor que llama a cada uno por su nombre y desde su situación personal. Un pastor que exige y pide una respuesta. Todos juntos podemos lograr infinidad de cosas. Los rebaños unidos suelen vencer a los enemigos.
            La forma que tiene el pastor de llamar es desde el anuncio de la Buena Noticia. Una buena noticia ratificada desde la Pascua. La puerta no es fácil, la puerta, a veces, necesitamos engrasarla y por eso nos pide que con frecuencia utilicemos el desatascador llamado Evangelio.
            El Pastor es el que acompaña, el que está en los momentos buenos de los suyos, pero también en el momento de las dificultades; el pastor es el que ríe cuando los vientos soplan favorables y también derrama alguna lágrima cuando los vientos son contrarios. Los padres han de ser como el pastor, han de ser los que acompañen desde el convencimiento propio, porque así los hijos verán que la primera comunión no es algo especial, es algo que se puede repetir y que merece la pena hacerlo. Si el padre de mi alumno fuese consecuente, lo más probable es que el niño no dijese lo que dijo.
            Amigos, en nuestras manos está que la primera no sea la última, porque la A no es la misma que la Z. No hagamos por ritualismo lo que tiene que ser desde el corazón. No importa el número, sino que los que la hagan, sepan que el año que viene van a continuar.
Hasta la próxima

            Paco Mira

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