viernes, 1 de agosto de 2014

BURRO GRANDE, ANDE…..HUMMMM… NO SIEMPRE!

BURRO GRANDE, ANDE…..HUMMMM… NO SIEMPRE!
            Mi abuela, que creo que era bastante sabia, como todas las abuelas, supongo, me decía, “Paco: burro grande, ande o no ande”. Y he de decir que estoy bastante de acuerdo, diría que en un 98% de la afirmación. Lo grande siempre da unas posibilidades que a veces lo chico, lo pequeño no suele darlas. Por eso me he apuntado a la afirmación y creo que, de lo grande se puede repartir.

            Sin embargo, lo pequeño, lo chiquitito… también tiene su encanto. Este sábado se celebra la fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles. Les puedo decir, de la Porciúncula. A muchos, esta palabra no les dirá mucho, sin embargo para mí tiene un significado especial. Y es especial porque tiene mucho que ver con una congregación religiosa a la que aprecio y quiero, como son los Franciscanos. La Porciúncula, literalmente es un trozo, una porción… Es una capilla chiquitita, en medio de una enorme basílica (Nuestra Señora de los Ángeles), en Italia. En ella, el gran Francisco de Asis, se recluía para tomar sus decisiones, para afrontar el día a día de su vida, para tomar fuerza y aliento para que su mensaje llegara lo más lejos posible y encima que la gente confiara en él. Francisco, antes de arrancar en la vida, iba a la porciúncula.
            Este fin de semana, unos vienen y otros se van. A unos se les acaban las vacaciones y otros las comienzan. Para unos será como un suspiro y tienen que volver a lo que hace 30 días han dejado y para otros serán 30 días que querrán estirar lo más posible. Pero sea cual fuere la situación de cada uno, ojalá busquemos un lugar pequeño, chiquitito, una “porciúncula” , donde podamos encontrarnos con el padre que nos de fuerza para seguir adelante. A veces las fuerzas nos flaquean, y preferimos no luchar, ahogarnos, antes que salir adelante.
            El evangelio de este fin de semana es de los más conocidos. Quizás sean de esos que casi nos lo sabemos de memoria y al que recurrimos cual frase fácil para corroborar alguno de nuestros gestos. El evangelio de este fin de semana es como “mi” porciúncula: de lo poco, sacamos mucho. Más de uno se preguntará cómo es posible la magia de Jesús a la hora de la multiplicación y claro… es que no hemos entendido el evangelio.

            Me gustaría que fuésemos capaces nosotros también de saber multiplicar: de un solo corazón, poder multiplicar un montón de abrazos de ternura a infinidad de gente que lo necesita; de un solo corazón, poder multiplicar infinidad de sonrisas a tanta tristeza como hay en el mundo; de un solo corazón, poder gastar un montón de tiempo en los que están solos, en los ancianitos, en los enfermos… de un solo corazón el poder multiplicar millones de besos, en vez de multiplicar millones de balas que lo único que hacen es desangrar ese corazón cada vez más desgarrado.
            ¡fíjense cómo la multiplicación, a veces, no tiene por qué ser material!. Nos quedamos con la literalidad del texto y somos incapaces de ir un poco más allá. Esa es la grandeza no de la Biblia en sí, sino del mensaje del Padre a través del Hijo. Con poco, con una simple Porciúncula, empezó Francisco de Asis, con dos panes y tres peces, Jesús. Simplemente es cuestión de mirar y observar a nuestro alrededor. La semana pasada les decía que ojalá esta semana pudiésemos hablar de la paz y sin embargo tenemos que decir que es imposible, entre otras cosas porque somos incapaces de compartir y multiplicar la grandeza de nuestro corazón.
            Todo lo grande es bueno, pero hay que empezar con lo poco, con lo pequeño. La multiplicación no fue grandiosa, pero todo el mundo quedó satisfecho. Quizás tengamos que preguntarnos al acabar la semana o los días, si también quedamos satisfechos de lo que hemos hecho,
           
Hasta la próxima
            Paco Mira



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