viernes, 15 de agosto de 2014

LAS MALAS NOTICIAS VUELAN. PARA LAS BUENAS, A VECES, HAY QUE CORRER

LAS MALAS NOTICIAS VUELAN. PARA LAS BUENAS, A VECES, HAY QUE CORRER
           
            Cuando un hijo sale de fiesta, o sale por la noche, o va a pasar algún día fuera de casa, su madre, por regla general, está deseando que la llame para saber si ha llegado bien a su lugar de destino. Si eso no sucede, lo más probable es que la madre le diga “Amigo, ¿usted no llama o qué?. A lo que normalmente el hijo suele responder, “mamá no te preocupes, que las malas noticias vuelan, y te enterarías al momento”. Y en el fondo no les falta razón a los dos..

            Por eso me gustaría recordar a quienes, en un día como el de la Asunción de María, entonan como ella el Magníficat. Me gustaría hacer pensar a todos los que critican a la Iglesia, a los que piensan que la Iglesia tiene privilegios, que ha sido un privilegio el contar no solo con Jesús Palacios, sino con tantos y tantos misioneros que por fidelidad a su madre la Iglesia, hacen realidad el evangelio que dice “si el grano de trigo no muere”. Me gustaría recordarles a quienes critican a las instituciones religiosas que quienes están llevando a la práctica labores de acogida a la cantidad de pateras que estos días nos visitan, a los que saltan vallas en busca de libertad y tierra que mana leche y miel mientras los interesados están de vacaciones… sigo diciendo que es un privilegio el contar con ellos.
            Por eso las buenas noticias, a veces hay que correr para darlas. Filípides, para anunciar que habían vencido a los persas, lo hizo y sin querer inventó la maratón. María corrió, con dificultad (“fue deprisa a la montaña”) a dar una buena noticia. Una noticia, como los misioneros, que les hace cantar y proclamar que su alma canta las grandezas del Señor y que su espíritu se alegra.
            Sin duda mucho tenemos que aprender nosotros los que normalmente vamos a la eucaristía, a veces, diaria. Mucho tenemos que aprender para dar buenas noticias o para saber escuchar las buenas noticias. El evangelio de esta semana nos va a invitar a escuchar buenas noticias. Una mujer pide por su hija, no pide para ella. Pide que le ayuden, que le echen una mano. ¡cuántos a nosotros nos piden que les echemos una mano!. ¡cuántos de nosotros no sabemos oir buenas noticias, no sabemos oir evangelios!. Vivimos en un mundo de ruidos, sin embargo sigue habiendo gente que nos sigue tirando del manto, que nos sigue gritando, ayúdame.
            Alguien, en alguna ocasión proponía que todos los días nos levantáramos dando una buena noticia. A veces, nos volvemos locos buscando y buscando, y sin embargo no hay que ir muy lejos para ello. Muchos de los que están a nuestro alrededor nos preguntan por la Iglesia, nos preguntan sobre Dios, etc… buscan respuestas a sus preguntas… nosotros quizás podamos darles un pequeño empujoncito o bien enseñarles el camino.
            Pero claro, para ello hay que hacer como María. Aceptar la voluntad de Dios. Una voluntad que a veces no la entendemos, que no sabemos a qué viene, que no sabemos por qué, pero que en el fondo siempre, una vez aceptada nos va a hacer decir, Proclama mi alma la grandeza del Señor.

            Animo a los misioneros. Animo en la dificultad a todos aquellos que convencidos anuncian y proclaman que su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles. Ojalá que las piedras del camino no estorben para proclamar la grandeza de Dios. Ojalá que seamos capaces de erradicar esas malas noticias como el Ebola, como las vallas que separan pueblos, como pateras que llegan en busca de una tierra mejor… y solo demos noticias de gente que se entrega a favor de los demás.
Hasta la próxima
            Paco Mira


  

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