viernes, 26 de diciembre de 2014

¿LA FAMILIA?. SÍ, GRACIAS. FELIZ 2015

¿LA FAMILIA?. SÍ, GRACIAS. FELIZ 2015
            Parece que fue ayer, cuando un uno de enero se brindaba por un año mejor, feliz, cuando queríamos que los sueños se hicieran realidad, cuando los deseos eran uvas que auguraban un futuro mejor que el que teníamos hace 365 días. Y ya ven. Otra vez la misma cantinela, otra vez el mismo ritual, otra vez el mismo protocolo, pero… ¿resultados?.
            Es curioso, en el que este mes lo dedicamos al encuentro y reencuentro de los que están (como diría Pablo) en la diáspora, es decir al encuentro de aquellos que a lo largo del año no comparten con nosotros los mismos espacios de proximidad, debería ser protocolario, debería ser obligatorio, el poder, no sólo augurar un buen año, sino realmente cumplirlo. Las fiestas del fin de año, la navidad, deberían ser una fiesta para lo que son, pero al mismo tiempo de balance, de poner en una báscula aquello que a lo largo del año que agoniza, no fue lo que quisiéramos que fuera, que aquellos deseos que no se han cumplido, hagamos el propósito de cumplirlos.
            Y para ello, la Iglesia, como siempre ella, nos propone celebrar el día de la familia. Y es que empezando por lo pequeño llegamos a lo grande; empezando por lo hogareño, por el calor de los que nos quieren… podremos solucionar muchos de los grandes problemas. Debería ser obligatorio en estas fechas el poner sobre el mantel de todas y cada una de las familias lo que creemos que no ha funcionado, lo que pensamos que podría ser mejor, lo que nos ha impedido realizarnos como seres humanos compartiendo el amor de todos y cada uno de los que nos rodean. La familia, esa comunidad que el Vaticano la define como de amor, a veces no actúa como tal. La familia a la que mayoritariamente recordamos con cierta nostalgia, parece que no se aprecia y valora en su justa medida y creo que no se trata de ser “como los de antes”. Se trata de ser familia, dialogando, compartiendo, riendo, soñando, llorando… la familia es vida y esta hay que compartirla.
            Y por ello, de nuevo la Iglesia, como no, nos ofrece que el día primero comencemos rezando y pidiendo por algo que se me antoja casi imposible como es la paz. Y se me antoja casi imposible, porque si se diera el recuento familiar, lo más probable que en lo pequeño solucionamos lo grande.
            Amigos, hay quien dice que para atrás ni para coger impulso, sin embargo nosotros no somos lo que hoy somos, sino tenemos un pasado. El 2014 ha tenido sus luces y sus sombras, tiene la alegría de un Papa que está sabiendo insuflar lo que quizás nos hace falta: entusiasmo, oxígeno fresco…en una iglesia, la nuestra, con quizás demasiado polvo que nos impide ver con claridad su grandeza; Este año ha tenido el reflejo de ese gran número de voluntarios que echan una mano para ayudar a los que lo necesitan…
            Sombras del 2014 también las ha habido. La crisis se ha seguido cebando con los más necesitados. Las colas en caritas deberían ser borradas de la faz de la tierra. Eso significa que  alcanzaríamos  los frutos de lo que estamos haciendo mejor que antes; ha habido la sombra de la paz, especialmente en Siria, en Sudán, los niños que sufren,   en Pakistán, el Ebola, etc… Jesús de Nazaret no se merece una bala en el cuerpo del inocente, precisamente por eso, por ser inocente.

            Amigos, recordemos cuando el 31, a las 00.00 levantemos una copa para brindar, acordémonos de los que no la pueden levantar. Pidamos deseos para el 2015, pero deseos que nazcan de la Navidad que hemos celebrado, porque así no ha sido baldío el nacimiento de un humilde niño. Brindemos para que dentro de 365 días no tengamos que arrepentirnos de algo que deseamos y no cumplimos.
            De corazón personal y en el de mi familia, FELIZ 2015
            Hasta la próxima en el próximo año

            Paco Mira

miércoles, 24 de diciembre de 2014

NOCHEBUENA, BUENAS NOCHES O ¿NOCHES BUENAS?

NOCHEBUENA, BUENAS NOCHES O  ¿NOCHES BUENAS?
         Saben que a lo largo del año he jugado, en alguna ocasión, con las palabras, Y es que esta noche no podía ser menos. Tanta espera ha merecido la pena. No porque cada año se produzca el mismo acontecimiento, sino porque cada año nos da la oportunidad de empezar de nuevo y es que Dios nunca se cansa de darnos oportunidades aunque nosotros no queramos reconocerlas.
         Hoy es Nochebuena. Es quizás la noche por excelencia de cuantas se pueden imaginar y eso que tenemos 364 en el año. Muchas serán las noches que marquen nuestra vida: el niño que no duerme por una enfermedad; el opositor que no sabe cómo le va a salir el examen; aquella noche en el hospital con aquella persona especial para cada uno de nosotros, etc… noche por excelencia.
         Pero quizás es también la noche de decir hasta mañana. Porque amanece un nuevo día cargado de ilusiones mejores que las anteriores; porque el cansancio acumulado a lo largo del día merece un deseoso y sabroso descanso, por eso ¡ qué mejor ocasión para decir buenas noches!: el padre al hijo, el hijo al padre, el esposo a la esposa….
         También es la oportunidad de mirar atrás. Es la oportunidad, en los cumpleaños, de echar la mirada hacia atrás y hacer un pequeño balance: ¿cuántas noches buenas hemos pasado a lo largo del año?. Muchos dirán que todas, pero otros – por desgracia – dirán que de buenas pocas.

         Hoy es la noche igual al día; el día igual a la noche. Porque la Palabra se hace carne y está y camina en medio y con cada uno de nosotros. Lo más probable que la Palabra que acampa entre nosotros lo haga de una manera especial en los desahuciados, en los padres que buscan en los contenedores para sus hijos, en las familias que no pueden comprar algo especial y acaban en la comida de todos los días… En definitiva este día tiene un poco de nochebuena, de buenas noches o de noches buenas.
         Aún así la Navidad merece la pena. Merece la pena recordar el cumpleaños de quien por nosotros lo entrega todo para que sigamos su ejemplo. Cada vez que miramos un 24 ó 25 de Diciembre debemos mirar el corazón de cada uno de nosotros. Cada vez que veo un belén me recuerda aquella canción que dice “Jesús, ¿quién eres tú, tan pobre al nacer que piensas en mí?.
         Les invito, me invito, a preguntarle al que nace, Jesús quién eres tú. Y lo más probable es que la respuesta no hay que ir a buscarla demasiado lejos. No hay que recorrer excesivos kilómetros para darnos cuenta que hay infinidad de pesebres a nuestro alrededor; hay infinidad de pobreza y de promesas incumplidas; hay demasiados que se aprovechan de la miseria de otros para poder subir peldaños injustos.
         Campana sobre campana, asómate a la ventana. ¡ Hagámoslo!. Que la navidad sea una invitación a salir a descubrir la realidad que nos inunda. Abramos la ventana que nos deslumbre  y veamos que no todos son villancicos, que veamos que hay, como en Belén, comedores sociales, gente tocando en la puerta de caritas, padres que quieren pero no pueden provocar una risa en sus hijos.

         Amigos, Dios se hace carne, uno como nosotros y encima se queda. Seamos capaces de descubrirlo. No perdamos la sonrisa. No entristezcamos las fiestas, pero seamos realistas. Me gustaría que los cristianos nos emocionemos como la gente en aeropuertos, estaciones de ferrocarril, o cuando la sorpresa llega a casa. ¡qué bonito! Por cierto Feliz nochebuena,  o buenas noches o ¿noches buenas?.
         FELIZ NAVIDAD
         Hasta la próxima
         Paco Mira

  

viernes, 19 de diciembre de 2014

LA VIRGEN (MARÍA) SUEÑA Y CASI TIENE PESADILLAS

LA VIRGEN (MARÍA) SUEÑA Y CASI TIENE PESADILLAS
         ¡Uff.!.¡Qué mal lo tuvo que pasar la pobre!. Me estoy imaginando la cara de una muchacha hebrea, jovencita, que lo más probable es que no tuviera ni siquiera los dieciocho años; una muchacha que no entiende lo que le pasa y que lo único que le interesa es salir corriendo. Si esa muchacha, fuera canaria, cuando la visitara el ángel lo más probable es que dijera “ :¡¿cómo?. ¿qué dices tú?”.
         Es verdad que lo que ella tuvo que pasar no fue nada fácil. No fue fácil para ella, no fue fácil para la familia y tampoco para los amigos. En una sociedad, como la hebrea, en la que los modos y las formas se cuidaban con esmero, resulta que una mujer que no conoce varón alguno, se queda embarazada. Una mujer que lo más probable es que le echara el ojo a alguno de los mozos de Nazaret y que ahora que iba a ser madre pues la situación no iba a ser del todo de lo más fácil.

         María sueña: ¿cómo será su criatura?. No había ecografías, ¿niño, niña?. ¿qué nombre le pondré?. ¿a quién se parecerá?... Eso lo hace y lo hacía cualquier madre: soñar. Soñar despiertos; soñar con alegría y con ilusión,  porque el fin del proceso es una maravilla. Pero María también sueña caminos, entre otras cosas porque está a la espera. No pierde la esencia del adviento, no pierde la esperanza, porque sin eso, lo que espera no tendría sentido.
         Por eso, casi tiene pesadillas. Pero las pesadillas de María, son “benditas pesadillas”; maravillosamente le quitan el sueño,  le hacen darle vueltas a la cabeza, incluso creo que hasta le ponen nerviosa. María acepta una propuesta que no tiene claro, acepta una propuesta de alguien a quien no conoce, pero intuye, cree y piensa que merece la pena, por eso pregunta ¿Cómo será eso?.

         Amigos no nos olvidemos que de Nazaret a Belén hay una senda, sólo una y que por ella van los que creen. Es por ello que es cuestión de preguntarnos si en nuestra senda de la vida somos capaces de descubrir los personajes que nos vamos encontrando por ese camino de esperanza: preguntarnos si somos capaces de contagiar la vitalidad que decimos que tenemos y que por eso estamos nerviosos.
         Seguro que hoy, al niño ya le tendríamos preparado la carta astral, qué horóscopo sería, como iba a ser su futuro. Para María todo iba a ser más sencillo. La vida, el proyecto de Dios no tiene predestinado nada: lo vamos haciendo, vamos caminando en esa senda de la vida, vamos quitando las piedras que nos pueden  estorbar en ese caminar.
         Hoy sigue habiendo anunciación también. Hoy el ángel de Dios, Dios mismo sigue visitándonos y nos sigue diciendo que sigue contando con nosotros. Hoy, ante las adversidades de la vida, Dios nos sigue diciendo no temas, porque has encontrado gracia ante mí. Te escojo a ti, con tus defectos y con tus virtudes, con tus ilusiones y con tus miedos. María también era una mujer que lo más probable es que no tuviese una carrera universitaria y Dios no se valió de una carta astral para escogerla.
         Salgamos a las sendas de la vida; a ese camino que va de Nazaret a Belén y sepamos ver el ángel de Dios que nos dice que somos nosotros los escogidos para irradiar esperanza, ilusión, ganas, esfuerzo…Salgamos a ese camino que nos lleva al nacimiento en el pesebre y seamos capaces de comprobar que los que nos ven son contagiados de nuestro espíritu esperanzador.

         Que los sueños no se conviertan en pesadillas. Por eso quiero que no se repita la matanza de Pakistán. Que nuestra Iglesia, nuestra querida Iglesia, también esté preñada de Dios, de su amor y no sea una Iglesia que se convierta en pesadilla. Hagamos posible de asumir realidades que no son imposibles. Veamos en José a la persona que se fía de un proyecto ilusionante y que merece la pena.
         Por cierto queda poco, para convertir en realidad la esperanza.

         Hasta la próxima
         Paco Mira

  

viernes, 12 de diciembre de 2014

GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE

GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE

            A veces, se  lo confieso, me gustaría que los días tuvieran menos horas o que por lo menos las horas corriesen más despacio. Cuanto más avanza el tiempo me doy cuenta de las cosas que pude haber hecho, pero que por diferentes motivos no hice y… espero que no sea tarde. Ya vamos por el tercer domingo de adviento. Parece que fue ayer cuando celebrábamos la vigilia que nos daba el pistoletazo de salida y casi ya lo hemos acabado. Pero he aquí que la Iglesia, esa bendita Iglesia pecadora, nos invita, quiere que celebremos la alegría de la esperanza. Que celebremos el Gaudete del adviento. Eso es lo que significa Gaudete, alegría.

            Quizás es la hora de preguntarnos si la alegría la estamos practicando en momentos y en tiempos en que en vez de esperanza parece que existe la desesperanza. Un hombre/mujer que está lleno y vive la esperanza tiene que tener siempre una sonrisa en los labios, por muy mal que le vayan las cosas. Si es que los cristianos tenemos que diferenciarnos en algo de los que no lo son. No en una carrera, no en un título, no en una acreditación… sí en actitudes, en valores, en formas de pensar, ver y actuar en la vida. No podemos caer en la rutina de quien no tiene la más mínima esperanza de que las cosas pueden ser de otra manera.
            Isaías, (¡qué grande era!), nos invita, como invitó a María, a dejarnos inundar por el Espíritu de Dios. Y eso nos lleva a tener esas actitudes en la vida. “el Señor nos ha ungido, nos ha enviado a dar buenas noticias a los que sufren, a los corazones desgarrados, proclamar el año de gracia”. Si Dios se fija en nosotros para eso, es que no somos nosotros los destinatarios. Nosotros se la damos a los que nos ven, a los que nos oyen, a los que comparten con nosotros la alegría de la fe.
            Hoy quizás nuestros amigos, ante esa alegría nos pregunten con insistencia como a Juan el Bautista, ¿quién eres?. Nosotros, como él, seguimos siendo llamados a allanar los senderos: ¡qué dificultades ponemos, a veces, en los caminos de Dios!. Es como si alguien nos quisiera comprar un regalo y siempre le estamos poniendo trabas y dificultades. Me gusta Juan, el Bautista, porque no miente: por eso le cortaron la cabeza. No miente y siempre dice no soy yo.
            A veces nos sentimos como él, y parece que proclamamos en el desierto. Ya lo decía mi madre, “parece que predico en el desierto porque no me haces caso”. Pues a nivel de fe lo mismo. Las circunstancias de la vida nos llevan a creer que nuestra voz no se escucha en ninguna parte. Esa sensación no la tenía Juan. Creía que su voz sí se escuchaba: había que darle tiempo al tiempo, porque el que tenía que llegar, la linterna que alumbraba, era la que venía en la forma y en el tiempo esperado.

            Quiero tener un recuerdo especial con el pueblo de Santa Lucía, con nuestro pueblo. Celebran su fiesta, celebramos nuestra fiesta. Lucía una mujer que se mantuvo fiel a pesar de las dificultades. Una mujer que supo mantener intacta su convicción religiosa a pesar de las dificultades y de los oprobios  a los que se vio sometida. Una mujer que al final hizo realidad el refrán de quien la sigue la consigue.

            Quizás es hora de cantar con el salmista que nos alegramos con nuestro Dios. Si es que en el fondo el adviento es GAUDETE, es alegría. Claro que sí. Es tiempo de confianza, es tiempo de dejarnos llevar por la magia de lo que nos espera en Belém. Es tiempo de poner en práctica aquello que decimos que predicamos. Es tiempo que como dice Juan, ir delante alumbrando la llama del Amor llamado Jesús de Nazaret.
            Amigos, cada vez estoy más nervioso pero más contento. Cada vez la esperanza me pone contra las cuerdas pero los retos son más grandes. La Navidad se acerca y merece la pena que se note. ¿lo intentamos?
            Hasta la próxima
            Paco Mira

  

viernes, 5 de diciembre de 2014

EL AUTOR DE LA CARTA MAGNA, TODAVÍA VIVE


EL AUTOR DE LA CARTA MAGNA, TODAVÍA VIVE
            Amigos, por si no lo sabían seguimos en adviento. ¿saben?, tiempo de esperanza y les confieso que a veces me da hasta miedo. Y me da miedo porque cuando uno abre los periódicos o simplemente se adentra en los medios de comunicación social, se da cuenta que casi siempre se invita a todo menos a la esperanza.
            . Los mineros de un pueblo del norte de Kenia, en Africa, tenían la esperanza de poder trabajar y vivir conforme a los designios de un tal Jesús de Nazaret, pero  la tozudez, la sinrazón de los que en nombre de la religión no dejan que los demás puedan expresarse libremente hizo que acabaran con un tiro en la cabeza; nuestro querido ministro Fernández Díaz, amparándose en la aconfesionalidad de nuestro estado, dice que la Iglesia no puede opinar sobre las expulsiones en caliente. Quiero creer que esta afirmación no cierra la esperanza  a que cualquier ser humano o colectivo pueda expresar libremente su opinión; Quiero creer y tengo la esperanza que sucesos como los que se dieron en Granada no vuelvan a suceder, no sólo en el seno de la Iglesia, de mi Iglesia, sino en cualquier otro estamento social. A veces vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga que llevamos en el nuestro. Quiero creer y tengo la esperanza que la violencia no debe ni puede empañar el buen quehacer del deporte, aunque este sea fútbol.

            Como ven, a veces tengo miedo. No sé. Pero me consuela que María también tuvo miedo: miedo al compromiso; miedo a lo que pudiera pasar; miedo a lo desconocido o al no saber por qué…Incluso tengo ganas de salir corriendo, como María a la montaña, pero para decir que no perdamos la esperanza. Tengo la esperanza del adviento que la cruda realidad se ha de convertir es alegría desbordante. Quiero creer que nosotros los cristianos; nosotros los que nos decimos seguidores de esa gran figura llamado Jesús, haremos como Isaías, “preparen el camino al Señor”.
            Este fin de semana celebramos el día de la constitución, la Carta Magna por excelencia. Esa carta que consolida la democracia de todos nuestros derechos y deberes. Esa carta que muchos ahora dicen que está obsoleta y que hay que reformarla. Nuestra Carta Magna, la carta por excelencia de nuestra vida, se hará carne y acampará entre nosotros y se llama Jesús de Nazaret.  Nuestra Carta Magna nos va a decir dentro de poco que hay que tener las lámparas encendidas y ceñida la cintura, por eso hay que estar atentos, vigilantes, … no hay que perder la esperanza que el mundo puede ser mejor de lo que es.
            Quiero invitar e invitarme a tener la esperanza de que nuestros sueños, de nuestras ilusiones, nuestras dificultades… se van a cumplir y vamos a luchar por ellos. Quiero tener la esperanza del adviento, de que las vallas, los tiros en las cabezas, los pederastas y los que utilizan cualquier tipo de violencia en el deporte, sea fuera o dentro de un campo de fútbol, se van a erradicar. Quiero tener la esperanza de que las promesas, los deseos, los retos, las ganas de mejorar… nos van a impulsar a no desfallecer en esta bonita tarea.
            Quiero ser y les invito a ello, como Juan el Bautista a ser el actor secundario y no a ser el protagonista de la película, quiero como Juan ser servidor: el autor de la carta Magna, no es el primero que sale en todas las fotos. No desfallezcamos, no creamos que todo está perdido, entre otras cosas porque como dirá Pedro en la segunda carta, Dios tiene paciencia con nosotros.
            Apostemos por la Carta Magna, la que se va a escribir en carne y hueso dentro de poco. Esa Carta de evangelio viviente, esa carta de buenas noticias. Yo espero, ¿ustedes?
            Hasta la próxima
            Paco Mira