jueves, 31 de diciembre de 2015

2016, VOLVEMOS A EMPEZAR Y LA PALABRA SE HACE CARNE



         Hace unos días un amigo me decía que leía una carta mía que le escribí hace, por lo menos, veinte años. Me resultó curioso por varias cosas: una porque se la escribí estando en Madrid, quizás sean de esas cartas que uno escribe cuando no se atreve a tener una conversación a la cara;  otra porque después de tanto tiempo todavía la conservaba, en el fondo significa que lo que la carta contenía tenía cierta solera para ser conservada y la última porque el  me decía que la leía con cierta nostalgia. ¡que bueno!, le contesté yo. Sin embargo, ahora que se acaba el año, amigos como este, me dicen : "Paco, hacia atrás, ni para tomar impulso".
         Bueno, pues creo que ni tanto ni tan poco. Creo que de vez en cuando es bueno mirar hacia atrás. Entre otras cosas porque en la medida en que cumplimos años, la noción del tiempo ya no es la misma; porque en la medida en que cumplimos años, las cosas se ven de otra forma y de otra manera y quizás mirando hacia atrás podemos corregir muchas cosas en el futuro, porque aunque no lo creamos, siempre se es joven para volver a empezar.
         Mirando el calendario, mirando hacia aquel uno de enero del 2015, seguro que muchas cosas eran las que nos proponíamos de aquella: ir al gimnasio, dejar de fumar, educar a nuestro hijo de otra manera, corresponder con la pareja como hasta ahora no lo habíamos hecho.... y ya han pasado 365 días y la vida nos vuelve a dar la misma oportunidad que los años que tenemos cada uno. Nos vuelve a decir que nunca es tarde para volver a empezar, que quizás los propósitos que hicimos estaban bien, pero que también es bueno que revisemos las posibilidades que hemos tenido para ello.
      
   Comienza un nuevo año y a lo mejor nos tenemos que preguntar si a nivel cristiano ponemos darnos una nueva oportunidad. No solamente comenzamos con el mensaje, casi, de lo imposible, que es el mensaje de paz del día 1. Día que enarbola la bandera de 364 días restantes: donde haya paz, el corazón marcará el ritmo de la vida, decía un budista. Y es verdad, pero es que a la vez el domingo se nos recordará que la Palabra, Jesús, se hace carne y camina con nosotros, a nuestro lado, en nuestra misma dirección.
         Comenzamos un nuevo año y los propósitos quizás ya no tengan que ser el gimnasio o el dejar de fumar, sino propósitos que podamos cumplir de solidaridad, de ayuda al que lo necesita, de tantos amigos que nos tocan en el hombro y quieren que les miremos a la cara; compromisos de instituciones estatales que no luchen por ver quien se lleva el gato al agua en cuanto a votos, sino que miran por los intereses de todos y en especial por los más desfavorecidos; compromisos que nazcan de los corazones llenos de ilusión y de entusiasmo, de ganas y de esfuerzo por el bien común de tantos y tantos que tocan en la puerta de nuestros rostros, que nos miran a la cara y que nos dicen que aunque no hablen el mismo idioma caminan con nosotros.
         Comenzamos un nuevo año y lo más probable es que la Palabra, Jesús, sigue tocando en la puerta de cada uno de nosotros y que seamos capaces de abrir y no cerrar puertas en este maravilloso año de la misericordia. Comenzamos un nuevo año y ojala que nunca nos echen en cara que "vino a los suyos y estos no le recibieron", sino que la Palabra, Jesús, se hizo carne y acampó entre nosotros, camina con nosotros, habla con nosotros, llora con nosotros y vive entre nosotros.
        
Cuando levantemos una copa, levantemos también la realidad de un proyecto personal de cara a este año que comienza y que somos capaces de hacerlo posible en doce etapas. Miremos hacia atrás y pidamos perdón por lo que pudimos hacer y no hicimos y demos gracias por lo hecho en favor de otros.
         Amigos, feliz 2016 y no se olviden que la Palabra se hace carne y acampa entre nosotros
         Hasta la próxima
         Paco Mira


miércoles, 23 de diciembre de 2015

SI LA VIDA NACE EN TÍ... POR LÓGICA TAMBIÉN EN LA FAMILIA

SI LA VIDA NACE EN TÍ... POR LÓGICA TAMBIÉN EN LA FAMILIA
            Durante todo el adviento no es que lo estuviera amenazando, es que lo veía claro:
Belén cada vez estaba más cerca. Pasito a pasito, metro a metro, hemos llegado. Estamos en Belén. Quizás ahora es el momento de preguntarse, : vale estamos en Belén y ¿ahora qué?. Pues resulta que ahora empieza lo bueno, ahora empezamos a compartir la vida de un amigo que durante dos mil años nos viene diciendo lo mismo y probablemente no hacemos caso.
            Cuando me acerco a Belén oigo un repliqueo de campanas con un sonsonete gustoso y lleno de melancolía que entre otras cosas dice :campana sobre campana... asómate a la ventana.., pues por eso soy obediente y me he asomado a la ventana y he visto a infinidad de gente removiendo en los contenedores de basura para un veinticuatro por la noche poder llevarse algo a la boca; he visto, asomándome a la ventana, a ese hijo entre rejas, en la prisión de cualquier ciudad de nuestra nación, que por una equivocación en la vida le han echado unos cuantos años alejado del mundanal ruido, etc... ¡cuántas cosas se puede ver en Navidad asomado a una ventana!.
            Navidad, viene del latín que dice NA TI VI TA TE, que literalmente se traduce, NATI,(nace) VITA (la vida), TE (en ti).: ¡que hermosa palabra! , da igual en latín que en castellano y qué difícil es de cumplir. Los cristianos los primeros que fallamos en la realidad de lo que predicamos. Quien nos vea celebrar una fiesta como esta, quien nos vea acudir a un pesebre a ver a la Vida hecha carne y acampar entre nosotros, quien nos vea cual pastores que tienen la misión de rendirse a la evidencia... tienen que ver en nosotros la cercanía de un convencimiento que quizás no demostremos.
        
    Los que tenemos ciertos años recordamos un anuncio de la televisión que decía, "vuelve a casa por navidad".  Me gustaría que en estas fiestas de familia, de la sagrada familia, me gustaría recordar la vuelta a la normalidad de tantas familias desestructuradas por diferentes circunstancias que se dan en el  ámbito de nuestro entorno. Me gustaría que volviera a la normalidad tantas y tantas familias que están rotas por el mundo de la droga, el alcohol... sea cual sea su modalidad... me gustaría que volvieran a la normalidad tantas familias separadas por la distancia que la intención de buscar una vida mejor, familias en las que se ha quedado una parte en un país y otra en otro. Me gustaría que volviesen a la normalidad tantas familias separadas por las rejas de una prisión en un momento de equivocación. Me gustaría que volvieran a la normalidad tantas familias que se han quedado en el paro y que su situación no es la deseada. Me gustaría que volviesen a la normalidad tantas familias separadas por una enfermedad.
            El fin de semana que viene es la fiesta de la sagrada familia. Una familia en la que ha de prevalecer la autoridad entendida no como norma y castigo, sino la verdad y la razón, lo que se dice y se hace ha de responder a lo bueno y verdadero. Una familia donde tiene que prevalecer el testimonio, ya que las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra; una familia en la que tiene que prevalecer el diálogo, es decir la escucha atenta, la comprensión, el enriquecimiento personal y comunitario y por último el espíritu de servicio, porque los cristianos no hemos venido a ser servidos, sino a servir.
            Si la Navidad  significa que la vida nace en nosotros, ojalá que seamos capaces de insuflar vida en tantas situaciones que aparentemente son lo contrario.
            Amigos no felicitemos la navidad, hagamos navidad
            Hasta la próxima
            Paco Mira



viernes, 18 de diciembre de 2015

ELECCIONES Y LA ÚLTIMA DE ADVIENTO: ¿CASUALIDAD?


Yo creo que el Sr. Rajoy, cuando convocó las elecciones generales no cayó en la cuenta que el día 20 era el último domingo de adviento. No cayó en la cuenta y lo más probable es que tampoco tenía por qué hacerlo. Pero no sé si será curioso el saber que la esperanza se acaba porque la realidad se acerca. El adviento se acaba, porque la realidad de la Navidad la tenemos a la vuelta de la esquina. Es la hora de pensar si lo que prometí es lo que voy a cumplir, no solo quien convoca las elecciones, sino todos los que concurren a las mismas. A veces pensamos más en criticar al que está que en dar soluciones para hacerlo mejor, si se puede.

En medio de todo esto, un personaje del adviento. Un personaje de esperanza que ha luchado contra toda esperanza porque no daba crédito a lo que el ángel le había dicho: María. María que va a visitar a su prima. Dos mujeres que dan a luz y que en el fondo no entienden lo que se les avecina, ni por qué a ellas, pero que asumen, aceptan, acatan... un mensaje que no todo el mundo es capaz de entender.
¿Por qué preguntar, si lo que se nos ofrece merece la pena?. A veces en la vida damos vueltas y vueltas, cual rumiante con la comida en vez de saborear los manjares de la vida. En nuestra vida de Iglesia a veces damos vueltas y vueltas antes de actuar cuando la decisión tiene que ser inminente. María es que no se lo pensó dos veces, es que no había que pensarlo... la ocasión merece la pena, ánimo, adelante... el proyecto deja de ser esperanza y se convierte en realidad.
Es curioso como las buenas noticias no se callan. Las buenas noticias no quedan en el vientre por los siglos de los siglos. Las buenas noticias se comparten, se paren. se iluminan. Por eso María va de prisa, corriendo a la
montaña. El mensaje de Jesús, ya desde el vientre materno, es un mensaje de encuentro. Nosotros estamos en un mundo en el que este no viene a nosotros, nosotros tenemos que ir al encuentro, como María, de él. Un encuentro de alegría, de gozo, de ilusión, de ganas, de entusiasmo .... Dice el texto que en cuanto supo del saludo, la criatura saltó de gozo.

Quizás es hora de preguntarnos si nuestros encuentros lo son de ganas de ilusión de entusiasmo, o por el contrario en nosotros no salta nada ni nadie porque no irradiamos lo que nos une. Es curioso como Isabel, dice el texto, responde a voz en grito. ¡que pena me da cuando en nuestras celebraciones, en nuestros testimonios nadie salta de alegría porque no insuflamos precisamente alegría!.
Debemos abrir las puertas de nuestra casa. Dejemos que María entre en ella. Dejemos que quien lleva al salvador dentro de sí, también nos visite, nos ayude a desvelar los secretos de su gran fe y amor. No siempre estamos dispuestos a ello y ella es lo que quiere hacer con nosotros. María hizo lo que dice la carta a los Hebreos, aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Preguntemos y tomemos como ejemplo a María para hacer la voluntad de Jesús. Un niño al que le queda muy poquito para nacer, pero que lo hará con ejemplo de humildad, sencillez, alegría, bondad....
Ojalá que nosotros, cuando nos visite la madre de Jesús, también saltemos de gozo y alegría, porque el Señor viene.
Desde aquí mi recuerdo y mi abrazo desde el cariño a Suso Vega
Ufff. Se lo vengo diciendo: cada vez veo más cerca Belén, ¿ustedes?
Hasta la próxima



Paco Mira

viernes, 11 de diciembre de 2015

MISERICORDIA CON LOS CIEGOS DE LA VIDA

MISERICORDIA CON LOS CIEGOS DE LA VIDA
Quiero, antes de nada, expresar mi gratitud a los que me leen. A los que tienen la santa paciencia de hacer un alto en su camino para entretenerse con aquello que me surge a raíz de lo que sucede y a la luz de lo que la palabra de Dios me dice en el domingo que nos toca. La vida da para mucho, pero Dios, a través de su Palabra, da para mucho más. Viene esto a cuento, porque un amigo, Jesús Rodríguez me corrigió la semana pasada. En mi carta decía que "el martes conmemorábamos la celebración de la democracia". Evidentemente fue un lapsus. La democracia la celebrábamos el domingo 6, no el martes 8, día de la Inmaculada. Pero viene bien, puesto que la democracia conlleva implícito la no censura y veo que en este caso no ha habido. Gracias, Jesús.
Metidos en harina y en medio del adviento, el Papa, esta vez sin sorprendernos (porque ya lo había anunciado con tiempo), nos ha inaugurado el año de la misericordia, es decir el año de la posibilidad de volver a empezar de nuevo. El año en el que todos tenemos las mismas posibilidades y que nadie es mejor que nadie. Es curioso como en medio del tiempo de la esperanza; donde la realidad de la navidad cada vez se ve más cerca, la capacidad de poder con otro o de pedir perdón siempre está tocando en la puerta de cada uno de nosotros.
Mucho se ha hablado a raíz de este año que se nos ofrece: que si los divorciados, que si los que han abortado, que..... pero ¿quiénes somos nosotros para juzgar la conciencia de nadie?, y... ¡qué dados somos a hacerlo!.
Este fin de semana que se celebra la fiesta de Santa Lucía, ¡cuántos ciegos de la vida a los que podemos ayudar!. Quizás no sean ciegos de los que por motivos físicos les falte la vista. Ciegos que no son capaces de encontrar su lugar y su puesto en la vida y que una manera desesperada nos piden que les echemos una mano. Ciegos que no encuentran la forma y la manera de poder continuar adelante y quieren que nosotros les podamos conducir por aquella vereda que lleva, en este tiempo, a Belén.
Este fin de semana es el domingo de "gaudete" es el domingo de la alegría esperanzada. Es el domingo en el que alegremente podemos llevar adelante las promesas que podemos adelantar que se pueden cumplir. Este fin de semana hasta tres veces le preguntan a Juan el Bautista lo que hay que hacer. Quizás nosotros este fin de semana también tendremos que preguntarnos que qué tenemos que hacer, y preguntarnos no solo tres veces, sino un montón de veces.
Creo que las respuestas en la vida tienen que ser claras y contundentes: todos hemos nacido de la misma manera; todos hemos optado por el mismo camino que es el mismo para todos, como Lucía, la italiana y a la que el miedo del tormento no le separó de lo esencial de su vida que era seguir a Jesús. Una Lucía que en el tiempo en el que ella ha vivido, las circunstancias de la vida no eran fáciles, sin embargo supo dar testimonio, incluso con su vida, de la convicción del evangelio.
Misericordia. Creo que tenemos todo un año para pensar lo que esta palabra significa. Tenemos todo un año para mirar hacia adentro de nuestro corazón y comprobar si realmente el mensaje del perdón de Jesús se cumple en nuestras vidas. Tenemos todo un año para tomar "resuello" y no juzgar a nadie.
Tenemos un año para perdonar y que nos perdonen. Tenemos un año para ser nosotros mismos como lazarillos de tantos y tantos que tienen cegueras en esta vida y que nosotros podemos salvarles de caer en alguno de los pozos de la vida. Pero para ello tenemos que ser nosotros primero, portadores de lo que predicamos.
Se lo vengo diciendo: cada vez veo más cerca Belén, ¿ustedes?
Hasta la próxima
Paco Mira


viernes, 4 de diciembre de 2015

LA LUZ QUE VA DELANTE ES LA QUE ALUMBRA Y JUAN SABE MUCHO DE ESO

LA LUZ QUE VA DELANTE ES LA QUE ALUMBRA Y JUAN SABE MUCHO DE ESO
A veces pienso (porque lo hago de vez en cuando) que a cierto grupo de personas nos falta valor, coraje, ganas, energía. Me da la impresión que a las generaciones de ahora, los chiquillos entre 12 y 15 años les debe faltar alguna vitamina porque les preguntas algo y parece - con perdón - que les falta fuelle, les falta vitalidad, lo que decía mi abuela, sangre en las venas.
No es muy bueno gritar, pero sí creo que sea bueno que de vez en cuando exista algo que nos despierte, que nos espabile, que nos aligere del letargo en el que estamos metidos. Da la impresión como que hay alguien que lo que pretende es tenernos como los osos en hibernación.
Quiero imaginarme a un tal Juan. Quiero imaginarme una voz que clama en un desiérto. Un desierto como imágen de soledad, de abandono, de no escucharte nadie, de que cada uno va a su "bola" sin importarle la temperatura del desierto, las dificultades por las que se pueda estar pasando, las necesidades particulares y comunitarias que puedan existir... y alguien que esté con el sonsonete en la oreja de allanen los caminos, preparen un camino, que lo escabroso se enderece... me imagino un Juan loco, abatido, de voz ronca, quizás harapiento y sucio, un Juan que habla para unas arenas que juntas forman el desierto pero que por separado las lleva el viento.
Me quiero imaginar a ese mismo Juan, a Paco, a Nieves, a Monse, a Pepe, a María José.... a tantos y tantos que hoy en día, también con la voz ronca, quizás abatidos, quizás no muy bien vestidos, quizás sin trabajo, quizás con alguna enfermedad en casa que dentro de poco puede ser irreversible... diciendo que la esperanza no está perdida, que el desierto se puede convertir en oasis si preparamos un camino a aquel que es la Esperanza y esta con mayúsculas. Quizás hoy en día hay muchos Juanes que gritando o sin hacerlo son el testimonio vivo de una realidad que intentamos predicar todos los días.
Juan, para lograr esto, no necesitaba mucho. No era de grandes comilonas, (saltamontes) ni de grandes vestidos (piel de camello), y nosotros pensamos que las apariencias son las que valen en la vida y que esta nos hacen conseguir aquello que nos proponemos cuando sucede todo lo contrario. Este martes también celebramos que la libertad en nuestro país también es posible. Pero una libertad reglada y asumida por todos. Este martes celebramos que la democracia es la mejor de las maneras para vivir en armonía. Quizás venga a cuento lo que Pablo le dirige a la comunidad de Filipos, cuando les dice: "Que su amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores" (Fil 1,4-6). En el fondo, la convivencia democrática no es más que la armonía entre todos desde el amor. ¡ay cuanto tiempo perdemos, a veces, en cosas que no favorecen la armonía!. Nunca, en nombre de nadie, profanemos los valores que nos hicieron llegar hasta donde estamos.
Amigos ¡qué hermoso es el adviento!.¡ qué bueno la cantidad de cosas que se nos ofertan ante nuestros ojos para poder llevar a cabo los planes de Dios!. Hoy estamos todos llamados a ser Juanes. A ser voces que tienen que clamar en un desierto que paradójicamente está lleno de gente, pero sordos a las realidades más claras de la vida. Estamos llamados a allanar un montón de colinas que no nos dejan vernos con claridad los unos a los otros; estamos llamados a desbrozar los senderos llenos de dificultades que impiden abrazarnos como hermanos.
¿ven como el adviento da un montón de oportunidades?. Parece que a lo lejos, ya veo Belén, ¿ustedes?
Hasta la próxima
Paco Mira


jueves, 26 de noviembre de 2015

SI ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE, POR FAVOR... ¡CUIDÉMOSLA!


SI ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE, POR FAVOR... ¡CUIDÉMOSLA!
        La vida nos sigue ofertando posibilidades. La vida se busca el camino para que el hombre no se quede sin la opción de poder llevar a cabo aquello que anhela dentro de las maneras adecuadas. En este maravilloso marco, la Iglesia, nuestra Iglesia, levanta el telón del adviento, levanta las ganas de insuflar lo último que dicen que se pierde que es la esperanza. ¡Que bonita palabra!. Esperanza, lo que no es pero se anhela, lo que quiero pero todavía no poseo, pero que sin embargo me hace vivir en una tensión constante.
        Quizás es lo que nos falte a los cristianos de a pié: la tensión constante para mantener siempre viva la llama. Vivimos momentos convulsos, de incertidumbre, casi de tiempos apocalípticos no reflejados en la Biblia con la claridad que están ocurriendo, pero a lo mejor anunciados en alguno de los evangelios como el caso de Lucas. Quizás estos tiempos convulsos nos estén llevando a los cristianos a agazaparnos y a no ser capaces de dar razón de nuestra esperanza. Quizás los tiempos que corremos son tiempos de profunda crisis de identidad y que más que nunca tendremos que apelar a la valentía que decimos que nos caracteriza.
        El Papa Francisco viajó estos días a la tierra de la esperanza. Viajo a la tierra de la pobreza. Viajó a encontrarse con el pobre y el desvalido, con quien no tiene nada y por eso todo lo espera, porque sus corazones están atentos a recibir aquello que le llena de vida. El pobre, el humilde, el sencillo es el que es capaz de no tener su corazón ocupado en aquello que no le conviene, por eso es capaz de dar razón de aquello que espera.
        Hemos acabado el año, litúrgico, claro. Quizás es la mejor manera de echar un vistazo, a lo mejor de reojo y ver lo que hemos podido hacer y lo hemos dejado pasar. No se trata de tomar las uvas, porque litúrgicamente no corresponde, pero sí de comprobar que hace exactamente un año pedíamos un montón de deseos, sobre todo mirando a una ciudad como la de Belén, donde se iba a producir un acontecimiento único y casi inexplicable.
        Por eso es el momento de tener la mente fría, corazón caliente, para no quedarnos mirando hacia atrás. Es el momento de no tener, como dice Lucas (Lc 21,25) en su evangelio de este fin de semana, la cabeza embotada, no vaya a ser que se nos eche encima aquel que dijo que estaba cerca. Hoy en día los acontecimientos no nos llevan a tener la mente despejada, pero nuestro mensaje tiene que ser de todo lo contrario.
        En la vida que nos ha tocado vivir no hay caminos maravillosos, sino caminantes inigualables. Gente que nos da la mano y a veces sin pedirla; gente que desde el anonimato quiere vivir la misma experiencia que nosotros y que nos pide que no seamos pesimistas, sino todo lo contrario, que les ayudemos a llevar la esperanza que les da ánimo en la vida.
       
El adviento es un tiempo que no solo nos invita a la esperanza, sino a la búsqueda de la verdad. Es un tiempo maravilloso, es un tiempo en el que Dios quiere salir al encuentro de cada uno de nosotros para, precisamente, caminar con nosotros.  No le demos la espalda, no soltemos la mano del que nos invita a recorrer el mismo camino que nosotros.
        La esperanza es lo último que se pierde. Seamos capaces de cuidarla; seamos capaces de alimentarla; seamos capaces de decirle al mundo que lo que nosotros esperamos tiene sentido y creemos en ello. Vaya mi recuerdo para los que han celebrado esta semana la jornada de sensibilización de personas sin hogar. Con nosotros a su lado, su esperanza puede ser mayor.
        Felicidad en el adviento
       
        Hasta la próxima
        Paco Mira


viernes, 20 de noviembre de 2015

CADA VEZ LO TENGO MÁS CLARO: SU REINO NO ES DE ESTE MUNDO


Lo llevo diciendo desde hace tiempo. Estamos en un mundo que cada vez se valora menos lo más fundamental del ser humano, como es la vida. Nos da igual lo que suceda y como suceda. Miramos para otro lado mientras no nos toca un poco cerquita de donde nos encontramos. Y nos toca de cerca porque es el país de al lado. Vaya para ellos mi admiración, mi respeto y sobre todo mi solidaridad. Sin embargo llevamos un tiempo en que en los mares de nuestro mundo sigue habiendo naufragios y casi nos hemos acostumbrado a ellos; llevamos tiempo viendo como a los seres humanos se les sigue arrebatando lo más preciado como son sus raíces, su familia, su hogar, su tierra... y tienen que deambular en medio de otra marea humana que lo único que hacemos es discutir si tenemos espacio para ellos. Llevamos tiempo viendo como los seres humanos siguen muriendo de hambre, cuando hay comida, pero mal repartida, para todos y cada uno de los que vivimos en este mundo llamado tierra.
Por eso creo que "su reino no es de este mundo". Porque el reino de Jesús de
Nazaret, ni por asomo, se parece a lo que nosotros decimos que mimamos. El reino de Jesús es un reino de Vida, de justicia, de paz, de amor, de alegría... y mi pregunta es si eso se está dando en todos y cada uno de los países de nuestra tierra. Jesús le dice a Pilato que si su reino fuera de este mundo hablaría como los de este mundo, y.... ¡cual largo me lo fiáis, mi querido Sancho!, le dijo el Quijote. ¡Qué hipócritas somos!. Mientras nos seguimos reuniendo para ver qué podemos hacer, en vez de hacer sin necesidad de tener que reunirse.
Este fin de semana, en el que conmemoramos la Santa Cecila, la patrona de los músicos, me gustaría que todo el año pudiésemos entonar la parte del Himno a la Alegría de la novena sinfonía de Beethoven. Eso significaría que la alegría está presente en nuestras vidas; me gustaría entonar una sinfonía del nuevo mundo, como la de Dvorak, porque eso significaría que el mundo nuevo, lo nuevo de lo que no tenemos o no queremos tener es posible. O simplemente quisiera vivir en una continua primavera como Vivaldi.
      ¡Qué hermoso, sería, que la vida estuviera acorde a la música que nos toca vivir, irradiando vida, con vida y para la vida!.
Este fin de semana, también, es el encuentro de las familias en nuestra Diócesis. Por aquí tenemos que empezar. Tenemos que empezar por inculcar en nuestras familias que la paz, la vida, el amor, la justicia, la verdad... es posible. Que la convivencia entre todos no es una utopía sino una realidad de la que todos somos partícipes. ¡Qué bonito sería que nadie hablase en condicional, sino en presente y con rotundidad!. Eso significaría que las cosas se van cumpliendo y se van haciendo.
Que bonito es ver como el reino de Jesús no se sustenta en la fuerza, ni en la violencia, ni en nada que someta al hombre. Su reino es un reino de verdad que nos hace libres. Un reino de amor en Dios que nos tiene que hacer amar a los demás porque los consideramos como hermanos; un reino de justicia solidaria y un reino de libertad responsable, algo que por el momento nos está quedando muy lejos.
Amigos, creo que otro mundo es posible. Un mundo donde brille la honradez, el respeto la igualdad de derechos y garantías de todos los humanos. La bondad por encima de todo y la ayuda a todo el que sufre. Si eso es así creo que su reino puede ser el de este mundo. Tenemos que hacerle sitio, hueco, que tan difícil no es.
Hasta la próxima
Paco Mira



viernes, 13 de noviembre de 2015

LETRÁN-DIÓCESIS DE CANARIAS: EN LAS ALEGRÍAS Y EN LAS PENAS, EN SALUD Y ENFERMEDAD...

LETRÁN-DIÓCESIS DE CANARIAS: EN LAS ALEGRÍAS Y EN LAS PENAS, EN SALUD Y ENFERMEDAD...

            Se está acabando el año litúrgico y la Iglesia, a nivel universal, nos invita a mirar hacia adentro. A través de Letrán, de esa enorme basílica construida por orden de Constantino para dar a entender que las persecuciones no tenían sentido, la Iglesia quiere que nos pongamos delante del espejo. Al mirar hacia él no nos vemos nada más que a nosotros mismos; nos vemos tal y como somos; nos vemos en nuestras arrugas y en nuestras grandezas; nos vemos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad... nos vemos.
            ¿Pero qué vemos?. Deseo ver la Iglesia, quiero ver la Iglesia de los dos Franciscos: por un lado el de Asis que quiso una Iglesia pobre, de los pobres, con los pobres y para los pobres. Donde no había que llevar nada para el camino: "ni alforja, ni sandalias...." Y deseo que se consolide la Iglesia del Francisco argentino actual. También quiere una Iglesia que se reforme, una Iglesia que pueda cambiar, una Iglesia que tiene que dar ejemplo a pesar de muchas dificultades, una Iglesia no al uso, una Iglesia que le cuesta ser de otra manera y él lo intenta.
            Pero claro, ¡qué fácil es decirle a los demás lo que tienen que hacer!. Este fin de semana es también el día de la Iglesia doméstica. Es el día de esa Iglesia familiar donde hay que consolidar los cimientos de las grandes aportaciones de muchos fieles. La iglesia doméstica también tiene que mirarse al espejo, tiene que verse a si misma y preguntarse si lo que le exige a la Iglesia institución es lo mismo que ella cumple. Es cuestión de plantearnos que en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad también la Iglesia doméstica tienen que mirarse al espejo.
            Me gustaría que mi conferencia episcopal, que mi iglesia diocesana canaria, que mi " Letrán" particular, de acento meloso que se distingue allá donde va, sea una iglesia igualitaria, donde se brinden oportunidades de hacer valer las palabras de Jesús en el evangelio de esta semana, "sus palabras pasarán, pero mis palabras no"; me gustaría una Iglesia transparente, donde cualquiera que abra el cajón no se encuentre con la trampa que te pilla los dedos y te deja sin ellos; me gustaría una iglesia donde los hombres y mujeres puedan desempeñar las mismas funciones y no nos escandalicemos por ello; me gustaría una iglesia que cuida, mima, apoya y anima a todos aquellos que desde su sabiduría son capaces de aportar validez al mensaje de Jesús de Nazaret.
            Me gusta la Iglesia que es capaz de pedir perdón, "hasta setenta veces siete", es decir siempre, porque el perdón es vital para la salud, porque quien no perdona no tiene comunión con el Dios del amor. No nos echemos en cara que en el pasado hemos cometido abusos, que pueden ser reales: el perdón tiene que ser la esterilización de heridas que no queremos que cicatricen. Me gusta una Iglesia donde la autoridad es corresponsabilidad y donde la corresponsabilidad de manifiesta en una familia de fe, que aun a pesar de llevar distinto paso, caminan en la misma dirección. No nos olvidemos que el perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad. Por eso no quiero una Iglesia enferma. Quiero una Iglesia llena de vitalidad a pesar de las dificultades.
            Por ello sigo queriendo a mi Iglesia, a nuestra Iglesia. La quiero en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas... porque sin duda, la grandeza de la caída está en la capacidad de levantarnos, pedir perdón con el corazón y no con los labios y continuar nuestro camino.
            Quiero a mi Iglesia diocesana. Quiero a mi familia en la fe. Quiero a mi Letrán particular. Quiero  a quienes desde su vocación particular son capaces de anunciar que Jesús de Nazaret sigue vivo y su mensaje sigue mereciendo la pena.
           
            Hasta la próxima
            Paco Mira



viernes, 6 de noviembre de 2015

SABER MIRAR A LA CARA

SABER MIRAR A LA CARA
         ¡Cómo pasa el tiempo: ya estamos en Noviembre!. El tiempo, como la vida, es implacable: no vuelve atrás ni para coger impulso. Quizás también sea bueno, de vez en cuando mirar de reojo, no vaya a ser que se nos hubiese caído algo y hay que recogerlo. A lo mejor hay que recoger aquello que nosotros mismos hemos tirado, queriendo o sin querer.
         Hoy el evangelio - como siempre - nos vuelve a dar una bofetada. Jesús es una persona implacable en sus afirmaciones, en sus gestos y sobre todo en su vida diaria. Hoy Jesús calla, observa, mira y lo más probable es que no juzgue, sino que sean los propios protagonistas de la historia los que nos juzguen desde el silencio  a nosotros.
         La vida, a veces, aún siendo hermosa y bella, es implacable. A lo largo de la historia quizás no haya sigo justa con algunos: en la antigüedad el ser viuda era estar condenada al fracaso. En una sociedad machista, el quedarse sin marido, era símbolo de ser expulsada de una comunidad con todo lo que conllevaba eso: perdida de dignidad, de derechos, de autonomía.... ser expulsada era dejar atrás ilusiones, anhelos, alegrías, esperanzas.... y ser expulsada era estar dispuesta a insultos, bochornos, malas miradas, desprecios... triste pero cierto
         ¡qué raro que nosotros, ciudadanos del siglo XXI critiquemos dentro y fuera de nuestros templos!. A veces da la impresión que los que estamos dentro somos los mejores, los intocables, los únicos, los verdaderos, somos... los escribas, somos los que iban al templo con los mejores trajes para que la gente los viera y somos los que echamos en los cepillos y colectas para que la gente vea que cumplimos con la obra de misericordia, ayudar a la Iglesia en sus necesidades. Claro, quizás nos estemos olvidando que puede que la Iglesia se atienda sola y que nosotros nos olvidamos que el que tenemos al lado tiene nombre y apellido y quiere que le miremos a la cara..
         La viuda que se acerca al templo nos da una lección. Una lección de humildad. Hace una semana leíamos las bienaventuranzas, ahora la humildad se hace carne en el ejemplo de una viuda. ¡cuántos hoy se acercan, desposeídos, andrajosos, quizás mal olientes....a nuestros templos y cambiamos de banco o mal juzgamos las intenciones de sus limosnas!. Quizás no sea mucho lo que echan, pero lo hacen de lo que a nosotros quizás nos falte, desde el corazón. Tenemos que mirar más hacia el interior y no quedarnos con lo externo. Es curioso como el texto de Marcos (Mc 12,38) dice que Jesús, sentado, observaba a la gente. Tenemos que mirar más a los hermanos. Sin duda, saber mirar es también saber amar. Quien no mira desde el interior hacia el interior no ama interiormente.
      
   Pero saber mirar y amar es saber valorar. Jesús valora el coraje de aquella pobre viuda que quizás tenía denegado el acceso al templo, precisamente por ser viuda. ¡ Cuántas ordenes damos nosotros!. Cuantas ordenes damos los que estamos dentro y no justificamos las mismas. Cada uno de nosotros tiene su propia manera de generar vida en la vida. Nosotros no somos quienes para decirles que se equivocan.
         Y quizás unas de las características más importantes es que la viuda da de lo que tiene, comparte lo es. No comparte de lo que le sobra, comparte su propio ser, puesto que no está el horno para muchas florituras. ¡Cuántas disculpas baratas nos da la crisis!. Es verdad que la crisis no da para mucho juego, pero tampoco  es una disculpa para lavarnos las manos. La viuda es un ejemplo a seguir, los desahuciados también nos dan lecciones, nosotros qué hacemos?

         Hasta la próxima
         Paco Mira


jueves, 29 de octubre de 2015

LOS SANTOS TAMBIÉN VIVEN Y CORREN


         Casi sin tiempo, pasamos del miedo, de las brujas, de los aquelarres, de los conjuros...a los cementerios, a las flores, a los recuerdos nostálgicos de tiempos que quizás fueron mejores y de personas que nos marcaron la vida de una manera inmejorable. Creo que no aprendemos nunca: nos recreamos más en las miserias propias y ajenas que en los beneficios, beneplácitos y bienaventuranzas de todos y cada uno de los presentes.
         Me da la impresión, y en eso en la Iglesia quizás hayamos tenido mucha culpa muchos de nosotros, nos hemos recreado en un Dios de difuntos, de muertos, de flores, de coronas que nos recuerdan personas, de pésames, de
funerales.... más que en un Dios que camina y acompaña a los que estamos en este mundo, de un Dios que ama y quiere que todos y cada uno de sus hijos se salven, de un Dios que tiene un guión programático que más quisiéramos para el 20 de Diciembre. De un Dios que abraza y quiere, de un Dios revelado y no oculto y tenebroso.
         Un programa que a le interesa: felices  los pobres; felices los que promueven la justicia; felices nadie los que son limpios de corazón (¿en política hay muchos?), felices los que tienen hambre y sed de ser justos con los demás, etc... un maravilloso programa de un Dios que no es un brujo, de un Dios que no es justiciero, de un Dios que no se recrea en la muerte de nadie. Incluso creo que es un programa que podría ir en la agenda de cualquier partido político.
        
Los santos no son solamente aquellos que son de escayola o de madera; los santos no son los de una imaginería importante de una escuela de escultores de alta alcurnia; los santos no son los que solamente tienen un hueco en el calendario.... los santos son aquellos hombres y mujeres que dejando huella en la historia nos invitan a caminar por ellas. Los santos son los que desde el anonimato personal nos invitan al programa de las bienaventuranzas y son los primeros que las cumplen. Los santos son aquellos que con su labor diaria y callada son capaces de contagiar la alegría de una buena noticia llamada Evangelio.
  Por eso no necesitan estar muertos. El muerto no mueve ni promueve. El muerto no es capaz de motivar y reavivar el entusiasmo. El vivo es el que es capaz de oír la voz del que dice tuve hambre y me diste de comer, estuve enfermo y me visitaste, estuve triste y agobiado y me has escuchado y animado; necesitaba una compañía silenciosa y allí estabas tú.... ¡cuántos santos hay en la vida a los que no conocemos y que no tienen un día en el calendario!.
  ¡Qué mejor santidad que la que empieza en casa!. Lo más probable es que siempre nos acordemos de las riñas, de las broncas ... de los más cercanos, quizás de mamá y de papá... pero no nos acordamos de las noches en vela, de las angustias para que no nos enteremos de las penurias para llegar a fin de mes, de las llamadas a los médicos y el acompañamiento a los mismos.... ¡cuánta santidad escondida en mi casa y yo sin enterarme!
  ¡Cuántos santos están cayendo en las fronteras que se cierran porque nos hemos pasado en el cupo que nos corresponde olvidándonos que no tienen peana, pero que son ejemplo de búsqueda de vida y de felicidad como bienaventurados que son!.
  ¡Cuántos santos se están quedando en las vallas, cada vez más enormes y con púas y cuchillas porque simplemente quieren compartir con nosotros la felicidad que decimos que tenemos y que se la pasamos por delante de las narices!
  ¡Cuántos santos que no quieren conocer el paro, pero que lo viven, y sin embargo acuden a ese Dios como padre que les abraza y les acoge en la felicidad del amor.!
  Amigos, ¿podemos calcular el número de santos?. Tú y yo todavía nos queda.

  Hasta la próxima
  Paco Mira


jueves, 22 de octubre de 2015

RAFA: LA MEDICACIÓN SIN AMBULATORIO

RAFA: LA MEDICACIÓN SIN AMBULATORIO

         Siempre se ha dicho que los acontecimientos suceden porque existe un motivo para ello. Unos acontecimientos son provocados y otros vienen, como comunmente se dice, dados. Hay acontecimientos que merecen la pena vivirlos e intentar repetirlos aunque no salgan igual y otros, quizás, mejor que no sucedieran.
       
  Las fiestas son acontecimientos que lógicamente merece la pena vivirlos e incluso provocarlos. Además es un acontecimiento que nos viene dado. Este fin de semana, un pueblo, todo un pueblo está de fiesta. Un pueblo que vive y comparte la alegría de muchas cosas vividas a lo largo del año y que en un momento determinado decide manifestarlo de una manera pública. La fiesta es la manifestación de la alegría en medio . quizás y a veces - de muchas dificultades, pero que incuso y a pesar de estas, merece la pena celebrarlo.
         Decía que ha pasado un año desde la misma fecha hasta hoy. Ha pasado un año en San Rafael de Vecindario. Es quizás la hora de mirar hacia atrás y ver lo que se nos ha quedado en el camino; es la hora quizás de ver lo que pudimos haber hecho y no hicimos; es la hora, por qué no, de retomar lo que hemos dejado a medias: el abrazo hacia alguien, recuperar el diálogo perdido, la visita pendiente que nunca hago, el beso que siempre he querido dar y nunca lo realizo.... Si soy capaz de ello no me llamaré Paco, me llamaré Rafa, mejor, Rafael.
      
   El pueblo tiene que celebrar lo que vive y vivir lo que celebra, y a eso se le llama fiesta, alegría, diversión, humanidad....Por eso el joven Tobías un día, como cualquier otro de nuestra vida, esperaba que un hombre bueno le acompañara. ¡cuantas soledades tenemos en nuestra vida!, a veces buscadas, a veces provocadas y a veces dadas. No solo nosotros necesitamos que un hombre bueno nos acompañe, nosotros podemos ser esos hombres y mujeres buenos que podemos acompañar.
      
   Salió, Tobías, al camino. En nuestra vida de creyentes tenemos que salir a los caminos de la vida, a las veredas que se nos ofrecen. La fe no es un cofre encerrado del que yo solamente puedo disfrutar. La fe se tiene que vivir y notar. En el camino de nuestro pueblo hay muchas situaciones, personas, amigos, familiares que necesitan que nosotros les veamos. Dice que Tobías salió y encontró al que es guía y camino. ¿Cuántos de los que salen en los caminos nos encuentran como personas buenas que estamos dispuestos a acompañarles?.
        
El evangelio de este fin de semana nos habla de un hombre del camino, de un ciego, de Bartimeo. De un hombre apartado de la sociedad porque tiene una enfermedad. Es curioso que Bartimeo grita para que Jesús le escuche, y los discípulos le dicen que se calle, que no moleste: ¡cuántos gritos callamos nosotros o nosotros nos tapamos los oídos y que normalmente decimos que es para que no molesten porque estamos ocupados en otros menesteres!
         El mundo en que nos ha tocado vivir nos está continuamente mandando señales que nos tienen que hacer gritar, ¡ten compasión de nosotros!. Cada vez hay más voces que nos callan, voces que lo más probable  que no nos dejen decir aquello que queremos que se oiga. Quizás se nos impide ver las luces de los signos de los tiempos.  y no sabemos encajar la fe en este mundo tan convulso, por eso tenemos que esperar a que nos digan : ¡"anda tu fe te ha salvado!" y es que al atardecer, cuando las luces se vayan apagando, nos examinarán del amor, solo de amor.
         Celebremos la alegría y la fiesta de la fe en nuestro pueblo. Seamos medicina de Dios para los ciegos de fe. Seamos capaces de actuar como Rafael con los ciegos de nuestro camino.
         ¿Saben?. Antonio María Claret, lo ha conseguido.
        

         Hasta la próxima
         Paco Mira


jueves, 15 de octubre de 2015

PROPAGAR LA FE SIN VELOCIDAD


PROPAGAR LA FE SIN VELOCIDAD
              Cuando uno era más chico que ahora, en el colegio,  recuerdo con cierta nostalgia la llegada del día del Domund. Recuerdo que nos ofertaban unas huchas, algunas con fotos de niños de otro color, y a lo largo del fin de semana quedábamos un par de compañeros para intentar llenar aquella hucha que, por otra parte, parecía no tener fondo. Era curioso que tenía como un sello de plomo para que no hubiera tentación para los amigos de lo ajeno. Pero creo que estos no se atrevían, por la situación política de la época,  con tan buena y maravillosa causa.
            Al mismo tiempo, el Domund,  era una disculpa para que tus padres, en un sistema austero de educación, te dejaran salir a la calle para una tan buena y noble causa. Claro ahora, ya no se ven huchas; da la impresión que hay que pedir de otra manera: quizás una cuenta bancaria, quizás un programa de no se qué solidario, quizás un donativo personal.... pero todo aquello que huela a fomento de solidaridad religiosa, de entrega, de generosidad, ... no tiene que ser muy abierto.
            Es curioso como hoy, siglo XXI, en que la velocidad de los ordenadores es casi ilimitada; hoy que en tu casa te ponen fibra óptica y con no sé cuantos megas de velocidad; hoy que mandas un mensaje y al momento llega a las antípodas de donde estamos, incluso guardamos datos en una nube (¡ay si Heidi levantara la cabeza!).... hablamos de propagar la fe, como el que planta fuego en algún lado y éste se propaga, y como tal fuego hay que apagarlo.
            Es significativo como hay cosas que no van con la modernidad, porque nunca han pasado de moda y no tienen por qué ir a la velocidad supersónica de no se qué aparato: el diálogo familiar no necesita de nuevas tecnologías y de mucha velocidad; el tener tiempo
para compartir no necesita de muchos megas, más bien de cierta dosis de tranquilidad; el tener paciencia con los mayores, no necesita de grandes fibras ópticas; el que visita a los enfermos no necesita de muchas cuñas para poder hacerlo.... y en el fondo estamos hablando de domund, de propagar la fe sin velocidad.
            Claro, propagar la fe requiere dosis de ternura, de cariño, de comprensión... en el fondo de misericordia. Propagar la fe no es algo que tiene que salir en tirada como los periódicos que cuando acaban de leerse su destino más cercano probablemente sea la cesta de los papeles. Propagar la fe es tomarse en serio una revolución pacífica que puede acabar, a veces y por desgracia, en tragedia. Propagar la fe es anunciar un mensaje, que no necesita cuñas ni padrinos, sino que el ejemplo propio de vida, es lo más serio.
            Eso no lo entendió la madre de los Zebedeos, que quería cuña para sus hijos. Jesús lo deja claro, ser misionero es dar la vida en rescate de muchos y ponerse a la mesa a servir y no a ser servido. Hoy la misión quizás ya no esté en la fotografía de las huchas que me daban a mí de pequeño. Hoy la misión no solamente estará en la puerta de al lado de mi casa, sino en mi casa: en mi hija, en mi familia, en mí mismo.
            Hoy el misionero ya no es el que enarbola una gran cruz y habla en nombre de no se quien y el que no entre por el aro lo más probable es que acabe en la hoguera del convento más cercano o en las mazmorras más oscuras que nos podamos imaginar. Hoy el misionero es el que enarbola la bandera de su vida convicente y tiene como estandarte al propio Jesús de Nazaret,  como compañero de fatigas y de viaje. Hoy el misionero es el que con misericordia es capaz de provocar una revolución y que todos sean capaces de seguirlo porque les convence.
            Misioneros somos todos y todos estamos llamados a ello. Quizás nos meta miedo, quizás no estemos convencidos del todo, pero es que el propio Jesús tampoco convenció a todos. Hoy nosotros somos la imagen de la hucha.
            ¿Somos misioneros?

        Hasta la próxima
            Paco Mira


viernes, 9 de octubre de 2015

SINODO: AL ATARDECER ESTABAN TODOS REUNIDOS Y...MARÍA EN MEDIO DE ELLOS


SINODO: AL ATARDECER ESTABAN TODOS REUNIDOS Y...MARÍA EN MEDIO DE ELLOS
Partiendo de la base que el Evangelio, como todas las noticias buenas, tiene que ser filtrado en su lectura por aquello de los géneros literarios, me quiero imaginar la escena: un grupo de seguidores de un crucificado, quizás decepcionados al pensar que su lucha había quedado en la nada, reunidos en una sala preguntándose qué hay que hacer o qué habría que hacer a partir de ahora; quizás las ganas de arrojar la toalla imperaban más que las de continuar en una batalla que, entre otras cosas por cuestiones de ideología, de política, de miedo podría ser que no tuviera futuro... en definitiva la escena de lo que hoy podríamos decir decepcionante.
Sin embargo, y he aquí la gran paradoja, aquella gente - lejos de arrojar la toalla - se ha mantenido en que lo que para otros puede parecer una contradicción y es simbología de ánimo y de seguir adelante a pesar de todas las dificultades a sabiendas que los caminos por los que ahora van a deambular y a recorrer no van a ser nada fáciles. Las mujeres, como y con María a la cabeza, van a ser determinantes en muchas de las decisiones que a partir de ahora, aquella comunidad insignificante ha generado lo que ahora tenemos.
Fíjense las curiosidades de la vida. La semana pasada comienza en Roma un Sínodo (reunión de representantes de un colectivo para un fin determinado), en el que se va a tratar, a debatir ... lo fundamental del ser humano. Se va a debatir la esencia del núcleo en donde hemos nacido, crecido, alimentado y que nos marcará para el resto de nuestros días: la familia.
Los tiempos han cambiado, pero quizás muchas de las connotaciones que hace dos mil años se dieron, se pueden reproducir hoy también. En aquellos tiempos estaban encerrados por miedo. A mí me gustaría que mi Iglesia, en los tiempos actuales, no se encierre ni tenga miedo. Que sea una Iglesia abierta y valiente porque también es verdad que como diría Santa Teresa, "corren tiempos recios", tiempos difíciles y complicados en los que la sociedad, los propios cristianos, le exigen, le piden a la Iglesia, a su Iglesia, que vaya con ella y con ellos en los tiempos en los que nos movemos.
Me gustaría que mi Iglesia, a través del sínodo, no fuese como el joven del evangelio de este fin de semana que le cuesta desprenderse de lo que no le es necesario. Quiero que mi Iglesia se humilde, sencilla, amable, cariñosa, no apegada a los que no pueden entrar por el ojo de una aguja, porque eso significa que cada vez más está en la línea del crucificado y más cerca de aquellos primeros que también se reunían, entre otras cosas, para rezar..
Y me alegra que rezando tengamos una iglesia que en las palabras del Papa Francisco sea accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad". Por eso los primeros cristianos lo entendieron muy bien y no siguieron encerrados en sus propios criterios, sino que entendieron que lo que le sigue al crucificado es anunciar su mensaje.
Me alegra que en el Sínodo de la familia, la mujer esté presente. Quien nos da la vida, pueda seguir anunciando la Vida, incluso dentro de la responsabilidad de la propia Iglesia. María, es ejemplo de ello. Ella es Pilar por lo consistente y por su firmeza en su convicción. María nos dio la Vida y sigue apoyando la vida.
Apoyemos el sínodo. Ojalá que nos sirva a todos y que como dice el salmo de este fin de semana, sácianos de tu misericordia, y nuestra vida será alegría"
Mi recuerdo para Adrián y Nicanor. La Diócesis se alegra por ustedes
Hasta la próxima

Paco Mira