jueves, 26 de febrero de 2015

TRANSFIGURARNOS, PERO ¿DE QUÉ?

TRANSFIGURARNOS, PERO ¿DE QUÉ?
            En mi época estudiantil universitaria uno siempre hace aquello que normalmente no hace y lo más probable que lo que haga en esa época quizás no lo vuelva a repetir. Es algo que a muchos estudiantes les pasa y por eso esa etapa de la vida normalmente se suele recordar con cariño y no solamente con cariño, sino con nostalgia y probablemente nos marque para el resto de la vida. Cuando echamos la mirada hacia atrás, quizás lo primero que nos viene a la mente son esas circunstancias que nos marcan. Una de esas cosas que hice y no he vuelto a ver es una visita a los museos: muchos de los museos que tenemos en nuestro país uno aprovecha su estancia en la universidad para poder visitarlos, quizás por esa fiebre de cultura que uno tenía ( y quizás tiene) en aquella época.
            Lo bueno de los museos que nos van llevando por un recorrido que se me antoja lógico: si es de la historia del hombre, no empezará por el final, sino por la prehistoria; si es de ciencias no empezará por el último invento, sino por los primeros.... Pero todo museo tiene más de una intención: que no nos olvidemos de lo que somos y hacemos y por eso queda perpetuado para la historia y que echemos una mirada atrás para ver lo que fuimos para saber donde estamos.
            En nuestro museo de la vida, hace una semana que entramos en la Cuaresma. Y en ese recorrido lógico, la primera de las salas era el desierto, del que no se escapa nadie, porque entrar en esa sala era entrar en contacto con uno mismo. Nadie puede escaparse de sí mismo.  Y este fin de semana, nos encontramos con nuestro propio espejo
representado en la figura de un hombre que hasta se me antoja simpático: Pedro
            Cambiamos de sala. Nos subimos a una montaña. Quizás el lugar donde podemos contemplar con mejor perspectiva lo que nos rodea y Pedro dice, "que bien se está aquí". Pedro lo más probable que no era consciente de lo que estaba experimentando, sin embargo no le importó vivir esa experiencia.
            Dios en el desierto de la vida de cada uno, no solo nos pone a prueba, sino que nos pone al límite de nuestra fidelidad. Es que el desierto no es una pera en dulce y lo vemos todos los días en los medios de comunicación social. Tenemos para dar y tomar. Tenemos para regalar y que nos regalen. Dios sigue siendo fiel y guarda su alianza y siempre camina con nosotros junto a los riesgos del desierto.
        
    Pone a prueba a Abrahám, como prototipo de la fidelidad a pesar de todo lo que él ama y quiere. Dios se transforma, se transfigura en su Hijo Jesús y nos invita a transfigurarnos a nosotros también. Nos invita a ir más allá de lo que vemos, nos invita a no quedarnos en lo anecdótico de las cosas, nos invita a ver a Dios cara a cara  y exclamar como lo hace Pedro, qué bien se está aquí.
            Pablo en su carta que dirige a la comunidad de Roma, se pregunta :Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar en contra?. Por eso Pedro, tipo duro como ninguno, exclama que se siente a gusto. Nosotros a veces no exclamamos con convicción el estar a gusto con nuestra ideología religiosa. Nosotros por no molestar a otros ocultamos nuestra verdadera identidad religiosa aún a pesar de no estar convencidos. Claro, como nos dirá el salmo de este fin de semana (115), Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
            Ojalá que nosotros seamos capaces también de transfigurarnos. Que seamos capaces de dar a conocer el verdadero rostro de Jesús. Que nuestra imagen, quien la vea, refleje el rostro resplandeciente de quien nos guía y que los demás cuando estén con nosotros puedan decir que bien se está aquí. Hagamos tres tiendas y quedémonos con los que siguen la figura de un tal Jesús, que ni en el desierto de la vida, ni en lo alto de una montaña deja de revelar el rostro del Padre.
            Por cierto, les recomiendo Marcos 9,2-10


           
            Hasta la próxima

            Paco Mira

jueves, 19 de febrero de 2015

LOS ABOGADOS DEL DIABLO


         Pues ya está aquí. De nuevo nos vuelven a tocar en la espalda y cuando miramos, nos dicen ":¡hola!, soy cuaresma". Claro, si esto me sucede en la calle lo más probable es que mi cara no reflejaría la intención de la persona con la que me encuentro. Pero es curioso que todos los días, sea o no cuaresma, hay alguien que me lo repite y me lo dice hasta la saciedad: "hola, soy cuaresma". Y me lo dice no en la calle, sino en esa imagen tan bonita que utiliza el evangelio y que se llama desierto y que nosotros traducimos, no se si adecuadamente, por vida. No sé si la vida y el desierto tienen mucho que ver.
     
    Sin embargo la imagen de desierto me gusta. Y me gusta por ser un desafío, un reto, y por ser la imagen de quien tiene que enfrentarse a la realidad de cada día y esta no siempre es la mejor. El desierto es ese espacio árido, seco, interminable, sin indicaciones de por dónde tenemos que caminar y es el espacio en el que nosotros nos encontramos con nosotros mismos y quizás con Dios. Es el espejo de nuestra propia realidad, porque en el fondo nosotros no somos los títulos que decimos que tenemos, o las carreras universitarias, o la presidencia del gobierno que unos votos me han dado. Hemos nacido desnudos, hemos nacido del polvo de la vida, y por mucho que nos arropemos, nos tapemos, nuestra realidad sigue siendo la misma.
         Por eso me gusta la comparación del desierto, porque no existe, como dirían los magos malos de las fiestas de los pueblos, ni trampa ni cartón, en el fondo es pura realidad. Y mientras nosotros no seamos capaces de asumir esa realidad, quizás la cuaresma, la bendita cuaresma, todavía no se hace realidad.
         Me resulta curioso que el evangelio de este primer domingo (Marcos,
1,12), dice que "Jesús fue empujado al desierto". No dice que él fue porque le dio la gana. Prueba evidente que Dios quiere que su hijo cumpla a rajatabla la realidad de la encarnación, uno igual que nosotros. Nosotros, igual que él también estamos empujados al desierto, estamos conviviendo en la aridez de un mundo donde el calor de la indiferencia es abrasador y donde los visos de esperanza de que caiga una gota de agua que alivie ese calor, cada vez son  más escasas.
         El diablo sigue actuando en el desierto de la vida. Mientras existan gente que por el hecho de ser cristianos son pasados a cuchillo, es una señal de que no tiene oposición. Mientras exista en nuestros corazones la indiferencia hacia las pateras o hacia la gente que salta las vallas en las fronteras en busca de una realidad mejor, es señal que el diablo sigue estando a gusto entre nosotros. Mientras exista gente que tiene que revolver en los contenedores de nuestros desperdicios en busca de algo (quizás podrido) para llevarse a la boca o a la boca de sus hijos, es que el diablo no tiene trabas para ejercer su labor.

         Quizás habrá que preguntarse como el Papa Francisco, "¿dónde está tu hermano?". Y nosotros cuando la cuaresma nos toque en la espalda y miremos para ella, le respondamos, ¿es a mí?. A veces da la impresión que nos movemos como peces en el agua siendo abogados del diablo. Defensores, por no mojarnos, de una realidad que de boquilla siempre estaos diciendo que es injusta, que habría que buscar otra, pero que no hacemos nada por cambiarla.
         Una vez más se nos llama al cambio, a la conversión. ¿Por qué no nos dejamos de pamplinas y empezamos a demostrar que nuestro hermano se llama Jesús de Nazaret?. Dios no tiene prisa. Pedro, en su primera carta, dice que Dios tiene paciencia. ¡ es que los padres siempre tienen paciencia con sus hijos!. Amigos, bendita la cuaresma. Bendito el tiempo que se nos ofrece para volver la mirada a Dios y preguntarle qué no estoy haciendo bien que el diablo parece que a veces gana la partida.
         Démosle jaque a quien es perdedor antes de comenzar a jugar. No dejemos que mueva la ficha. Seamos el ejemplo claro que nos convertimos y creemos en la buena noticia llamada evangelio y que el desierto no tiene por qué ser nuestra casa, sino un lugar de paso, de paso rápido, porque el sol nos quema en exceso.
         ¿lo intentamos?
        
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

viernes, 13 de febrero de 2015

LO QUE DIOS HA UNIDO QUE NO LO SEPARE... LA CUARESMA


         Bueno, si me gusta la liturgia es por la capacidad de ese lenguaje no verbal; ese lenguaje catequetico capaz de enseñar a los que creen y de poder preguntarse  los que no creen; ese lenguaje silencioso, pero  con un ruido maravilloso al mismo tiempo que hace que todo el mundo se interrogue por infinidad de gestos que no sabemos a qué vienen. Grande es la liturgia.
     
    Esta semana nos vuelve a dar un toque de atención. Esta semana nos vuelve a poner en la interrogación de nuestro ser de creyentes para volver a preguntarnos si sabemos o no la lección. Si hemos o no aprendido a hacer los deberes. Me gustaría reflejar mi rechazo a alguna cadena de televisión que ha considerado que el mes de febrero es el mes del amor. Como si lo fundamental del cristianismo (Dios es amor) se redujese solamente al mes de febrero. Lo rechazo por el afán lejano de realzar una festividad que no tiene nada que ver con lo que Valentín, el santo, promulgaba.
         Valentín pretendía que aquellas parejas que querían conformar su amor al estilo que Dios quería, no hubiese nada que se lo prohibiese. ¿Dónde está reflejado hoy, en las cadenas de televisión, o en los medios de comunicación social el fomentar el estilo que Dios quiere en la vida de las parejas?.¿No será que quizás en los medios de comunicación social de hoy en día lo que se fomenta es el escarnio, la infamia, lo rastrero de una relación de pareja?. Valentín no lo quería ni yo tampoco. Valentín por defender la honradez y la honestidad del amor de Dios manifestado en el amor de una pareja, también fue martirizado. ¡qué diferencia con el Valentín que nos pretender mostrar hoy en día!..
         Esta semana comenzamos, una vez más, la cuaresma. Comenzamos una vez más la posibilidad de mirar hacia nosotros mismos, no como narcisistas sino como cristianos humildes capaces de reconocer errores y solicitar el amor verdadero de un Padre que nos ama y que nos espera con los brazos abiertos. Esta semana tenemos la oportunidad de reconocer que en nuestro corazón tenemos cabida para muchos hermanos nuestros que sufren, por eso les hacemos sitio en él (Ayuno); esta semana reconocemos o al menos tenemos la posibilidad de reconocer que compartimos con otros aquello que somos y que tenemos; que compartimos nuestro ser de honradez y de sinceridad y no compartimos no que nos sobra (limosna) y también tenemos la capacidad de hablar, de comunicarnos, de dialogar con el Padre que nos escucha, pero sobre todo que nos entiende. ¡qué bonita la cuaresma!. ¡que bonito poner disfrutar de un tiempo que en otro momento de la historia se antojaba triste, melancólico y lleno de prohibiciones!.
         Pero qué mejor aperitivo que la liturgia de este fin de semana, en la que se nos va hablar de gente necesitada de encontrarse con Jesús, con su persona y sobre todo con su amor.  Se nos va a presentar en la figura de unos leprosos, de gente con dificultades, errores, equivocaciones, manchas. El Jesús de esta semana es el que sale al encuentro del necesitado. Es el que tiende la mano, el que toca... el que nos invita a la limpieza. Los leprosos
quedaron sanos, no porque tuvieran la enfermedad en sí, ni porque Jesús fuese el curandero de la época. Quedaron limpios porque tuvieron fe en que iban a quedar.
         Quizás a nosotros hoy en día nos falte, eso: la fe suficiente como para quedar sanados, curados. Nos falte el gps necesario para encontrar a ese
Jesús que nos sale al encuentro y quiere compartir con nosotros su lenguaje. Quizás nos falte el poder ser como Valentín, que a pesar de las dificultades, el amor no nos abandona ni lo abandonamos.
         Disfrutemos de la cuaresma, porque las oportunidades hay que aprovecharlas y esta es una de ellas.
        
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

viernes, 6 de febrero de 2015

CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE, PERO... ¿DE QUÉ?

         Bueno, pues ya tenemos una campaña encima y ¿saben?: a veces las campañas de tanto repetirlas acaban siendo cansinas, no les hacemos caso o quizás lo que suceda es que ni nos acordemos para qué sirven, quien las convoca, o cual es su finalidad. Los que tenemos ya algunos años y las canas no nos las pintamos sino que salen por su propia naturaleza, recordamos que en los albores de la democracia, cuando los partidos políticos empezaban a esbozar sus primeros programas; cuando los slogans eran frases cortas e impactantes; cuando para hacer una pancarta curraba desde el candidato hasta el que cerraba y abría la sede.... hubo una frase que a mí me llamó la atención: " un pueblo sin información es un pueblo sin opinión".
         Creo que aquí radica mucha de la razón de ser de las campañas que no solo a nivel eclesial se realizan. Debemos de informarnos, debemos leer la letra pequeña, debemos, como decía un profesor mío de leer el periódico que aunque diga alguna mentira, para eso están los lectores, para descubrir la verdad.

         El mundo tienen hambre. Eso no lo discute nadie, pero habrá que señalar con el dedo, sin miedo a ponernos colorados, que el rico sigue siendo más rico a costa de los pobres. El mundo tiene hambre y quizás sed de justicia, eso tampoco lo niega nadie, pero cuando la justicia no hace honor a su nombre y para los ciudadanos pierde credibilidad, tenemos que seguir señalando con el dedo al corrupto que tiene que estar en la cárcel y anda tomando un café en la calle de la esquina o con el abuelito a quien no le llega la pensión para acabar el mes y el nieto, con quien ha salido de paseo, mira con ojos desconsolados para un donuts inalcanzable para el abuelo.
         Hoy, la Iglesia, vuelve a lanzar el grito de guerra tantas veces oído y por nosotros tantas veces no escuchado: El mundo tiene hambre. Claro que sí pero también no un hambre material, sino un hambre de información para que no nos dejemos pisotear por el más fuerte porque piensa que somos incultos. Hoy la Iglesia vuelve a gritar que el mundo tiene hambre. Las cifras de seres humanos que nacen pero que no llegarán a una edad adolescente, por carecer de lo básico, nos tiene que hacer pensar que mientras que nosotros tenemos recursos para que malamente podamos salir adelante, hay otros que ni siquiera se lo pueden plantear.
         Hoy la Iglesia vuelve a clamar que el mundo tiene hambre. Curiosamente las lecturas dominicales de este fin de semana, nos presentan al que da aliento, fuerza y energía para poder combatir lo que la Iglesia clama, grita, e incluso llora. Nos presenta a un Jesús que acude al encuentro del necesitado, dice el texto de Marcos que "no les permitía hablar". Si es que a buen entendedor hasta las palabras sobran. Jesús - en el mismo texto  (Mc 1, 29) - se aparece en silencio, coge de la mano, los levanta...
         Amigos no hace falta muchos espavientos. Los que nos consideramos privilegiados por conocer a un tal Jesús, debemos acercarnos al que tiene hambre, atenderlo, no pasar de largo. Debemos tener , como dice la canción, que suerte es tener un corazón sin puertas, que suerte es tener las manos siempre abiertas. Tenemos que levantar al hambriento, no solo de pan vive el hombre, hoy hay mucha hambre en el mundo de infinidad de cosas. Jesús no nos deja en la vereda del camino, nos levanta como a la suegra de Pedro y nos dice que podemos iniciar de nuevo el camino de la vida.
         Amigos estamos en la campaña contra el hambre. Denunciemos a quien roba el pan a los pobres. Monseñor Romero, próximamente elevado a los altares, se ha dejado su vida por hacer la campaña contra el hambre, no solo de pan, también de información para poder denunciar;
         A veces también tenemos hambre de soledad para hablar con el Padre, que es quien nos da la fuerza para seguir adelante. El propio Jesús, dice que se levantó de madrugada para orar. Nosotros tenemos hambre de oración.
         Ojalá que digamos como el salmista, " alaben al Señor que sana los corazones destrozados"

         Hasta la próxima

         Paco Mira