jueves, 30 de abril de 2015

HOY TE QUIERO CANTAR, REZAR, ABRAZAR, BESAR...


                              

HOY TE QUIERO CANTAR, REZAR, ABRAZAR, BESAR...
Vaya por delante que yo no comparto los días en los que el calendario comercial me marca las fechas en las que tengo que hacer ciertas cosas. Estas, siempre lo he dicho, tienen que nacer del alma, del interior de cada ser humano... porque así lo siente y así lo expresa. Solo así tendrá su sentido. Este fin de semana, el calendario nos vuelve a recordar que comercialmente hay que felicitar a mamá, que es el día de las madres... todos decimos que no somos partidarios de ello, pero caemos en la trampa y aparecemos con un detalle para mamá.
           
Hoy quiero mirar hacia arriba. Hoy quiero cantar, rezar, abrazar, besar, mimar, a esa Madre, (con mayúsculas)  que desde el anonimato ruidoso, siempre está presente en el devenir de la historia y en la historia particular de cada uno. Esa madre que aparece muy poquitas veces en los evangelios, pero que aparece cuanto tiene que hacerlo, cuando su presencia en la vida del protagonista de nuestra historia de fe así lo requiere. ¡qué grande eres María!
            Hoy quiero también reivindicar a todas y cada una de las mujeres que con su trabajo callado, con su tarea innegable, con su silencio preocupado nos tiene a todos como un "palmito". Unas mujeres que pierden su sueño, su propio quehacer diario, su vida en favor de otros, principalmente los más pequeños de su casa y ¡qué poco las valoramos!. Mujeres de lavadora, diaria, de cocina siempre encendida, de cepillos y fregonas siempre dispuestos, ¡qué grandes son nuestras madres!, y porque este fin de semana es el día del trabajo, vaya para ellas el nobel de un trabajo no remunerado, pero que sin él, muchos no seríamos nada.
       
     Hoy quiero reivindicar a todas esas madres serenas. Pero no solo serenas por tranquilas, serenas por vigilantes. Las que tienen siempre el ojo entreabierto en noches duras y crudas de invierno o de infatigable calor veraniego, pendientes siempre a esa tos que avisa de un peligro inminente o a esa temperatura a la que el termómetro dice que es necesario actuar. Reivindicar a esas mujeres-madres que sin decir nada con su mirada denotan una anomalía en el normal desarrollo de nuestra vida cotidiana..
            Hoy quiero reivindicar a todas esas mujeres infatigables que dentro de muchos estamentos, incluida la Iglesia, quieren hacerse un hueco, no por ser mujer solamente, sino por su valía, por su compromiso, por su lucha... en un mundo a veces injustamente dominado por los hombres que nos creemos como poseedores de una verdad que a lo mejor no siempre es absoluta.
          
  Hoy quiero recordar de una manera especial a todas esas madres del Nepal. A todas esas mujeres que lloran sin soltar ya lágrimas, por la pérdida de un ser querido. Quiero recordar a todas esas mujeres que independientemente de la raza, del color, de la cultura, de la religión... son mujeres y como tal hay que respetar, valorar y solidarizarse con ellas en momentos como los que ellas están viviendo.
            Para los que nos consideramos cristianos, este fin de semana, Juan, en su primera carta ( 1Jn 3) nos recuerda que no amemos de palabra y de boca, sino con el corazón y con obras. El corazón es lo que tiene que mover toda nuestra actividad, como seguro que movió a los Obispos en su reunión de la conferencia episcopal que pidieron perdón. ¡Que grande es la vida!, aún a pesar de los grandes sufrimientos.   
   No nos agarremos a un clavo ardiendo, unámonos a la viña, al tronco de la vid, así daremos frutos y de abundancia. Creo que los acontecimientos nos llevan a seguir reflexionando de forma profunda. Nos lleva a ser más solidarios de lo que somos, si cabe. No celebremos días porque los comercios nos inviten a ello. Celebremos desde el corazón el sentimiento más profundo. Así y solo así, valoraremos lo que tenemos, o quizás lo que se nos ha ido, como una madre.
                       
            Hasta la próxima

            Paco Mira

jueves, 23 de abril de 2015

DIOS MÍO, (Abba): POR FAVOR, ¡BASTA YA!


DIOS MÍO, (Abba): POR FAVOR, ¡BASTA YA!
            Creo que soy el menos indicado para pedirle a Dios nada. Creo que soy el menos indicado para exigirle a nadie nada y menos a Dios, sin embargo creo que sí estoy en condiciones de poder dialogar, conversar, quizás discutir, con mi padre de temas que nos preocupan, de temas que me preocupan, de temas que son de interés para la mayoría.
            Llevamos una semana muy ajetreada. Llevamos una semana llena de acontecimientos que requieren un diálogo amplio, abierto, pausado y un diálogo que tiene que ser efectivo. De nada vale que nos sentemos en algún lugar, que salgamos en la foto, que firmemos en falso lo que no cumplimos, que hagamos declaraciones de cara a una galería que ya no se cree nada. Una semana de 900 ahogados que iban en un barco con la ilusión de una vida mejor; una semana en la que nuestros hermanos los yihadistas volvían hacer alarde de hombría religiosa y volvían a pasear a cerca de veinte de cristianos camino de su Gólgota particular; esta semana alguien daba la espalda a la cultura, a la formación y en un instituto sesgaba la vida de otros. ¡Dios mío, qué semana!
        
    Por eso me permito decirle a mi padre, a mi Dios y creador, que por favor interceda para que podamos decir basta ya y que se cumpla. Y me dirijo a él así porque como dice la 1Jn, somos hijos de Dios, por el amor que Dios nos ha tenido. Además el mundo no le conoce porque no le conoció a el y en esto nosotros podemos tener algo de culpa. Este fin de semana es la semana del Buen Pastor,  (Jn 10, 11) del pastor que conoce a todas y cada una de sus ovejas; que las conoce y llama por su nombre; de las que cuando se pierde una deja a las restantes y se va tras ella porque todas son importantes y ninguna es mejor que otra. A este Buen Pastor le tendremos que pedir que interceda ante estas ovejas descarriadas;  que interceda ante quienes creyendo tener la verdad lo único que hacen desperdigar cada vez más al resto del rebaño.
Este fin de semana es también el dedicado a las vocaciones de la vida consagrada. Es decir, podría ser el día de todos y cada uno de nosotros. Consagrar la vida nuestra a favor de la de otros no es tarea exclusiva de unos pocos que por un ministerio, tienen la “obligación” de servir a otros. Todos estamos llamados al servicio, el Buen Pastor nos ha
escogido para ayudarle en esa materia. No debemos dejar en manos de organismos internacionales lo que nosotros, a pequeña escala, podemos ir haciendo.
A veces con nuestros comentarios a nivel coloquial lo único que hacemos es agrandar más la brecha entre hermanos; a veces con nuestros juicios de valor lo que hacemos es ahondar más en una herida que jamás tendría que haberse producido.
Me gustaría que hablásemos un poco más con nuestro Padre. Que oremos un poco más, que nos pongamos ante él con sinceridad. Que seamos capaces de abrir ese corazón que late por la vida que generamos, y nos aflijamos por los ahogados que salen con la ilusión de una vida mejor y nosotros estamos dispuestos a compartirla con ellos;
Me gustaría que hablásemos un poco más con nuestro Padre y que le pongamos en sus manos las vidas de tantos cristianos que en tierras de esclavitud están viviendo su particular éxodo y quizás mueran en manos de faraones que poseídos de una verdad particular, aniquilan lo más preciado que es la vida.
Amigos. Entre todos digamos, ¡basta ya!. Nuestro Padre que está en el cielo y en la tierra sabe lo que nos conviene, pero lo que no le conviene a nadie en que vivamos en esta situación de muerte y de odio.
           
            Hasta la próxima

            Paco Mira

jueves, 16 de abril de 2015

POCAS TITULACIONES

POCAS TITULACIONES

        Me da la impresión que a veces tenemos que especificar el tipo de reuniones a las que asistimos. Se lleva, porque afecta al bolsillo, el asistir a una reunión de la comunidad de vecinos; se lleva el asistir a una reunión en el colegio de los niños, quizás por dos razones: una porque son nuestros hijos y dos porque fomenta ciertas relaciones sociales. Se lleva el asistir a una reunión del club social, por dos cosas, también: una por cómo llevan las cuentas y otra porque también fomenta relaciones sociales.
         Pues fíjense que yo también asistí a una reunión, pero eclesial, de mi parroquia y lo hago, entre otras cosas, por compromiso y por compartir (las dos empiezan por "com") con los demás aquello que apreciamos y sentimos juntos. Y en esa reunión se preguntaba que nos había parecido, cómo valorábamos lo vivido en la semana santa. Cada uno fue diciendo lo que le había parecido, pero alguien dijo: "Me pasé toda la semana santa llorando" y empezó a llorar de nuevo.
         Ustedes se preguntarán que qué nos importa lo que alguien dijo. Y es que nuestras reuniones son de lo más cotidiano, de lo más sencillo, de lo más de "andar por casa", de lloros, de risas, de chistes, de ciertas amarguras - a veces -, de ilusiones compartidas, de... infinidad de cosas. Este fin de semana,  en el evangelio de Lucas (Lc 24, 35), Jesús pregunta, "¿tienen algo para comer?".: ¡qué forma más bonita y sutil de compartir con los demás un rato del tiempo a través de la comida!.

         Y es que nuestra fe se basa no en espavientos, no en apariciones ruidosas y con voladores; nuestra fe no se basa en grandes palabras dichas por boca de nadie. Nuestra fe se basa en un pizco de pan que se parte y se reparte; Nuestra fe se basa en un sepulcro vacío y que nadie fue a una
escuela rabínica para decir "Señor mío y Dios mío". Hoy, quizás los que nos piden explicaciones de nuestras creencias, son los titulados que nos quieren ver en el fondo de los arcones guardados en un rincón de un trastero. Hoy, quizás, los que nos piden explicaciones de nuestra fe, no entienden que compartiendo y repartiendo lo que tenemos y somos, estamos dando prueba inequívoca de la resurrección de una Persona sobre la que se han vertido ríos y ríos de tinta teológica.
         Es curioso como los amigos del resucitado le conocieron y se les abrieron los ojos y el entendimiento cuando se encontraron con él . Quizás a nosotros hoy en día nos falte ese encuentro personal, el encuentro cara a cara. Por eso cuando aquella persona en la reunión dijo que se había pasado toda la semana santa llorando, es que quizás había encontrado al que los discípulos no vieron cuando fueron corriendo al sepulcro. .
         Es verdad que a veces hemos presentado un Jesús demasiado alejado de la realidad. Un Jesús demasiado en las nubes alejado de los problemas y del día a día de los cristianos de a pie. Jesús sigue corriendo los caminos polvorientos de la vida, de nuestra vida. Una vida cargada de tristezas y amarguras; de saludes y también enfermedades, pero una vida bella y hermosa que quizás nos permita como el salmista decir "haz brillar sobre nosotros tu rostro".
         A veces las titulaciones nos llevan a ser fantoches de la vida; a utilizar un arma que pueda servir para herir a otros: ¡Cuántos de nosotros decimos Yo conozco a Jesús!, pero después no estamos con el triste, no estamos con el enfermo, con el encarcelado, con el que pasa hambre, con el que está injustamente encerrado, etc...
         Amigos, seamos sencillos. No presumamos de lo que no tenemos, pero demos testimonio de lo que creemos.
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

jueves, 9 de abril de 2015

TESTIGOS SÍ. MASOQUISTAS NO. PERO "JE SUIS KENYAN"

TESTIGOS SÍ. MASOQUISTAS NO. PERO "JE SUIS KENYAN"
         Estarán de acuerdo conmigo que no todo en la vida vale.  Y me da la impresión que últimamente estamos, no negociando, sino traficando con la vida humana como si esta no tuviera el valor que debiera tener. La vida tiene un sentido tremendo y tendremos que cuidarla puesto que es el único regalo que solo se puede dar una vez, por eso y solo por eso, tenemos que cuidarla y ayudar a que eso suceda.
         El evangelio de esta semana, se parece a infinidad de situaciones del 2015, es decir, estamos hablando de una diferencia de dos mil años y quien me diga que la historia no se repite está equivocado en su apreciación. Juan, en su capítulo 20,19 nos dice que los discípulos estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Amigos, el miedo es libre. Y me imagino cómo sería la situación de aquella época: perseguidos, martirizados, crucificados, echados a las fieras....¡ay los judíos!... por ello había que cerrar las puertas, esconderse, procurar no mencionar la palabra Cristo (Señor).
         Casualidades de la vida, hoy, en algunos lugares del mundo - por ejemplo Kenya - también están con las puertas cerradas. No lo dice Juan en el evangelio que nosotros tenemos, lo dice el evangelio de la vida, que paradójicamente es buena noticia. Están con las puertas cerradas por miedo, con miedo y porque el miedo también es libre. No son judíos los que están fuera de las puertas, son, quizás, compatriotas, familiares, amigos.... que enarbolando la bandera de no sé qué estado, les lleva a despreciar la vida.
         Sin embargo seguimos diciendo que Cristo vive, da vida y está lleno de
vida, porque es la Vida con mayúscula. Que nosotros vamos corriendo, como no, al sepulcro y nos hemos dado cuenta que la muerte no ha vencido a la vida, por eso somos testigos de su resurrección y damos testimonio de ello. Que seguimos diciendo a los perseguidores esa buen noticia, por eso ellos, (Tomás) dudan y que "hasta que no lo vean no lo creen". Quizás somos nosotros los que con nuestro ejemplo, con nuestra vida... le tenemos que decir a los demás que están equivocados.
         No somos masoquistas. No nos complacemos en el escarnio de la sangre. No buscamos el odio por el odio... lo más probable es que quien actúa de la manera que actúa es que no conoce o no quiere conocer las grandezas de la vida.
         No hace mucho me preguntaba si el valor de las vidas de quienes trabajan en un medio de comunicación tiene más valor que el color de la piel siendo vidas igualmente. Armamos un revuelo cuando en ciertos países la policía se "equivoca" y mata a alguien de otro color y al mismo tiempo defienden penas de muerte. Nos hemos callado ante la masacre de la universidad de Kenya. Por eso "yo también quiero ser kenyata", quiero que estas letras sirvan de apoyo hacia quienes no se acuerdan de ellos.
         Me resulta curioso que este fin de semana se celebra el domingo de la
Divina Misericordia. "¿Porque me has visto has creído?, dichosos los que creen sin haber visto". La misericordia y el perdón de Dios son infinitos, por eso conocemos a los hijos de Dios, si nosotros amamos y cumplimos sus mandamientos.
         Que la adversidad no nos haga desfallecer. Que la adversidad no nos haga cerrar puertas. Que la adversidad no nos haga arrojar la toalla. Que las pruebas de la vida, que las piedras del camino nos sirvan para afianzarnos más a Dios. Que seamos nosotros los que enseñemos a los Tomases de la vida, a los incrédulos, a los que nos persiguen y nos calumnian que no hay mensaje más bello y más hermoso del hombre que cuando le golpeaban en una mejilla ponía la otra. Pero teniendo en cuenta que a quienes les perdonemos los pecados se les perdonan pero a los que se les retenga....
         En nuestras manos está. No nos encerremos. Abramos puertas y que la misericordia de Dios se encargue del resto.
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

sábado, 4 de abril de 2015

ESTÁ VACÍO: ¡A CORRER!


ESTÁ VACÍO: ¡A CORRER!
            ¿Saben?. Este mundo en el que vivimos está lleno de contradicciones. Yo diría que de maravillosas contradicciones, por eso hace que este mundo sea tan maravilloso. Y cuando hablo de contradicciones me refiero en que a veces nos mandan o hacemos cosas demasiado deprisa y otras veces por la lentitud hace que no nos espabilemos como corresponde.
            Por un lado los médicos de vez en cuando nos dicen que no nos tomemos la vida tan en serio pues los casos de infarto son los que son y cada vez más acuciados; el estress es cada vez más pronunciado, quizás porque nos ahogamos en un vaso de agua.... Y por otro lado cada vez son más las pruebas atléticas que nos exigen esfuerzo, rapidez, ganas y entrenamiento... ¿en qué quedamos?.
            Algo parecido debieron pensar aquellas mujeres de hace dos mil años, que tenían prisa; no querían seguir el ritmo procesional de la víspera, del viernes santo, donde lo más probable es que la gente se recreara con lentitud en el sufrimiento de un inocente; en el escarnio y castigo de quien no tenía la culpa. Dice el texto que fueron corriendo. Lo más probable es que deseaban que aquello se pasara cuanto antes y volver a una situación totalmente diferente a la que habían vivido.
            Estoy por asegurar que la carrera de Pedro y su colega, no era una transgrancanaria. Lo más probable es que sería la carrera más ilusionante de su vida, pero al mismo tiempo la más desilusionadora también. Ilusionante porque esperaba encontrarse con quien ha sido su amigo, su confidente, su Maestro, su guía, su bastón, su... quería volver a olerlo, tocarlo.... pero desilusionante al mismo tiempo porque se encontró con aquello vacío. Aquel que lo había negado publicamente, se mataba corriendo para creer que lo que había vivido no era cierto; quizás quiso correr para volver, una vez más, a pedir perdón por lo que pudo haber hecho por él y no lo hizo.
            Hoy de nuevo se nos invita a correr. Se nos invita a ir al sepulcro a comprobar que nuestra fe tiene que pasar por el vacío, por la desolación, por el no estar, para darnos cuenta que a partir de ahora empieza lo bueno; que a partir de ahora empieza eso por lo que tanto hemos luchado y que quizás no teníamos oportunidad de comprobar que era cierto. Hoy también se nos invita a correr. Correr a darnos cuenta que nuestra fe no está en un sepulcro vacío, que nuestra fe no está en un cementerio lleno de flores y adornos bonitos... nuestra fe está en un Dios de vivos.


            Por eso, en una pascua como la de hoy, quiero creer en un Dios de vivos que no ha inventado el infierno, que no ha inventado los castigos al fuego eterno a los que se han portado mal. Quiero creer en un Dios que con los brazos extendidos en la cruz, hoy los baja para abrazar a todos sin medida y sin distinción ninguna; Quiero creer en un Dios de vivos que lucha porque las vallas en las fronteras  se derriben para poder acelerar el paso, la pascua, hacia un mundo mejor al que todos, sin distinción, estamos llamados y que a veces no hacemos caso.
           
Hoy quiero creer en un Dios de vivos que se encarna en los problemas cotidianos del padre o madre de familia que está en el paro; de los hijos que están metidos en el mundo del vicio y este en cualquiera de sus manifestaciones;  creo en un Dios de vivos que enarbola la bandera de la solidaridad, de la cercanía y del acompañamiento, porque está pasando y no queremos notarlo, porque es su pascua.
            Hoy quiero creer en un Dios de vivos que deja atrás un montón de penitencias desarraigadas de la realidad diaria; quiero creer en el Dios de vivos de las bienaventuranzas como acción programática para la vida. Un Dios que se encara con el que no anuncia una buena noticia como su evangelio y solo quiere ver el desanimo y la falta de vitalidad ante las circunstancias que nos rodean.
            Vivamos la Pascua como realidad viva, con la vida y que da vida. Nosotros no tenemos que conmemorar la resurrección, tenemos que echar a correr, ver que está vacío y empezar a currar. Animo y FELIZ PASCUA
           
            Hasta la próxima

            Paco Mira