viernes, 31 de julio de 2015

A LOS GRANDES ABUELOS, ¿LOS TRATAMOS COMO SE MERECEN?

A LOS GRANDES ABUELOS, ¿LOS TRATAMOS COMO SE MERECEN?
          Se lo decía la semana pasada: hoy quiero hablar de los abuelos, de los abuelitos, de esa querida generación y a veces mal interpretada. La televisión, la española de entonces, tuvo una temporada en la que reivindicaba el papel de los abuelos. ¡que bonito!. Grandes son las historias de abuelos que han aparecido en la pequeña pantalla: desde la gran familia, donde el abuelo (José Luis López Vázquez) era todo el protagonista; Manolo, aquel abuelo de
médico de familia,  pasamos por Heidi, donde su abuelo quería que su nieta aprendiera y no perdiera los grandes valores que la naturaleza ofrece. ¡cuánto aprendimos, sin querer, por medio de unos dibujos, a amar y valorar la naturaleza!. Por cierto, ¿saben el nombre del abuelo?. Quizás " abuelito" que era como lo llamaba la nieta. A lo mejor el nombre no importaba tanto para ella y menos para nosotros.
         Hoy, esa bucólica imagen se me antoja desfasada. Hoy esa imagen de abuelo tierno, juguetón con los nietos, etc... ha pasado a la historia. Alguien me decía y no hace mucho que los nietos a quien más quieren es a los abuelos, pero son a los que peor tratan. Los abuelos dejan hacer a los nietos aquello que los padres dicen que no: les ponen la comida preferida, les dejan ver la tele todo el tiempo del mundo, son cómplices de ciertas salidas de adolescencia sin que los padres se enteren... pero ¡abuelo/a cállate ya que no sabes lo que dices!. Chacho, tío, ¡qué sabrás de mi vida!... y el abuelo/a paciente se calla, sabiendo que lo que dice es verdad.
         Pero, a veces, los nietos no son los únicos en reprochar a los abuelos su historia. Los propios hijos no ayudan a que la educación que imparten los abuelos sea la mejor: ¡no le estés diciendo eso al niño/a!. ¡papá, mamá, te he dicho mil veces que toques a la puerta cuando vengas a casa y no abras con la llave!. ¡quien eres para abrir la nevera y fisgonear...! ¡Que curioso!: cuando los hijos van a casa de los padres, estos nunca dicen lo que pueden hacer o no los hijos. Lo hacen y punto, porque entienden que están en su casa.
         Desde aquí quiero reivindicar a los grandes abuelos. Los abuelos no son el cosido de un roto en un momento determinado. Los abuelos tiene derecho al disfrute de la vida con la familia, no que la familia disfrute al margen de los abuelos. Los abuelos tienen derecho a disfrutar de la vida sin nietos y sin hijos, pero también con nietos y con hijos. La vida les ha dado lo suficiente como para que ellos tomen sus propias decisiones y que nadie las tome por ellos.
         Los abuelos tienen el derecho a decir que no, como a decir que sí. Tienen el derecho a poder disponer de su vida y que nadie disponga de la de ellos, entre otras cosas porque aunque muchos no estuvieran en la universidad, la vida les ha examinado de tal manera que muchos cantarán con Chenoa, "cuando tú vas, yo vengo", y la nota que han alcanzado supera con creces las de corte de cualquier universidad.
         Reivindico el derecho de los abuelos a ser mimados, a ser queridos, a ser respetados, a compartir espacios con los hijos y no siempre al revés; reivindico el derecho de los abuelos a tomar sus propias decisiones, y que nunca tengan que decirles, ¡ no, papá/mamá, ahora no puedo!.
         Por eso les decía lo bucólico de las series de tv. Esas series en la que los nietos iban de la mano. Los nietos, en muchos de los casos, han aprendido más de los abuelos que de los padres, porque estos dicen que no están en la onda.. ¡cuántos abuelos han enseñado que Jesús, también tuvo dos: Joaqúín y Ana!, ¡cuántos abuelos han enseñado a presignarse a los nietos!: también lo hicieron con los hijos, pero a estos se les olvidó pronto.
      
   En el evangelio de este fin de semana (Mt 20,20) la gente embarca en busca de Jesús, nuestros abuelos también, ¿nosotros?

         Hasta la próxima

         Paco Mira

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