viernes, 24 de julio de 2015

FINISTERRE, NO ES EL FINAL DE NINGÚN CAMINO


            Aunque los romanos le llamasen "finisterrae" y se lo creyeran, sin duda esa puntita del noroeste de nuestra querida España que cantaba la añorada para algunos Cecilia, no es el final de ningún lugar y menos de ningún camino. Más bien, diría yo que es el inicio, el comienzo de algo bonito y maravilloso. Cuenta la leyenda que a estas costas trajeron los restos de un testigo en la fe. Pero no deja de ser eso, leyenda, pero ¡maravillosa y bendita leyenda!.
            Los santos no son solo a los que encendemos una velita por unos cuantos céntimos, ni les ponemos unas cuantas flores. Los santos, los testigos... son los que se lo curran en la vida,  son los que se fajan y se parten la cara por una causa que consideran justa y además de justicia. Los santos no solamente están en las peanas de nuestros templos, sino que patean la calle, caminan con nosotros e incluso se convierten en profetas martirizados.
            Santiago, lejos de la leyenda, fue uno de esos. Fue un testigo que quizás a lo largo de la historia no se le leyera en su justa medida. Se le representó como combatiente de otras formas de ver al mismo Dios pero con nombre distinto; se le representó como montado a caballo y blandiendo una espada.... lejos de tal realidad. Santiago dio su vida, por eso es mártir, por ser fiel a un mensaje; por ser fiel a un ideal; por ser fiel a un Maestro que le enseñó el verdadero camino de la Vida.
            Santiago dio su vida, hasta el final, hasta Finisterre. Pero ese final es el inicio de mucho y de muchos. Su fama se extendió de tal forma que se creó no solamente un camino, sino muchos y de diferentes nombres. No nos preguntemos cuál es la razón por la que la gente camina, se pone en marcha, el caso es que lo hace y lo hace hacia el lugar de un santo y de un mártir. Hablando con gente que hizo ese camino, le preguntas por qué, y no saben dar razón, pero sí que tienen la necesidad de hacerlo.
            Santiago nos invita a levantarnos, a ponernos en camino, a no quedarnos quietos porque la fe, el camino de Jesús, el mensaje de Jesús nos tiene que llevar a no estar parados, nos tiene que llevar a reventarnos en el testimonio de un mensaje que merece la pena. La fe es el motor que nos tiene que mover a que no nos quedemos quietos.
        
    Jesús, en el evangelio de este domingo, (Juan 6), en una primera parte nos invita al movimiento "Jesús va a la otra orilla". Los cristianos nos cuesta movernos, creemos que tenemos todo conseguido, creemos que el Maestro nos dará todo lo que pedimos sin necesidad de ir a ninguna parte. El va a la otra orilla, porque hay gente que lo necesita, gente que reclama su ayuda, gente que necesita de sus palabras.
            Nosotros tenemos que ir a la otra orilla. Allí hay gente que tiene necesidades, gente que también tiene hambre y sed de la justicia. Allí hay gente que necesita que nosotros le digamos que se sienten porque nosotros les atenderemos, les lavaremos los pies. Es la imagen real de quien comparte con otros lo poco o mucho que tiene. A Jesús le importó poco la escasez de pescado. No pasa nada, de lo poco hacemos que los demás también compartan con nosotros.

            Que bonito el mensaje de este fin de semana. Se nos invita a estar atentos, aunque estemos de vacaciones, a las necesidades de los demás. Se nos invita a no tener prisa, a sentarnos y escuchar a los demás. Se nos invita a estar siempre en camino, como
Santiago, porque caminando, el testimonio siempre deja huella. Un camino que a veces no es agradable para todo el mundo, pero da igual. La Verdad nos hará libres, y por ello es el certificado de garantía que nos avala.

            Por cierto: dejo a los abuelitos para otra, porque este fin de semana es su día. Felicidades a Gáldar y a Tunte. Felicidades España por tener un patrón como el que tenemos, pero felicidades a los gallegos, por cobijar al patrón de todos.

            Hasta la próxima

            Paco Mira

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