viernes, 14 de agosto de 2015

¡QUE PENA: SU MAGNIFICAT NO ES EL NUESTRO!

¡QUE PENA: SU MAGNIFICAT NO ES EL NUESTRO!

         ¡ Y es que los personajes bíblicos, no por ello menos reales, nos dan palos por todos los lados!. Y es que encima no aprendemos. Hoy le toca a María, a nuestra madre, que precisamente como buena madre, no hace falta que diga mucho, sino que lo que hace, lo hace con la garantía suficiente como para dar lecciones aunque sea desde la sombra!.
         Y es que su magnificat no es el nuestro. Y no es el nuestro porque cada vez más a los de mi especie a mí mismo resulta que me conozco menos. Déjenme que me haga, y comparta con ustedes, una pregunta: ¿cómo es posible que sea debate no sólo nacional, sino mundial, que Cecil haya sido abatido a tiros?. En mi casa, por un motivo u otro, siempre ha habido una mascota: cuando no era un perrillo, era un pajarito.... siempre hemos procurado educar en el respeto a los animales. Pero, por supuesto, teniendo claro que nosotros somos seres humanos y ellos animales. ¿Cómo es posible que sin mirar el nivel económico, social, cultural de un país... el problema sea un león?. ¿Cómo es posible que el problema de un país sea un león cuando anualmente desaparecen - por un motivo o por otro - cerca de 40.000 niños al año?. Me gustaría que todas las organizaciones que apoyan a Cecil, apoyasen económicamente, con políticas sociales, culturales, de desarrollo, etc... a Zimbawe. Está claro que su magníficat no es el nuestro.
         Tampoco es nuestro magníficat, por desgracia, el mar Mediterráneo. Cintas y cintas; minutos y minutos de los telediarios rellenan nuestras horas de almuerzo para recordarnos que seres humanos como nosotros buscan lo que nosotros tenemos y el que Papa Francisco ha recordado: que la tierra es de todos y hay que compartirla. Pero me da la impresión que seguimos poniendo tapones cual nadador para que no le entre agua en los oídos, no vaya a ser que tenga que darme cuenta que quien me está golpeando cuando tranquilamente almuerzo es un hermano mío, aunque no hable mi misma lengua o no tenga el mismo color de piel.
       
  "Proclama mi alma la grandeza del Señor", solamente lo puede decir quien asume e interioriza el mensaje sencillo de Jesús de Nazaret. Solamente lo puede decir aquella madre que entiende al 100% el mensaje de su hijo. Solamente lo puede decir aquellos que asumen y entienden que la buena noticia sigue teniendo vigencia en el mundo en el que vivimos. Solo quien asume el mensaje de Jesús entiende que no hay cabida para los soberbios de corazón, que se puede derribar del trono a quien no es representativo de su propia identidad, que tenemos que darnos cuenta que a los hambrientos los va a colmar de bienes, que a los ricos los despedirá vacíos y que enaltecerá a los humildes.... Por eso su magníficat no es nuestro magníficat.
         ¡Qué grande es María!. Qué grande son las mujeres que conscientes de lo que significa ser madre, luchan por una causa maravillosa y que los hijos enarbolan como bandera. Qué grande es María que en el momento de aceptar y asumir que el mensaje de Dios era válido, se pone en camino, corre... y anuncia que el mensaje merece la pena. ¡Qué pena me da de nosotros, de mí mismo que como, como si en el Mediterráneo no pasase nada o como, como si el león de Zimbawe solucionase el problema del mundo!

         Seguro, como María en su Asunción, que quien asimila lo del evangelio del domingo, que dice "yo soy el pan vivo que baja del cielo, el que me coma vivirá para siempre" (Jn 6, 51), asumiremos que mucho de lo que pasa por ahí delante, por esos mundos de Dios también es problema nuestro. ¿Cuándo nosotros seremos capaces de decir: proclama mi alma la grandeza del Señor?

         Hasta la próxima
         Paco Mira


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