viernes, 11 de septiembre de 2015

SÍ, SÍ. LA PREGUNTA ES A NOSOTROS. VENGA, ESTA ES LA PREGUNTA, ¿QUIÉN DICES QUE SOY YO?


SÍ, SÍ. LA PREGUNTA ES A NOSOTROS. VENGA, ESTA ES LA PREGUNTA, ¿QUIÉN DICES QUE SOY YO?
            Está claro que si nos tocaran por la espalda, un día normal y por la calle, lo más probable es que le contestemos con mala cara y encima le preguntemos, quién es usted para tocarme sin permiso. Eso nos demuestra que no somos capaces de reconocerle, de conocerle... por mucho que vengamos a misa, por mucho que nos demos golpes en el pecho, o que tranquilicemos nuestra conciencia echando una monedita en un lampadario o vayamos caminando a no sé que santuario.
            Y es curioso, que ¡con nosotros está y no lo conocemos!, con nosotros camina todos los días, con nosotros pasa los mejores momentos de cualquiera de nuestros ratos, y con nosotros es capaz de derramar una lágrima, de ofrecernos un pañuelo y..... seguimos sin conocerle. Seguro que camina en una patera, que camina junto a otros jugándose la vida por salvarla; que intenta cruzar alambradas; que viene a caritas todas las semanas, que de vez en cuando nos toca en la puerta de casa pidiendo porque su hijo llora y no tiene la cena de ese día....¡ y seguimos sin querer conocerle!
            Lo más probable es que en los tiempos que corremos, nos siga preguntando ¿quién dice la gente que soy yo?. Y nosotros, agentes de pastoral, curas de parroquia, obispos de diócesis, etc.... respondemos diciendo que lo más primordial es reconducir una situación que se nos antoja complicada por los flujos migratorios y no pasarnos del cupo que nos tienen asignados; lo más probable es que respondamos con homilías que pueden ser de lo más provechosas o cartas pastorales que animan a quien se siente en la duda y recriminan a quien no echa una mano y que siempre le ponemos el mismo nombre: políticos.
            Pero es que nosotros, agentes de pastoral y colaboradores en la fe, hemos decidido dar testimonio de quien decimos que creemos y en quien decimos que hemos puesto toda nuestra confianza. Que somos, para muchos, espejo y modelo de un tal Jesús de Nazaret. Y resulta que Santiago, en su carta, nos dice con una claridad meridiana que dar testimonio, es ser consecuente entre lo que decimos que creemos y lo que hacemos: ¿de qué sirve la fe, si no tenemos obras?

            Pero la pregunta sigue siendo, ¿quién decimos nosotros que es un tal Jesús de Nazaret?. Se lo pregunto a los padres que bautizan a sus hijos. Se lo pregunto cuando ellos crezcan y también le hagan la misma pregunta. Se lo pregunto a los padres que acercan a sus hijos para que estos hagan la primera comunión y que muchos dicen que no y los padres que sí, ¿qué le decimos a ellos?. Se lo pregunto a los matrimonios que quieren que Dios ratifique su amor en público. Si muchos de los invitados les preguntaran por qué, ¿qué dirían ellos?. Se lo pregunto a los catequistas, a los miembros de los equipos de liturgia, a los coros parroquiales, a mí mismo, Paco ¿quién crees que es Jesús de Nazaret?. La verdad es que no sé si me atrevería a afirmar con Pedro, Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
            Me gustaría que las lecturas de este fin de semana. Que los acontecimientos sociales que estamos viviendo; que las tragedias que contemplamos a menudo, nos lleve a preguntarnos de qué lado estamos, en qué lugar nos posicionamos. Ojalá que seamos capaces, como Santiago de volver a afirmar, "enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe". ¡Qué fácil y qué complicado al mismo tiempo!. Pero Jesús ha dejado caer el pañuelo para retarnos, ¿quién dicen ustedes que soy yo?.
            Igual hasta nos ponemos colorados, damos evasivas o nos escondemos.
        Hasta la próxima
            Paco Mira



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