jueves, 29 de octubre de 2015

LOS SANTOS TAMBIÉN VIVEN Y CORREN


         Casi sin tiempo, pasamos del miedo, de las brujas, de los aquelarres, de los conjuros...a los cementerios, a las flores, a los recuerdos nostálgicos de tiempos que quizás fueron mejores y de personas que nos marcaron la vida de una manera inmejorable. Creo que no aprendemos nunca: nos recreamos más en las miserias propias y ajenas que en los beneficios, beneplácitos y bienaventuranzas de todos y cada uno de los presentes.
         Me da la impresión, y en eso en la Iglesia quizás hayamos tenido mucha culpa muchos de nosotros, nos hemos recreado en un Dios de difuntos, de muertos, de flores, de coronas que nos recuerdan personas, de pésames, de
funerales.... más que en un Dios que camina y acompaña a los que estamos en este mundo, de un Dios que ama y quiere que todos y cada uno de sus hijos se salven, de un Dios que tiene un guión programático que más quisiéramos para el 20 de Diciembre. De un Dios que abraza y quiere, de un Dios revelado y no oculto y tenebroso.
         Un programa que a le interesa: felices  los pobres; felices los que promueven la justicia; felices nadie los que son limpios de corazón (¿en política hay muchos?), felices los que tienen hambre y sed de ser justos con los demás, etc... un maravilloso programa de un Dios que no es un brujo, de un Dios que no es justiciero, de un Dios que no se recrea en la muerte de nadie. Incluso creo que es un programa que podría ir en la agenda de cualquier partido político.
        
Los santos no son solamente aquellos que son de escayola o de madera; los santos no son los de una imaginería importante de una escuela de escultores de alta alcurnia; los santos no son los que solamente tienen un hueco en el calendario.... los santos son aquellos hombres y mujeres que dejando huella en la historia nos invitan a caminar por ellas. Los santos son los que desde el anonimato personal nos invitan al programa de las bienaventuranzas y son los primeros que las cumplen. Los santos son aquellos que con su labor diaria y callada son capaces de contagiar la alegría de una buena noticia llamada Evangelio.
  Por eso no necesitan estar muertos. El muerto no mueve ni promueve. El muerto no es capaz de motivar y reavivar el entusiasmo. El vivo es el que es capaz de oír la voz del que dice tuve hambre y me diste de comer, estuve enfermo y me visitaste, estuve triste y agobiado y me has escuchado y animado; necesitaba una compañía silenciosa y allí estabas tú.... ¡cuántos santos hay en la vida a los que no conocemos y que no tienen un día en el calendario!.
  ¡Qué mejor santidad que la que empieza en casa!. Lo más probable es que siempre nos acordemos de las riñas, de las broncas ... de los más cercanos, quizás de mamá y de papá... pero no nos acordamos de las noches en vela, de las angustias para que no nos enteremos de las penurias para llegar a fin de mes, de las llamadas a los médicos y el acompañamiento a los mismos.... ¡cuánta santidad escondida en mi casa y yo sin enterarme!
  ¡Cuántos santos están cayendo en las fronteras que se cierran porque nos hemos pasado en el cupo que nos corresponde olvidándonos que no tienen peana, pero que son ejemplo de búsqueda de vida y de felicidad como bienaventurados que son!.
  ¡Cuántos santos se están quedando en las vallas, cada vez más enormes y con púas y cuchillas porque simplemente quieren compartir con nosotros la felicidad que decimos que tenemos y que se la pasamos por delante de las narices!
  ¡Cuántos santos que no quieren conocer el paro, pero que lo viven, y sin embargo acuden a ese Dios como padre que les abraza y les acoge en la felicidad del amor.!
  Amigos, ¿podemos calcular el número de santos?. Tú y yo todavía nos queda.

  Hasta la próxima
  Paco Mira


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