viernes, 20 de noviembre de 2015

CADA VEZ LO TENGO MÁS CLARO: SU REINO NO ES DE ESTE MUNDO


Lo llevo diciendo desde hace tiempo. Estamos en un mundo que cada vez se valora menos lo más fundamental del ser humano, como es la vida. Nos da igual lo que suceda y como suceda. Miramos para otro lado mientras no nos toca un poco cerquita de donde nos encontramos. Y nos toca de cerca porque es el país de al lado. Vaya para ellos mi admiración, mi respeto y sobre todo mi solidaridad. Sin embargo llevamos un tiempo en que en los mares de nuestro mundo sigue habiendo naufragios y casi nos hemos acostumbrado a ellos; llevamos tiempo viendo como a los seres humanos se les sigue arrebatando lo más preciado como son sus raíces, su familia, su hogar, su tierra... y tienen que deambular en medio de otra marea humana que lo único que hacemos es discutir si tenemos espacio para ellos. Llevamos tiempo viendo como los seres humanos siguen muriendo de hambre, cuando hay comida, pero mal repartida, para todos y cada uno de los que vivimos en este mundo llamado tierra.
Por eso creo que "su reino no es de este mundo". Porque el reino de Jesús de
Nazaret, ni por asomo, se parece a lo que nosotros decimos que mimamos. El reino de Jesús es un reino de Vida, de justicia, de paz, de amor, de alegría... y mi pregunta es si eso se está dando en todos y cada uno de los países de nuestra tierra. Jesús le dice a Pilato que si su reino fuera de este mundo hablaría como los de este mundo, y.... ¡cual largo me lo fiáis, mi querido Sancho!, le dijo el Quijote. ¡Qué hipócritas somos!. Mientras nos seguimos reuniendo para ver qué podemos hacer, en vez de hacer sin necesidad de tener que reunirse.
Este fin de semana, en el que conmemoramos la Santa Cecila, la patrona de los músicos, me gustaría que todo el año pudiésemos entonar la parte del Himno a la Alegría de la novena sinfonía de Beethoven. Eso significaría que la alegría está presente en nuestras vidas; me gustaría entonar una sinfonía del nuevo mundo, como la de Dvorak, porque eso significaría que el mundo nuevo, lo nuevo de lo que no tenemos o no queremos tener es posible. O simplemente quisiera vivir en una continua primavera como Vivaldi.
      ¡Qué hermoso, sería, que la vida estuviera acorde a la música que nos toca vivir, irradiando vida, con vida y para la vida!.
Este fin de semana, también, es el encuentro de las familias en nuestra Diócesis. Por aquí tenemos que empezar. Tenemos que empezar por inculcar en nuestras familias que la paz, la vida, el amor, la justicia, la verdad... es posible. Que la convivencia entre todos no es una utopía sino una realidad de la que todos somos partícipes. ¡Qué bonito sería que nadie hablase en condicional, sino en presente y con rotundidad!. Eso significaría que las cosas se van cumpliendo y se van haciendo.
Que bonito es ver como el reino de Jesús no se sustenta en la fuerza, ni en la violencia, ni en nada que someta al hombre. Su reino es un reino de verdad que nos hace libres. Un reino de amor en Dios que nos tiene que hacer amar a los demás porque los consideramos como hermanos; un reino de justicia solidaria y un reino de libertad responsable, algo que por el momento nos está quedando muy lejos.
Amigos, creo que otro mundo es posible. Un mundo donde brille la honradez, el respeto la igualdad de derechos y garantías de todos los humanos. La bondad por encima de todo y la ayuda a todo el que sufre. Si eso es así creo que su reino puede ser el de este mundo. Tenemos que hacerle sitio, hueco, que tan difícil no es.
Hasta la próxima
Paco Mira



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