viernes, 30 de diciembre de 2016

PIN, PAN....¡SE ACABÓ!

PIN, PAN....¡SE ACABÓ!
         Les digo la verdad que no se si es el mejor título que le puedo poner a la reflexión de esta semana. Pero si echamos la vista a aquel uno de enero del 2016, todos los deseos eran pocos. A algunos ya los tenían cumplidos porque la lotería había asomado a la puerta, otros querían que esos deseos se cumplieran en el año que comenzaba. Miren por donde, que esos deseos, se cumplieran o no, ya no hay vuelta atrás.
    
     Acaba el año y volvemos a repetir el ritual de todos los años. Me pregunto, ¿tan difícil es poner de nuestra parte?. Estoy convencido que siempre que decimos que no podemos hacer nada, creo que no es verdad. Podemos, si queremos, hacer lo más cercano mejor. Podemos, si queremos, que aquello que nos rodea sea de otra manera.
         Es verdad que el año que termina viene marcado por el silbido de las balas, de los actos terroristas, de camiones asesinos contra gente inocente, por resolución de políticas y gobiernos que estaban indecisos, por gente que no ha podido, todavía, salir del paro, por jóvenes que todavía no han encontrado trabajo, por gente que en la curia vaticana quieren ir contra Francisco.... ¡cuántas cosas marcaron el 2016!.
         ¡Cuántas madres han llorado por la no felicidad de sus hijos o de sus familias!. Ahora volvemos a contemplar a María en el inicio del año. Volvemos a contemplar a María poniéndole nombre a su Hijo, poniendo nombre a todos y cada uno de nosotros. María, como Reina de la Paz, María como sufriente por algo que a nosotros se nos antoja imposible y que ella insiste en que la hagamos realidad.
         Lo más probable es que cuando este fin de semana nos hemos puesto los mejores trajes; lo más probable es que cuando este fin de semana hemos levantado la copa de cava; lo más probable que cuando hemos ido tomando las uvas, una a una, e ir acompasando cada una de ellas a los toques de los relojes, procurando no equivocarnos y acabar como marca la tradición.... hemos pensado en algo o en alguien.
         Lo más probable que al acabar las campanadas hemos ido, quizás corriendo, a besar, a abrazar a la persona que más marca nuestra vida.... con el fin de desear aquello que hemos pensado.... y quizás la vida continúe - como cantaba el gran Julio Iglesias - igual.
      
   La vida nos vuelve a dar la oportunidad de 365 días. No son pocos, son todo un año para poder hacer aquello que llevamos insistiendo y que no somos capaces de conseguirlo. Me gustaría que cuando acabe el 2017, fuésemos capaces de recurrir al título del estas letras: "pin, pan... se acabó". Que seamos capaces de decir que aquello que hemos deseado se ha cumplido.
         No queremos ser perfectos. No queremos ser el modelo de nadie, pero sí queremos ser los fieles cumplidores de un Nacimiento que acabamos de celebrar y que no acabamos de dar cumplimiento.
         Echemos la vista atrás, sí, pero corrijamos aquello en lo que nos hemos equivocado. Echemos la vista atrás, sí,  y tengamos la humildad para pedir perdón por aquello que no ha funcionado. Echemos la vista atrás, sí, pero sobre todo a los 365 días que nos quedan por delante, porque son 365 oportunidades nuevas con pensamientos que ya tenemos.
         Dios, en su Hijo, siempre nos dice que nunca es tarde para volver a empezar. Nunca se cansa para comenzar oportunidades que nos tocan en la puerta.
         Sí les digo que FELIZ AÑO, pero les digo Que nunca es tarde para ser felices y en nuestra mano está, en parte, el poder conseguirlo.
         Hasta la próxima

         Paco Mira

viernes, 23 de diciembre de 2016

EN INVIERNO TAMBIÉN PUEDE HACER CALOR

Las estaciones del año la van marcando ciertas fechas que son como muy claras y que en el colegio nos las aprendíamos de memoria. Ha entrado el invierno. Una fecha que se marca en los calendarios, pero que a veces la metereología se encarga de recordárnosla con antelación o a veces más tarde. Una de las características del invierno es precisamente el frío, la nieve, el fuego, los muñecos en la nieve, el calor del hogar, los encuentros esperados, la lotería, el mes de Diciembre.... ¡cuantas cosas marcan al invierno!

Muchos, por los acontecimientos antes mencionados, están deseando que llegue el invierno. Están deseando que llegue el mes de Diciembre. Fíjense que a mí me gusta también que venga el invierno, porque de todo lo mencionado, podemos hacer un mes acogedor, un mes donde el frío puede dejar o dar paso a algo más calentito, un mes donde los encuentros y las situaciones pueden verse y sobre todo, vivirse de otra manera.

Es el mes de los villancicos. Es el mes de la alegría en las calles, en
las iglesias, en las mesas de los hogares... pero... ¿también en Belén?. Yo diría que lo que allí sucede, lo que de allí recordamos... de nosotros depende que el mullido de las pajas de un pesebre sea lo más confortable posible para tantas y tantas situaciones que se dan en la vida.

Creo que mientras existan familias que buscan en los contenedores de basura para llevarse a la boca en unas fiestas como estas, el pesebre no es lo más cómodo que nos podemos encontrar. Mientras en las fronteras de muchos países existan hombres y mujeres esperando a saltar una valla, o a esperar que los gobernantes de turno den la autorización para poder pasar, el pesebre no es lo más adecuado. Mientras siga habiendo violencia de género, mientras siga habiendo unos pocos que se enriquecen a costa de la mayoría sin importarles nada de nada, mientras siga habiendo familias que son desahuciadas por impago al estar en paro, mientras siga habiendo situaciones como la de París, las de Siria... el pesebre no es lo mejor.

Sigo pensando en que si, como dice el villancico, nos asomamos a la ventana cuando suena la campana, vemos un montón de edificios que llamamos penales o cárceles y entendemos que los que están allí no tienen los mismos derechos que nosotros; que si nos asomamos a la ventana vemos a muchos ancianos solos en los asilos o incluso en sus casas sin que nadie les acompañe en esta noche tan especial; que si nos asomamos a la ventana y vemos a
tantos enfermitos en hospitales con la única compañía de un montón de enfermeros pero la familia cantando en casa... creo que algo estamos haciendo mal.

Creo que en el invierno puede también hacer calor. El pesebre lo podemos acomodar nosotros. Jesús, el de Nazaret no nace para quedar bien en un belén que nosotros hacemos en casa o vamos a visitarlo. Celebramos el cumpleaños de Jesús para darnos cuenta que el pesebre en el que María lo coloca es el espejo en el que nosotros tenemos que mirarnos.

Cuando nosotros nos miramos en el espejo nos vemos a nosotros mismos y nos tiramos piropos. Quizás nadie le echa un piropo a un pesebre, a un montón de paja. Encima de esa paja se coloca un niño que en la medida que va creciendo nos va marcando un camino que va a ser duro y que nos invita a no mirar atrás, sino a seguirle hasta el final. Muchos le van a decir que en otro momento se unen al carro, pero su mensaje va a ser radical.

El pesebre será más calentito en la medida en que nosotros asumamos el mensaje de quien se pone encima de él. Fácil es felicitar la navidad, pero difícil es hacer la Navidad. Fácil es enviar una tarjeta con deseos, pero difícil es que los deseos los hagamos realidad.
Ojalá que en nuestras felicitaciones no digamos feliz navidad, sino hagamos navidad.

Mi deseo para todos, de una Navidad en condiciones.

Hasta la próxima

viernes, 16 de diciembre de 2016

"CAMINITO DE BELÉN"

"CAMINITO DE BELÉN"
Déjenme, amigos, que les cuente algo de mi vida de antaño. Cuando apenas siendo un adolescente cogí mi maleta y entre otras cosas con un montón de ilusión, me fui a estudiar
a Madrid, por primera vez, una de las cosas que más me extrañaba, porque no estaba acostumbrado, era que todo el mundo leía el periódico. Es verdad que no había ordenadores, tantos como ahora, no había móviles (creo que ni había ni se les esperaba), no había tablets... y lógicamente lo único que había era periódicos en papel y algunos que casi al abrir las hojas no te llegaban las manos, como el diario pueblo, por ejemplo. Le digo una cosa: devorábamos los periódicos, estábamos ávidos de ellos y era bueno y bonito.
Yo que me dedico a enseñar a otros, que no se si lo consigo o no, soy de los que pienso que faltan muchas asignaturas para nuestros infantes en nuestro sistema educativo y una de ellas debería ser el aprender a tener conciencia crítica de lo que nos sucede a nuestro alrededor y eso sólo se consigue leyendo y leyendo más de un periódico.
Pues fíjense que después de mucho tiempo sigo comprando mi periódico, lo sigo leyendo y... casualidades de la vida, esta semana había una noticia en una esquina, no muy grande, pero que me llamó la atención: "caminito de Belén sin salir de Gran Canaria". Rápidamente me voy a la página indicada y me encuentro con todas las rutas de belenes que se pueden visitar en la isla. Le puedo asegurar que eran un montón.
Y les puedo asegurar que me ha encantado. Me encanta que haya tradiciones que no se pierdan. Que haya tradiciones que invitan a contemplar lo que otros con paciencia, con tesón, con una manos artesanas son capaces de hacer y por ello me acuerdo de tantos que hacen sus belenes, como Dámaso, Ceni etc. . Es curioso que el periódico se haga eco de una costumbre religiosa arraigada en una sociedad cada vez más secularizada. Pero me encanta más que se nos invite, desde el mismo medio, a que no perdamos de vista lo que podemos ver en este mes.
Que bueno que en medio del adviento se vaya vislumbrando, a una distancia no ya muy lejana las primeras casas de Belén. Que bueno que en medio del adviento se nos invite a seguir una ruta que no tiene nada que ver con las firmas comerciales de los grandes establecimientos que casi nos empujan a entrar aunque no queramos. Que bueno que todavía tengamos el tiempo y las ganas, la inmensa fortuna de aparecer en los medios de comunicación aunque sea en una esquina del mismo.
Esta semana, en una de las plazas de mi pueblo, contemplaba a unos niños y no tan niños, disfrutando al lanzar las bombas típicas de estas fechas. Algunas eran de un ruido ensordecedor y lo más probable es que ellos no se plantearan el por qué en esta fecha tiran las bombas y no lo hacen en febrero. ¡Fíjense cuantas cosas hacemos en el mes de Diciembre! y todo para resaltar aquello que es una evidencia y que algunos lo tenemos como norma de vida.
¿Saben?. No tengo claro si los villancicos tienen que ser la música de esta época del año, No sé si Bob Dylan se tiene que llevar el Nobel de literatura, pero sí se que la Navidad nos suele cambiar el paso en el ritmo de todo el año. Si sé que la Navidad marca diferencias y que estas aparecen en los medios de comunicación social y eso no podemos ni debemos callarlo.
No dejemos de visitar los belenes. No dejemos de animar a la gente a que en Vecindario, Cruce de Arinaga, o donde sea, la Navidad siempre es una tiempo nuevo y diferente.


viernes, 9 de diciembre de 2016

GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE

GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE
Cuando hace unos días hablaba del color morado del adviento, daba la impresión de no
querer tener un tiempo de alegría en medio de este color. Y la Iglesia, a través de la liturgia nos lo ofrece este III domingo, llamado el de la alegría, en latín el de gaudete. ¡Qué bueno, que en medio de muchas tristezas o sinsabores, podamos alegrarnos del camino que vamos recorriendo!.
Pero no solamente eso. El color morado, deja paso al color carne, yo diría que al color de cada uno. A un color que nos invita a mirarnos en el espejo y que nos preguntemos cual es el papel que cada uno de nosotros estamos haciendo en el adviento. El camino del adviento es el camino de cada uno. El camino del adviento nadie lo puede hacer por nosotros. Somos nosotros los que tenemos que dejar huella para que otros puedan seguirlo. Triste será que no dejemos huella en el libro de la vida.
Por ello el adviento hay que tomarlo como un proyecto personal, como el color de la liturgia. Un proyecto en el que nadie nos puede suplir porque los caminos se hacen con las pisadas de todos y de cada uno en particular. Un camino de adviento que a veces encuentra un montón de obstáculos, pero sin duda es en la medida en que nosotros seamos capaces de sortearlos, cuando vamos viendo un Belén cada vez más cerca.
Este fin de semana se celebra el día de los derechos humanos. Saben que no me gusta hacer mención a los días porque conmemoran lo que no se celebra ni se cumple y que en el fondo nos hemos viciado celebrándolos. Pero ¡ qué bonito sería que se cumpliera alguno de ellos!. Me gustaría que los bancos dejaran de recrearse en los desahucios y en los intereses abusivos; Me gustaría que todos respetaran la vida humana, que nadie se escude en su propio cuerpo para aniquilar la vida de otro. Me gustaría que nadie se enriqueciera con los alimentos solidarios que otros envían para paliar la escasez de lo que debería ser abundante.
¡Qué bonito adviento, amigos, y qué bonita vista de Belén, si los derechos humanos se respetaran!. Qué bueno sería que el color de la liturgia, que la alegría de gaudete, fuera nuestro color y nuestra alegría. Todos nos encogemos cuando vemos las imágenes de televisión ante desgracias, pero no dejamos de comer por ello.
Juan, desde la cárcel duda. Pregunta quién es el que viene detrás de él. Y Jesús le responde que los ciegos ven y que los cojos andan. ¡Cuántos ciegos recorren con nosotros el camino de la vida!.¡cuántos cojos no pueden caminar con nosotros porque tropiezan en el mismo camino que el nuestro!. Nosotros hemos de ser esa luz que guía los senderos que hay que allanar en el caminar diario.
Ya ven que el trabajo que nos queda por hacer es mucho. La tarea que tenemos que realizar es grande. Pero ojo: no nos precipitemos más de la cuenta. Santiago, en su carta nos dice que tengamos paciencia como el
labrador espera la lluvia. Es verdad, a veces, las prisas no son buenas consejeras.
Ya vemos que la alegría del gaudete da para mucho y para muchos. No vivamos la tristeza del adviento a pesar de las dificultades que la vida nos oferta de vez en cuando. Un saludo cariñoso para todos aquellos que en este tiempo están viviendo la amargura de las inundaciones. Es una prueba más de la grandeza de la vida, con sus alegrías y con sus dificultades. Ojala que el adviento nos ayude a la solidaridad y a la fraternidad.
Hasta la próxima

viernes, 2 de diciembre de 2016

LA CONVERSIÓN, ¿PRODUCTO BLACK FRIDAY O DE BOUTIQUE?

LA CONVERSIÓN, ¿PRODUCTO BLACK FRIDAY O DE BOUTIQUE?
Uff, ha sido una semana intensa. Semana llena de emociones, algunas como muy encontradas e incluso dispares. Las emociones más llamativas de esta semana incluso marcadas por el dolor, el sufrimiento por la pérdida de un ser - para algunos - querido, marcadas por la muerte. Una semana en la que se han ido, nos han dejado, dos pesos pesados de la historia nacional y mundial. Por un lado Rita y por otro Fidel.
¿Saben?, me acordé de la frase del evangelio, que si el grano de trigo no muere no da fruto. Para una parte del pueblo cubano, la esperanza del adviento político puede dar paso a una libertad con la que habían soñado desde hace tiempo, y por otra se ha acabado una parte oscura de un político al que se había señalado con el dedo. En ambos casos surge el renacer de, como dije antes, una esperanza llena de ilusión, de ganas, de esfuerzos....
Casi como los cristianos. Estamos camino de la Navidad. Estamos camino de que Jesús deje de cumplir promesas y se haga realidad para marcarnos un camino que todos estamos deseando. Para ello nos manda por delante uno de sus grandes precursores, a Juan, el Bautista que nos oferta un regalo que se me antoja que no es del Black Friday?
Juan nos habla este finde de conversión, de darle la vuelta al calcetín de nuestra vida para poder tener claro que nuestra vida no puede seguir como hasta ahora, entre otras cosas porque aunque el Verbo se haga carne, lo hace en un lugar limpio, aseado... no en una pocilga personal donde la limpieza del corazón brille por su ausencia.
La conversión es un producto no de Black Friday, no es un producto de rebajas donde todo vale. Es como si yo voy a comprar un regalo y no pienso en la persona a la que yo le voy a regalar algo, y regalo aquello que a mí se me antoja con la realidad de fracasar en el intento. La conversión ha de ser una apuesta personal por la que estamos dispuestos a ser de otra manera, que estamos dispuestos a trabajar por un mundo mejor del que tenemos y en el que tienen cabida todos aquellos por los que luchamos y queremos.
La conversión que predica Juan es la que llama directamente al corazón de todos y cada uno de nosotros. Que llama a lo más íntimo y personal de cada uno. Que llama al motor primordial que mueve todas y cada una de las acciones que nos llevan a abrir los brazos de la solidaridad, y de la fraternidad.
La conversión es un producto caro. No es un producto de rebajas. No es un producto de regateo como el que compra en un mercadillo de oportunidades. Sí, la conversión, es una oportunidad para abrir a infinidad de oportunidades. Es una de las grandes opciones del adviento que nos prepara y que nos lleva hacia la luz de la Navidad..
¡Qué bueno sería que los cristianos ofertáramos en estas fiestas dosis de conversión!. Pero que ofertáramos dosis que pudieran ser creíbles y que la
gente estuviera haciendo cola para quitárnoslas de las manos. Por desgracia a veces pienso que nosotros no somos los mejores ejemplos de conversión, sino de todo lo contrario y que quien nos ve tocará en otra puerta donde le puedan ofertar algo mejor.
Me estoy imaginando a Juan, el Bautista, quedándose afónico gritando a los cuatro vientos lo que merece la pena. Hoy nosotros ya no estamos afónicos, ya no nos quedamos roncos de tanto propagar que el único y válido camino para la Navidad parte por la conversión de todos y cada uno de nosotros. Pues nada,
Hasta la próxima


Paco Mira



viernes, 25 de noviembre de 2016

MORADO, ¿COLOR PARA LA ESPERANZA Y PARA LA CAMPAÑA NAVIDEÑA?



¿Saben?. No sé si felicitarles el año o no. Lo digo porque algunos me dirán que no estamos en la época de ello, que todavía queda un mes y máximo cuando muchos nos quejamos que las grandes superficies, en beneficio económico, lo único que hacen, es adelantar fechas. No me gusta, pero por desgracia habrá que acostumbrarse a convivir con ello. Pero liturgicamente, les voy a decir feliz año.
Pero la Iglesia es diferente. No porque “no quiera ser de este mundo”, sino porque siendo del mundo y estando encarnada en el mundo, utiliza una pedagogía y una metodología que ya quisieran muchos pedagogos que se precian de utilizar los métodos que ella utiliza.
Uno de esos métodos, quizás por novedoso, son los colores. Colores que identifican momentos. Colores que resaltan tiempos especiales. Colores que marcan un camino de fe y que a veces no le prestamos la atención que se merece. Pero a veces me resultan contradictorio ciertos colores, y es que el morado sea el color característico de un tiempo de espera, un tiempo que puede ser novedoso, un tiempo esperanzado, un tiempo de incertidumbre y nerviosismo final. Quizás habría que identificar ese tiempo con el verde, pero no seamos tan ordinarios y lo dejamos para cuando el devenir diario nos lo haga patente.
En este tiempo que ahora comenzamos, el tiempo de adviento me quiero unir a alguien que escribió que “las ventanas se pueden abrir, que cambiar de aire depende de ti.Te ayudará, vale la pena una vez más. Saber que se puede, querer que se pueda. Quitarse los miedos, sacarlos afuera. Pintar la cara color esperanza”.
Creo que Diego Torres no se si estaba pensando en el adviento, pero sí estaba, sin querer, pensando en todos nosotros. Creo que nadie nos tiene que marcar los tiempos en los que nuestra fe nos tiene que mover. Nosotros somos los que tenemos que marcar el tiempo que queremos que se nos note lo que estamos viviendo.
Nunca mejor una explicación que pintarse la cara de color del adviento, de color esperanza. Quitarnos en nuestra Iglesia los miedos de anunciar que el camino que ahora recorremos es un camino que puede tener un color morado en alguno de los momentos, de angustia por alguna de las veredas que podamos transitar, pero que la esperanza de un mundo mejor es posible, porque la luz de la Navidad empieza a dejar el reflejo.
Sigue diciendo Diego Torres, que es mejor perderse que nunca embarcar. La vida nos ofrece continuamente las posibilidades de dar lo mejor de cada uno. Jesús se arriesga a perderse y su desenlace en la cruz puede parecerlo, pero prefiere embarcarse en una aventura a través de María. Y nos invita a ello.
Y nos invita, casi como las grandes superficies, a hacer nuestra propia campaña de Navidad. A veces pensamos que los equipos de marketing no funcionan en la Iglesia. ¡que pena!. Nosotros, en Adviento, tenemos la posibilidad de hacer nuestra propia campaña. Una campaña en la que hay que anunciar, es la llegada de lo que da sentido a nuestra vida. Como nos dice la canción de Diego Torres, aunque ya ves que no es tan fácil empezar, sé que lo imposible se puede lograr. A nadie le resulta fácil y en este tiempo serán los profetas los encargados de avivar nuestra campaña navideña.
Ojalá que la esperanza se nos pinte en la cara. Ojalá que el morado no sea el color que impere en nuestra vida, sino que se difumine para que el blanco reluzca más que nunca.
Amigos, feliz año, feliz campaña navideña del adviento

Hasta la próxima

viernes, 18 de noviembre de 2016

CRISTO, ¿REY?. SI, PERO DE MISERICORDIA

CRISTO, ¿REY?. SI, PERO DE MISERICORDIA
Bueno, se acabó, o no se si mejor decir que empieza ahora. Cuando se acaba un acontecimiento es como cuando uno cumple años: no sabe si los cumple al principio o cuando ya se acaba. El domingo pasado, todas las diócesis, conmemorando el día de la Iglesia diocesana, clausuraban el año de la misericordia. Parece que ya no tenemos que preocuparnos más por la misericordia, porque se ha acabado el año.

Y es curioso que aprovechando que acabamos el año litúrgico, nuestro Papa Francisco, ese que nos dice y les dice a los curas que tienen que oler a oveja, clausura el año de la misericordia. Pues ¡anda que no se ha escrito nada en torno a ello!, justamente el día en que la Iglesia proclama a Jesucristo, a ese Jesús de los caminos polvorientos de Galilea, como Rey del Universo.
Casi me parece una contradicción, pero sí entiendo que como su reino no es de este mundo, pues no es una contradicción. Creo que es hora de hacer balance. Balance de la capacidad que hemos tenido para asimilar un año en el que han sucedido un montón de cosas a nivel social, político, cultural, económico. Un año en que nos encontramos con un pluralismo no solamente religioso, pero que sí influye en el devenir de los que nos consideramos cristianos.

Tenemos que hacer balance de la capacidad que hemos tenido para perdonar, para tener misericordia. A Jesús le preguntaron una vez que cuantas veces había que perdonar y él dijo que hasta setenta veces siete; Hay que hacer balance de las veces que por el perdón hemos servido de puente entre personas que necesitaban una ayuda cariñosa; Hemos de hacer balance de las veces que hemos puesto el hombro para servir de apoyo, o la mano ante una caída inoportuna; Hacer balance de las veces que hemos prestado el oído para escuchar un buen consejo o la boca para decir la palabra oportuna en el momento adecuado. ¡ Que buena es, no ha sido, la misericordia!.
Creo que es el momento de recordar aquella canción, sacada de aquella célebre frase que al atardecer de la vida, nos examinarán del amor, es decir de la misericordia. Por eso el reino de Jesús no es de este mundo, aunque esté en el mundo. Y tanto es de este mundo que acabó con los brazos extendidos en una cruz, no para dar lástima, sino para abrazar a todos aquellos que le buscan con un corazón sincero.
El ladrón que con él estaba en la cruz, le decía acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino. Hoy estarás conmigo. El Reino de Jesús, es el que estamos viviendo, inacabado, pero real. Un reino de justicia, de amor, de paz, de solidaridad, de cercanía, de samaritanos de la vida, de hijos pródigos que se arrepienten y necesitan misericordia, de samaritanos que ofrecen agua al sediento y vestido al desnudo, de pescadores rudos pero valientes a los que no les asusta las contrariedades de la vida. Estamos en el Reino de Jesús, en ese reino de misericordia.
¡ Cuánto nos queda todavía!, pero ahora que vamos a entrar en el adviento no perdemos la esperanza. Nuestro mundo es un mundo lleno de signos de contradicción, pero eso es lo que le hace grande. No pensemos que el reino de Jesús es un reino de pompa y boato, de corte y pajes, de coronas y cetros. Es un reino de humildes, de sinceros, de pobres contentos y alegres, de gente misericordiosa que huele a oveja o a lo que haga falta con tal de ser felices y hacer felices a los que nos rodean por fidelidad al evangelio.
Amigos: celebremos a Jesús rey del Universo, pero del Universo de misericordia, porque no nos olvidemos que misericordia quiero y no sacrificios, aunque alguno haya que hacer.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 11 de noviembre de 2016

MI QUERIDA IGLESIA, ESA IGLESIA MIA, ESA IGLESIA NUESTRA


            No sé si los que tenemos ciertos años nos vamos volviendo más nostálgicos de ciertos acontecimientos o personajes del pasado. Pero sí tengo claro que el pasado nos ha servido para saber donde estamos ahora y sobre todo hacia donde tenemos que caminar. Hace unos cuantos años, entre nosotros , había una cantante llamada Cecilia que cantaba aquello de mi querida España, esa España mía, esa España nuestra", sin duda ella sentía como propio lo que amaba. 
      
      Este domingo celebramos el día de mi querida Iglesia, esa Iglesia mía, esa Iglesia nuestra, el día de la Iglesia diocesana. Una Iglesia que entiendo que no es la propiedad de un señor que vive en el Vaticano, ni la de alguien que en representación de él vive en la Plaza de Santa Ana. La Iglesia soy yo, eres tú, somos nosotros. Somos Iglesia todos aquellos que hemos sido bautizados en un momento determinado y que no nos quejamos ni nos arrepentimos de ello. Si mi Iglesia falla, es porque yo fallo, es porque nosotros no nos ponemos de acuerdo.
            A veces me da pena la virulencia con la que criticamos a esa institución que tiene fallos, que es pecadora, pero que es maravillosa porque a base de caídas, a base de pastores que no son perfectos, a base de cristianos que critican y no quieren corregir.... vamos caminando por un camino por el que todos pasamos y que a veces no es el más adecuado.
            Es verdad que me gustaría una Iglesia que a lo mejor tuviera otros alicientes: una iglesia donde los seglares no solo tengan protagonismo en el papel sino en la realidad; una Iglesia donde la mujer tenga los mismos derechos que los hombres; una Iglesia que condene fallos pederásticos o de soborno... una Iglesia que sepa pedir perdón, porque es una Iglesia humilde y pecadora. Pero es la Iglesia que tenemos, con gente maravillosa, con gente comprometida, con gente entregada y por ello caminamos.
            Claro y a río revuelto, ganancia de pescadores. Seguro que aparecerán muchos que darán soluciones de como tiene que ser nuestra Iglesia. Muchos ni siquiera la pisan o si lo hicieron, fue hace mucho tiempo. También habrá muchos que desde dentro quizás la critiquen, si es para el bien de la misma, bendito sea. No cerremos la puerta a la reflexión y al diálogo, cerremos la puerta a quienes intenten desestabilizar  lo que tengamos de verdadera armonía.
            Seamos agradecidos con las otras Iglesias que desde la diferencia hace que todas nos enriquezcamos; seamos agradecidos con las opiniones de quienes no piensan como nosotros, pero que desde la diferencia nos hacen avanzar en el estudio y en la sencillez.
       
     Me gusta mi pastor, me gusta Francisco que desde la humildad me dice que tengo que oler a oveja, a salir a las periferias y a rezar con los que no tienen lugar para ello. Me gustan los amigos sacerdotes que entregan su vida en favor de los más necesitados; me encantan los seglares, los laicos comprometidos que "pierden su vida para ganar la de otros"... Mi querida Iglesia, esa Iglesia mía, esa Iglesia nuestra". Si todos somos conscientes que la Iglesia es una tarea de todos y no de unos pocos, somos capaces de llevar adelante y hacia buen puerto una tarea maravillosa que empezó hace dos mil años.
            Gracias a mi Iglesia. Felicitémonos todos por lo que compartimos juntos y disfrutamos todos. Es lo que tenemos y es lo que nos toca vivir en el momento en que lo estamos disfrutando.
            Hasta la próxima 

            Paco Mira

viernes, 28 de octubre de 2016

CON UN PROGRAMA TAN BUENO Y TODAVÍA SIN GOBIERNO

Creo que es un fin de semana intenso. Intenso por muchas razones: políticas, sociales por lo anterior, religiosas, de recuerdo, de felicitación a todos nosotros.... No se si con tanta celebración podremos ser lo suficientemente claros como para poder bajarnos de alguna de las higueras a las que podemos estar subidos.


¡No ha dado vueltas ni nada el estar sin gobierno!. En parte es verdad. Un país no puede estar a expensas de lo que los responsables políticos decidan en un momento determinado. Todos nosotros tenemos la necesidad de estabilizar nuestra vida, de estabilizar lo que todos creemos que tiene que ser justo, de bajarnos de la higuera de las especulaciones y empezar a trabajar en el terreno y no en lo especulativo.
Me gusta la actitud de Zaqueo. Me gusta la actitud de quien ante las dificultades busca soluciones. Me gusta la actitud de quien lo que la naturaleza no le ha dado siempre hay una posibilidad de ser mejor. Zaqueo sería bajo, Zaqueo se sube a una higuera, Zaqueo soluciona su problema. Pero es más: a los que buscan soluciones son a los que Jesús busca, llama, invita a bajarse de las higueras de la vida y a alojarse en su casa. ¡ Qué bonito!. ¡Cuántos de nosotros necesitamos bajarnos de la higuera porque Jesús nos está llamando para alojarnos en nuestra casa!

Eso se lo diría yo mis paisanos españoles, me lo digo a mí mismo: bajémonos de la higuera, seamos realistas, cedamos y busquemos soluciones, busquemos el bien común que es el bien de todos especialmente de los más pobres. Los políticos están buscando un consenso en el programa de su partido para que los españoles sean capaces de confiar en ellos. ¡qué maravilloso el programa de principios de la semana que viene!: dichos los pobres, los humildes, los sencillos, los que lloran, ....
Estoy por asegurar que si en un programa político hubiera alguno de los muchos artículos en beneficio de los más pobres, no solo ganarían por mayoría sino que la gente no quisiera que se fueran del gobierno. Ojala que los que salgan, no piensen solo en ellos; que piensen en quien representan, en quienes como Zaqueo, están expectantes, esperando una solución y la encuentran. Si eso es así es que estamos ante un Dios vivo, que camina con nosotros y que está con nosotros.

Es verdad que a principios de la semana que viene recordamos a los seres que se nos han ido. Me da la impresión que a veces somos más de flores, de lágrimas, de recuerdos, de un Dios de difuntos... más que de un Dios de vivos, de un Dios que camina con todos y cada uno de nosotros; de un Dios que acompaña a la viuda y al viudo, al padre y al hijo; de un Dios que está en lo cotidiano de la vida y que a veces lo ocultamos en la penumbra de una tumba.
Me gustaría que nosotros fuésemos cuña de quien nos pide un ejemplo a nivel cristiano. Zaqueo no creía, al contrario, era crítico con quienes lo hacían. Viendo fue capaz de creer y Jesús estuvo con él y en él. Ojala que quien nos vea a nosotros sean capaces de ver a un Zaqueo, que nos bajemos de la higuera, que seamos capaces de dar testimonio de un Dios de vivos y no de un Dios de tristeza y de muerte.
Vayamos a los cementerios, pero para decir que Dios camina con nosotros como con los discípulos de Emaús y que no lo dejemos escondido para que nadie lo vea.
Hasta la próxima
Paco Mira

NADIE PERECE. TODOS VIVEN

En la carrera tenía un profesor de sociología que siempre que teníamos clase, comenzaba la misma con la frase con la que comienzo estas líneas. Siempre la dejaba caer, como coletilla, con la sana intención de pensar de que algún día nos la aprenderíamos de memoria. Y lo consiguió.
No es fácil abstraerse del significado de la misma. Nacemos para vivir, no como algunos piensan que nacemos para morir, aunque esto sea una consecuencia de la vida misma. Solo muere lo que está vivo. Pero en esa vida, larga o corta, debemos y tenemos la obligación de convivir. Es decir que en la medida en que yo me relaciono con otros, crezco como persona y los demás crecen conmigo. Vivir y convivir suponen dos piezas claves de esta maravillosa realidad llamada vida.

Y precisamente a esa vida es a lo que nos invita el evangelio y las lecturas de este domingo. La vida ha de estar por encima de las leyes, de las normas… aunque estas nos ayuden a vivir. Los fariseos, nuestros fariseos de hoy en día; los doctores de la ley, nuestros doctores eclesiásticos y no eclesiásticos de hoy en día, temen que las normas no se cumplan, que los sacramentos no se lleven a la práctica con la necesaria ritualidad… y en el fondo lo que estamos haciendo es apagando la propia esencia de la vida, del evangelio y quizás pretendamos poner contra las cuerdas al propio Jesús de Nazaret.
Pero claro, los primeros que tenemos que creernos lo de la vida somos nosotros mismos. Ahora que vivimos momentos chungos, momentos apremiantes, momentos de escasez en muchos sentidos… quizás también vivamos momentos de desesperanza, momentos de angustia, momentos de desánimo. La vida nos tiene que invitar a la esperanza; la vida nos tiene que invitar a la ilusión, la vida nos tiene que invitar a tener ganas.

Quizás vivamos un momento en que a la fe la metemos en el trastero de nuestra vida, que la arrinconemos en la despensa del olvido y sin embargo Pablo en la carta que le dirige a la comunidad de Tesalónica les dice que el Señor les dará fuerza para anunciar su buena nueva. Tesalónica y el propio Pablo se lo creyeron. Lo malo es que nosotros tengamos duda de que nuestro Dios no es un Dios de vivos sino de muertos.
Nuestro Dios es un Dios que nos quiere como somos, con nuestras alegrías y nuestras penas, con nuestras vida saludable y nuestro dolor… porque en él se supone que superamos aquello que nos aflige. No caigamos en la tentación del ritualismo, pero tampoco caigamos en la tentación de la intransigencia. No abusemos del poder, sea cual fuere este, porque seguro que en ninguna de estas cosas hay vida, sino que hay muerte. E insisto que el nuestro es un Dios de vivos y no de muertos.
Da la impresión, por otra lado lógico, que cómo será el más allá, que qué habrá después de dar el paso que hay que dar; un paso que nadie quiere dar al
que muchos le tienen miedo, otros respeto.... Pero preocupémonos de solucionar la vida que nos ha tocado. Preocupémonos de responder a los buenos deseos, a las caricias, a los abrazos, a los besos.... que son los que hacen que la vida, sea VIDA, por eso todos vivimos más allá de la muerte ya que esta no tiene la última palabra.
Al mal tiempo buena cara. A tiempo de dificultad, de crisis, de soledad, de desgana… que se nos note que el mensaje nos ha llegado, nos ha calado, que somos capaces de discernir en tiempos de mucha broza, el verdadero grano que se siembra en tierra buena, el grano que da fruto, el grano que da vida, porque somos testigos de un Dios de vivos y no de muertos.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 21 de octubre de 2016

LA HUCHA DEL NEGRITO Y OTRAS COSAS DEL QUERER



Bien podría ser el título de una canción y además conocida, pero no. Es el querer de una realidad a la que todos estamos llamados y pocos o casi nadie proporcionalmente hablando cumplimos.

Cuando era más joven que ahora, recuerdo que en el instituto nos ofertaban unas huchas con la cara de un negrito y la hucha ponía, "colecta para el domund". Para nosotros, los chiquillos de aquella época, era un atractivo especial para quedar con los amigos y darse un paseo por la tarde poniendo la hucha delante de la gente y otro colocando en la solapa una pegatina. Esta última, servía para que no te pusieran la hucha dos veces. Nosotros, ninguno entendíamos la palabra Domund, pero pedíamos y no sabíamos por qué.
Creo, gracias a Dios, que hemos cambiado la mentalidad. Ahora el Domund, ya no es la propagación solo de la fe, sino la actitud de los que tenemos que ayudar hacia los que teniendo oportunidades no tienen con qué desarrollarlas. Los negritos no son los seres inferiores a los que contentamos con un euro, o dos, o.... no sé cuantos. Al negrito se le contenta con el ejemplo de quien dice estar convencido de su fe, la pone en practica y además da testimonio de ello.

El lema de este año es " sal de tu tierra", sal de ti mismo, sal de tu entorno y mira a tu alrededor porque en esa periferia tuya hay gente que te necesita, gente que te tiende la mano, gente que busca y quiere encontrar. Salir de la tierra de uno es lo que hacen miles y miles de emigrantes, miles y miles de refugiados que no por placer, sino por necesidad huyen en busca de quien no solo anuncia la verdad, sino que les da acogida, como lo anunció Jesús al final de sus días.
Este fin de semana Jesús nos invita a ver a dos personas rezando: un fariseo y un publicano. Los dos rezaban bien, los dos miraban al cielo, pero lo que les diferenciaba era la sinceridad del corazón. Eso es lo que también nos tiene que diferenciar a los que nos consideramos misioneros, a los que nos consideramos anunciadores de una buena noticia, que no solo pasa por una hucha, pasa por una actitud, por una forma de ser, por una manera de actuar. Salir de la tierra es mirar al cielo y decirle a nuestro Padre que nos acompañe, independientemente del color de cada uno.
La primera lectura de este fin de semana dice que no podemos ser parciales con los pobres, que el grito del pobre alcanza las nubes... y nosotros, en muchas ocasiones no es que estemos sordos, nos hacemos los sordos. No es evangélico que el sufrimiento del hermano no sea el mío. Con razón no creemos tanto en las clases dirigentes pues lo más probable es que su dolor no sea el del pobre y el oprimido.
Pero al mismo tiempo, en las cosas esas del querer, está el querer celebrar una fiesta, el querer vestirnos con los mejores trajes, el querer juntarnos y compartir aquello que sentimos y apreciamos. Juntos hacemos camino y el camino se hace al andar, porque no nos olvidemos que caminante no hay camino en solitario.

Este fin de semana empiezan las fiestas en nuestro pueblo. La fiesta es el sentir apreciar la unión, la elegancia de poder disfrutar en armonía lo que nos une y acompaña. Rafael, medicina de Dios. Rafael aquel que en el camino de la vida se encuentra con todos y cada uno de nosotros para acompañarnos en el devenir de cada día. Los hombres necesitamos del encuentro, de la amistad de las ganas y sin duda la fiesta es una oportunidad para poder conseguirlo.
Que vivamos la fiesta con sinceridad. Que la fiesta, el pueblo sea el punto de encuentro. Que la fiesta sea el lugar donde pongamos delante de Rafael nuestros anhelos y deseos, nuestra pequeñez y nuestra miseria humana. Sin duda si así lo hacemos saldremos curados.
Hasta la próxima
Paco Mira