miércoles, 23 de marzo de 2016

ALELUYA CANTARÁ QUIEN CREYÓ PERDER LA ESPERANZA: UN ACTO EN TRES PARTES

ALELUYA CANTARÁ QUIEN CREYÓ PERDER LA ESPERANZA: UN ACTO EN TRES PARTES
Una de las series de mayor éxito en televisión es El príncipe. No me meto en el contenido, en si está bien o mal. Pero sí he leído hace poco en una entrevista a uno de los protagonistas, a José Coronado que le preguntaban
cuál era el éxito de la serie. El respondía diciendo que el éxito venía dado por dos cosas: la unidad en la serie y por no saber el final hasta el último episodio. Me gustó la reflexión de Coronado, porque creo que se puede aplicar a la semana santa: ¡ somos incapaces de asistir los tres días, como parte de un acto único!.

Es verdad. Hay quien va el jueves y el sábado; quien va el viernes solo; quien va jueves y viernes solo.... y creemos que hemos cumplido con la semana santa. Todavía, después de tanto tiempo, no hemos entendido que la celebración empieza el jueves y termina el sábado por la noche. ¿Qué pasaría si lo hiciéramos todo en un día?: que la gente preguntaría que por qué se habría acortado la semana santa.
Me gustaría que saboreáramos cada día. ¡qué hermoso es el servicio desinteresado reflejado en el lavatorio de los pies!. Viendo la televisión uno comprueba como se pueden lavar pies: ¡cuantos voluntarios acogen con cariño, con ternura, con amor... a los miles de refugiados que llegan a las costas de países donde esperan que les abran los brazos y les den un poco del calor que ellos comparten con otros!.¡ Cuántas personas abrazan, quieren y aman a los ancianos que están cuidando porque la familia no "tiene tiempo para ello"!. ¡cuántos comparten su tiempo con los privados de libertad y que no tienen quien les de una palabra de aliento cuando el abatimiento es grande!. Y lo más probable es que no seamos capaces de decir cómo puede lavar Jesús los pies hoy en día.
Claro, si nos vamos al viernes, la pregunta es clara: ¿cómo puede subsistir una religión fundada en una concepción de Dios crucificado?. ¿Qué hace Dios en una cruz?. Sin duda el Dios crucificado no ser un ser omnipotente, sino un Dios impotente y humillado que sufre con todos y cada uno de nosotros en el dolor, en la angustia y en la misma muerte. Es un Dios al que nuestro sufrimiento le salpica. No existe un Dios al margen de nuestras penas. Es un Dios que nos pone mirando al sufrimiento y abandono de tantos hermanos víctimas de la injusticia y de las desgracias. Los cristianos seguimos dando un montón de rodeos para no encontrarnos con el Dios crucificado. Ojala que nuestro beso al crucificado nos ponga siempre mirando hacia quienes, cerca o lejos, viven sufriendo.
Quizás, ante las situaciones anteriores, muchos creen haber perdido la esperanza. Todo está perdido y nada más lejos de la realidad. Se cantará, como no podía ser de otra manera el aleluya. Un aleluya en la espera contra toda desesperación. La esperanza siempre tiene su premio, por la constancia,
por la ilusión, por la certeza de quienes esperan a que el acto que se divide entres partes toque a su fin. Pero no es el final de nada, es el comienzo de todo. Quizás nos conformemos con haber celebrado lo vivido. Ojala vivamos lo que celebramos. Ahora toca dar el callo. Ahora toca presentar el DNI de la convicción que se llama Jesús de Nazaret.
Déjenme que les diga con el salmista que quien crea que Dios ha muerto que salga a la luz y vea, si el mundo es o no tarea de un Dios que sigue despierto. Ya no es su sitio el desierto ni en la montaña se esconde. Digan, si preguntan dónde, que Dios está sin mortaja, donde un hombre trabaja y un corazón le responde.
No perdamos la ilusión. No perdamos las ganas. No seamos derrotistas y mantengamos la unidad en tres actos. No nos quedemos a medias. No cedamos al terrorismo, pero seamos contundentes. La vida vale más que todo.
FELIZ PASCUA
Hasta la próxima
Paco Mira


viernes, 18 de marzo de 2016

HUMILDAD Y DISCRECIÓN. CLAVES DEL TRIUNFO

Vamos a entrar en una semana clave: la semana santa. Es una semana, que como los disfraces de carnaval, sirve para muchas cosas: para ir de apartamento, para estrenar la playa en Canarias, para viajar, para comer sancocho, etc... y lo más probable es que pocos, muy pocos la utilicen para lo que se ha creado, para un fin religioso, mejor dicho, para conmemorar el sentido auténtico de la fe cristiana: la muerte y resurrección de quien da sentido a la vida de todos y cada uno de nosotros.
  
     Pero este año, el calendario - no se si caprichosamente o no - ha querido que nos detengamos en recordar, conmemorar ... a alguien a quien hay que tocar en el hombro en más de una ocasión para que nos demos cuenta que vive, pues de lo contrario lo más probable es que no suceda de esa manera: José el carpintero, el esposo de María, el "padre putativo", el personaje del que se dice poco o nada en los evangelios, pero que su importancia ha sido vital.
         José es el prototipo de hombre que acepta las decisiones sin preguntar por qué aunque en su interior dude o tema, como por ejemplo cuando le dicen que tiene que asumir a una mujer embarazada de no se sabe quien, pero que no tiene que repudiarla. Me gustaría recordar a tantos y tantos sacristanes de nuestras parroquias, o gente que trabaja desinteresadamente en ellas que aceptan decisiones de los párrocos, que incluso puede que no estén de acuerdo con ellos, pero que por el bien de la comunidad siguen adelante. ¡ cómo no mencionar en mi parroquia a Carmelo o a Ceni!.
         Creo que José, desde su humildad, es también el prototipo  de muchos padres que con su labor callada son capaces de sacar adelante una familia con una circunstancia especial que ellos no han buscado pero que les viene dada. Padres y hombres que desde la discreción son capaces de soportar calladamente las adversidades de un compromiso derivado de una fe religiosa.
         ¡Ay, que la semana santa da para mucho!. Como me imagino que aquella Jerusalém también daba para mucho hace dos mil años. Muchos subían para la fiesta, otros eran curiosos que observaban lo que se movía, otros sencillamente paseaban y... en medio de todo ello unos niños que agitaban unos ramos al paso de un personaje que hoy en día bien merece un recuerdo presencial de quienes nos decimos y llevamos el apellido de cristianos.
         Un personaje, Jesús, al que le va a pasar de todo, pero que como su padre biológico José, con humildad y discreción llegará al triunfo. Un triunfo que como veremos el jueves, no asume pero acepta; un triunfo que exige sacrificio y el asume por voluntad de su padre, porque sabe que el premio final tiene su recompensa.
         Sería bueno que disfrutemos de esta semana. Sería bueno que acompañáramos al que da sentido a nuestra vida en todo su camino hacia la salvación. Seguro y además es verdad, tendremos tiempo a todo. Tenemos tiempo a la playa, tenemos tiempo para los amigos, tenemos tiempo para el relax. Es más. En cualquier sitio que nos encontremos tendremos espacio y lugar para compartir con otros lo mismo que sentimos.
         Unámonos a lo que Pablo comparte que : a pesar de su condición no hizo alarde, al contrario se despojó de sí mismo. Quizás esa es la actitud del cristiano: no hacer alarde para no imponer; despojarnos de nosotros mismos, siendo humildes y discretos... y seguro que entre otras cosas la semana santa nos servirá para vivir la fe en la resurrección.
         Ya, desde este domingo, nos vamos a encontrar con la cruz y con un crucificado. No demos la vuelta. Plantémosle y pongámosle cara. Hoy hay muchas.
         Hasta la próxima
         Paco Mira


viernes, 11 de marzo de 2016

EN LA FÁBRICA DE CURAS: PIEDRAS NO. PERDÓN SÍ

EN LA FÁBRICA DE CURAS: PIEDRAS NO. PERDÓN SÍ
Estamos en el año de la misericordia. Lo más probable es que no nos cansemos de recordarlo a lo largo de lo que dure. Y no nos cansaremos, entre otras cosas porque el Papa Francisco lo recuerda con cierta frecuencia. Le dirá a los curas que no sean acusadores de pecados sino pastores de la misericordia. Qué bonita la frase, pero qué difícil el cumplimiento, sobre todo en quien a veces tiene la "sartén por el mango" y se dirige a los suyos en nombre del Padre, del Hijo y también del Espíritu.
Este año, por el capricho del calendario y al coincidir el día del Seminario con la vispera del Domingo de Ramos, la fiesta de la vocación se adelanta. Y hablo de fiesta, de vocación... porque entiendo que la respuesta a la llamada a la que cada uno se siente invitado, tiene que ser un motivo de gozo, de alegría... porque en el fondo tenemos que ser servidores de los demás.
Una vez alguien me dijo que el seminario era una fábrica donde se hacían curas. La verdad que no ha mentido del todo, pero dicho así parece algo muy banal. Pero siguiendo con el símil, yo diría que es una fábrica que no se si andará cerca de la suspensión de pagos. Una suspensión de pagos, porque los trabajadores cada vez son menos y las retribuciones no siempre son las que uno espera por un trabajo de muchas horas, sin límite en el tiempo y abierto las 24 horas y casi sin días libres.
Quizás las causas por las que cada vez hay menos trabajadores en esa fábrica, las podríamos achacar a la situación social convulsa y en declive que estamos viviendo. Pero a lo mejor sería tranquilizar nuestra conciencia. A lo mejor hay que buscar el grado de compromiso que la sociedad de hoy en día tiene en infinidad de situaciones, entre ellas las del sacerdocio. Habrá que buscarlas en el grado de implicación sin recibir nadad a cambio del mundo actual. Habrá que buscarlas en seguir siendo fiel a un mensaje, a una Persona que a la mayoría de los mortales de hoy, quizás no le diga nada.
Es curioso que el evangelio de hoy (Juan 8) nos presenta una realidad que puede ser hoy la vía de escape para muchos. Hace poco conmemorábamos el día de la mujer y muchas mujeres que se dedican a la prostitución quizás, para muchos, no sean personas con derechos, sino objetos de los que puedo disponer porque por ello pago. En la época de Jesús, era un delito, pero él pregunta ¿quién está libre de pecado?, ¿quién está libre de errores?.¿quién está libre de acusaciones?, pues.... que empiece a tirar piedras, pero .... contra su cabeza.
El Seminario es la fabrica sí de curas, pero también es donde se debe moldear el corazón para la misericordia. Es el lugar donde se debe moldear el corazón para abrirse a los demás. Nunca debe ser el lugar donde habitualmente se dice que no. El seminario ha de ser el lugar que sirva de ejemplo donde salen personas que han de ser fieles para tantos y tantos que buscan un refugio a tantos males que les puedan achacar.
El seminario ha de ser el lugar desde donde se envía a la gente a la reconciliación. Lo más probable que se
encuentren infinidad de situaciones de miseria humana y como decía San Agustín, "frente a la miseria, misericordia". ¡qué bonita frase, qué difícil cumplimiento!.. La prostituta tuvo también su segunda opción.
Ojalá que nuestros seminarios sean espejos de hombres de reconciliación, de perdón, de concesión de segundas oportunidades, de frases como yo no te condeno. Ojalá que nuestros seminarios sean lugares de personas coherentes de vida y de ejemplo. Que sean fieles al estilo de un tal Jesús y que puedan ser espejo donde muchos creen verse y puedan, mediante su ejemplo, sentir una llamada que puede estar escondida.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 4 de marzo de 2016

CORRER PARA ABRAZAR, SIEMPRE ESTA DE MODA


         Estamos en el año de la misericordia. A veces, cuando celebramos las
cosas deberíamos pensar un poco lo que hacemos y celebramos. Seguro que la semana que entra celebraremos el día de la mujer trabajadora, y para muchos será un día más; será un día en que volveremos a levantarnos y nos acostaremos y quizás no signifique más de lo que es; la semana que viene también se celebra el día de san Juan de Dios: muchos harán su vida normal y no pensaremos en exceso en los niños, jóvenes, adultos... que están en una ciudad que lleva por nombre San Juan de Dios.
         Estamos en el año de la misericordia y solamente llevamos tres meses, casi cuatro, desde que lo inauguramos y me da la impresión que la palabra misericordia la dejamos para el diccionario de la real academia española, pero que muchas veces o casi nunca la traducimos a la vida real, en casos concretos, en hechos palpables y en situaciones de la vida diaria. Misericordia, ¡qué palabra más bonita!. No es una palabra más, es la palabra que tiene que guiar la motivación de los que nos llamamos cristianos.
         Este domingo, Lucas, en su capítulo 15, nos cuenta una historia preciosa para entender lo que es la misericordia. Creo que el diccionario de la Real academia, si pusiera esta historia, se ahorraría las definiciones que a veces son indefinición. Es curioso como Lucas habla de un padre, que no dice que no. Un padre al que los hijos, o uno de ellos, lo pone contra las cuerdas y le dice que ¡ya está bien! y que se va. ¡Cuántos de nuestros hijos hacen lo mismo!. El problema está en la respuesta que los padres damos de vez en cuando: "es tu problema, allá tú lo que haces, después no me digas nada...". La historia no está en el hijo, sino que cuando intentan volver, pues.....
         Lo que más me llama la atención de la parábola de Lucas, es la carrera del Padre. Quizás no estuviera bien de vista porque en aquella época las condiciones médicas no eran las mejores, pero seguro que intuyó, seguro que atisbó, seguro que olió a carne de su carne y sangre de su sangre y no dejó que se acercará: echó a correr no a reprochar, sino a abrazar.
         La iniciativa del Padre, es la iniciativa de nuestro Dios. ¡Cuántas veces nos atascamos en papeles burocráticos!. No hace mucho, nuestro amigo Santiago Agrelo decía que no "tienen papeles, pero tienen hambre". El mundo necesita más cercanía, necesita más olor los unos de los otros, necesita más abrazo. El mundo no necesita preguntas del por qué se hacen muchas cosas. Quizás las respuestas no hay que buscarlas en ningún manual. El mundo necesita muchas veces gestos que significan un montón de sentimientos.
         El Padre de la parábola, lo más probable es que no dejó que el hijo hablara. Le diría , " ¡cállate!. No te preocupes. Olvídate de lo sucedido. Báñate, ponte ropa limpia, hagamos una fiesta". ¡No me digan que no es bonito!. Lo más probable es que nosotros pediríamos explicaciones, manifestaríamos nuestras inquietudes, como cualquier padre; lo hizo hasta María "¿Dónde estabas?. Tu padre y yo te andábamos buscando".
         Los abrazos no necesitan palabras de explicación. Los abrazos sinceros hablan por sí mismos. Nuestro mundo necesita de nuestros abrazos. Necesitamos gesticular más y pedir menos explicaciones. Necesitamos ejercer más la misericordia, no por pena, sino porque sentimos que lo que a nosotros nos conviene, también podemos compartirlo.
         No es la parábola del hijo pródigo, es la parábola del Padre que siempre sale al encuentro del que lo necesita. Es la parábola del Padre que siempre tiene los brazos abiertos para abrazar a todo el que lo necesita. Es la parábola que nos permite cantar con el salmista, " gusten y vean que bueno es el Señor". Es que con un Dios como el nuestro, siempre tiene que estar de moda el correr para abrazar.
        
        
         Hasta la próxima
         Paco Mira