viernes, 25 de noviembre de 2016

MORADO, ¿COLOR PARA LA ESPERANZA Y PARA LA CAMPAÑA NAVIDEÑA?



¿Saben?. No sé si felicitarles el año o no. Lo digo porque algunos me dirán que no estamos en la época de ello, que todavía queda un mes y máximo cuando muchos nos quejamos que las grandes superficies, en beneficio económico, lo único que hacen, es adelantar fechas. No me gusta, pero por desgracia habrá que acostumbrarse a convivir con ello. Pero liturgicamente, les voy a decir feliz año.
Pero la Iglesia es diferente. No porque “no quiera ser de este mundo”, sino porque siendo del mundo y estando encarnada en el mundo, utiliza una pedagogía y una metodología que ya quisieran muchos pedagogos que se precian de utilizar los métodos que ella utiliza.
Uno de esos métodos, quizás por novedoso, son los colores. Colores que identifican momentos. Colores que resaltan tiempos especiales. Colores que marcan un camino de fe y que a veces no le prestamos la atención que se merece. Pero a veces me resultan contradictorio ciertos colores, y es que el morado sea el color característico de un tiempo de espera, un tiempo que puede ser novedoso, un tiempo esperanzado, un tiempo de incertidumbre y nerviosismo final. Quizás habría que identificar ese tiempo con el verde, pero no seamos tan ordinarios y lo dejamos para cuando el devenir diario nos lo haga patente.
En este tiempo que ahora comenzamos, el tiempo de adviento me quiero unir a alguien que escribió que “las ventanas se pueden abrir, que cambiar de aire depende de ti.Te ayudará, vale la pena una vez más. Saber que se puede, querer que se pueda. Quitarse los miedos, sacarlos afuera. Pintar la cara color esperanza”.
Creo que Diego Torres no se si estaba pensando en el adviento, pero sí estaba, sin querer, pensando en todos nosotros. Creo que nadie nos tiene que marcar los tiempos en los que nuestra fe nos tiene que mover. Nosotros somos los que tenemos que marcar el tiempo que queremos que se nos note lo que estamos viviendo.
Nunca mejor una explicación que pintarse la cara de color del adviento, de color esperanza. Quitarnos en nuestra Iglesia los miedos de anunciar que el camino que ahora recorremos es un camino que puede tener un color morado en alguno de los momentos, de angustia por alguna de las veredas que podamos transitar, pero que la esperanza de un mundo mejor es posible, porque la luz de la Navidad empieza a dejar el reflejo.
Sigue diciendo Diego Torres, que es mejor perderse que nunca embarcar. La vida nos ofrece continuamente las posibilidades de dar lo mejor de cada uno. Jesús se arriesga a perderse y su desenlace en la cruz puede parecerlo, pero prefiere embarcarse en una aventura a través de María. Y nos invita a ello.
Y nos invita, casi como las grandes superficies, a hacer nuestra propia campaña de Navidad. A veces pensamos que los equipos de marketing no funcionan en la Iglesia. ¡que pena!. Nosotros, en Adviento, tenemos la posibilidad de hacer nuestra propia campaña. Una campaña en la que hay que anunciar, es la llegada de lo que da sentido a nuestra vida. Como nos dice la canción de Diego Torres, aunque ya ves que no es tan fácil empezar, sé que lo imposible se puede lograr. A nadie le resulta fácil y en este tiempo serán los profetas los encargados de avivar nuestra campaña navideña.
Ojalá que la esperanza se nos pinte en la cara. Ojalá que el morado no sea el color que impere en nuestra vida, sino que se difumine para que el blanco reluzca más que nunca.
Amigos, feliz año, feliz campaña navideña del adviento

Hasta la próxima

viernes, 18 de noviembre de 2016

CRISTO, ¿REY?. SI, PERO DE MISERICORDIA

CRISTO, ¿REY?. SI, PERO DE MISERICORDIA
Bueno, se acabó, o no se si mejor decir que empieza ahora. Cuando se acaba un acontecimiento es como cuando uno cumple años: no sabe si los cumple al principio o cuando ya se acaba. El domingo pasado, todas las diócesis, conmemorando el día de la Iglesia diocesana, clausuraban el año de la misericordia. Parece que ya no tenemos que preocuparnos más por la misericordia, porque se ha acabado el año.

Y es curioso que aprovechando que acabamos el año litúrgico, nuestro Papa Francisco, ese que nos dice y les dice a los curas que tienen que oler a oveja, clausura el año de la misericordia. Pues ¡anda que no se ha escrito nada en torno a ello!, justamente el día en que la Iglesia proclama a Jesucristo, a ese Jesús de los caminos polvorientos de Galilea, como Rey del Universo.
Casi me parece una contradicción, pero sí entiendo que como su reino no es de este mundo, pues no es una contradicción. Creo que es hora de hacer balance. Balance de la capacidad que hemos tenido para asimilar un año en el que han sucedido un montón de cosas a nivel social, político, cultural, económico. Un año en que nos encontramos con un pluralismo no solamente religioso, pero que sí influye en el devenir de los que nos consideramos cristianos.

Tenemos que hacer balance de la capacidad que hemos tenido para perdonar, para tener misericordia. A Jesús le preguntaron una vez que cuantas veces había que perdonar y él dijo que hasta setenta veces siete; Hay que hacer balance de las veces que por el perdón hemos servido de puente entre personas que necesitaban una ayuda cariñosa; Hemos de hacer balance de las veces que hemos puesto el hombro para servir de apoyo, o la mano ante una caída inoportuna; Hacer balance de las veces que hemos prestado el oído para escuchar un buen consejo o la boca para decir la palabra oportuna en el momento adecuado. ¡ Que buena es, no ha sido, la misericordia!.
Creo que es el momento de recordar aquella canción, sacada de aquella célebre frase que al atardecer de la vida, nos examinarán del amor, es decir de la misericordia. Por eso el reino de Jesús no es de este mundo, aunque esté en el mundo. Y tanto es de este mundo que acabó con los brazos extendidos en una cruz, no para dar lástima, sino para abrazar a todos aquellos que le buscan con un corazón sincero.
El ladrón que con él estaba en la cruz, le decía acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino. Hoy estarás conmigo. El Reino de Jesús, es el que estamos viviendo, inacabado, pero real. Un reino de justicia, de amor, de paz, de solidaridad, de cercanía, de samaritanos de la vida, de hijos pródigos que se arrepienten y necesitan misericordia, de samaritanos que ofrecen agua al sediento y vestido al desnudo, de pescadores rudos pero valientes a los que no les asusta las contrariedades de la vida. Estamos en el Reino de Jesús, en ese reino de misericordia.
¡ Cuánto nos queda todavía!, pero ahora que vamos a entrar en el adviento no perdemos la esperanza. Nuestro mundo es un mundo lleno de signos de contradicción, pero eso es lo que le hace grande. No pensemos que el reino de Jesús es un reino de pompa y boato, de corte y pajes, de coronas y cetros. Es un reino de humildes, de sinceros, de pobres contentos y alegres, de gente misericordiosa que huele a oveja o a lo que haga falta con tal de ser felices y hacer felices a los que nos rodean por fidelidad al evangelio.
Amigos: celebremos a Jesús rey del Universo, pero del Universo de misericordia, porque no nos olvidemos que misericordia quiero y no sacrificios, aunque alguno haya que hacer.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 11 de noviembre de 2016

MI QUERIDA IGLESIA, ESA IGLESIA MIA, ESA IGLESIA NUESTRA


            No sé si los que tenemos ciertos años nos vamos volviendo más nostálgicos de ciertos acontecimientos o personajes del pasado. Pero sí tengo claro que el pasado nos ha servido para saber donde estamos ahora y sobre todo hacia donde tenemos que caminar. Hace unos cuantos años, entre nosotros , había una cantante llamada Cecilia que cantaba aquello de mi querida España, esa España mía, esa España nuestra", sin duda ella sentía como propio lo que amaba. 
      
      Este domingo celebramos el día de mi querida Iglesia, esa Iglesia mía, esa Iglesia nuestra, el día de la Iglesia diocesana. Una Iglesia que entiendo que no es la propiedad de un señor que vive en el Vaticano, ni la de alguien que en representación de él vive en la Plaza de Santa Ana. La Iglesia soy yo, eres tú, somos nosotros. Somos Iglesia todos aquellos que hemos sido bautizados en un momento determinado y que no nos quejamos ni nos arrepentimos de ello. Si mi Iglesia falla, es porque yo fallo, es porque nosotros no nos ponemos de acuerdo.
            A veces me da pena la virulencia con la que criticamos a esa institución que tiene fallos, que es pecadora, pero que es maravillosa porque a base de caídas, a base de pastores que no son perfectos, a base de cristianos que critican y no quieren corregir.... vamos caminando por un camino por el que todos pasamos y que a veces no es el más adecuado.
            Es verdad que me gustaría una Iglesia que a lo mejor tuviera otros alicientes: una iglesia donde los seglares no solo tengan protagonismo en el papel sino en la realidad; una Iglesia donde la mujer tenga los mismos derechos que los hombres; una Iglesia que condene fallos pederásticos o de soborno... una Iglesia que sepa pedir perdón, porque es una Iglesia humilde y pecadora. Pero es la Iglesia que tenemos, con gente maravillosa, con gente comprometida, con gente entregada y por ello caminamos.
            Claro y a río revuelto, ganancia de pescadores. Seguro que aparecerán muchos que darán soluciones de como tiene que ser nuestra Iglesia. Muchos ni siquiera la pisan o si lo hicieron, fue hace mucho tiempo. También habrá muchos que desde dentro quizás la critiquen, si es para el bien de la misma, bendito sea. No cerremos la puerta a la reflexión y al diálogo, cerremos la puerta a quienes intenten desestabilizar  lo que tengamos de verdadera armonía.
            Seamos agradecidos con las otras Iglesias que desde la diferencia hace que todas nos enriquezcamos; seamos agradecidos con las opiniones de quienes no piensan como nosotros, pero que desde la diferencia nos hacen avanzar en el estudio y en la sencillez.
       
     Me gusta mi pastor, me gusta Francisco que desde la humildad me dice que tengo que oler a oveja, a salir a las periferias y a rezar con los que no tienen lugar para ello. Me gustan los amigos sacerdotes que entregan su vida en favor de los más necesitados; me encantan los seglares, los laicos comprometidos que "pierden su vida para ganar la de otros"... Mi querida Iglesia, esa Iglesia mía, esa Iglesia nuestra". Si todos somos conscientes que la Iglesia es una tarea de todos y no de unos pocos, somos capaces de llevar adelante y hacia buen puerto una tarea maravillosa que empezó hace dos mil años.
            Gracias a mi Iglesia. Felicitémonos todos por lo que compartimos juntos y disfrutamos todos. Es lo que tenemos y es lo que nos toca vivir en el momento en que lo estamos disfrutando.
            Hasta la próxima 

            Paco Mira