viernes, 30 de diciembre de 2016

PIN, PAN....¡SE ACABÓ!

PIN, PAN....¡SE ACABÓ!
         Les digo la verdad que no se si es el mejor título que le puedo poner a la reflexión de esta semana. Pero si echamos la vista a aquel uno de enero del 2016, todos los deseos eran pocos. A algunos ya los tenían cumplidos porque la lotería había asomado a la puerta, otros querían que esos deseos se cumplieran en el año que comenzaba. Miren por donde, que esos deseos, se cumplieran o no, ya no hay vuelta atrás.
    
     Acaba el año y volvemos a repetir el ritual de todos los años. Me pregunto, ¿tan difícil es poner de nuestra parte?. Estoy convencido que siempre que decimos que no podemos hacer nada, creo que no es verdad. Podemos, si queremos, hacer lo más cercano mejor. Podemos, si queremos, que aquello que nos rodea sea de otra manera.
         Es verdad que el año que termina viene marcado por el silbido de las balas, de los actos terroristas, de camiones asesinos contra gente inocente, por resolución de políticas y gobiernos que estaban indecisos, por gente que no ha podido, todavía, salir del paro, por jóvenes que todavía no han encontrado trabajo, por gente que en la curia vaticana quieren ir contra Francisco.... ¡cuántas cosas marcaron el 2016!.
         ¡Cuántas madres han llorado por la no felicidad de sus hijos o de sus familias!. Ahora volvemos a contemplar a María en el inicio del año. Volvemos a contemplar a María poniéndole nombre a su Hijo, poniendo nombre a todos y cada uno de nosotros. María, como Reina de la Paz, María como sufriente por algo que a nosotros se nos antoja imposible y que ella insiste en que la hagamos realidad.
         Lo más probable es que cuando este fin de semana nos hemos puesto los mejores trajes; lo más probable es que cuando este fin de semana hemos levantado la copa de cava; lo más probable que cuando hemos ido tomando las uvas, una a una, e ir acompasando cada una de ellas a los toques de los relojes, procurando no equivocarnos y acabar como marca la tradición.... hemos pensado en algo o en alguien.
         Lo más probable que al acabar las campanadas hemos ido, quizás corriendo, a besar, a abrazar a la persona que más marca nuestra vida.... con el fin de desear aquello que hemos pensado.... y quizás la vida continúe - como cantaba el gran Julio Iglesias - igual.
      
   La vida nos vuelve a dar la oportunidad de 365 días. No son pocos, son todo un año para poder hacer aquello que llevamos insistiendo y que no somos capaces de conseguirlo. Me gustaría que cuando acabe el 2017, fuésemos capaces de recurrir al título del estas letras: "pin, pan... se acabó". Que seamos capaces de decir que aquello que hemos deseado se ha cumplido.
         No queremos ser perfectos. No queremos ser el modelo de nadie, pero sí queremos ser los fieles cumplidores de un Nacimiento que acabamos de celebrar y que no acabamos de dar cumplimiento.
         Echemos la vista atrás, sí, pero corrijamos aquello en lo que nos hemos equivocado. Echemos la vista atrás, sí,  y tengamos la humildad para pedir perdón por aquello que no ha funcionado. Echemos la vista atrás, sí, pero sobre todo a los 365 días que nos quedan por delante, porque son 365 oportunidades nuevas con pensamientos que ya tenemos.
         Dios, en su Hijo, siempre nos dice que nunca es tarde para volver a empezar. Nunca se cansa para comenzar oportunidades que nos tocan en la puerta.
         Sí les digo que FELIZ AÑO, pero les digo Que nunca es tarde para ser felices y en nuestra mano está, en parte, el poder conseguirlo.
         Hasta la próxima

         Paco Mira

viernes, 23 de diciembre de 2016

EN INVIERNO TAMBIÉN PUEDE HACER CALOR

Las estaciones del año la van marcando ciertas fechas que son como muy claras y que en el colegio nos las aprendíamos de memoria. Ha entrado el invierno. Una fecha que se marca en los calendarios, pero que a veces la metereología se encarga de recordárnosla con antelación o a veces más tarde. Una de las características del invierno es precisamente el frío, la nieve, el fuego, los muñecos en la nieve, el calor del hogar, los encuentros esperados, la lotería, el mes de Diciembre.... ¡cuantas cosas marcan al invierno!

Muchos, por los acontecimientos antes mencionados, están deseando que llegue el invierno. Están deseando que llegue el mes de Diciembre. Fíjense que a mí me gusta también que venga el invierno, porque de todo lo mencionado, podemos hacer un mes acogedor, un mes donde el frío puede dejar o dar paso a algo más calentito, un mes donde los encuentros y las situaciones pueden verse y sobre todo, vivirse de otra manera.

Es el mes de los villancicos. Es el mes de la alegría en las calles, en
las iglesias, en las mesas de los hogares... pero... ¿también en Belén?. Yo diría que lo que allí sucede, lo que de allí recordamos... de nosotros depende que el mullido de las pajas de un pesebre sea lo más confortable posible para tantas y tantas situaciones que se dan en la vida.

Creo que mientras existan familias que buscan en los contenedores de basura para llevarse a la boca en unas fiestas como estas, el pesebre no es lo más cómodo que nos podemos encontrar. Mientras en las fronteras de muchos países existan hombres y mujeres esperando a saltar una valla, o a esperar que los gobernantes de turno den la autorización para poder pasar, el pesebre no es lo más adecuado. Mientras siga habiendo violencia de género, mientras siga habiendo unos pocos que se enriquecen a costa de la mayoría sin importarles nada de nada, mientras siga habiendo familias que son desahuciadas por impago al estar en paro, mientras siga habiendo situaciones como la de París, las de Siria... el pesebre no es lo mejor.

Sigo pensando en que si, como dice el villancico, nos asomamos a la ventana cuando suena la campana, vemos un montón de edificios que llamamos penales o cárceles y entendemos que los que están allí no tienen los mismos derechos que nosotros; que si nos asomamos a la ventana vemos a muchos ancianos solos en los asilos o incluso en sus casas sin que nadie les acompañe en esta noche tan especial; que si nos asomamos a la ventana y vemos a
tantos enfermitos en hospitales con la única compañía de un montón de enfermeros pero la familia cantando en casa... creo que algo estamos haciendo mal.

Creo que en el invierno puede también hacer calor. El pesebre lo podemos acomodar nosotros. Jesús, el de Nazaret no nace para quedar bien en un belén que nosotros hacemos en casa o vamos a visitarlo. Celebramos el cumpleaños de Jesús para darnos cuenta que el pesebre en el que María lo coloca es el espejo en el que nosotros tenemos que mirarnos.

Cuando nosotros nos miramos en el espejo nos vemos a nosotros mismos y nos tiramos piropos. Quizás nadie le echa un piropo a un pesebre, a un montón de paja. Encima de esa paja se coloca un niño que en la medida que va creciendo nos va marcando un camino que va a ser duro y que nos invita a no mirar atrás, sino a seguirle hasta el final. Muchos le van a decir que en otro momento se unen al carro, pero su mensaje va a ser radical.

El pesebre será más calentito en la medida en que nosotros asumamos el mensaje de quien se pone encima de él. Fácil es felicitar la navidad, pero difícil es hacer la Navidad. Fácil es enviar una tarjeta con deseos, pero difícil es que los deseos los hagamos realidad.
Ojalá que en nuestras felicitaciones no digamos feliz navidad, sino hagamos navidad.

Mi deseo para todos, de una Navidad en condiciones.

Hasta la próxima

viernes, 16 de diciembre de 2016

"CAMINITO DE BELÉN"

"CAMINITO DE BELÉN"
Déjenme, amigos, que les cuente algo de mi vida de antaño. Cuando apenas siendo un adolescente cogí mi maleta y entre otras cosas con un montón de ilusión, me fui a estudiar
a Madrid, por primera vez, una de las cosas que más me extrañaba, porque no estaba acostumbrado, era que todo el mundo leía el periódico. Es verdad que no había ordenadores, tantos como ahora, no había móviles (creo que ni había ni se les esperaba), no había tablets... y lógicamente lo único que había era periódicos en papel y algunos que casi al abrir las hojas no te llegaban las manos, como el diario pueblo, por ejemplo. Le digo una cosa: devorábamos los periódicos, estábamos ávidos de ellos y era bueno y bonito.
Yo que me dedico a enseñar a otros, que no se si lo consigo o no, soy de los que pienso que faltan muchas asignaturas para nuestros infantes en nuestro sistema educativo y una de ellas debería ser el aprender a tener conciencia crítica de lo que nos sucede a nuestro alrededor y eso sólo se consigue leyendo y leyendo más de un periódico.
Pues fíjense que después de mucho tiempo sigo comprando mi periódico, lo sigo leyendo y... casualidades de la vida, esta semana había una noticia en una esquina, no muy grande, pero que me llamó la atención: "caminito de Belén sin salir de Gran Canaria". Rápidamente me voy a la página indicada y me encuentro con todas las rutas de belenes que se pueden visitar en la isla. Le puedo asegurar que eran un montón.
Y les puedo asegurar que me ha encantado. Me encanta que haya tradiciones que no se pierdan. Que haya tradiciones que invitan a contemplar lo que otros con paciencia, con tesón, con una manos artesanas son capaces de hacer y por ello me acuerdo de tantos que hacen sus belenes, como Dámaso, Ceni etc. . Es curioso que el periódico se haga eco de una costumbre religiosa arraigada en una sociedad cada vez más secularizada. Pero me encanta más que se nos invite, desde el mismo medio, a que no perdamos de vista lo que podemos ver en este mes.
Que bueno que en medio del adviento se vaya vislumbrando, a una distancia no ya muy lejana las primeras casas de Belén. Que bueno que en medio del adviento se nos invite a seguir una ruta que no tiene nada que ver con las firmas comerciales de los grandes establecimientos que casi nos empujan a entrar aunque no queramos. Que bueno que todavía tengamos el tiempo y las ganas, la inmensa fortuna de aparecer en los medios de comunicación aunque sea en una esquina del mismo.
Esta semana, en una de las plazas de mi pueblo, contemplaba a unos niños y no tan niños, disfrutando al lanzar las bombas típicas de estas fechas. Algunas eran de un ruido ensordecedor y lo más probable es que ellos no se plantearan el por qué en esta fecha tiran las bombas y no lo hacen en febrero. ¡Fíjense cuantas cosas hacemos en el mes de Diciembre! y todo para resaltar aquello que es una evidencia y que algunos lo tenemos como norma de vida.
¿Saben?. No tengo claro si los villancicos tienen que ser la música de esta época del año, No sé si Bob Dylan se tiene que llevar el Nobel de literatura, pero sí se que la Navidad nos suele cambiar el paso en el ritmo de todo el año. Si sé que la Navidad marca diferencias y que estas aparecen en los medios de comunicación social y eso no podemos ni debemos callarlo.
No dejemos de visitar los belenes. No dejemos de animar a la gente a que en Vecindario, Cruce de Arinaga, o donde sea, la Navidad siempre es una tiempo nuevo y diferente.


viernes, 9 de diciembre de 2016

GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE

GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE
Cuando hace unos días hablaba del color morado del adviento, daba la impresión de no
querer tener un tiempo de alegría en medio de este color. Y la Iglesia, a través de la liturgia nos lo ofrece este III domingo, llamado el de la alegría, en latín el de gaudete. ¡Qué bueno, que en medio de muchas tristezas o sinsabores, podamos alegrarnos del camino que vamos recorriendo!.
Pero no solamente eso. El color morado, deja paso al color carne, yo diría que al color de cada uno. A un color que nos invita a mirarnos en el espejo y que nos preguntemos cual es el papel que cada uno de nosotros estamos haciendo en el adviento. El camino del adviento es el camino de cada uno. El camino del adviento nadie lo puede hacer por nosotros. Somos nosotros los que tenemos que dejar huella para que otros puedan seguirlo. Triste será que no dejemos huella en el libro de la vida.
Por ello el adviento hay que tomarlo como un proyecto personal, como el color de la liturgia. Un proyecto en el que nadie nos puede suplir porque los caminos se hacen con las pisadas de todos y de cada uno en particular. Un camino de adviento que a veces encuentra un montón de obstáculos, pero sin duda es en la medida en que nosotros seamos capaces de sortearlos, cuando vamos viendo un Belén cada vez más cerca.
Este fin de semana se celebra el día de los derechos humanos. Saben que no me gusta hacer mención a los días porque conmemoran lo que no se celebra ni se cumple y que en el fondo nos hemos viciado celebrándolos. Pero ¡ qué bonito sería que se cumpliera alguno de ellos!. Me gustaría que los bancos dejaran de recrearse en los desahucios y en los intereses abusivos; Me gustaría que todos respetaran la vida humana, que nadie se escude en su propio cuerpo para aniquilar la vida de otro. Me gustaría que nadie se enriqueciera con los alimentos solidarios que otros envían para paliar la escasez de lo que debería ser abundante.
¡Qué bonito adviento, amigos, y qué bonita vista de Belén, si los derechos humanos se respetaran!. Qué bueno sería que el color de la liturgia, que la alegría de gaudete, fuera nuestro color y nuestra alegría. Todos nos encogemos cuando vemos las imágenes de televisión ante desgracias, pero no dejamos de comer por ello.
Juan, desde la cárcel duda. Pregunta quién es el que viene detrás de él. Y Jesús le responde que los ciegos ven y que los cojos andan. ¡Cuántos ciegos recorren con nosotros el camino de la vida!.¡cuántos cojos no pueden caminar con nosotros porque tropiezan en el mismo camino que el nuestro!. Nosotros hemos de ser esa luz que guía los senderos que hay que allanar en el caminar diario.
Ya ven que el trabajo que nos queda por hacer es mucho. La tarea que tenemos que realizar es grande. Pero ojo: no nos precipitemos más de la cuenta. Santiago, en su carta nos dice que tengamos paciencia como el
labrador espera la lluvia. Es verdad, a veces, las prisas no son buenas consejeras.
Ya vemos que la alegría del gaudete da para mucho y para muchos. No vivamos la tristeza del adviento a pesar de las dificultades que la vida nos oferta de vez en cuando. Un saludo cariñoso para todos aquellos que en este tiempo están viviendo la amargura de las inundaciones. Es una prueba más de la grandeza de la vida, con sus alegrías y con sus dificultades. Ojala que el adviento nos ayude a la solidaridad y a la fraternidad.
Hasta la próxima

viernes, 2 de diciembre de 2016

LA CONVERSIÓN, ¿PRODUCTO BLACK FRIDAY O DE BOUTIQUE?

LA CONVERSIÓN, ¿PRODUCTO BLACK FRIDAY O DE BOUTIQUE?
Uff, ha sido una semana intensa. Semana llena de emociones, algunas como muy encontradas e incluso dispares. Las emociones más llamativas de esta semana incluso marcadas por el dolor, el sufrimiento por la pérdida de un ser - para algunos - querido, marcadas por la muerte. Una semana en la que se han ido, nos han dejado, dos pesos pesados de la historia nacional y mundial. Por un lado Rita y por otro Fidel.
¿Saben?, me acordé de la frase del evangelio, que si el grano de trigo no muere no da fruto. Para una parte del pueblo cubano, la esperanza del adviento político puede dar paso a una libertad con la que habían soñado desde hace tiempo, y por otra se ha acabado una parte oscura de un político al que se había señalado con el dedo. En ambos casos surge el renacer de, como dije antes, una esperanza llena de ilusión, de ganas, de esfuerzos....
Casi como los cristianos. Estamos camino de la Navidad. Estamos camino de que Jesús deje de cumplir promesas y se haga realidad para marcarnos un camino que todos estamos deseando. Para ello nos manda por delante uno de sus grandes precursores, a Juan, el Bautista que nos oferta un regalo que se me antoja que no es del Black Friday?
Juan nos habla este finde de conversión, de darle la vuelta al calcetín de nuestra vida para poder tener claro que nuestra vida no puede seguir como hasta ahora, entre otras cosas porque aunque el Verbo se haga carne, lo hace en un lugar limpio, aseado... no en una pocilga personal donde la limpieza del corazón brille por su ausencia.
La conversión es un producto no de Black Friday, no es un producto de rebajas donde todo vale. Es como si yo voy a comprar un regalo y no pienso en la persona a la que yo le voy a regalar algo, y regalo aquello que a mí se me antoja con la realidad de fracasar en el intento. La conversión ha de ser una apuesta personal por la que estamos dispuestos a ser de otra manera, que estamos dispuestos a trabajar por un mundo mejor del que tenemos y en el que tienen cabida todos aquellos por los que luchamos y queremos.
La conversión que predica Juan es la que llama directamente al corazón de todos y cada uno de nosotros. Que llama a lo más íntimo y personal de cada uno. Que llama al motor primordial que mueve todas y cada una de las acciones que nos llevan a abrir los brazos de la solidaridad, y de la fraternidad.
La conversión es un producto caro. No es un producto de rebajas. No es un producto de regateo como el que compra en un mercadillo de oportunidades. Sí, la conversión, es una oportunidad para abrir a infinidad de oportunidades. Es una de las grandes opciones del adviento que nos prepara y que nos lleva hacia la luz de la Navidad..
¡Qué bueno sería que los cristianos ofertáramos en estas fiestas dosis de conversión!. Pero que ofertáramos dosis que pudieran ser creíbles y que la
gente estuviera haciendo cola para quitárnoslas de las manos. Por desgracia a veces pienso que nosotros no somos los mejores ejemplos de conversión, sino de todo lo contrario y que quien nos ve tocará en otra puerta donde le puedan ofertar algo mejor.
Me estoy imaginando a Juan, el Bautista, quedándose afónico gritando a los cuatro vientos lo que merece la pena. Hoy nosotros ya no estamos afónicos, ya no nos quedamos roncos de tanto propagar que el único y válido camino para la Navidad parte por la conversión de todos y cada uno de nosotros. Pues nada,
Hasta la próxima


Paco Mira