viernes, 29 de diciembre de 2017

DE UNA FORMA O DE OTRA, LAMPEDUSA Y FIN DE AÑO, HUELEN

Dicen los grandes chefs de la cocina que los sabores no se deben mezclar, entre otras cosas para que
los platos no pierdan su propia identidad. También es cierto que esos grandes chefs, con sus pruebas, sus experimentos, sus innovaciones, etc... son los que van marcando la pauta degustativa de tantos y tantos platos que incluso por su precio a veces son inaccesibles.
No se si con los olores pasa lo mismo: si nos pasamos en un perfume no hay quien aguante a nuestro lado por aquello de que hemos gastado el tarro en todo el cuerpo; pero si no nos lo echamos pues probablemente menos limpio, nos pueden decir de todo. A veces los olores se confunden y desgraciadamente nos confunden. Esa mezcla nos puede llevar a no gustarnos como olemos o como huelen los demás.
Este fin de semana también huele. Huele lo viejo, lo rancio, lo que ha pasado... el año se termina y quizás echemos la mirada hacia atrás y queremos volver a inhalar aquellos olores que nos han marcado en un momento determinado; quizás queremos volver a sentir la fragancia de tantos acontecimientos que nos han marcado en el 2017. Pero este fin de semana también huele a nuevo, a lo que viene, a lo que estrenamos. Huele a uva con deseos de tantas y tantas cosas que probablemente a finales del mes que viene ya nos hemos olvidado de lo que habíamos deseado.
Pero claro, este fin de semana también tiene que oler a salado, a salitre que significa libertad, a salitre que supone sueño y esperanza. Huele a esa mirada perdida en el horizonte de cualquier orilla que me hace imaginar lo que no se si soy capaz de alcanzar algún día.
Lampedusa, ya no solo es un lugar geográfico. Lampedusa es el símbolo de la libertad arrebatada y al mismo tiempo soñada. Por Lampedusa han pasado infinidad de situaciones, de expresiones, de anhelos, de ganas, de rabia contenida, de ilusiones, lágrimas.... pero siempre será el símbolo de lo que puede ser y que tengo que forjarme.
La cruz de Lampedusa es el símbolo de la libertad, de la lucha, de la entega. Cruz, en este caso, es igual a patera, a ojos temerosos y llorosos; a ojos abiertos al máximo para poder tener la referencia de lo que queremos, ojos que sin hablar, te/nos están diciendo: soy tu hermano, ¿no me conoces? Esa referencia ha nacido - hace escasamente una semana - en un pesebre y es lo que nos tiene que llenar de esperanza para el 2018.
Este fin de semana se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Un lugar donde se forjan también muchas ilusiones y donde también notamos muchas carencias. Tenemos que enseñar a nuestros hijos ese olor a patera salitrosa como posibilidad de compartir y ayudar. Tenemos que enseñar a nuestros hijos aquellos valores nacidos en el seno de un pesebre y que nosotros decimos que tenemos por válidos. La cruz de Lampedusa se llama Aylan y tantos y tantos que han de dejado sus vidas en las orillas de las costas, incluidas las nuestras; La cruz como símbolo de libertad.
Cuantas veces en nuestras familias nos lavamos las manos cuando tenemos que testificar delante de los demás de que somos cristianos: si quieres que nos llevemos bien, no hablemos ni de política ni de religión", ¿por qué?, ¿dónde está el error?. ¿Dónde está nuestra sabiduría familiar que ya ni
nos hablamos porque las nuevas tecnologías han reemplazado nuestras conversaciones, aunque a veces discutiéramos por y con ellas?
La catequesis la llevan los abuelos, la clase de religión a veces nos apuntamos pero la seguimos considerando como maría.... y después preguntamos, ¿dónde están los jóvenes en nuestras celebraciones?.¡ Parece que olvidamos que la educación es de la familia, especialmente de los padres!
Probablemente estarán en las fiestas del domingo, claro que eso es bueno, pero no nos olvidemos a la hora de levantar una uva, una copa de champang, de pedir aquello que nos conviene, de lo que tenemos claro. No nos quedemos con el olor a rancio, sino que perfumémonos con los nuevos olores que nos da un nuevo año en familia. No nos olvidemos que comenzamos el año pidiendo por la paz, ¿será posible?
Lo dicho, Feliz año
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 22 de diciembre de 2017

GRACIAS MARÍA POR PARIR LA VIDA

Los que somos padres, entendemos el proceso de gestación de un hijo. Nuca mejor dicho que “cuando seas padre, comerás huevos”. Ilusión, incertidumbre, miedo, ganas, sonrisa, dolor, preparativos…. Todos son ingredientes de una maravillosa aventura cocinada con grandes dosis de amor y felicidad, aunque los avatares del futuro nos dejen la crianza en una cierta incertidumbre.
Pero claro, cuando sin querer, sin espera, y en parte con miedo, eres parte integrante de un proyecto que no has escogido, da la impresión que las opciones de futuro no son las mejores. Creo que es lo que le pasó – en parte – a María. Es el prototipo de un no pero si. María es el sí pero no, y al final el no pero si. Es la duda de quien tiene que aceptar un proyecto que no conoce, pero que se fía de quien le oferta las mejores garantías. Es más, el ángel le dice no temas, ¿a qué tenemos miedo nosotros en relación a Dios?. Déjenme, con permiso de María, recrearme en esa escena:
Alégrate, el Señor está contigo. Los evangelistas no dudan en llamar a María “predilecta” por ser la elegida para llevar a cabo el don más maravilloso del amor de Dios por la humanidad: la encarnación. El sí de esta mujer sencilla no fue motivado por el fervor del momento, su sí fue motivado por la certeza de que Dios estaba presente en ella. Dios le da una misión, la asocia a su plan de salvación y para ello le garantiza su presencia.
Alegrémonos, el Señor está con nosotros. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pasado momentos difíciles. No obstante, los discípulos de Jesús no nos podemos resignar ante las dificultades y, mucho menos, quedarnos quietos cantando lamentos. Como María, estamos llamados a decir nuevamente sí al proyecto de Dios, a estar alegres y llenos de esperanza porque Dios está con nosotros. ¡No dejemos que nos roben la alegría ni secuestren nuestra esperanza! Dios sigue presente en la historia y nosotros, su pueblo, con nuestros aciertos y errores somos sus testigos. Tenemos un gran potencial para ayudar a hacer de este mundo un lugar de vida, verdad y paz.
Concebirás y darás a luz un hijo. María, hace 2000 años, con su sí, abrió los espacios de la humanidad para la presencia de Dios en la historia. Hoy, 2017 años después, el Señor nos invita a nosotros a crear las condiciones de posibilidad para que la humanidad abra de nuevo un lugar al Dios que se hace hombre en Jesús. Nuestra forma particular de “concebir y dar a luz” se concreta en nuestros esfuerzos por hacer presente a Jesús y el Evangelio en todas las realidades humanas. Los discípulos de Jesús creemos que los valores del Evangelio son una buena noticia y una palabra pertinente que puede ayudar a dar a luz una nueva humanidad. En esta tarea cómo nos gustaría contar con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sin distingo de razas, lenguas o religiones, tendiendo puentes de reconciliación por donde pueda transitar la vida.
Soy virgen… para Dios no hay nada imposible. María, ante el encargo de Dios, expresó su limitación: no conozco varón. La respuesta no se hizo esperar: para Dios no hay nada imposible, fíate. La misión que tenemos por delante en esta hora de la humanidad, aunque es ilusionante, no es fácil… hay muchas heridas por curar, muchas relaciones rotas por restaurar, muchas vidas “descartadas” por acoger, mucha paz por construir, etc. Como María, le decimos a Dios que somos limitados y que la misión nos supera. Sin embargo, ante el grito de nuestra limitación, aparece la confianza de Dios en el hombre pues Él, como fino artesano, puede sacar lo mejor de cada uno de nosotros y ponerlo al servicio del Reino. Nada es imposible para Dios, nuestra fragilidad se vuelve fortaleza cuando abrimos espacios y dejamos que sea Él nuestra fuerza.
¡Hágase! El sí de María es un acto total de confianza, entrega y abandono en las manos del Padre. Hoy nosotros podemos… Hoy nosotros queremos decir sí a Dios. Le pedimos que irrumpa en nuestras vidas para que, con ilusión, esperanza activa, creatividad, valor y entusiasmo podamos hacer presente una vez más a Aquél que desde el portal de Belén nos enriqueció con su pobreza y es la luz que ilumina el nuevo amanecer de la humanidad.
Ante el nacimiento del Niño Dios en Belén pidamos a Dios que inunde de sí nuestras mentes y nuestros corazones para que, hoy como ayer, podamos decir ¡Feliz Navidad!

Lo dicho, FELICIDADES
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 15 de diciembre de 2017

CINCUENTA DE AÑOS DE GAUDETE


Nos guste o no, creo que cumplir años no es malo. Nunca he entendido el por qué nos quitamos años, o cuando nos preguntan por ellos siempre nos quitamos alguno. Es como si estuviéramos de rebajas todo el año. Es verdad que a algunos, cuando los vemos, no aparentan los años que tienen y otros tienen y quizás más de los que el calendario les va marcando. Pero creo que la procesión va por dentro y cada uno sabe como se encuentra. Por ello - siempre se dice - que lo importante no es lo que se ve. Bueno y otros dirán que la cara es el reflejo del alma, ¿en qué quedamos?.
Este fin de semana, la Iglesia cambia el morado por el color carne. Hemos dejado a un lado la austeridad que parece caracterizar el
tiempo de adviento, para tomar un poco de respiro y pasarnos al color carne. Casi diría al color de cada uno. Y lo digo porque algunos en el color que ven este fin de semana no ven el color carne, otros sí queremos verlo. También es verdad que muchos seguirán con el morado de turno.
Este fin de semana, el evangelio nos propone, de nuevo a Juan el Bautista. Los más allegados le preguntan qué deben decir de él si llega el caso. Y él responde, "una voz grita en el desierto: preparen el camino al Señor, allanen sus senderos, porque detrás de mí viene alguien a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias".
Pero este fin de semana: Manuel Hernández, Gonzálo F. Parrilla, Antonio F. Parrilla, Santiago, Antonio Perera, y alguno que ya está en manos de Padre Dios (como los dos Pedros, Monzón y Suárez), quizás sean también la voz que clama en el desierto, la voz que llevan cincuenta años diciendo que ellos no son, pero que hablan en nombre de quien no merecen desatarle la correa de las sandalias. Si, como decía al principio, cumplir años es una virtud y un gran acontecimiento por estar con vida y ver lo que nos depara esta, el llevar cincuenta años de cura no es para menos.
Quizás ser médico, contratista, marino mercante o licenciado en la play cuatro tiene como reconocimiento un título que nos enmarcamos y colocamos en la pared más visible de la casa para que todo aquel que llega pueda contemplar lo grandioso que somos. Pero quizás ser cura, convivir y compartir con los más pobres; administrar sacramentos que inician, ratifican y despiden a los hermanos de una comunidad; acompañar a los más jóvenes en el discernimiento de sus vidas y decidirse por aquello que más le conviene... no tiene un título que poner en la pared de no se sabe qué casa porque no la tienen como propia y no siempre es la misma. Es por ello que a veces es una voz que clama en el desierto.
Una voz, que el en domingo de Gaudete, de la alegría, del color carne de cada uno nos invitan a allanar los senderos, a mirar y preparar lo que nos tiene que acoger para celebrar la llegada del gran Jesús de Nazaret. No son o no fueron los Mesías, pero sí fueron y son los profetas que desde su tiempo han intentado hacer lo mejor posible su tarea encomendada hace cincuenta años.
A algunos los he tratado más que a otros. Con algunos he tenido más confianza que con otros, pero sí he de reconocer que la humildad ha sido la bandera que siempre han ondeado en todos y cada uno de los quehaceres. Su saber estar ha sido y es el motor que impulsa sus vidas en todos y cada uno de sus actos.
No hace mucho, hablando con un seminarista, le preguntaba que qué le parecía que un cura cumpliese cincuenta años de eso, de cura. Me respondía, Paco es todo un reto. Y es verdad. Los retos, a veces, no son imposibles de cumplir, pero son metas a las que hay que alcanzar y que se pueden llegar en todos y cada unos de sus momentos.
Por ello, en el domingo de la alegría, creo que es un motivo para toda la Diócesis de alegrarnos por los cincuenta años de estos hermanos que lo único que hicieron es ser fieles a un compromiso que iniciaron hace cincuenta años.
Lo dicho, FELICIDADES
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 8 de diciembre de 2017

ESPERANZA TAMBIÉN SE ESCRIBE COMO JOC

ESPERANZA TAMBIÉN SE ESCRIBE COMO JOC
¡Es lo que tiene la esperanza: la posibilidad de segundas oportunidades!. Probablemente si viviéramos en situación de provisionalidad dentro de la esperanza, seguro que las oportunidades de aparecer de nuevo, de tener nuevos retos, de tener nuevas probabilidades... nos harían vivir mejor las situaciones por las que la vida en determinados momentos nos oferta.
Eso es el Adviento: la posibilidad de poder volver a empezar, de allanar lo escabroso, de enderezar lo torcido... de preparar el camino al Señor. ¡ Cuántas veces pensamos y decimos: "si volviera a nacer..." y es curioso como Dios, como cualquier Padre, siente la necesidad de volver a invitar a sus hijos a comenzar de nuevo, a no decirles que el tiempo se ha acabado, sino que el tiempo que vivimos es el que nos toca y hay que aprovecharlo
Esta semana la Palabra de Dios nos invita a hacer nuestra una
nueva actitud que se suma a la de la vigilancia del domingo anterior, preparar los caminos para el Señor que viene. Ésta, que es una actitud más activa, la podríamos desarrollar en dos ámbitos distintos pero complementarios: primero, a nivel comunitario, al construir entre todas y todos las condiciones de posibilidad para que este mundo se parezca más al mundo soñado por Dios en la primera hora de la humanidad. Segundo, a nivel personal, cuando reconocemos con humildad que hay aspectos de nuestra vida que nos gustaría cambiar pues son obstáculos que impiden que Dios nos habite plenamente y que sea su modo de proceder, sus criterios y sus valores los que den sentido y forma a lo que somos y hacemos. Quisiera invitaros a centrar la reflexión sobre este segundo nivel que, a la postre, se convertirá en punto de partida para el primero. A modo de ejemplo, si en nuestros corazones no hemos hecho espacio para el valor de la justicia, ¿cómo podremos ser constructores de un mundo justo?.
Probablemente es lo que la JOC estuvo haciendo este fin de semana larguísimo en Gran Canaria. Las Juventudes Obreras Cristianas son las oportunidades que la vida nos ofrece de que el Adviento todavía, en el siglo XXI, sigue siendo posible; La JOC es la realidad concreta de que la esperanza en la Iglesia no está agotada y que todavía sigue siendo posible; La JOC es la realidad más concreta que todavía hay jóvenes que sienten y creen que la utopía del Reino sigue siendo posible.
La JOC es la realidad patente que ya anunciaba Isaías ochocientos años antes de un tal Jesús de Nazaret: que hay que allanar los senderos y enderezar lo escabroso. Las Juventudes obreras, en su realidad cotidiana, son la prueba real y feaciente de que el reino de Dios es posible en un mundo donde la realidad espiritual no es lo más abundante.
En este Adviento podríamos iniciar un camino de salida de nuestro propio amor, querer e interés e implicarnos afectiva y efectivamente en la vida de los otros. Cuando damos cabida al nosotros, a los rostros y las historias de las personas con las que estamos llamados a construir el reinado de Dios, aquí y ahora, es posible que el cielo nuevo y la tierra nueva que nos dice la carta de Pedro sean, más allá de un anuncio de los bienes futuros, una realidad que alienta nuestra espera.
Muchos de nosotros podemos tener la tentación de vivir como surfistas, de pensar que en el disfrutar las sensaciones fuertes que nos genera el estar en la cresta de la ola es suficiente para tener un horizonte de felicidad. Esta
tentación puede llevarnos a vivir preocupados solamente por el gozo y el placer efímero, por los logros a corto plazo, por vivir el día a día sin preocuparnos e interesarnos por un mañana mejor para todos. Hay vida más allá de la Liga de Fútbol y de los Reality show con las que nos estamos anestesiando.
En este Adviento podríamos atrevernos a bucear e implicarnos en las transformaciones hondas, tanto a nivel personal como comunitario, que nos demanda el proyecto de Jesús. La complejidad de la actual situación mundial: guerras, hambre, fundamentalismos violentos, corrupción, paro, etc., no se puede solucionar con medidas superficiales, requiere de personas que sean capaces de escrutar las causas estructurales y que se atrevan a proponer alternativas, aunque éstas no gocen del favor popular. ¡Qué bueno sería cambiar la tabla del surf por el oxígeno del evangelio que nos permite entrar en contacto con la profundidad de la vida!. Estoy seguro que la JOC lo está intentando. Felicidades por ello

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 1 de diciembre de 2017

EL ESPERANZÓMETRO

                                    
Les confieso que fui al diccionario y no encontré la palabra que inicia esta reflexión. Pero claro, si uno lee ciertas informaciones tendría que estar en el diccionario: ¡cuantas veces hemos oído que la esperanza de vida es de....!. Y yo me he preguntado si la esperanza se puede medir y si es así, cómo se llamaría el aparato que la mide. Le he puesto ese nombre, pero si hay alguno que encuentre otro mejor, pues fenomenal.
Se preguntarán por qué hablo de esta palabreja y es que vamos a entrar en tiempo de esperanza. Uff, ¿pero eso no es todo el año?, probablemente, pero es que los cristianos hemos acabado el año y ahora vamos a empezar uno nuevo sin campanadas y sin uvas, pero con los deseos de las pilas cargadas de esperanza de poder ser un tiempo nuevo y por supuesto un tiempo mejor.
Entramos en el adviento, tiempo por esperanza del año litúrgico, pero claro, ¿los tiempos que corremos tienen visión de esperanza?: paro, guerra, gente que duerme en la calle, las pensiones en la cuerda floja porque la hucha se ha vaciado, la economía va creciendo muy lentamente pero en nuestros bolsillos no se nota mucho.... ¿hablamos de esperanza?.
Muchos, ante las dificultades, pueden pensar que Dios es un Dios lejano, ausente, pero Él ha estado presente animando y fortaleciendo la esperanza de las víctimas, sufriendo con ellas y alentando los esfuerzos de quienes, yendo a contracorriente de los mercaderes de la muerte y la exclusión, han dedicado sus vidas a la construcción de la sociedad de hermanos y hermanas soñadas por Dios. ¡el Dios de la vida y de la misericordia ha estado, está y estará siempre en medio de nosotros!. Es un Dios-con-nosotros.
A muchos, a mí el primero, me encanta el adviento. Y me encanta porque me hace soñar en que el tiempo que viene es un tiempo mejor que el que tenemos y eso me/nos hace o nos debería hacer ver la vida de otra manera, de otra forma y de otra manera. Es un tiempo, como ya vaticinaba el gran Isaías, de allanar senderos y de enderezar lo escabroso y que nos permite eliminar obstáculos que impiden que Dios esté presente en nosotros.
Pero el adviento es un poco como el faro, el vigía que avisa y que como la parábola que leíamos no hace mucho, nos hace estar en vela, no vaya a ser que nos pille en "fuera de juego" ahora que está tan de moda en el mundo del deporte. Tenemos y hemos de estar en vela, para ofrecer los mejores materiales para la construcción del un belén creíble. Un belén del que muchos se quejan que no es el adecuado tal y como lo ha vivido un tal Jesús de Nazaret. Seguro que si construimos ese belén, estemos haciendo la verdadera Navidad.
Probablemente para hacer bien esa Navidad y en este adviento quizás sea bueno revisar nuestra vida, ahora que acabó el año y comenzamos uno nuevo. Qué hicimos que no tengamos que volver hacer; tenemos - quizás - que remover todo aquello que impide la verdadera presencia de Dios, no solamente en nuestras vidas, sino en la de aquellos que nos rodean y sobre todo renovar la vida con ilusión abriendo espacios para volver a Jesús y a la alegría de su evangelio.
Dificultades vamos a encontrar un montón. Desesperanzas también, pero nuestro esperanzómetro mide la capacidad que tenemos nosotros de insuflar lo que otros, por las circunstancias de la vida, no tienen. Los cristianos tenemos que ser cristianos de esperanza ya que esta es lo último que perdemos. Los cristianos tenemos que tomarnos las uvas del deseo de un nuevo año mejor que el que hemos acabado, pero sobre todo tenemos que marcarnos objetivos reales como la propia vida de Jesús de Nazaret.
Feliz año en el adviento.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 24 de noviembre de 2017

¿QUÉ ES UN REY PARA TÍ?


La casa real española, en colaboración con el ministerio de educación y en un momento determinado del año, hace un concurso, a nivel nacional, en colegios, para que los niños expresen algo tan ingenuo, pero al mismo tiempo complicado como "¿Qué es un rey para ti?". Las respuestas tienen como premio el ir al palacio de la Zarzuela y de la mano del mismísimo rey, D. Felipe VI, se le entrega un presente al chiquillo para regocijo de los padres que se gastan una fortuna en trajes para que sus hijos salgan lo más guapos posibles, porque por un día serán famosos y además quedarán para los anales de la historia.
Por otra parte, ese mismo rey que entrega el premio, nos dará un discurso de Navidad en la que hará un repaso por los avatares nacionales que a lo largo del año hemos vivido. Avatares que en alguno de los casos pueden ser muy buenos, pero que siempre habrá una chinita en el zapato que estropee los buenos augurios.
Bueno y si en el plano cristiano nos preguntaran a nosotros, a los que vamos a misa todos los domingos, a los que trabajamos en alguno de los grupos de la parroquia, a los que colaboramos con alguna ONG, nos preguntaran "¿qué es un rey para ti", ¿cuál sería nuestra respuesta?. ¿Qué tipo de rey se presenta ante Pilato?. Probablemente un rey ensangrentado, azotado, con fiebre, diarreas, casi que no se mantiene en pie, desnudo.... ¡que diferencia con el rey que vemos en la televisión con su camisa inmaculada, su corbata a juego con el traje, con un peinado de peluquería.....
Es curioso que probablemente al rey del siglo XXI le ayuden a escribir el discurso, porque probablemente no podrá decir más de lo que tiene que decir por aquello del protocolo y además no sea que vaya a herir a alguien. Nuestro rey cristiano, en su discurso, se acuerda de los que tienen hambre, de los que pasan sed, de los inmigrantes, de los que están encarcelados, de los que no tienen derecho a una sanidad justa o a una vivienda digna, de los que acuden a los comedores sociales y de los que no tienen la posibilidad de cambiarse de ropa con frecuencia..
Nuestro rey cristiano es el que cumple a rajatabla las palabras de Francisco el de Asís "... y si es necesario, díganlo también con palabras", por ello cuando tiene el diálogo con Pilatos y éste quiere sacar algo en limpio, su respuesta es casi siempre la misma: el silencio. ¡cuánto tenemos que aprender de discursos y de reyes!, ¡cuánto tenemos que aprender de abrazar, de sonrreir, de llorar con el que llora, de pasar la mano por el hombre y con un silencio significativo caminar al lado del que lo necesita.....
Me vuelvo a preguntar, ¿qué es un rey para mí, para ti?. Se nos acaba el año, el año litúrgico y probablemente habría que tomar las uvas, por eso el rey, el que decimos que es nuestro, nos muestra su discurso (Mateo 25,31), y en esas uvas habrá que pedir - para no perder la tradición - no uno, más de un deseo, ¿cuál será el nuestro?.
El reino de Jesús, de nuestro rey, es un Reino de Vida, por lo tanto no tiene cabida la muerte, el tráfico de armas, las guerras, el narcotráfico, la violencia de género o machista. Es un Reino de Justicia, una palabra que nos llena la boca, pero que probablemente no todos sabemos pronunciar en su justa medida. Una justicia que implica la obligación de repartir las riquezas equitativamente sin distinciones entre el norte y el sur: los países ricos no han
de ser depredadores de los países pobres. También es un reino de Verdad, que hace transparente los corazones de los hombres y en el que no hay - por tanto - lugar a la manipulación de la verdad.
Me gusta vivir en ese, en este Reino. Al acabar el año litúrgico también es el día de las familias, esa comunidad de vida y de amor, donde se cuece lo bueno del futuro con la esperanza de un adviento ya en las puertas de la vida de cada uno. Apuntémonos a lo complicado del reino, sin alfombras rojas ni guardaespaldas, sin coches blindados, pero con la sinceridad de un corazón puro y limpio.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 17 de noviembre de 2017

SER POBRE ES UN TALENTO VIRTUOSO

Desde que el hombre es hombre, siempre ha sentido la necesidad de tener modelos de identificación; siempre hemos sentido la necesidad de mirarnos en el espejo de alguien y, si me lo permiten, hasta copiar alguno de los talentos o formar de ser o de estar. En mi infancia, como en la de muchos, nuestros espejos normalmente eran
profesiones espectaculares: quería ser bombero, policía... hoy, quizás, en los tiempos que corremos, no sean profesiones en las que mirarnos, pero sí sigue habiendo personas en las que la gente, especialmente los jóvenes, se miran: algún jugador de fútbol, algún músico, alguna presentadora televisiva, etc..
Pero a todo esto ayudan las redes sociales, los medios de comunicación, su rapidez y su propagación. No hay más que mirar la televisión para ver la competitividad de algunos concursos, en los que se premia el valor, el saber, la rapidez... y ¡uff, cuánto talento hay en la vida!
Pero me resultó curioso que nuestro querido Francisco, nuestro Papa, declare la I jornada mundial del pobre. Algo que ya estaba instituido, pero que él quiere trasladar al domingo, como si este día de la semana tuviera algo de especial que los demás días no tienen.
Probablemente. Siempre digo que cuando se celebra la jornada mundial de algo es que hay alguna cosa que falla.
En esos modelos de identificación de los que hablaba antes, esos espejos en los que nos miramos, creo que nadie quiere ser pobre. Ninguno nos miramos en los espejos de los pobres, entendiendo por estos los que materialmente no tienen nada y hay unos pocos no solamente en el mundo, sino que probablemente en la familia, en algún lugar cercano a mi casa, etc...
Pero ¡fíjense!: creo que ser pobre es una virtud. El que se despoja de sí mismo se llena de otros, con otros y por los otros. El que nada tiene se entrega a los demás y se convierte en el mayor de los talentos puestos al servicio de otros. De nada nos sirve tener una pared llena de todos los títulos posibles, si solamente son para orgullo personal y el más absoluto de los egos narcisistas. De nada sirve si las puertas de mi vida, de mi estatus... tienen que pasar por un montón de filtros y me olvido del ser humano que tengo enfrente.. Siempre me acuerdo de un alcalde que decía que los martes son para el ciudadano y siempre tenía cola sin pedir cita previa.
¡ Que sabio el Papa: jornada mundial del pobre!. Ser pobre, como donación personal, debería ser un ciclo formativo. Algo que ciclicamente nos tiene que formar en la carrera de la vida, de nuestra vida, de la vida de cada uno de los que decimos que creemos y vivimos la vida de Jesús de Nazaret.
Busquemos, según los talentos que tiene cada uno, a nuestros pobres: a los ausentes de diálogo, a los que la sociedad ha apartado de la convivencia social por errores en la vida; a los ausentes de amistad y de cariño y simplemente desean que se les pase la mano por al cara; a los que viven en la más absoluta de las soledades... seamos pobres para que sin soberbia ni orgullo personal seamos capaces de abrirnos, para dejarnos acompañar, para también sentirnos necesitados de los otros.
A diferencia de los concursos de televisión, nuestra vida no es un concurso de talentos, sino que un día compareceremos ante Dios para darle cuentas de nuestro actuar y sobre todo si hemos tenido la capacidad suficiente para amar. Pongamos en práctica nuestros talentos, sin miedo al compromiso
por el Reino, para poder escuchar al Señor cuando nos dice muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor, pasa al banquete de tu Señor".
Los pobres, en esto, son los que nos llevan la delantera. Pongamos en casa, si no lo tenemos ya, un espejo que marque realmente la medida de nuestra capacidad de no tener nada, de ser los pobres por el Reino que un tal Jesús de Nazaret quiere, porque fue el primer ejemplo, el primer espejo pobre en el que mirarse.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 10 de noviembre de 2017

MI QUERIDA IGLESIA, ESA IGLESIA MÍA, ESA IGLESIA NUESTRAAAAA!

MI QUERIDA IGLESIA, ESA IGLESIA MÍA, ESA IGLESIA NUESTRAAAAA!
            Van cerca de 40 años que una gran cantante - según decían las crónicas de la época - desaparecía a los 27 años, víctima de un accidente. Una de sus canciones, quizás también fruto de la época que estábamos viviendo (fin de la dictadura, elecciones democráticas, elaboración de una constitución democrática, etc...), favoritas era Mi querida
España, esa España mía, esa España nuestra. Esta canción me viene a la mente por lo que celebramos este fin de semana, el día de la Iglesia Diocesana, en la que podemos hacer nuestra la letra de aquella canción pero cambiando la letra: mi querida Iglesia, esa Iglesia mía, esa Iglesia nuestra.
            Claro que sí. La Iglesia Diocesana, no es propiedad privada, cual coto de caza de gente rica. La Iglesia Diocesana, es la Iglesia tuya y mía; es la Iglesia nuestra que compartimos a diario o semanalmente. La Iglesia de todos y cada uno de los compartimos una misma fe en Jesús de Nazaret. Una Iglesia con sus luces y con sus sombras - gracias a Dios -; una Iglesia con sus errores y con sus fallos - menos mal -; una Iglesia imperfecta compuesta por hombres y mujeres que se equivocan, que caen y vuelven a levantarse probablemente con la intención de no volver a recaer, pero que sí lo hacen.
            Por eso la quiero. Y la quiero tal y como es. La quiero con esa lucha diaria por ser mejor. La quiero con las imperfecciones y con los aciertos; la quiero porque se cae y tiene la capacidad de pedir perdón y volver a levantarse. La quiero porque hace como las vírgenes que siempre  tiene las velas encendidas porque  quiere esperar al Maestro, porque no sabemos ni el día ni la hora, pero sabemos que tiene que tocar y nos tiene que encontrar preparados.
            También quiero a esa Iglesia que de vez en cuando tiene lucha interna, porque en la discusión y en el debate caminamos hacia delante; también quiero a esa Iglesia que sueña, como María en los caminos que llevan a Belén: sueña con mayor participación de los seglares en todas y cada una de las tareas; sueña con mayor participación de la mujer incluida las tareas de coordinación y gobierno; quiero a esa Iglesia que sueña con muchos Obispos, cardenales, párrocos abiertos a los signos de los tiempos, abiertos a nuevos caminos que lleven al verdadero rostro de Jesús de Nazaret.
            Quiero que mi Iglesia sueñe con los pobres. Pobres que son su santo y seña; pobres que son la identidad de un mensaje de un hombre, que por nosotros acabó pobre en la madera de una cruz desnuda; Quiero una Iglesia que mime y cuide a los ancianos, a los enfermos, a los que nos han marcado la hoja de ruta a lo largo de la historia y que ahora dependen de nosotros y parece que muchas veces no tienen cabida en nuestras comunidades.
            Quiero que mi Iglesia sueñe con los ojos abiertos para cuidar nuestras comunidades, para cuidar nuestras liturgias, nuestros espacios de oración, nuestras celebraciones; quiero que mi Iglesia se adelante a los acontecimientos de la vida y de la historia y que no vaya detrás de ellos. Sueño con que mi Iglesia cuide y mime a los mayores, a los enfermos, a los que han forjado con sudor lo que hoy somos y tenemos.
            Muchos de los programas de la tv de hoy, (gracias a
Dios) hablan de esfuerzo, de sacrificio, de entrega, de preparación (Me quiero acordar de pasapalabra, de masterchef, de saber y ganar….). Es por ello que todavía tenemos que estar preparados para ciertas cosas en la vida, de ahí que como las vírgenes del evangelio hemos de tener las lámparas encendidas, hemos de estar atentos. Hemos de tener las lámparas encendidas para que nuestra Iglesia no desfallezca, no decaiga; para que seamos capaces de ayudarla a levantarse cuando tropieza y seamos capaces de aplaudirle cuando los vientos sean favorables.
          
  Felicito, como no podía ser de otra manera, a nuestro Papa que instauró la I jornada mundial del Pobre. De ellos es el reino de los cielos. Algún día hablaremos de ellos.
        Hasta la próxima                    
            Paco Mira


viernes, 3 de noviembre de 2017

¡ AY SI YO TUVIERA UNA ESCOBA....!


¡ AY SI YO TUVIERA UNA ESCOBA....!
Siempre dije que al pasado ni para coger impulso, pero uno es nostálgico, a veces, y no se puede olvidar de lo que a uno le forjó, le animó, le constituyó e incluso lo que uno mamó de pequeño o de adolescente. Una de esas cosas son las canciones que han marcado toda una época, una vida e incluso una personalidad. Una de esas canciones ha sido y es aquella que decía: ¡ si yo tuviera una escoba, cuantas cosas barrería!. Claro que si.
Me quiero acordar este fin de semana de un santo que el día tres era su onomástica: era Martín de nombre, Porres el apellido y fray escoba comunmente conocido. Y me quiero acordar de fray escoba porque entiendo que en todas nuestras comunidades de fe, donde compartimos y celebramos cada semana, hay siempre un/una fray escoba: esa persona que, como Martín, hace las labores que parece que no se ven, pero que son imprescindibles; esas personas que con su labor callada y abnegada, hacen más agradable nuestra estancia en los lugares de culto; esas personas con nombres y apellidos que probablemente no conozcamos por su anonimato, pero a las que hay que decirles GRACIAS. Me quiero acordar de Carmelo, Dámaso, Juan, Pepe, Ceni... y tantos y tantos de los que no me acuerdo o cuyo nombre no me lo se.
Es curioso que el evangelio de este fin de semana nos habla de "hacer lo que nos dicen, pero no lo que hacen". ¡Qué
importante es la coherencia en nuestras vidas!, pero aún siendo verdad que no siempre se consigue, ¡qué valor tiene el hacer lo que otros, como ejemplo y coherencia, hacen aunque no siempre sea lo mismo que ellos dicen. Qué hermosa era la frase de Pablo VI cuando decía que "el hombre escucha más atento a los testigos que a los maestros" y ya lo decía Francisco de Asís: si es necesario, díganlo también con palabras". Insisto ¡ ay si yo tuviera una escoba!.
Las escobas son aquellos instrumentos que recogen lo que no sirve, lo que no nos es válido, aquello que desechamos y que no queremos. Pero más importante que la escoba es quien la utiliza y para ello el que utiliza la escoba ha de ser humilde, es decir, salir de sí mismos para darse a los demás. ¡Cuántos en nuestras comunidades salen de sí mismos y se dan a los demás, para que estos, en las celebraciones se sientan a gusto!. ¡Cuántos fray escobas hay en nuestras comunidades y no son valorados!. Martín de Porres era un hombre que no quería que nadie le reconociera su labor, lo hacía por los pobres, para los pobres y en el bien de la comunidad. En nuestras parroquias ha de pasar lo mismo.
Una humildad que nos tiene que llevar a no llamar a nadie Maestro, porque uno solo es el Maestro. Nadie está por encima de nadie, independientemente de la labor que desarrolle en una comunidad: ¡cuántos nos creemos superiores a los demás!. ¡cuántos decimos que con una carrera universitaria somos capaces de superar a los demás...!. ¡Ay si yo tuviera una escoba!.
Probablemente en muchas de nuestras parroquias hay que pasar una escoba. Hay que barrer, hay que limpiar. Hay que limpiar de soberbia, de orgullo, de protagonismo, de ocupar primeros bancos, de saber leer mejor que nadie, de saber de ciertas cosas mejor que otros, de decir quien debe pertenecer a un grupo y quien no.....: no llamen a nadie Maestro
¡ Cuántos fray escobas hay en nuestras comunidades!. Ojalá que aprendamos de las bienaventuranzas que se proclamaban esta semana: dichosos los que limpian, dichosos los que te dicen en una comunidad donde está tu sitio; dichosos los que nunca te niegan una sonrisa; dichoso el párroco que atiende a todos por igual y no hace distinciones; dichosos los que siempre se quedan para el final y no se pelean por los primeros puestos; dichosos los humildes, los sencillos de corazón, porque de los que tienen la escoba en la mano es el Reino de los cielos.
Despojémonos de los grandes trajes y vayamos cogiendo el mono de trabajo porque queda mucho por hacer.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 27 de octubre de 2017

LA SOBREMESA, LA FIESTA Y EL HELADO EN LA IGLESIA

Bueno, pues hoy quiero dedicar unas palabras a mi querido pueblo de Vecindario. Más que pueblo al barrio costero de Santa Lucía, puesto que el pueblo es ese. Y se las quiero dedicar por la fiesta en
honor a Rafael, esa medicina de Dios de la que seguro todos, absolutamente todos, estamos necesitados. Una medicina que no es intensiva, no hace daño, no erosiona ni es necesario tomarse un protector, puesto que ya va incluido en la propia medicina.
Las fiestas tienen que ser, o al menos así lo entiendo yo, como las sobremesas de una comida. Las sobremesas, decía un amigo mío tiene que ser obligatorias en todos los rincones y culturas. Las sobremesas tienen que saborearse como cuando uno se toma un postre sin prisa; cuando se toma un cafecito que se va enfriando al fragor de una conversación familiar o con amigos; cuando se saborea una copa de cualquier licor mientras olemos al calor del hogar.
La fiesta tiene que ser también algo parecido: hay que saborearla, olerla, disfrutarla y compartirla. Es una vez al año y no podemos dejarla pasar como si la rutina nos hiciera impertérritos ante tal acontecimiento. La fiesta, como la sobremesa, tiene que notarse en el traje, en la actitud, en las formas y en las maneras. Traje interno y externo: si mi actitud festiva no la vivo, probablemente el traje externo tampoco tiene mucho sentido.
Pero claro, todo tiene un pero. La fiesta también tiene lugares y estos han de ser significativos. El otro día estaba en nuestra parroquia y entra un matrimonio con su hija - quiero entender así esa relación familiar - y cada uno comiéndose un helado: se sentaron en un banco; daba la impresión de hacer tiempo que no entraban en este templo, porque no dejaban de maravillarse de cómo estaba. ¡Había que ver la cara de felicidad a cada lametazo que le daban a su helado correspondiente. Helado, tertulia entre ellos... pero probablemente ninguno de los tres se decidió a comentarle algo a Rafael, que cual faro, estaba en su trono dándoles las buenas noches.
Sin embargo todo esto me llevaba a preguntarme si todavía en el siglo XXI no sabemos estar en el sitio que nos corresponde y de la forma que corresponde en función del lugar en el que estamos. La pregunta es fácil: ¿se puede comer un helado en la Iglesia?; ¿Se puede entrar con un refresco o un paquete de roscas, mientras voy de turismo por el citado templo observándolo? Les digo la verdad que me entra una duda tremenda.
Me dieron ganas de acercarme y comentarle a aquel matrimonio que no dejaran de visitar la Iglesia, pero después de acabar el helado; me dieron ganas de decirle a los jóvenes que entraron que lo hicieran después de acabar el refresco y el paquete de roscas... pero ¿ y si el helado es la disculpa para visitar una Iglesia, o las roscas, o el refresco?. Les confieso que me entró tal duda, que no les dije nada.
Duda como la que le entró al fariseo cuando le preguntó a Jesús que cuál era el mandamiento principal de la Ley. Probablemente la ley me diría que el templo es un lugar de oración y no es un lugar para almorzar o merendar o comer cualquier menú. Pero claro tengo que esperar la respuesta del Maestro que es amar al Señor y al prójimo como a uno mismo: si el helado ha sido la disculpa para entrar a orar o a conversar con un arcángel en medio, pues como diría mi abuela "bendito sea Dios"
La fiesta, como todo lo bueno, se acaba. San Rafael ha salido a la calle, ha tocado los corazones de los más fervorosos y de aquellos que se han quedado con la duda. Ha sido, seguro, el alivio de muchos enfermos que siguen viendo en Rafael el guía perfecto en el camino de sus dolencias, por ello es medicina de Dios.
Me gustaría que cuando acabara la fiesta nos quedemos con los buenos recuerdos que nos hicieron recordar y revivir lo más entrañable de nosotros mismos y sobre todo que nos preparemos porque el año que viene son setenta y cinco años y no es cualquier cosa.
¿Saben?: si amamos a Dios y a los hermanos, tendremos vida
Hasta la próxima
Paco Mira