viernes, 26 de mayo de 2017

NO SÉ, SI SE NOS PUEDE DEJAR SOLOS


 En el fondo es lo que celebra la Iglesia en el día de hoy, con la fiesta de la Ascensión. Y digo que no sé si se nos puede dejar solos, después de lo vivido esta semana en Manchester. Probablemente muchos padres habrían dado la oportunidad a sus hijos de hacer aquello que ellos siempre han querido hacer: sentirse libres y
responsables por unas horas; me imagino que muchos padres han recordado todo lo que normalmente hacen: ten cuidado con lo que bebes; ten cuidado con el móvil; si necesitas algo no dudes en llamarnos; no fumes; mira a ver con quien te juntas… Probablemente los hijos habrán contestado con una sonrisa de satisfacción por sentirse protagonistas un día: “¡ que sí, mamá/papá. Que pesado/a eres!”
 Y es curioso, por desgracia, que algunos de esos niños han cumplido lo que sus padres les habían recomendado, pero no han vuelto a casa. Los padres los han buscado con cierta esperanza – que por cierto es lo último que se pierde -, pero que ésta se ha desvanecido.
 Lo más triste y es lo que también me cabrea – con perdón – que la razón que dan los que hicieron lo que hicieron, es que lo hicieron en nombre de Dios. Me gustaría compartir que probablemente es más fácil decir lo que no es Dios, que lo que sí es: Dios no es odio, Dios no es rencor, Dios no es el silbido de una bala; Dios no pone colorado a nadie; Dios sí es amor, y no solo porque la Biblia lo dice, sino porque: “dejen que los niños se acerquen a mí y quien no se haga como uno de ellos no entrará en el reino de los cielos”. Ese y este es el Dios de los cristianos, de los musulmanes, de los judíos. Es el Dios de todos y cada uno de nosotros. Es el Dios que llora con el que llora y sufre; es el Dios que acompaña a los que sienten solos y abandonados y que seguro acompañará a los padres que se sienten solos y a abandonados… pero nunca es el Dios doliente y sufriente y menos un Dios sanguinario. Por ello pediría, casi exijo, que nunca se diga el nombre de Dios en vano; que nunca se digan que las tragedias se hacen en nombre de Dios.
 Este fin de semana se celebra la ascensión. Es casi como decir que ya tienes que caminar solo, aunque yo te acompaño en la sombra y en el silencio para que no te pierdas. Los hinchas del Liverpool, equipo de fútbol inglés, le cantan a su equipo: “ You Will never walk alone” (nunca caminarás solo). Dan a entender que el equipo, pase lo que pase, nunca estará solo en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas….

En la Ascensión, Jesús nos pone en la tesitura de qué podemos hacer a partir de ahora que ya sabemos volar, que ya sabemos lo que tenemos que hacer. Jesús nos ha dejado los deberes, solo nos queda el hacerlos, las líneas maestras están marcadas; lo que tenemos que resolver está definido… tenemos que madurar en la fe, sin el maestro, como le sucedió a los Apóstoles, entre otras cosas porque el propio Jesús confía en nosotros. Pero claro, casos como los de Manchester no se si podremos caminar solos.
 Me gustaría que seamos capaces de caminar solos, con madurez, en la fe. No porque no queramos que nuestros mayores nos acompañen, sino  que hemos sido capaces de asimilar aquello que consideramos como bueno. Es mucho el camino que nos toca recorrer. Veía no hace mucho a una madre que se emocionaba porque su hija hizo la primera comunión. Esperemos que las lágrimas sirvan porque su hija hizo la primera, la segunda, la tercera…. Las
lágrimas son porque su hija ha madurado y continúa en la fe que su madre le ha inculcado.
 Feliz Pascua
 Hasta la próxima 
 Paco Mira

viernes, 19 de mayo de 2017

LAS PRIMERAS COMUNIONES Y DÓNDE ESCUCHAR A DIOS


Estamos en plena vorágine de las primeras comuniones. Es el mes de mayo, es el mes de las flores, es el mes de visitas papales a lugares de peregrinación, es el mes de la primavera…. Y los niños, dicen, desean, anhelan… recibir a Jesús. O eso dicen. Es el mes de los nervios, de ensayos, reuniones, de preparaciones, compra de vestidos, reserva de lugares de celebración, etc.…
A veces me pregunto, ¿para qué?. Quizás todos los años hacemos la misma reflexión del cómo y del por qué de un sacramento que por el momento no ha caído como otros. Todavía las primeras comuniones siguen siendo un momento de encuentro familiar, un encuentro donde a veces florece la nostalgia de cuando uno estaba en el lugar de las criaturas que ahora son los protagonistas de la fiesta.
Pero claro, cuando uno asiste a este tipo de celebraciones y oigo a los presbíteros decir que “hoy Jesús viene a ustedes y por eso están tan guapos”; cuando veo en este tipo de celebraciones donde los templos se ponen hasta las columnas de gente; donde este tipo de celebraciones las conversaciones en voz alta en la Iglesia no dejan ni oír lo que el cura quiere transmitir; donde este tipo de celebraciones incluso se puede wasapear o hablar descaradamente por el móvil; donde probablemente este tipo de celebraciones sean las ultimas para muchos de los chiquillos y de los acompañantes… cuando todo eso pasa, me pregunto, ¿dónde, en este tipo de celebraciones, puedo escuchar a Dios?.
Cuando esto sucede veo en un artículo de las redes sociales, que en Salamanca hay un encuentro de Éffeta. Un encuentro donde existe la posibilidad de encontrarse con Dios. Plantea seis pasos que me parecen interesantes: en la acogida a los sin techo, en los que están solos en la vida, en los enfermos y en los que han perdido a alguien y están de duelo, en la familia, en la contemplación y en la fiesta.
¡Qué buenos esos pasos!. Y me pregunto, ¿por qué en las primeras comuniones no puedo escuchar a Dios?. Probablemente alguno me dirá que sí. Que también se puede escuchar a Dios, sin embargo creo que los seis pasos que proponen en Salamanca, son seis realidades que en la vida del ser humano cada vez – algunos por desgracia – se dan con mayor frecuencia. Pero también se da en la
familia y en la fiesta y las primeras comuniones es encuentro familiar y encuentro de fiesta.
Creo que estamos en una época en la que tenemos que tomarnos en serio lo que ofertamos. Hasta ahora no había problema porque teníamos la seguridad de que no “se nos marchaba nadie”; ahora eso no lo tenemos tan claro, pero seguimos ofertando viejos esquemas, para tiempos nuevos y gente nueva.
Creo que hay que plantearse que las primeras comuniones sean una plataforma de compromiso de los más pequeños con los sin techo de nuestras comunidades; creo que hay que plantearse con los más pequeños de nuestra comunidad estrategias de acercamiento a los que están solos, a los enfermos, a los que han perdido a algún ser querido; nuestras primeras comuniones tienen que ser una posibilidad de un encuentro personal y hasta familiar con el Dios que quiere acercarse a nosotros y que nosotros tenemos que acogerle
con un corazón sincero y generoso. La familia tiene que ser el espacio donde debemos descubrir todos los valores que nos llevan al Dios del amor, de la paz y de la convivencia. La familia es la que tiene que conservar y preservar aquello que considera como importante.
Solo al final de esto, podremos hacer fiesta. Fiesta porque la primera comunión no será la última sino la primera de muchas. Felicidades a los de Salamanca por el proyecto Ëffeta. Gracias por invitar a recorrer un camino para poder escuchar a Dios y a los que invitamos a los que hacen la primera comunión y a sus familias
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 12 de mayo de 2017

LAS APARICIONES TAMBIÉN TIENEN GPS


Este fin de semana, Fátima, el lugar portugués mundialmente
conocido, está de cumpleaños. Pero cumpleaños centenario. Un 13 de Mayo de 1917, tres niños eran los privilegiados de una aparición que iba a marcar sus vidas, la de sus vecinos, amigos y familiares y sobre todo iba a marcar para toda la vida la de la ciudad de Fátima. Lucía, Jacinta y Francisco iban a ser testigos de un acontecimiento único y quizás, para muchos envidiable.
Hoy en día no sé si se produjera algo parecido a aquel acontecimiento, tuviese la repercusión que tuvo entonces. Probablemente desde el párroco de Iría, lugar donde se encuentra la cueva, hasta el Vaticano las dudas, los interrogatorios, quizás el escepticismo, seguro que el reconocimiento médico a los interesados.... nos dejarían una huella que quizás el tiempo hubiese borrado. Pero en Fátima no. Dios, a través de María, ha dejado su huella. Dios, a través de María, le ha hablado al hombre.
Es curioso que el evangelio de este fin de semana, nos habla casi
como de un gps. En un mundo cada vez más tecnificado. En un mundo cada vez más dominado por las nuevas tecnologías, Jesús va y nos dice que "yo soy el camino, la verdad y la vida". ¡ Cuántas veces recurrimos a los gps para que nos digan el camino que no encontramos!. ¡Cuántas veces recurrimos a los gps para encontrar la dirección correcta en el momento oportuno y en el lugar adecuado!.
Las apariciones reales y verdaderas, no los desvelos de alguien que cree que fue y no sucedió tal cosa, no dejan de ser las huellas que Dios va dejando en el camino de los hombres. Unos hombres que tienen que tener un condicionante como lo dice el propio evangelio: "te doy gracias, Padre, porque se lo has escondido a los sabios y entendidos y se lo has revelado a la gente sencilla". Y el evangelio va y se cumple: Dios, por María, se habla a tres niños, a tres pastores sencillos y humildes de una localidad humilde y sencilla a las afueras de Fátima.
Jesús hoy nos vuelve a mostrar su tecnología. Jesús este fin de semana nos vuelve a dar la realidad de un mundo tecnológico:
Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida. ¿por qué buscamos fuera lo que tenemos dentro?. Da la impresión que no nos fiamos del gps que tenemos continuamente con nosotros. Lucía, Jacinta y Francisco hicieron como hace dos mil años María, la que ahora habló con ellos. En aquella ocasión María, con miedo sin duda, le dijo al ángel que se hiciera la voluntad del Padre. Ahora, estos tres niños no dudan de la voluntad de Dios a través de María.
Mucho se ha especulado sobre el contenido de los mensajes de la Virgen. Quizás sea lo de menos. Nuestra curiosidad nos ha comido y recomido por dentro para saber si se había cumplido alguno de ellos. Pero lo más importante es que los tres niños han escuchado la voz de Dios en María y la han puesto en practica.
Probablemente cuando un niño nace, nosotros cuando lo vemos exclamamos: "es igualito a su Padre/madre" o "si se te pierde no te preocupes que te lo llevan a casa". No se si los que nos ven por la calle pueden decir de nosotros que somos igualitos a Jesús, que somos igualitos que nuestro Padre. Seguro que Dios, como a Lucía, Jacinta y Francisco también nos está hablando
todos y cada uno de los días, pero probablemente nosotros no sabemos reconocer esas palabras y esa huella en la realidad cotidiana.
Probablemente digamos que son apariciones baldías, o alucinaciones sin sentido, pero Dios habla y deja huella a los que no se hacen problemas excesivos con su mensaje, sino a la gente humilde y sencilla; a los que son limpios de corazón y la verdad es la bandera de su mensaje.
Felicidades a ellos, a Fátima como pueblo y a las mujeres que llevan su nombre, felicidades a los que son igualitos que su Padre" y reconocen a Jesús como el Camino, la Verdad y la Vida
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 5 de mayo de 2017

HOMENAJES: NO TODO SE COMPRA O SE VENDE


Estamos en el mes de mayo: mes de María, mes de las flores, mes de la cruz en el dintel de las puertas de casa, día de la madre, feria de Sevilla.... quizás podríamos seguir enumerando: ¡cuántas cosas en apenas un mes!. Recuerdo que en una Iglesia, "muy mona ella" (al templo me refiero), de esas iglesias que hasta cuando respiras es arte, había un Cristo que por lo visto era una talla de las que merece la pena ser visitada. Y al lado había un cirio enorme que todo el año estaba encendido (quizás no fuese muy litúrgico). Cuando los turistas entraban con el guía se detenían en la imagen del Cristo, hasta que un día se encontraron con el párroco de la citada iglesia y les decía que lo importante no era la cruz, aunque sí necesaria. La cruz era el paso previo para que el cirio siempre estuviera encendido. La vida siempre vence a la muerte.
Este fin de semana (como desde hace muchos años) me da la impresión de que nos venden a nuestra madre. Digo que nos venden porque probablemente nosotros hemos querido entrar en el juego de comprar y vender para agasajar a mamá. Y creo que hay cosas que no tienen precio, creo que hay cosas que ni se compran ni se venden y menos el ser mismo de una madre. La vida, como la llama del cirio, se regala. La vida no es fácil, la vida no siempre tiene una buena cara, la vida tiene sus cruces, pero merece la pena que se viva de la mejor manera posible.
El trabajo de una madre en casa, el amor con que mamá hace las cosas en casa - seguro que se equivocará en más de una ocasión, pero probablemente no lo haga a propósito - , las noches que mamá se ha quedado sin dormir porque a los demás no les ha ido bien el día; las noches en las que mamá se ha quedado en vela por los hijos (fiebre, malestar, dolores....); las madres corajes que hacen que las cosas salgan adelante a pesar de las dificultades; esas planchas, esas lavadoras, esos almuerzos que sin ir a los programas de televisión no los supera ningún chef y son los mejores del mundo... Les digo que eso no se compra ni se vende.
Hoy quiero hacer un homenaje a todas las madres: a las presentes y a las que ya se fueron pero que quedan y quedarán en la memoria resucitada de todos y cada uno de nosotros. Quiero hacer un homenaje a las que en vida se han equivocado o no han tomado decisiones acertadas; un homenaje a las que ríen, pero también a las que lloran con frecuencia. A todas y cada una de ellas decirles que su labor innegable no tiene precio por mucho que las grandes superficies nos lo quieran hacer ver.
El evangelio de este fin de semana nos va a decir que Jesús conoce a todos y cada uno de sus hermanos y que Dios, como María, a todos y cada uno de sus hijos. Nos llama a todos y cada uno por nuestro nombre; no deja que nos perdamos ni un solo momento. ¡ qué hermoso es pensar en la seguridad de un pastor que te cuida y te mima o qué maravilloso es pensar en que una madre te da la seguridad suficiente para poder ir confiado en la vida!.
Es curioso que el evangelio termina diciendo "he venido para que tengan vida y vida abundante". Gracias al pastor las ovejas no tienen miedo y tienen larga vida. Gracias a una madre que da su vida para que nosotros, como hijos, también tengamos vida. Desde el propio momento de la concepción nuestras madres ya nos están dando vida. María dio su vida, dio su sí incondicional a un
proyecto del que no sabía nada y que probablemente tendría hasta miedo. ¡Cuántas de nuestras madres han dudado de nuestro embarazo!, sin embargo la ilusión y las ganas de un proyecto por descubrir les ha hecho tirar para adelante.
Amigos, hagámosle un homenaje a nuestras madres, pero no compremos ni vendamos su imagen. Ellas son mucho más que una moneda de cambio.
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira