jueves, 29 de junio de 2017

CON LA COMIDA NO SE JUEGA, Y MENOS AHORA QUE CARGAMOS CON MÁS DE UNA CRUZ

CON LA COMIDA NO SE JUEGA, Y MENOS AHORA QUE CARGAMOS CON MÁS DE UNA CRUZ
           
            Creo que todos vemos la televisión. Es más: normalmente vemos aquellos programas que incluso nos atrevemos a decir que no sirven, que son una basura, que cambiamos de canal. Sin embargo es curioso que en cualquier tertulia o conversación
familiar o de amigos hablamos, comentamos, opinamos… sobre aquellos programas que decimos que no vemos o que decimos que deberían quitar de la parrilla de la programación.
            Esto es lo que me pasó a mí. El otro día viendo un programa de una cadena que en mi televisión se coge en el número cinco, viendo a unos individuos en una isla que dicen que pasan mil calamidades e incluso hambre, había una prueba que el que la ganara tenía que comer, con las manos a la espalda, una pata de cochino cocida, atada a un madero y que solamente se podía utilizar la boca. Todo esto jaleado por un presentador que cuando habla parece emular a la infabilidad pontificia porque da la impresión de no equivocarse y hablar en nombre de la mayoría, porque esta le aplaude.
            La pata de cochino había que comerla en un tiempo determinado y lógicamente cuando acabó el tiempo, la pata también acabó destrozada y probablemente acabarían tirando la pata, puesto que en una sociedad tan fina y sofisticada como la nuestra, la del primer mundo, ¿cómo podemos comer una pata mordida por otros?. ¡ Que pena!. Los mismos que nos quejamos de la televisión somos los mismos que fomentamos dichos programas y lo que conlleva esto.l
            Lógicamente si me lee el que presenta el programa, probablemente dirá que es demagogia, pero ¿diría lo mismo o también es demagogia el que no llega a fin de mes o que no tiene para ir todos los días al supermercado?. Porque puede ser que yo tenga para ir al super todos los días, pero eso no quita que me duela que se juegue con la comida y más en los tiempos que corremos.
            Decía el otro día el secretario general de caritas que nos hemos acostumbrado a la pobreza, incluso los pobres. ¡qué triste!. La sociedad y los que la formamos nos hemos acostumbrado y nos hemos adormecido ante una realidad a la que no somos capaces – o no queremos – darle una solución. Parecemos anestesiados, que ya no nos produce dolor, lo que otros hagan con lo más básico como es la comida.
            Dice el evangelio de este fin de semana, que cada uno tiene que ser consciente de llevar su propia cruz; que tiene que apuntarse al seguimiento de quien nos ha marcado el camino para poder llegar a la felicidad y este camino no pasa por la televisión o al menos en ciertos juegos a los que nos invita la misma.
            Hemos de prepararnos para ello. La primera lectura nos recuerda como hay que
acoger a los que nos visitan. La primera lectura del libro de los reyes (2Re 4,8) nos recuerda como una mujer le prepara al profeta Eliseo su casa. ¡Cuántos, en la vida de cada día, en nuestro caminar diario, nos piden que les acompañemos, que les acojamos…. Que no pasemos de largo ante su dolor y ante sus angustias….! Y nosotros, probablemente, nos quedemos viendo la televisión y en ella programas que juegan con lo más básico y que no se debería jugar con ello.
            Dios toca todos los días en la puerta de cada uno de nosotros. Dios todos los días nos invita a mirar al pobre, al desvalido, al que nada tiene… entre otras cosas porque es Dios mismo quien se refleja en los más necesitados.
            No nos dice que no veamos la televisión, pero sí que seamos más críticos con lo que esta nos ofrece y sobre todo si se trata de comida en tiempos de crisis, con esta no se juega.
        Hasta la próxima y feliz verano
            Paco Mira

viernes, 23 de junio de 2017

OJO CON LA POLILLA. NOS CARCOME SIN MIEDO



            Les recuerdo algo que ya saben: ¡ estamos en verano!. . El veranos es ese tiempo que muchos desean, quieren, aprovechan…. Es el tiempo del calor, aunque algunos estén – perdón por la expresión – calientes de antemano; es el tiempo de las vacaciones, ese tiempo en el que muchos deciden o decidimos procurar hacer aquello que a lo largo del año no hacemos, es decir nada.
            Pero también es verdad que es un tiempo que nos sirve para ponernos al día de cosas que habíamos dejado  para este momento: arreglar aquello estropeado, poner al día aquella carpeta de papeles que a lo mejor tenía que haber arreglado hace tiempo y por qué no, arreglarme yo que quizás esté un poco abandonado.
            La polilla es ese animal que detestamos con frecuencia, entre otras cosas porque nos come aquello que con sudor, esfuerzo, quizás sacrificio, nos ha costado tener. Y la polilla no se esconde, al contrario: va dejando su huella por donde quiera que va: su montoncito de serrín la delata. Se va adueñando de aquello que quizás no le corresponda, pero que estropea lo que no le corresponde.
            Estos días veía con desolación el incendio de nuestros hermanos portugueses: más de 60 personas a las que un “golpe de sentido contrario” le ha llevado a encontrarse antes de tiempo con padre Dios. La verdad es que cuando uno mira las imágenes de la desolación, cuanto menos se pregunta por qué; ¿qué hicimos mal?. Probablemente preguntaremos que donde estaba Dios en esos momentos, como si Dios fuese el mago Tamariz que es capaz de controlar la naturaleza para su propio antojo y espectáculo para los demás.
            También me pregunto si nosotros esperamos, a veces, que Dios haga como los magos, un truco en nuestra vida para que desaparezca la polilla. ¡cuántas cosas se van destruyendo en nuestro interior y en nuestra vida y que no somos capaces de ponerle remedio!. Probablemente el serrín, el odio, el dejar de hablar, el rencor, la envidia…. Nos delata que la polilla está en nosotros.
       
     El verano es buen momento para resarcir lo estropeado. El verano es buen momento para reparar lo que creemos estropeado; el verano, dentro del descanso, es para quitar los montoncitos que delatan que la polilla ha hecho mella en nosotros. 
            A veces el verano nos supone tal descanso, que hasta pensamos que Dios también descansa y por ello no puede atendernos, como si tuviera un despacho que cierra en los momentos estivales. Quizás es el momento para ponernos al día y reparar la carcoma que durante el invierno nos ha ido entrando. Dice el evangelio de este fin de semana (Mateo 10) que al que no confiese a Jesús, él tampoco nos confesará ante el Padre y al revés que al que lo confiese él lo confesará ante el Padre. Muchos toman vacaciones también en el verano, y ojo Dios no descansa ni en vacaciones, aunque va con nosotros y con su toalla a la playa.
            Este mismo evangelio también nos dice “no tengan miedo”. Es verdad, pero se lo dice al refugiado que acabamos de celebrar su día, por desgracia (si no hubiera la necesidad de tener que ser refugiados, probablemente no tendrían su día); se lo dice a la mujer maltratada; nos lo dice a todos y cada uno de nosotros cuando ciertos elementos de corte terrorista pretenden perturbar nuestra paz; se lo dice a los hombres y mujeres que buscan un trabajo para poder sacar a sus hijos adelante; se lo dice a los que la injusticia de la ley le convierte en habitantes de la calle porque les han quitado la casa. No tengamos miedo a decir que Jesús de Nazaret es el gran tipo que todos buscamos y queremos.
            Animo, feliz verano a todos aunque nos sigamos leyendo a través de estas páginas.
        Hasta la próxima
            Paco Mira

viernes, 16 de junio de 2017

DESPACITO, MOZAMBIQUE Y EL CORPUS

A veces las modas las marcan las canciones. Pero no se crean que es una novedad del siglo XXI. Los que peinamos canas, nos acordamos de autores, canciones... que marcaron una época, un estilo y hasta una forma de comportamiento de muchos de nosotros. Ahora le toca a una canción que está haciendo furor, y si les digo la verdad creo que no es mejor que otras, lo que pasa que es que le "ha pillado" en buen momento: " Despacito". Y no es porque la canción sea precisamente el título de la misma: ¡ tiene una marcha increíble!.
El otro día me enviaron un wass en el que un cura, de Córdoba, en el que habían adaptado la música de esta canción a una de la Iglesia: ¡no vean la marcha que en aquella Iglesia había!. Y yo me preguntaba, si para captar "clientes" había o hay que recurrir a ello. Porque claro, después también
me preguntaba si cuando la moda de Despacito acabase, ¿qué pasaría?. He ahí el dilema. ¿Seguiría habiendo gente que celebrase la fe de aquella manera?. Me acordé de aquella frase evangélica, “Cuando el Hijo del Hombre se vaya, ¿seguirá habiendo fe en la tierra?”
Estos días me he encontrado con cuatro mujeres que han venido de Mozambique. Han compartido espacio en el arciprestazgo, han compartido su vida y experiencia, pero sobre todo han compartido la fe. Y había que ver la forma de hacerlo: cantando, bailando, … no miran el reloj. Me resulta curioso curioso que este fin de semana han compartido la fe en San Rafael y alguno se fue por largo, otros diciendo que casi no acaban…. Pero ¡qué prisa tenemos para dedicarle al Señor un tiempito de nuestra vida!
Cuando veía a estas mujeres reflexionar, meditar, expresar con el cuerpo el perdón, la acción de gracias, el santo… casi me preguntaba que a veces mucho estudiar teología, liturgia y sin embargo no somos capaces de ir más allá de los 35 minutos que tiene que durar nuestra eucaristía, es como si tuviéramos prisa (que de hecho la tenemos), para compartir con Aquel que decimos que es el Camino, la Verdad y la Vida.: ¡viéndolas a ellas cuanto me acordé de la canción de despacito!.
Este fin de semana celebramos el Corpus. Una comida. El Cuerpo y la sangre de Jesús. Celebramos que las cosas, despacio, saben mejor, hacemos mejor la digestión. Comer con otros en la misma mesa, favorece el diálogo, favorece el descubrimiento de compañías que probablemente no sabíamos que existían; compartir mesa supone valorar al otro en su justa medida.
A veces por nuestro trabajo, de jornadas partidas, de horarios que no son al uso, desaprovechamos oportunidades que pueden ser únicas. Siempre se tiene en la mente a esos peninsulares de sobremesas interminables. Pero ¡cuántas amistades, negocios, encuentros…. Se hicieron al calor de un cafetito, de una copa, de …. una gran sobremesa!.
Creo que esto es lo que tiene que ser este fin de semana. Es lo que tiene que ser lo que celebramos. El saborear, el disfrutar, el compartir...lo que se parte y reparte en beneficio de todos y cada uno de nosotros. Saborear con calma un almuerzo, una compañía, una amistad.
Alfombremos nuestras calles, porque en el fondo una alfombra da calor, evita suciedades, decora y valora la imaginación y buen hacer de aquellos que se molestan y levantan temprano para que los demás podamos disfrutar de aquello que luego vamos a compartir.
Amigos esta es la fiesta del corpus. Gracias a las amigas de Mozambique que me hacen ver la vida sin prisa; gracias por ayudarme a saborear lo esencial e importante de la vida que se llama Jesús de Nazaret
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 9 de junio de 2017

¡ TRES EN UNO. UFF. UN POCO COMPLICADO!

¡ TRES EN UNO. UFF. UN POCO COMPLICADO!
Nada más mencionar lo de tres en uno, todo el mundo ya sabe a lo que nos atenemos. Un problema atascado, un poco de tres en uno y se soluciona el mismo. ¡De cuantos problemas nos ha sacado el
desatascador!. Pero es verdad que no es duradero, y de vez en cuando hay que volver a aplicarlo. Pero esa es la historia.
Recuerdo que un niño una vez me preguntó, “Paco, ¿qué es eso de la Trinidad”. Sobre la marcha se me ocurrió decirle que era un Misterio. No mentía, pero probablemente no solucionara la duda del niño, y recurrí a lo más fácil: ¿Tienes un papá, verdad?. Sí; ¿a qué se dedica?, trabaja en un banco; ¿tiene alguna afición?. Sí, hace natación. Le dije yo, ah, ¿tienes tres papás?. No, Paco, uno solo, con un tono de extrañeza por mi ignorancia. Le dije eso es como la Trinidad: tres en uno, pero no distintos, el mismo.
Eso es lo que celebramos este domingo. Por ello me gustaría compartir el modo de proceder de Dios en el mundo de hoy. Nuestro Dios, no es un Dios lejano que se queda impasible ante el dolor y el sufrimiento de cientos de miles de sus hijos. Probablemente muchos se preguntarán ¿dónde estaba Dios cuando la muerte tocó en la puerta de Londres o de Paris?. Pues seguro que no estaba con quien habla por medio del silbido de las balas o de las bombas.
Probablemente nosotros estamos viviendo la globalización de la indiferencia, la anestesia que produce la civilización del espectáculo y la impotencia que sentimos ante los mercaderes de la muerte, que incluso nos quitan hasta las ganas de implicarnos en causas justas. Me gustaría que fuésemos capaces de mirar con la mirada de Dios, capaces de mirar a nuestro alrededor para ser capaces de implicarnos. El resultado de esa mirada es la llamada a la redención del género humano. Dios nos ama tanto que abandonando su condición divina, hace que su Hijo, asuma la condición humana y se haga solidario con nuestra historia: aquel Dios lejano del Antiguo Testamento, inaccesible, se hace carne, camino, verdad y vida, ya que Dios no envía su hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo.
Cuando la gente pregunta,ante la barbarie, donde está Dios, habrá que responder que estaba sufriendo con las víctimas, llorando con las viudas y con los huérfanos, naufragando en las pateras con los inmigrantes, haciendo jirones en la piel cuando saltan las vallas que separan los pueblos hermanos, pasando hambre y frio con los habitantes de la calle, cargando piedras para construir puentes de reconciliación.
Nosotros podemos echarle una mano a Dios. Nuestras voces pueden ser un susurro en medio del atronador ruido de las balas y de los cuchillos. Por ello muchos susurros puede convertirse en una auténtica coral que acalle fusiles y levante la voz para cantar a la vida, a la justicia, a la paz, a la reconciliación y al amor.
Es la hora de levantar nuestra voz y juntar nuestras manos para ayudar a Dios a hacer la redención del género humano. Es la hora de la unidad, siguiendo el ejemplo de la comunidad trinitaria, aportemos lo mejor de cada uno de nosotros a la tarea de reconstruir el mundo. No fijemos nuestra mirada en lo que nos separa, sino en lo que nos une.
Echar una mano a Dios implica ser capaces de dejar nuestro lugar de confort para lanzarnos a la búsqueda creativa de alternativas de convivencia que hagan posible otra forma de vivir en el mundo.
Probablemente el niño que me preguntó no entienda mucho lo que acabo de escribir, pero seguro que sus padres sí. Por ello eduquemos desde la infancia al susurro de la unidad en la
diversidad. La Trinidad es la que nos tiene que servir de unidad en la consecución de los logros que nos proponemos. Por ello nos debemos invitar a por lo menos intentarlo.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 2 de junio de 2017

¡ ESTOY HASTA EL GORRO DE LAS PALOMAS!

¡ ESTOY HASTA EL GORRO DE LAS PALOMAS!
Pues no se crean que no es un problema. Tengo un amigo que tiene
una casa que no habita con frecuencia y cada vez que da una vuelta viene cabreado. Motivo, que las palomas se han hecho dueñas de su azotea, con lo que eso conlleva: suciedad, infecciones, mortandaz de las mismas.... y las soluciones que le dan son inviables: de tiros nada; de eliminación clandestina tampoco. Me preguntaba, Paco ¿qué hago?. La verdad es que no supe que contestarle, pero sí reconocía que la desesperación de aquel hombre era grande y eso que la paloma siempre fue el símbolo de todo lo contrario de mi amigo: paz, tranquilidad, portadora de la rama del vencedor.... y mi amigo...
Hoy celebramos una de esas fiestas que quizás puedan quedar en la sombra por aquello que el fútbol puede eclipsar los acontecimientos de esta semana. Muchos estarán en Cardiff, muchos lo verán por la televisión, y otros probablemente estaremos pendientes de una vigilia de Pentecostés, de celebrar la fiesta del Espíritu. Muchos nos juntaremos para celebrar juntos que el Jesús que el domingo pasado decía que se iba, nos dejaba su legado y su fuerza para continuar la labor.
Muchos, quizás por la tele o por otros medios, nos pasamos todo el año "mirando al cielo"; o quizás mirando para otro lado; o quizás no queriendo ver la realidad de la buena noticia que llamamos evangelio. Y Pentecostés es precisamente la fiesta de la actividad, es la fiesta del fuego que cicatriza y curte la piel, el ánimo y el corazón de aquellos que nos sentimos comprometidos. Mirar al cielo es darle la espalda a un compromiso que tiene los pies en la tierra y que además tiene nombre y apellidos.
A lo largo de la historia el Espíritu se ha representado como una lengua de fuego que sopla donde y como quiere. A lo largo de la historia se ha representado como una paloma que se va posando sobre las cabezas de todos y cada uno de nosotros. Pero es una paloma que no es como las de mi amigo, que nos tiene hasta el gorro, sino que una paloma que invita a sus hijos a que le acompañen en el vuelo.
Hoy es la fiesta de todos. Hoy es la fiesta de la Acción católica y del apostolado seglar. Hoy es la fiesta en la que cabemos todos los que nos sentimos comprometidos y que una paloma, el espíritu de Dios, nos invita a volar lo más alto posible, pero nunca mirando solamente al cielo, sino que a "Dios rogando y con el mazo dando".
La vida, nuestra vida, cada vez nos depara más sorpresas, La vida cada vez nos interpela más sobre los acontecimientos que nos van sucediendo: cada vez los tiros son más frecuentes; las violencias de género son más abundantes, los casos de corrupción están más al orden del día.
Quizás tengamos que preguntarnos si a nosotros se nos nota la fuerza que nos impulsa a dar ejemplo de aquel a quien decimos que creemos; quizás tengamos que preguntarnos si tenemos fuego por dentro que nos invita a correr y anunciar que Jesús, el que se fue el domingo pasado, resulta que es el que nos dice: "¡venga, va. A currar. La mies es mucha y los obreros pocos!". Y no solo que los obreros son pocos sino que cada vez somos menos.
Esta es la fiesta. Esta es la alegría. Esta es la ilusión: Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo, Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido. Ya tenemos que ser mayores de edad en la fe. Ya el carnet de
nuestro testimonio nos dice que tenemos que dejar el cobijo de los mayores y que tenemos que empezar a trabajar por nuestra cuenta.
Demos testimonio, hoy y siempre que las buenas noticias merecen la pena y esta lo es y por ello merece la pena.
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira