viernes, 25 de agosto de 2017

CÓDIGO PIN: PEDRO


Alguna zarzuela de las de antes ya decía que las ciencias avanzan que es una barbaridad. Probablemente quien lo dijo - más bien quien lo cantaba - no pensaba que estamos en una era en la que la velocidad va más deprisa que las necesidades o las ganas que los hombres tenemos. Pero es más: creo que la tecnología, a veces, se convierte en una cárcel para el hombre. Nos sentimos tan dependientes de la tecnología que a penas si tenemos espacio para poder saborear aquello que inventamos.
Incluso esa tecnología la queremos tener tan segura que se puede convertir en un quebradero de cabeza en el que en la medida en que nos despistemos no nos deja salir adelante si no es previo pago de su importe: ¿Quién no ha querido entrar en un periódico digital y este le pide una serie de datos que si no los tenemos nos deja con las ganas?. ¿Quién no tiene una clave en el ordenador o en las redes sociales que si no las apuntamos, a veces, nos deja con una cara que parece que estamos viendo un eclipse?.
Pues eso es lo que nos pide la palabra de Dios este fin de semana. Jesús le da a Pedro su clave. Una clave que es la que le va a llevar a lo largo de los siglos a poder entrar en las páginas de la historia y a que eso que llamamos Iglesia vaya caminando por los avatares de la vida, a veces, con rumbo un tanto incierto. LLave, significa clave. Y es lo que Jesús le da a Pedro: la clave para poder recorrer el camino de la historia.
Pero también es verdad que dejar todo en manos de Pedro, es como lavarnos las manos y cuando las cosas van bien nos felicitamos, pero cuando las cosas van mal la culpa la tiene aquel del Vaticano, que está rodeado de riquezas, que mejor se las diera a los pobres. Pobre sin duda es el que piensa así: porque el mensaje, la llave, el código pin lo tenemos todos, cada uno dentro de su propia responsabilidad. Y esa responsabilidad aumentó desde el momento del bautismo de cada uno.
No quiero verme en el cuero del "Pedro" del siglo XXI. No quiero verme, quizás por cobardía, en el cuero de quien tiene que tomar decisiones para que todo el mundo quede contento. Sí quiero verme en el cuero del Pedro que se equivoca; del que visita la cárcel y come con los presos; del que habilita en el Vaticano duchas y baños; del que critica que no se acoge a los que debido al pisoteo de los derechos más fundamentales se minusvalora a los seres humanos.... y encima vive en el Vaticano y duerme en Santa Marta.
Pero la historia no siempre es la misma. La historia es la que pone a cada uno en su sitio y a veces.... nos cuesta encontrarlo. Pero probablemente a base de tropezones, de equivocaciones, de disgustos... lo vamos encontrando.
Por eso sigue teniendo vigencia lo de "Tú eres Pedro y sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia". Cualquiera de nosotros tenemos que ser piedra, en una sociedad cada vez más secularizada, donde cada uno quiere buscar convencer al otro de lo contrario a lo que piensa... tenemos que estar seguros de lo que creemos y no ceder a los que no piensan como nosotros pero que encima quieren imponernos su criterio.
"Tú eres Pedro", claro que sí. Ojala que todos tengamos la fe lo suficientemente fuerte que ya puedan venir vientos de donde sea que no nos tumben de mala manera. En el fondo como dice Pablo, él es la guía y la meta.
Que bueno es que no se nos olvide el código pin; que bueno que desde nuestro convencimiento y ejemplo, los demás sean capaces de llegar al que es
el guía y la meta. Que no le dejemos con las ganas de querer acercarse a esa buena noticia que se llama Evangelio y nosotros no somos la piedra que sólida de un mensaje que no pasa a lo largo de los siglos y de la historia.
Que el terror, el odio, el rencor... no sean líneas básicas de un mensaje que promulga todo lo contrario. Que en nuestra Iglesia, Pedro sea capaz de de abrir cada vez más ventanas que haga correr el aire con mayor frescor y eso es signo y señal de que no somos capaces de acumular polvo y basura.
Hasta la próxima y feliz verano
Paco Mira

viernes, 11 de agosto de 2017

LA LIBERTAD Y LA DIGNIDAD, SIGNIFICAN NO TENER MIEDO


LA LIBERTAD Y LA DIGNIDAD, SIGNIFICAN NO TENER MIEDO
Creo que en la vida hay cosas que son y deben ser innegociables. Es decir que ni se compran ni se venden. Pero claro, una cosa es "hablar y otra dar trigo". Fácil es decir que la libertad no se compra, cuando uno la anhela y hay otro que te la está negando por activa y por pasiva; fácil es decir que la dignidad es innegociable, cuando hay mujeres en el mundo, quizás cerquita de donde nosotros vivimos, e incluso hombres que su dignidad se ve pisoteada porque para poder conseguir aquello que quieren no les queda otra cosa que venderse al mejor postor.
El evangelio de este fin de semana nos habla de confianza, de no tener miedo, incluso nos habla de .... saber nadar. ¡ Que bueno es, cuando uno tiene alguien al lado que le enseña a nadar!. ¡Qué bueno es cuando uno tiene al lado que con paciencia, con tranquilidad, sin nervios... le explica, le anima, le motiva... a dar aquellas brazadas, a mantenerse a flote y al final somos capaces de no hundirnos porque la confianza nos lleva a la tranquilidad necesaria para que ello pueda suceder.
Los Apóstoles creen ver un fantasma. Creen que lo que ellos pensaban que se había perdido, parece que vuelve a asomar, pero no las tienen todas consigo. A veces la duda nos genera incertidumbre; a veces la poca confianza nos genera inseguridades y el Evangelio es precisamente certeza y seguridad. La gratitud de su mensaje nos lleva a una confianza tal, que debemos ser capaces de generar aquello que se espera de nosotros.
Me gustaría que tantas y tantas pateras que cruzan nuestros mares y océanos no fueran el escaparate donde se vende la libertad y la dignidad de tantas y tantas personas; me gustaría que todas esas personas que son capaces de confundir a sus hermanos pidiéndoles un precio inalcanzable para muchos y dándoles como recompensa la dignidad y la libertad, se miraran en el espejo de su propia vida y que no hicieran con otros aquello que no quisieran que hicieran con ellos.
Me gustaría que tantos y tantos gobiernos no hicieran leyes tan restrictivas para no albergar, dentro de un orden, a tantos seres vivos que lo único que piden es lo que les han regalado gratuitamente y a lo que tenemos derecho todos los seres humanos: la libertad y la dignidad. A veces las concertinas, los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, las deportaciones fuera de la ley.... no están poniendo encima de la mesa que la dignidad y la libertad no se compra.
Me gustaría que el evangelio de esta semana se cumpliera: no tengan miedo. La confianza que nos da el Señor es lo que nos tiene que hacer ver que el miedo, como cuando nos enseñaban a nadar, no conduce a ninguna parte y que más bien lo que supone es rebajarnos como personas. Pedro parece estar seguro de sí mismo, quizás se hunde por "farruco", por eso le dicen ¿Has dudado?. Hombre de poca fe.
La vida nos tiene que hacer sentar sobre base sólida. La vida nos tiene que enseñar que todos somos iguales ante los ojos de Dios y además somos iguales entre hermanos. La vida nos tiene que enseñar que la solidaridad tiene que ser el "pan nuestro de cada día", por eso la tierra que nos ha dado Dios, no tiene propiedad privada, sino que ha de ser compartida por todos y cada uno de nosotros.
Amigos, no nos quedemos con lo anecdótico de caminar por las aguas. Algo que no ha sucedido entre otras cosas porque Jesús no es el mago de chistera; quedémonos con la confianza que da el tener una fe sólida en aquel que es capaz de decirnos no tengan miedo y si eso sucede probablemente podremos caminar por las aguas de la vida y de nuestro mundo con la confianza que nos da el saber que hay alguien, llamado Jesús, que siempre nos tiende la mano.
Hasta la próxima y feliz verano
Paco Mira

viernes, 4 de agosto de 2017

TRANSFIGURACIÓN DE MADURO, SIRIA, ETC..


TRANSFIGURACIÓN DE MADURO, SIRIA, ETC...
           
            ¡Si es que a veces la teología se las trae en lata!: ¡ con lo fácil que sería poner palabras que todos los mortales, incluidos Pedro, Santiago y Juan, pudieran entender!. No quiero darles la vara teológica, pero si empezamos por transconsustanciación, transustanciación, transfiguración... pues probablemente dejan de compartir conmigo estas letras. Yo sería el primero.
            Pero este fin de semana, el evangelio nos lleva a lo alto de un monte, a un lugar privilegiado, a un espacio único donde se pueda contemplar la realidad maravillosa de Dios en el mundo. Un lugar que puede ser cualquiera en el que nosotros podamos encontrarnos con él. Es el evangelio del encuentro, de la cercanía, de la manifestación abierta a todo aquel que quiera experimentarlo.
            Siempre pienso en esos grandes músicos que a lo largo de su vida sueñan con un concierto único y se están preparando de tal manera que cuando llega el momento de la interpretación se saben la partitura de memoria y cuando acaba el concierto respiran hondo porque saben que el esfuerzo ha merecido la pena; o aquel atleta que se prepara para un acontecimiento deportivo único, y aunque la medalla no cuelgue de su cuello, sabe que el esfuerzo ha merecido la pena; o ¿qué les voy a decir de los estudiantes?, las notas - casi siempre - son el reflejo del esfuerzo realizado... En el fondo todo esfuerzo supone y requiere un cambio.
          
  Hoy me gustaría que latransfiguración tuviera un acento actual. Me gustaría que nuestros hermanos de Venezuela tuvieran  la oportunidad de sacar la fuerza suficiente para que pacíficamente su futuro tuviera otro rumbo más en consonancia con los tiempos en que vivimos. Me gustaría que el Sr. Maduro, subiera a la montaña, pusiera de su parte, para darse cuenta que el cambio se produce cuando escucho al otro, cuando comparto con el otro, cuando camino a lado de aquel que necesita que le acompañe;
            Hoy me gustaría que la transfiguración  pasase por Siria, donde tanta desolación, deterioro, hambre, abandono... existe. Donde el silbido de las balas ha dejado tantos muertos y tanta miseria y refugiados. Me gustaría que los ajenos a la paz, que los partidarios de la violencia, que los que entienden que violando los derechos humanos es la forma de caminar que también suban a la montaña y se encuentren con el Dios del amor, de la paz, de la felicidad, de la concordia, de la alegría....
            Hoy me gustaría que la transfiguración pase por tantos y tantos muros que separan familias, realidades cercanas, padres con hijos, me da igual que sea en Ceuta, en Méjico, en Corea.... me gustaría que los intereses privados no fueran los que primen en una relación humana. Todos esos que ponen muros, las concertinas, ... subieran a la montaña y se encontraran con el Dios que extiende los brazos en la cruz de la crueldad, de la ignominia del poder... y los extiende para abrazar, desde el amor, a todo aquel que se acerca.
            Hoy me gustaría que la transfiguración toque en la puerta de muchas de nuestras casas: relaciones familiares rotas; familias que no se hablan; padres e hijos que no se entienden o no quieren entenderse; padres en el paro, familias que penden de un hilo porque el banco está a punto de caramelo para quedarse con la casa....Subamos todos a la montaña y encontrémonos con el Dios que de poco, de un pesebre en un humilde pueblo, hizo un montón de riquezas en un corazón enorme.
       
     Hoy Pedro, en la lectura de este finde, nos va a recordar que hemos de ser lámpara que brille en lugar oscuro. Sólo podemos ser lámpara si somos capaces de subir a la montaña y encontrarnos con el Dios que nos llama por nuestro nombre, como a Pedro, a Santiago, Juan.... y nos elige a cada uno de nosotros para alumbrar en la oscuridad de un mundo que no era así, pero que da la impresión que queremos que funcione de esta manera.
            Solo si subimos a la montaña y nos encontramos con Padre Dios, con su realidad, es cuando podremos decir ¡qué bien se está aquí!. Ojala que lo puedan decir en Venezuela, Ceuta, Siria, Méjico... y tantos y tantos países del mundo. Muchas veces de nosotros depende, aunque sea con un poquito, solo un poquito, de esfuerzo.
        Hasta la próxima y feliz verano
            Paco Mira