viernes, 10 de noviembre de 2017

MI QUERIDA IGLESIA, ESA IGLESIA MÍA, ESA IGLESIA NUESTRAAAAA!

MI QUERIDA IGLESIA, ESA IGLESIA MÍA, ESA IGLESIA NUESTRAAAAA!
            Van cerca de 40 años que una gran cantante - según decían las crónicas de la época - desaparecía a los 27 años, víctima de un accidente. Una de sus canciones, quizás también fruto de la época que estábamos viviendo (fin de la dictadura, elecciones democráticas, elaboración de una constitución democrática, etc...), favoritas era Mi querida
España, esa España mía, esa España nuestra. Esta canción me viene a la mente por lo que celebramos este fin de semana, el día de la Iglesia Diocesana, en la que podemos hacer nuestra la letra de aquella canción pero cambiando la letra: mi querida Iglesia, esa Iglesia mía, esa Iglesia nuestra.
            Claro que sí. La Iglesia Diocesana, no es propiedad privada, cual coto de caza de gente rica. La Iglesia Diocesana, es la Iglesia tuya y mía; es la Iglesia nuestra que compartimos a diario o semanalmente. La Iglesia de todos y cada uno de los compartimos una misma fe en Jesús de Nazaret. Una Iglesia con sus luces y con sus sombras - gracias a Dios -; una Iglesia con sus errores y con sus fallos - menos mal -; una Iglesia imperfecta compuesta por hombres y mujeres que se equivocan, que caen y vuelven a levantarse probablemente con la intención de no volver a recaer, pero que sí lo hacen.
            Por eso la quiero. Y la quiero tal y como es. La quiero con esa lucha diaria por ser mejor. La quiero con las imperfecciones y con los aciertos; la quiero porque se cae y tiene la capacidad de pedir perdón y volver a levantarse. La quiero porque hace como las vírgenes que siempre  tiene las velas encendidas porque  quiere esperar al Maestro, porque no sabemos ni el día ni la hora, pero sabemos que tiene que tocar y nos tiene que encontrar preparados.
            También quiero a esa Iglesia que de vez en cuando tiene lucha interna, porque en la discusión y en el debate caminamos hacia delante; también quiero a esa Iglesia que sueña, como María en los caminos que llevan a Belén: sueña con mayor participación de los seglares en todas y cada una de las tareas; sueña con mayor participación de la mujer incluida las tareas de coordinación y gobierno; quiero a esa Iglesia que sueña con muchos Obispos, cardenales, párrocos abiertos a los signos de los tiempos, abiertos a nuevos caminos que lleven al verdadero rostro de Jesús de Nazaret.
            Quiero que mi Iglesia sueñe con los pobres. Pobres que son su santo y seña; pobres que son la identidad de un mensaje de un hombre, que por nosotros acabó pobre en la madera de una cruz desnuda; Quiero una Iglesia que mime y cuide a los ancianos, a los enfermos, a los que nos han marcado la hoja de ruta a lo largo de la historia y que ahora dependen de nosotros y parece que muchas veces no tienen cabida en nuestras comunidades.
            Quiero que mi Iglesia sueñe con los ojos abiertos para cuidar nuestras comunidades, para cuidar nuestras liturgias, nuestros espacios de oración, nuestras celebraciones; quiero que mi Iglesia se adelante a los acontecimientos de la vida y de la historia y que no vaya detrás de ellos. Sueño con que mi Iglesia cuide y mime a los mayores, a los enfermos, a los que han forjado con sudor lo que hoy somos y tenemos.
            Muchos de los programas de la tv de hoy, (gracias a
Dios) hablan de esfuerzo, de sacrificio, de entrega, de preparación (Me quiero acordar de pasapalabra, de masterchef, de saber y ganar….). Es por ello que todavía tenemos que estar preparados para ciertas cosas en la vida, de ahí que como las vírgenes del evangelio hemos de tener las lámparas encendidas, hemos de estar atentos. Hemos de tener las lámparas encendidas para que nuestra Iglesia no desfallezca, no decaiga; para que seamos capaces de ayudarla a levantarse cuando tropieza y seamos capaces de aplaudirle cuando los vientos sean favorables.
          
  Felicito, como no podía ser de otra manera, a nuestro Papa que instauró la I jornada mundial del Pobre. De ellos es el reino de los cielos. Algún día hablaremos de ellos.
        Hasta la próxima                    
            Paco Mira


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