viernes, 29 de diciembre de 2017

DE UNA FORMA O DE OTRA, LAMPEDUSA Y FIN DE AÑO, HUELEN

Dicen los grandes chefs de la cocina que los sabores no se deben mezclar, entre otras cosas para que
los platos no pierdan su propia identidad. También es cierto que esos grandes chefs, con sus pruebas, sus experimentos, sus innovaciones, etc... son los que van marcando la pauta degustativa de tantos y tantos platos que incluso por su precio a veces son inaccesibles.
No se si con los olores pasa lo mismo: si nos pasamos en un perfume no hay quien aguante a nuestro lado por aquello de que hemos gastado el tarro en todo el cuerpo; pero si no nos lo echamos pues probablemente menos limpio, nos pueden decir de todo. A veces los olores se confunden y desgraciadamente nos confunden. Esa mezcla nos puede llevar a no gustarnos como olemos o como huelen los demás.
Este fin de semana también huele. Huele lo viejo, lo rancio, lo que ha pasado... el año se termina y quizás echemos la mirada hacia atrás y queremos volver a inhalar aquellos olores que nos han marcado en un momento determinado; quizás queremos volver a sentir la fragancia de tantos acontecimientos que nos han marcado en el 2017. Pero este fin de semana también huele a nuevo, a lo que viene, a lo que estrenamos. Huele a uva con deseos de tantas y tantas cosas que probablemente a finales del mes que viene ya nos hemos olvidado de lo que habíamos deseado.
Pero claro, este fin de semana también tiene que oler a salado, a salitre que significa libertad, a salitre que supone sueño y esperanza. Huele a esa mirada perdida en el horizonte de cualquier orilla que me hace imaginar lo que no se si soy capaz de alcanzar algún día.
Lampedusa, ya no solo es un lugar geográfico. Lampedusa es el símbolo de la libertad arrebatada y al mismo tiempo soñada. Por Lampedusa han pasado infinidad de situaciones, de expresiones, de anhelos, de ganas, de rabia contenida, de ilusiones, lágrimas.... pero siempre será el símbolo de lo que puede ser y que tengo que forjarme.
La cruz de Lampedusa es el símbolo de la libertad, de la lucha, de la entega. Cruz, en este caso, es igual a patera, a ojos temerosos y llorosos; a ojos abiertos al máximo para poder tener la referencia de lo que queremos, ojos que sin hablar, te/nos están diciendo: soy tu hermano, ¿no me conoces? Esa referencia ha nacido - hace escasamente una semana - en un pesebre y es lo que nos tiene que llenar de esperanza para el 2018.
Este fin de semana se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Un lugar donde se forjan también muchas ilusiones y donde también notamos muchas carencias. Tenemos que enseñar a nuestros hijos ese olor a patera salitrosa como posibilidad de compartir y ayudar. Tenemos que enseñar a nuestros hijos aquellos valores nacidos en el seno de un pesebre y que nosotros decimos que tenemos por válidos. La cruz de Lampedusa se llama Aylan y tantos y tantos que han de dejado sus vidas en las orillas de las costas, incluidas las nuestras; La cruz como símbolo de libertad.
Cuantas veces en nuestras familias nos lavamos las manos cuando tenemos que testificar delante de los demás de que somos cristianos: si quieres que nos llevemos bien, no hablemos ni de política ni de religión", ¿por qué?, ¿dónde está el error?. ¿Dónde está nuestra sabiduría familiar que ya ni
nos hablamos porque las nuevas tecnologías han reemplazado nuestras conversaciones, aunque a veces discutiéramos por y con ellas?
La catequesis la llevan los abuelos, la clase de religión a veces nos apuntamos pero la seguimos considerando como maría.... y después preguntamos, ¿dónde están los jóvenes en nuestras celebraciones?.¡ Parece que olvidamos que la educación es de la familia, especialmente de los padres!
Probablemente estarán en las fiestas del domingo, claro que eso es bueno, pero no nos olvidemos a la hora de levantar una uva, una copa de champang, de pedir aquello que nos conviene, de lo que tenemos claro. No nos quedemos con el olor a rancio, sino que perfumémonos con los nuevos olores que nos da un nuevo año en familia. No nos olvidemos que comenzamos el año pidiendo por la paz, ¿será posible?
Lo dicho, Feliz año
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 22 de diciembre de 2017

GRACIAS MARÍA POR PARIR LA VIDA

Los que somos padres, entendemos el proceso de gestación de un hijo. Nuca mejor dicho que “cuando seas padre, comerás huevos”. Ilusión, incertidumbre, miedo, ganas, sonrisa, dolor, preparativos…. Todos son ingredientes de una maravillosa aventura cocinada con grandes dosis de amor y felicidad, aunque los avatares del futuro nos dejen la crianza en una cierta incertidumbre.
Pero claro, cuando sin querer, sin espera, y en parte con miedo, eres parte integrante de un proyecto que no has escogido, da la impresión que las opciones de futuro no son las mejores. Creo que es lo que le pasó – en parte – a María. Es el prototipo de un no pero si. María es el sí pero no, y al final el no pero si. Es la duda de quien tiene que aceptar un proyecto que no conoce, pero que se fía de quien le oferta las mejores garantías. Es más, el ángel le dice no temas, ¿a qué tenemos miedo nosotros en relación a Dios?. Déjenme, con permiso de María, recrearme en esa escena:
Alégrate, el Señor está contigo. Los evangelistas no dudan en llamar a María “predilecta” por ser la elegida para llevar a cabo el don más maravilloso del amor de Dios por la humanidad: la encarnación. El sí de esta mujer sencilla no fue motivado por el fervor del momento, su sí fue motivado por la certeza de que Dios estaba presente en ella. Dios le da una misión, la asocia a su plan de salvación y para ello le garantiza su presencia.
Alegrémonos, el Señor está con nosotros. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pasado momentos difíciles. No obstante, los discípulos de Jesús no nos podemos resignar ante las dificultades y, mucho menos, quedarnos quietos cantando lamentos. Como María, estamos llamados a decir nuevamente sí al proyecto de Dios, a estar alegres y llenos de esperanza porque Dios está con nosotros. ¡No dejemos que nos roben la alegría ni secuestren nuestra esperanza! Dios sigue presente en la historia y nosotros, su pueblo, con nuestros aciertos y errores somos sus testigos. Tenemos un gran potencial para ayudar a hacer de este mundo un lugar de vida, verdad y paz.
Concebirás y darás a luz un hijo. María, hace 2000 años, con su sí, abrió los espacios de la humanidad para la presencia de Dios en la historia. Hoy, 2017 años después, el Señor nos invita a nosotros a crear las condiciones de posibilidad para que la humanidad abra de nuevo un lugar al Dios que se hace hombre en Jesús. Nuestra forma particular de “concebir y dar a luz” se concreta en nuestros esfuerzos por hacer presente a Jesús y el Evangelio en todas las realidades humanas. Los discípulos de Jesús creemos que los valores del Evangelio son una buena noticia y una palabra pertinente que puede ayudar a dar a luz una nueva humanidad. En esta tarea cómo nos gustaría contar con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sin distingo de razas, lenguas o religiones, tendiendo puentes de reconciliación por donde pueda transitar la vida.
Soy virgen… para Dios no hay nada imposible. María, ante el encargo de Dios, expresó su limitación: no conozco varón. La respuesta no se hizo esperar: para Dios no hay nada imposible, fíate. La misión que tenemos por delante en esta hora de la humanidad, aunque es ilusionante, no es fácil… hay muchas heridas por curar, muchas relaciones rotas por restaurar, muchas vidas “descartadas” por acoger, mucha paz por construir, etc. Como María, le decimos a Dios que somos limitados y que la misión nos supera. Sin embargo, ante el grito de nuestra limitación, aparece la confianza de Dios en el hombre pues Él, como fino artesano, puede sacar lo mejor de cada uno de nosotros y ponerlo al servicio del Reino. Nada es imposible para Dios, nuestra fragilidad se vuelve fortaleza cuando abrimos espacios y dejamos que sea Él nuestra fuerza.
¡Hágase! El sí de María es un acto total de confianza, entrega y abandono en las manos del Padre. Hoy nosotros podemos… Hoy nosotros queremos decir sí a Dios. Le pedimos que irrumpa en nuestras vidas para que, con ilusión, esperanza activa, creatividad, valor y entusiasmo podamos hacer presente una vez más a Aquél que desde el portal de Belén nos enriqueció con su pobreza y es la luz que ilumina el nuevo amanecer de la humanidad.
Ante el nacimiento del Niño Dios en Belén pidamos a Dios que inunde de sí nuestras mentes y nuestros corazones para que, hoy como ayer, podamos decir ¡Feliz Navidad!

Lo dicho, FELICIDADES
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 15 de diciembre de 2017

CINCUENTA DE AÑOS DE GAUDETE


Nos guste o no, creo que cumplir años no es malo. Nunca he entendido el por qué nos quitamos años, o cuando nos preguntan por ellos siempre nos quitamos alguno. Es como si estuviéramos de rebajas todo el año. Es verdad que a algunos, cuando los vemos, no aparentan los años que tienen y otros tienen y quizás más de los que el calendario les va marcando. Pero creo que la procesión va por dentro y cada uno sabe como se encuentra. Por ello - siempre se dice - que lo importante no es lo que se ve. Bueno y otros dirán que la cara es el reflejo del alma, ¿en qué quedamos?.
Este fin de semana, la Iglesia cambia el morado por el color carne. Hemos dejado a un lado la austeridad que parece caracterizar el
tiempo de adviento, para tomar un poco de respiro y pasarnos al color carne. Casi diría al color de cada uno. Y lo digo porque algunos en el color que ven este fin de semana no ven el color carne, otros sí queremos verlo. También es verdad que muchos seguirán con el morado de turno.
Este fin de semana, el evangelio nos propone, de nuevo a Juan el Bautista. Los más allegados le preguntan qué deben decir de él si llega el caso. Y él responde, "una voz grita en el desierto: preparen el camino al Señor, allanen sus senderos, porque detrás de mí viene alguien a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias".
Pero este fin de semana: Manuel Hernández, Gonzálo F. Parrilla, Antonio F. Parrilla, Santiago, Antonio Perera, y alguno que ya está en manos de Padre Dios (como los dos Pedros, Monzón y Suárez), quizás sean también la voz que clama en el desierto, la voz que llevan cincuenta años diciendo que ellos no son, pero que hablan en nombre de quien no merecen desatarle la correa de las sandalias. Si, como decía al principio, cumplir años es una virtud y un gran acontecimiento por estar con vida y ver lo que nos depara esta, el llevar cincuenta años de cura no es para menos.
Quizás ser médico, contratista, marino mercante o licenciado en la play cuatro tiene como reconocimiento un título que nos enmarcamos y colocamos en la pared más visible de la casa para que todo aquel que llega pueda contemplar lo grandioso que somos. Pero quizás ser cura, convivir y compartir con los más pobres; administrar sacramentos que inician, ratifican y despiden a los hermanos de una comunidad; acompañar a los más jóvenes en el discernimiento de sus vidas y decidirse por aquello que más le conviene... no tiene un título que poner en la pared de no se sabe qué casa porque no la tienen como propia y no siempre es la misma. Es por ello que a veces es una voz que clama en el desierto.
Una voz, que el en domingo de Gaudete, de la alegría, del color carne de cada uno nos invitan a allanar los senderos, a mirar y preparar lo que nos tiene que acoger para celebrar la llegada del gran Jesús de Nazaret. No son o no fueron los Mesías, pero sí fueron y son los profetas que desde su tiempo han intentado hacer lo mejor posible su tarea encomendada hace cincuenta años.
A algunos los he tratado más que a otros. Con algunos he tenido más confianza que con otros, pero sí he de reconocer que la humildad ha sido la bandera que siempre han ondeado en todos y cada uno de los quehaceres. Su saber estar ha sido y es el motor que impulsa sus vidas en todos y cada uno de sus actos.
No hace mucho, hablando con un seminarista, le preguntaba que qué le parecía que un cura cumpliese cincuenta años de eso, de cura. Me respondía, Paco es todo un reto. Y es verdad. Los retos, a veces, no son imposibles de cumplir, pero son metas a las que hay que alcanzar y que se pueden llegar en todos y cada unos de sus momentos.
Por ello, en el domingo de la alegría, creo que es un motivo para toda la Diócesis de alegrarnos por los cincuenta años de estos hermanos que lo único que hicieron es ser fieles a un compromiso que iniciaron hace cincuenta años.
Lo dicho, FELICIDADES
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 8 de diciembre de 2017

ESPERANZA TAMBIÉN SE ESCRIBE COMO JOC

ESPERANZA TAMBIÉN SE ESCRIBE COMO JOC
¡Es lo que tiene la esperanza: la posibilidad de segundas oportunidades!. Probablemente si viviéramos en situación de provisionalidad dentro de la esperanza, seguro que las oportunidades de aparecer de nuevo, de tener nuevos retos, de tener nuevas probabilidades... nos harían vivir mejor las situaciones por las que la vida en determinados momentos nos oferta.
Eso es el Adviento: la posibilidad de poder volver a empezar, de allanar lo escabroso, de enderezar lo torcido... de preparar el camino al Señor. ¡ Cuántas veces pensamos y decimos: "si volviera a nacer..." y es curioso como Dios, como cualquier Padre, siente la necesidad de volver a invitar a sus hijos a comenzar de nuevo, a no decirles que el tiempo se ha acabado, sino que el tiempo que vivimos es el que nos toca y hay que aprovecharlo
Esta semana la Palabra de Dios nos invita a hacer nuestra una
nueva actitud que se suma a la de la vigilancia del domingo anterior, preparar los caminos para el Señor que viene. Ésta, que es una actitud más activa, la podríamos desarrollar en dos ámbitos distintos pero complementarios: primero, a nivel comunitario, al construir entre todas y todos las condiciones de posibilidad para que este mundo se parezca más al mundo soñado por Dios en la primera hora de la humanidad. Segundo, a nivel personal, cuando reconocemos con humildad que hay aspectos de nuestra vida que nos gustaría cambiar pues son obstáculos que impiden que Dios nos habite plenamente y que sea su modo de proceder, sus criterios y sus valores los que den sentido y forma a lo que somos y hacemos. Quisiera invitaros a centrar la reflexión sobre este segundo nivel que, a la postre, se convertirá en punto de partida para el primero. A modo de ejemplo, si en nuestros corazones no hemos hecho espacio para el valor de la justicia, ¿cómo podremos ser constructores de un mundo justo?.
Probablemente es lo que la JOC estuvo haciendo este fin de semana larguísimo en Gran Canaria. Las Juventudes Obreras Cristianas son las oportunidades que la vida nos ofrece de que el Adviento todavía, en el siglo XXI, sigue siendo posible; La JOC es la realidad concreta de que la esperanza en la Iglesia no está agotada y que todavía sigue siendo posible; La JOC es la realidad más concreta que todavía hay jóvenes que sienten y creen que la utopía del Reino sigue siendo posible.
La JOC es la realidad patente que ya anunciaba Isaías ochocientos años antes de un tal Jesús de Nazaret: que hay que allanar los senderos y enderezar lo escabroso. Las Juventudes obreras, en su realidad cotidiana, son la prueba real y feaciente de que el reino de Dios es posible en un mundo donde la realidad espiritual no es lo más abundante.
En este Adviento podríamos iniciar un camino de salida de nuestro propio amor, querer e interés e implicarnos afectiva y efectivamente en la vida de los otros. Cuando damos cabida al nosotros, a los rostros y las historias de las personas con las que estamos llamados a construir el reinado de Dios, aquí y ahora, es posible que el cielo nuevo y la tierra nueva que nos dice la carta de Pedro sean, más allá de un anuncio de los bienes futuros, una realidad que alienta nuestra espera.
Muchos de nosotros podemos tener la tentación de vivir como surfistas, de pensar que en el disfrutar las sensaciones fuertes que nos genera el estar en la cresta de la ola es suficiente para tener un horizonte de felicidad. Esta
tentación puede llevarnos a vivir preocupados solamente por el gozo y el placer efímero, por los logros a corto plazo, por vivir el día a día sin preocuparnos e interesarnos por un mañana mejor para todos. Hay vida más allá de la Liga de Fútbol y de los Reality show con las que nos estamos anestesiando.
En este Adviento podríamos atrevernos a bucear e implicarnos en las transformaciones hondas, tanto a nivel personal como comunitario, que nos demanda el proyecto de Jesús. La complejidad de la actual situación mundial: guerras, hambre, fundamentalismos violentos, corrupción, paro, etc., no se puede solucionar con medidas superficiales, requiere de personas que sean capaces de escrutar las causas estructurales y que se atrevan a proponer alternativas, aunque éstas no gocen del favor popular. ¡Qué bueno sería cambiar la tabla del surf por el oxígeno del evangelio que nos permite entrar en contacto con la profundidad de la vida!. Estoy seguro que la JOC lo está intentando. Felicidades por ello

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 1 de diciembre de 2017

EL ESPERANZÓMETRO

                                    
Les confieso que fui al diccionario y no encontré la palabra que inicia esta reflexión. Pero claro, si uno lee ciertas informaciones tendría que estar en el diccionario: ¡cuantas veces hemos oído que la esperanza de vida es de....!. Y yo me he preguntado si la esperanza se puede medir y si es así, cómo se llamaría el aparato que la mide. Le he puesto ese nombre, pero si hay alguno que encuentre otro mejor, pues fenomenal.
Se preguntarán por qué hablo de esta palabreja y es que vamos a entrar en tiempo de esperanza. Uff, ¿pero eso no es todo el año?, probablemente, pero es que los cristianos hemos acabado el año y ahora vamos a empezar uno nuevo sin campanadas y sin uvas, pero con los deseos de las pilas cargadas de esperanza de poder ser un tiempo nuevo y por supuesto un tiempo mejor.
Entramos en el adviento, tiempo por esperanza del año litúrgico, pero claro, ¿los tiempos que corremos tienen visión de esperanza?: paro, guerra, gente que duerme en la calle, las pensiones en la cuerda floja porque la hucha se ha vaciado, la economía va creciendo muy lentamente pero en nuestros bolsillos no se nota mucho.... ¿hablamos de esperanza?.
Muchos, ante las dificultades, pueden pensar que Dios es un Dios lejano, ausente, pero Él ha estado presente animando y fortaleciendo la esperanza de las víctimas, sufriendo con ellas y alentando los esfuerzos de quienes, yendo a contracorriente de los mercaderes de la muerte y la exclusión, han dedicado sus vidas a la construcción de la sociedad de hermanos y hermanas soñadas por Dios. ¡el Dios de la vida y de la misericordia ha estado, está y estará siempre en medio de nosotros!. Es un Dios-con-nosotros.
A muchos, a mí el primero, me encanta el adviento. Y me encanta porque me hace soñar en que el tiempo que viene es un tiempo mejor que el que tenemos y eso me/nos hace o nos debería hacer ver la vida de otra manera, de otra forma y de otra manera. Es un tiempo, como ya vaticinaba el gran Isaías, de allanar senderos y de enderezar lo escabroso y que nos permite eliminar obstáculos que impiden que Dios esté presente en nosotros.
Pero el adviento es un poco como el faro, el vigía que avisa y que como la parábola que leíamos no hace mucho, nos hace estar en vela, no vaya a ser que nos pille en "fuera de juego" ahora que está tan de moda en el mundo del deporte. Tenemos y hemos de estar en vela, para ofrecer los mejores materiales para la construcción del un belén creíble. Un belén del que muchos se quejan que no es el adecuado tal y como lo ha vivido un tal Jesús de Nazaret. Seguro que si construimos ese belén, estemos haciendo la verdadera Navidad.
Probablemente para hacer bien esa Navidad y en este adviento quizás sea bueno revisar nuestra vida, ahora que acabó el año y comenzamos uno nuevo. Qué hicimos que no tengamos que volver hacer; tenemos - quizás - que remover todo aquello que impide la verdadera presencia de Dios, no solamente en nuestras vidas, sino en la de aquellos que nos rodean y sobre todo renovar la vida con ilusión abriendo espacios para volver a Jesús y a la alegría de su evangelio.
Dificultades vamos a encontrar un montón. Desesperanzas también, pero nuestro esperanzómetro mide la capacidad que tenemos nosotros de insuflar lo que otros, por las circunstancias de la vida, no tienen. Los cristianos tenemos que ser cristianos de esperanza ya que esta es lo último que perdemos. Los cristianos tenemos que tomarnos las uvas del deseo de un nuevo año mejor que el que hemos acabado, pero sobre todo tenemos que marcarnos objetivos reales como la propia vida de Jesús de Nazaret.
Feliz año en el adviento.

Hasta la próxima
Paco Mira