viernes, 22 de diciembre de 2017

GRACIAS MARÍA POR PARIR LA VIDA

Los que somos padres, entendemos el proceso de gestación de un hijo. Nuca mejor dicho que “cuando seas padre, comerás huevos”. Ilusión, incertidumbre, miedo, ganas, sonrisa, dolor, preparativos…. Todos son ingredientes de una maravillosa aventura cocinada con grandes dosis de amor y felicidad, aunque los avatares del futuro nos dejen la crianza en una cierta incertidumbre.
Pero claro, cuando sin querer, sin espera, y en parte con miedo, eres parte integrante de un proyecto que no has escogido, da la impresión que las opciones de futuro no son las mejores. Creo que es lo que le pasó – en parte – a María. Es el prototipo de un no pero si. María es el sí pero no, y al final el no pero si. Es la duda de quien tiene que aceptar un proyecto que no conoce, pero que se fía de quien le oferta las mejores garantías. Es más, el ángel le dice no temas, ¿a qué tenemos miedo nosotros en relación a Dios?. Déjenme, con permiso de María, recrearme en esa escena:
Alégrate, el Señor está contigo. Los evangelistas no dudan en llamar a María “predilecta” por ser la elegida para llevar a cabo el don más maravilloso del amor de Dios por la humanidad: la encarnación. El sí de esta mujer sencilla no fue motivado por el fervor del momento, su sí fue motivado por la certeza de que Dios estaba presente en ella. Dios le da una misión, la asocia a su plan de salvación y para ello le garantiza su presencia.
Alegrémonos, el Señor está con nosotros. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pasado momentos difíciles. No obstante, los discípulos de Jesús no nos podemos resignar ante las dificultades y, mucho menos, quedarnos quietos cantando lamentos. Como María, estamos llamados a decir nuevamente sí al proyecto de Dios, a estar alegres y llenos de esperanza porque Dios está con nosotros. ¡No dejemos que nos roben la alegría ni secuestren nuestra esperanza! Dios sigue presente en la historia y nosotros, su pueblo, con nuestros aciertos y errores somos sus testigos. Tenemos un gran potencial para ayudar a hacer de este mundo un lugar de vida, verdad y paz.
Concebirás y darás a luz un hijo. María, hace 2000 años, con su sí, abrió los espacios de la humanidad para la presencia de Dios en la historia. Hoy, 2017 años después, el Señor nos invita a nosotros a crear las condiciones de posibilidad para que la humanidad abra de nuevo un lugar al Dios que se hace hombre en Jesús. Nuestra forma particular de “concebir y dar a luz” se concreta en nuestros esfuerzos por hacer presente a Jesús y el Evangelio en todas las realidades humanas. Los discípulos de Jesús creemos que los valores del Evangelio son una buena noticia y una palabra pertinente que puede ayudar a dar a luz una nueva humanidad. En esta tarea cómo nos gustaría contar con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sin distingo de razas, lenguas o religiones, tendiendo puentes de reconciliación por donde pueda transitar la vida.
Soy virgen… para Dios no hay nada imposible. María, ante el encargo de Dios, expresó su limitación: no conozco varón. La respuesta no se hizo esperar: para Dios no hay nada imposible, fíate. La misión que tenemos por delante en esta hora de la humanidad, aunque es ilusionante, no es fácil… hay muchas heridas por curar, muchas relaciones rotas por restaurar, muchas vidas “descartadas” por acoger, mucha paz por construir, etc. Como María, le decimos a Dios que somos limitados y que la misión nos supera. Sin embargo, ante el grito de nuestra limitación, aparece la confianza de Dios en el hombre pues Él, como fino artesano, puede sacar lo mejor de cada uno de nosotros y ponerlo al servicio del Reino. Nada es imposible para Dios, nuestra fragilidad se vuelve fortaleza cuando abrimos espacios y dejamos que sea Él nuestra fuerza.
¡Hágase! El sí de María es un acto total de confianza, entrega y abandono en las manos del Padre. Hoy nosotros podemos… Hoy nosotros queremos decir sí a Dios. Le pedimos que irrumpa en nuestras vidas para que, con ilusión, esperanza activa, creatividad, valor y entusiasmo podamos hacer presente una vez más a Aquél que desde el portal de Belén nos enriqueció con su pobreza y es la luz que ilumina el nuevo amanecer de la humanidad.
Ante el nacimiento del Niño Dios en Belén pidamos a Dios que inunde de sí nuestras mentes y nuestros corazones para que, hoy como ayer, podamos decir ¡Feliz Navidad!

Lo dicho, FELICIDADES
Hasta la próxima
Paco Mira

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