viernes, 9 de febrero de 2018

DE CONMEMORACIONES Y ENFERMEDADES


Vivimos en una sociedad contradictoria en muchos de sus aspectos. Por una parte - y me lo han oído en más de una ocasión - cuando celebramos algo es que eso que celebramos no funciona, por eso hay que recordarlo para que la gente no se olvide; pero por otra parte si no lo recordamos probablemente lo que queremos que funcione no lo hace. Es un poco la pescadilla que se muerde la cola. Y eso es lo que me parece que va a suceder este fin de semana.
Muchos tienen la mirada puesta en Francia: el país de la república, el país del laicismo, el país del liberalismo... el país de la paradoja de la igualdad, y de la fraternidad, pero donde la religión queda relegada al ámbito de lo privado porque en lo público no tiene sitio ni cabida. Es el país que en su momento, María, nuestra madre en la fe, escogió para manifestarse a los humildes y sencillos en el pueblo de Lourdes. Es allí donde este domingo todas las miradas están puestas, desde la fe, en la esperanza de que los milagros puede ser que sigan operando, y extendiéndose de forma que sean lo más operativos posible.
Este fin de semana muchos correrán para creer que sus enfermedades serán curadas y sanadas. Este fin de semana se rezarán más rosarios que nunca. Este fin de semana hasta el que no cree, probablemente, será el mayor de los creyentes que existen bajo la tierra. Se lo juro: se me pone la piel de gallina cuando la gente es capaz de manifestar su fe de esa manera y yo no soy capaz de ello.
Pero también este fin de semana celebramos la campaña de Manos Unidas, la campaña contra el hambre. Leía el otro día que solamente en un año mueren hasta 60 millones de niños en el mundo de hambre, sin contar los que no son tan niños. La verdad es que las cifras son abrumadoras, son demoledoras y creo que tendrían que hacernos parar en el camino de la vida para pensar lo que estamos haciendo.
Dice el propio evangelio, que "no solo de pan vive el hombre" aunque este sea el elemento primordial para poder caminar en la vida. Probablemente el hambre de hoy en día sea de muchas cosas y no solo
de pan. Cosas que hacen que desemboquen en el pan: de justicia que no se aplica a infinidad de situaciones en la vida; de desahucios que no tendrían que producirse y que no tenemos el techo para compartir el pan con los nuestros; de solidaridad con aquellos que más sufren, etc... y podríamos seguir enumerando infinidad de situaciones que hacen que el hambre en el mundo sea mucho más amplia que el propio pan del que todos nos alimentamos.
La falta de comida, la falta de los alimentos que antes he mencionado hace que estemos enfermos, que no solamente miremos a Lourdes, sino que miremos a María como madre: enfermedad de la soledad, enfermedad de la tristeza, enfermedad del alejamiento, enfermedad de privación de libertad, enfermedad de la ignorancia; enfermedad del abuso.... ¡cuántas enfermedades que nos llevan al hambre personal y por empatía al hambre colectiva!.
Me gustaría que viajásemos a Lourdes no solamente pensando en mi curación personal - que también - sino que por extensión pudiese, mirando a los ojos a María, sanar las enfermedades del corazón. De aquellas enfermedades que probablemente no se ven exteriormente, pero que hacen
que tenga hambre e intente saciarme dejándome un vacío interior que hace siga teniendo hambre.
Solo el que se llena de lo que realmente te harta es capaz de dar lo que a otros les hace falta. Sólo el que se reconoce como necesitado de alimento es capaz de valorar lo que es realmente lo que te sacia. Solo el que experimenta lo bueno que es el alimento evangélico se convierte en verdadero discípulo que me hace viajar hasta los confines de la tierra.
Aprovechemos las oportunidades. Aprovechemos al campaña contra el hambre para sensibilizarnos materialmente y del corazón. Hagámonos una radiografía para comprobar que, a veces, no estamos enfermos exteriormente sino un poco más hacia el interior. María puede ser un buen escáner.
Hasta la próxima
Paco Mira

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