viernes, 22 de junio de 2018

BRUJAS, HOGUERAS Y.... SAN JUAN



Las costumbres fueron haciendo mella en la cultura de la gente. Hay pueblos y lugares con esas costumbres mucho más arraigadas que otras, sin embargo todas, de una manera o de otra beben, se alimentan, participan, disfrutan, se divierten.... de ellas. ¿Quién no ha saltado una hoguera con motivo de San Juan?, ¿Quién no ha pedido un deseo cuando eso sucede?, ¿Quién, con motivo de San Juan, no ha degustado un buen plato de comida según qué lugar de la geografía española?. Ya vemos que las festividades dan para mucho y para más.
También hemos de contar que muchas de nuestras celebraciones no son más que mitos o falsas leyendas que, también, a lo largo de la historia han calado en nuestra cultura con el fin de alimentar una tradición con la que hemos convivido en más de una ocasión. Probablemente este fin de semana muchos saltarán el fuego de una hoguera con el fin de pedir un deseo, con el fin de espantar no sé qué malos espíritus…. Ojalá que el que salte el fuego sea para purificación, para lo que Juan el Bautista decía de conversión, de volver a los orígenes de lo que tiene que ser el evangelio, de buena noticia.
¡Es verdad!. Este fin de semana celebramos la solemnidad de Juan el Bautista, porque bautizaba, porque iba delante, porque marcaba el camino a seguir dentro del convencimiento que había adquirido al asumir que Jesús de Nazaret merecía la pena.
Esta semana hemos celebrado el día del refugiado. Hemos celebrado un día en el que un barco llegaba cargado de inmigrantes. Muchos siglos después del nacimiento del Bautista, los cristianos seguimos trayendo a la memoria la vida, la misión, el “cabreo” de allanen los caminos y enderecen lo escabroso, pero, ¿qué caminos debemos allanar o enderezar para que este tiempo sea un tiempo de salvación y de gracia?. ¿Nuestro modo de proceder se parece al de Juan o caemos en la tentación de anunciarnos a nosotros mismos?.
Ha llegado la hora de volver nuestra mirada y nuestro corazón a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. La primacía del mercado y la gestación de una economía que ha dejado fuera a cientos de pueblos, ha de ser renovada por un sistema económico donde el ser humano y la primacía de la justicia y la equidad estén en la primera línea de los reclamos éticos.
Los migrantes que se lanzan al mar para salvar su vida no son un problema, son personas con nombres e historias concretas que ponen en evidencia el olvido al que han sido sometidos por años al expolio que han sufrido sus países. La migración es un derecho y es menester allanar las políticas de exclusión de esta realidad cambiándolas por políticas de hospitalidad y de cooperación para el desarrollo.
La política, hoy mancillada por los procesos de corrupción, ha de ser renovada sobre la base del trabajo por el bien común y la responsabilidad con
la construcción de sociedades abiertas, plurales y democráticas en las que todas y todos podamos ejercer como ciudadanos de primer orden.
La Iglesia, que no acaba de vencer la tentación de encerrarse en sí misma, se convierte de nuevo en Pueblo de Dios, pueblo santo y servidor; pueblo de misericordia, de ternura y compasión, de vida, de justicia, de paz, pueblo de hombres y mujeres cercanos y acogedores, pueblo diverso y multicolor, pueblo ecuménico y dialogante.
¡Cuántos caminos por allanar!. ¡ Cuánto nos queda de Juan el Bautista, sin saltar hogueras!
Hasta la próxima
Paco Mira

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