viernes, 10 de agosto de 2018

FUERTE PROBLEMA EN EL VERANO CON LA DIETA


Probablemente es algo que a todos nos incumbe e incluso yo diría que nos preocupa: a unos más que a otros por supuesto. Parece como que en el verano, por aquello de la piscina o de la playa, hay que darle un giro total a nuestra vida. En invierno y en otoño como que la importancia es otra, o no tiene importancia. En la primavera nos empiezan a bombardear con la "operación biquini", o la operación "fuera tripa". Les voy a decir algo: los que tenemos cierta tendencia a no soltar kilos - porque trabajo cuesta cogerlos, ¿saben? -, parece que tenemos un sufrimiento añadido. Claro, llega el verano y eso de la dieta como que no encaja mucho en la mayoría de los mortales, incluso aunque se intente.
Por otra parte, una de las cosas buena que tenemos a nuestro alcance es lo que llamamos "la dieta mediterránea", rica en frutas, verduras, pasta, arroz, aceite de oliva, pescado....Sin embargo aún conociendo los beneficios que nos aporta esta dieta, se nos recuerda que estamos abandonando este tipo de alimentación, sustituyéndola por carnes procesadas, grasas, azúcares... que unido al sedentarismo o a la falta de ejercicio, hace que la obesidad aumente, existan problemas cardiovasculares, etc..
Aunque lo podemos constatar en nuestras parroquias todas las semanas y según un estudio de Abril del 2018, el 68% de los españoles se declara católico, pero solo un 14% participa de la eucaristía dominical. Ya lo dejaba entrever en mi reflexión del domingo pasado. Gracias a Dios ya nadie nos obliga a asistir a ciertas prácticas religiosas, pero es triste que haya que ir al médico para darnos cuenta que ciertos alimentos que venden en ciertos establecimientos no nos aportan ningún beneficio, que no hacemos ejercicio y que tenemos problemas coronarios. A nivel religioso, ¿a quién acudimos?
Me parece triste, y lo decía, que hasta los propios agentes de pastoral, hagan "dieta religiosa", entendiendo por dieta dejar de comer en vez de comer sano. ¿Adelgazamos?, probablemente, pero no de la forma que debiéramos. LLevamos tres domingos en los que Jesús nos recuerda cuál es el verdadero alimento que nos tiene que dar fuerza para la vida, y nosotros emperrados en hacer dieta sin acudir a los cánones correspondientes.
Probablemente pondremos cincuenta millones de disculpas: la playa, el cura que está no me gusta, es que me da perece... pero ¿y los que madrugan para ir al gimnasio?, ¿los que madrugan, estando de vacaciones, para hacer la ruta del colesterol?. Cuando hablamos de ir a compartir la fe, podemos hacer como Elías en la primera lectura que ante las dificultades se sienta debajo de una retama y se desea la muerte: ¡que pena!
Lo más probable es que cuando desde algunas instancias se nos recorten derechos o nos quiten algunas situaciones que por el momento podemos hacer, nos tiraremos de los pelos y diremos por qué nos hacen eso. Sencillamente ahora no estamos prestando la debida atención ante las
dificultades. Nuestras eucaristías, veraniegas o no, están quedando escasas de gente y no hay que echarle la culpa a nadie. Somos nosotros mismos los que no damos el ejemplo que requiere una situación como esa.
No pidamos peras a los olmos, porque no las dan. Prediquemos con el ejemplo, incluso para nuestros hijos y así no digamos nunca, "no sé por qué mi hijo no quiere ir a misa los domingos", pues porque probablemente nosotros no damos ejemplo. Si nosotros no vemos la eucaristía como algo importante, no tiene sentido involucrar a los demás en algo que nosotros no sentimos.

Hasta la próxima
Paco Mira

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