viernes, 21 de diciembre de 2018

EL CAMINO QUE LLEVA A BELÉN, ES.... PARA PROCLAMAR


Uno es nostálgico, lo justo. Si bien es verdad que cuando se mira hacia atrás ve que se van dejando cosas, que probablemente le gustaría que se hicieran ahora. Pero claro, ahora no es lo mismo. Recuerdo precisamente las navidades. Creo que mi infancia no ha sido mala y aunque la situación sí lo fuera, a los niños no se nos notaba. Seguro que en contra de lo que los psicólogos puedan decir ahora (a los niños no hay que ocultarles nada). Mis Navidades eran de Belén, de árbol, de cena en familia y sentados en una mesa, de un ambiente mágico por lo que le rodea la llegada de sus majestades, de participaciones mínimas de loterías que en los bares le regalaban a mi abuelo, de compras de figuras del belén que todos los años se aumentaba..... Hoy, vamos de prisa, corriendo, de montar un belén tarde y cuanto antes mejor.... No sé lo que prefiero si lo de antes o lo de ahora.
Los villancicos entran en el kit navideño. Uno de ellos cantaba Rafael que "el camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve cubrió". Y me da la impresión que la nieve tiene mucha culpa de lo que cubre y que probablemente no vemos o no queremos ver. No hace mucho llegaba la policía a nuestra iglesia y preguntaba si había una manta para un hombre que en una noche de frío, estaba descamisado y le iba a dar algo. Recuerdo que le pregunté a los guardias si los servicios sociales municipales no tenían un plan para contingencias como estas, me dice que no. ¡Cómo cubre la nieve, las miserias de unos impuestos que no tienen calderilla para dar cobijo en una noche fría a quien - por los motivos que fuere - no tiene techo!.
Pero claro, el camino sigue bajando hasta Belén. Y probablemente la nieve cubra edificios que solamente miramos por el morbo de quien pueda estar dentro. Edificios a quien la sociedad ha dicho que tienen que servir para la reinserción de quienes han cometido un delito o una equivocación. Seguro que nosotros estamos deseando que ese tiempo sea eterno e infinito. Como eterna e infinita es la sonrisa del apartado de la sociedad y afincado en un humilde pesebre, cual celda de castigo social, porque "en la ciudad no había sitio".
Y nuestro camino hacia Belén sigue transcurriendo en medio de una nieve que no nos deja ver a tantas y tantas familias que no llegan a fin de mes y tienen que acudir a caritas. Tienen que tender la mano a una serie de voluntarios cuales pastores que acuden prestos a un acontecimiento importante en la oscuridad de una cueva. Voluntarios que acuden rápidos a las necesidades de muchos, mientras otros cenamos ajenos a los avatares y problemas de muchos.
Nuestro camino hacia Belén va bajando con nieve que nos ciega o nos deja sordos y no somos capaces de proclamar, como María, cuando va a visitar a su prima Isabel, que Jesús de Nazaret no nace en balde, no nace para que no se le tenga en cuenta. Nace desde la humildad del ejemplo bien hecho y manifestado en un humilde pesebre. ¡Cómo sería la visita de María, que su prima no dudó en afirmar a la madre de su Señor!. Probablemente la nieve nos deja afónicos de la vergüenza al proclamar a Jesús de Nazaret.
¡Qué fácil es felicitar la Navidad y qué difícil es hacer navidad!. Les propongo que hagamos un reto todos: no felicitemos la Navidad, HAGAMOS NAVIDAD.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 14 de diciembre de 2018

LA ALEGRÍA DE LA ESPERANZA




La esperanza nunca puede ser triste, porque se desea y aquello que se desea se espera con entusiasmo. Esto que parece un juego de palabras, no es ni más ni menos que el cristianismo en su pura esencia. Diciembre es el mes de la parranda, de la fiesta, de las cenas de empresa y familiares; es la alegría de ciertos alcaldes porque la iluminación de su ciudad es la mejor del mundo; es la alegría de los belenistas o de los que sin serlo se esmeran en sus casas; es la alegría de ese Papá Nöel (quizás no muy cristiano) que sacude la campanilla para esbozar la sonrisa de los niños y... de los grandes... es el mes del adviento, de la esperanza y.... en medio de ella, un domingo dedicado a la alegría.
Pero para los cristianos, queremos y tenemos que entender, que es mucho más que eso. Entendemos que si para nuestros antepasados nuestro Dios era lejano, inaccesible, irreconocible...se hace camino visible en la humildad de un pesebre. Pero claro, no todo el mundo lo quiere ver y los que dicen que lo hacen, creo que tendrían que tener alguna actitud a raíz del evangelio de este domingo.
Cuando le preguntan a Juan "¿qué hacemos?: el que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene". Se me ocurre que en la sociedad de la abundancia, nuestra vieja y querida Europa podría apadrinar a la nueva y sorprendente - por jóven - Africa: compartir lo que somos y tenemos es la mejor forma de preparar la cuna del pesebre en el Belén de nuestros corazones. La navidad es un tiempo propicio para que las luces y los cánticos se traduzcan en vida compartida con aquellos para quienes diciembre es un mes más en el calendario.
Vuelve el evangelio a darnos otra clave: "Maestro, ¿qué hacemos nosotros?: No exijáis más de lo establecido". En esta hora de la humanidad, en la que vivimos con un reparto de lo más injusto, donde no hay equilibrio salarial, trabajar y apoyar la construcción de una cultura de la justicia es otra forma maravillosa de preparar el pesebre. La justicia no es solamente repartir lo que le corresponde a cada cual. La justicia es tender puentes y allanar caminos para que nadie se quede sin vivir dignamente. Hemos de ser artesanos de la justicia.
Y de nuevo la respuesta de Juan a los militares: "no hagan extorsión ni se aprovechen de nadie...". La autoridad ha de ser entendida como servicio. Cuando la autoridad se utiliza como bien de servicio propio, pervierte a los autores de la misma. Todos nosotros tenemos la obligación de exigir transparencia a quienes nos gobiernan.
Domingo de la alegría. Domingo de la alegría esperanzada. Domingo en el que damos un pasito más hacia ese Belén que tenemos que construir todos los días pero que en Diciembre un poco más si cabe. Un domingo alegre por ser solidarios en el servicio, por ser obreros de un mundo más justo y sobre
todo porque los que tienen cierta autoridad lo hacen en favor de los demás y en especial de los más necesitados.
Es curioso como el color de la casulla de este domingo es de color carne. Es la propia persona la que ayuda en la entrega generosa. Somos todos y cada uno de nosotros los que caminamos hacia Belén con una esperanza, con un adviento que nos llega de orgullo, de alegría, de satisfacción... o eso al menos me gustaría, empezando por mí.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 7 de diciembre de 2018

CHACHO, ¿POR QUÉ GRITAS?


CHACHO, ¿POR QUÉ GRITAS?

¿ A ustedes nunca les ha pasado el poder decirle a alguien que se calle la boca que siempre está con la misma matraquilla?. Probablemente a mi padre se le pasó por la cabeza en más de una ocasión cuando le pedía algo, se lo recordaba más de una vez, alguna que otra hasta rallar el inicio de algún enfado por parte del progenitor. El resultado no siempre era el esperado, pero uno insistía por si acaso colaba la historia.
El evangelio de este fin de semana, creo que va un poco por ahí. Yo me imagino a Juan, harapiento, probablemente mal oliente, sin un aseo adecuado, sin una presencia física de lo más deleitable, incluso con inquilinos de esos que les decimos a los padres de los niños que los aseen de forma adecuada.... y mi amigo Juan, dale que te pego, "preparen el camino al Señor. Enderecen lo escabroso, allanen sus sendas...". Me lo imagino en cualquiera de nuestros parques - probablemente faltos de mantenimiento -, en cualquiera de nuestras plazas, delante de algún negocio sospechoso de una vida intachable, etc... y lo más seguro es que ya estaríamos cogiendo el teléfono, llamando a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, porque Juan, estorba, me quita la clientela.
Claro, el Juan de hoy, no creo que fuera como el del evangelio. Probablemente no estará en un desierto de arena ardiente cual Lawrence de Arabia, sino en cualquiera de nuestros pueblos y ciudades asfaltados y con todas las comodidades.
Pero en esas ciudades y pueblos, también hay desiertos, no de arena, sino de alquitrán. Desiertos a los que no solemos acudir con frecuencia, quizás por miedo, por vergüenza... y allí en los alejados, también hay un Juan Bautista, hay un Antonio, un Lucas, una Cristina, una Isabel... que predican en el desierto real del asfalto y en el desierto de los corazones de muchos que pasamos de largo. Un desierto donde habitan gente sin hogar, donde moran en cartones y a la intemperie, padres y madres de familia; un desierto lleno de gente en el paro y que la escasez de recursos no les permite llegar a fin de mes; un desierto donde se desahucia a la gente por no pagar un mínimo rentable; un desierto donde vemos pasar gente corriendo de color y que nos dice que les ayudemos y nosotros lo que hacemos es llamar a las autoridades...
En ese desierto, también se nos dice, "preparen el camino al Señor"; es una voz que probablemente solo escuchen unos pocos, cuando se grita para todos; El Juan de hoy no comerá saltamontes, aunque sea la comida del futuro, pero sí puede tener una alimentación escasa. Probablemente nosotros le diremos, " pero bueno, ¿por qué gritas?"., en canario, "Chacho, ¿por qué gritas?. Lo más probable es que gritemos mucho en los campos de fútbol, en elecciones municipales, ... pero seguro que no somos capaces de gritar a los cuatro vientos aquello de preparar el camino al Señor. 
Un adviento, una espera, una esperanza, sin un suspiro, sin un grito de aliento probablemente no sea ninguna de las tres cosas y si no que se lo pregunten a una madre cuando da a luz..
Amigos, hoy el mensaje telefónico es de caminar, yo diría de gritar, de quedarnos afónicos hasta que nos escuchen, hasta que el mensaje llegue hasta el final. Ojalá que este adviento sea el primero en afonía, para enderezar lo "cambado"
Hasta la próxima 
Paco Mira