viernes, 13 de diciembre de 2019

TEORÍA ME SOBRA, ¿PRÁCTICA?


Uff, menos mal que se calmó la cosa, porque hasta no hace mucho, los agoreros del futuro vaticinaban que el fin de los tiempos estaba al caer. Cuando una desgraciada guerra se asomaba al panorama de nuestra vida, era una signo - para algunos - más que evidente que las escrituras se estaban cumpliendo; cuando las inclemencias metereológicas eran más acuciantes que nunca, no dejaban de ser, de nuevo, signos que el fin estaba próximo y había que prepararse. Pero casualidades de la vida, el mundo sigue girando y dando vueltas y los días siguen pasando y los años cayendo... y el mundo.... dándonos alegrías (a veces algún coscorrón) y aquí no se acaba nada.
Los discípulos de Juan, parece que tienen prisa. El tiene la necesidad, por lo que oye, de tener la certeza de quien es el que
busca. Por eso le preguntan al propio interesado, eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro", quizás en canario, chacho, fuerte lío colega. Jesús, en ningún momento dice que es él. Jesús lo único que dice son hechos, obras: los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra quedan limpios....Y eso es lo que a Juan le vale, no necesita más: la práctica supera toda teoría.
Posiblemente en nuestro mundo, de teoría sabemos mucho. No hay más que ver la de hojas que se emplean en tesis doctorales o de licenciatura argumentando casos que pueden ser probables, pero que lo más probable es que no lo lea nada más que el que lo presenta y su director. Cuando nos presentamos a una oposición, la teoría es muy bonita, pero después en la práctica los casos nos devuelven a la cruda realidad. Hojas parroquiales que nos dan instrucciones semanales, etc...
En nuestro mundo, sigue habiendo cojos, personas que flaquean en su fe, que dudan, que se tambalean y que no saben o no pueden guardar su equilibrio a la hora de la confirmación de su fe; en nuestro mundo sigue habiendo ciegos que no ven o - lo peor - que no quieren ver la realidad que nos rodea, de gente que nos tiende la mano solicitando nuestra ayuda y miramos para otro lado o no queremos ver; en nuestro mundo sigue habiendo enfermos terminales de ausencia de toda trascendencia que le hace tomar decisiones en la vida que no son las más adecuadas. Su carne, su persona se cae y desmorona como el que tiene lepra.
En este adviento que ya camina en su tercera etapa, hagamos propia las palabras de Isaías que nos dice que el mismo Dios viene en persona. A veces corremos el riesgo que nuestra sociedad paralela no religiosa nos adelanta lo que envuelve a lo religioso desde el mes de Octubre y no nos hace ver el adviento como la verdadera espera nerviosa de un nacimiento real, algo parecido como le sucedía a Juan el Bautista. Pablo se lo recuerda a su comunidad de Roma, tengan paciencia. ¡ Qué poca paciencia tenemos a nivel general.
Pero claro. La llegada de Jesús no se hace desde los palacios (aunque los hay que también lo esperan); desde los grandes acontecimientos; desde los grandes eventos... os aseguro que no hay hombre más grande que Juan el Bautista.. Me gustaría que tuviésemos un corazón noble y humilde como el de él; que nuestra apariencia (piel de camello y sandalias en los pies) sea la de un verdadero "vocero" , profeta que anuncia que la Navidad merece la pena, que el nacimiento es algo real y valioso. Ojalá que nosotros, cristianos de toda la vida y de golpes en el pecho, fuésemos los primeros en anunciar que el Reino de los cielos está a punto, y que su rey, está a punto de nacer. Somos voz que clamamos, ¿dónde?... Si es que teoría nos sobra.
Feliz Adviento. Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 6 de diciembre de 2019

INMACULADO TESTIMONIO

Las fechas van avanzando y ya caminamos hacia el segundo domingo de adviento, pero que la coincidencia hace que María se ponga en mitad del camino. Casi sin querer queriendo, nos hace una señal de parada para indicarnos cómo y por qué merece la pena ser signos de esperanza, en un mundo aparentemente negativo, desesperanzado, desilusionado... pero un mundo con ganas, con aliento, con ilusión de que lo que hace puede ser de otra manera y quizás de una manera más feliz.
Pero la vida está llena de sobresaltos, de sustos, de incertidumbres, de dudas... Nos están poniendo los pelos de punta con el cambio climático. Quizás para algunos nos llegue ya un poco tarde; Nos están avisando que la economía puede tener una recesión y hay que estar prevenidos. Y nosotros lejos de ello, actuamos como si no hubiera pasado nada, como si la cosa no fuera con nosotros.
Y es curioso que a María la vida también la llenó de sobresaltos, de dudas... ¡A quien no le asusta - aunque te digan que no temas - cuando te dicen que vas a concebir, dar a luz.....!. Y si eso es en medio de la noche, pues no les cuento más que eso. Pero es que la fe es un continuo sobresalto. Vivimos en un mundo tan cambiante, tan tecnificado... que la reflexión ya no la hace el hombre sino la máquina. Es curioso como Dios, como a María, nos sigue invitando a "quedar preñados" de Jesús, de su mensaje. Un mensaje que todavía sigue teniendo vigencia en un mundo cada vez más secularizado.
El Ángel, a María, le dijo que para Dios nada es imposible, casi como lo cantaba Glenda. Dios hoy, en pleno siglo XXI, sigue haciendo posible lo imposible. Lo que parece que está caduco, viejo (la prima Isabel), lo que no es productivo.... Dios lo hace fértil. Aunque pensemos que ya no tenemos esperanza de volver a tener lo que hemos perdido; aunque pensemos que estamos en un mundo que mira para otro lado, Dios sigue diciendo que para él nada es imposible.
No quiero entrar en el Dogma de este día, pero sí quiero compartir que Dios habita en los sinceros y limpios de corazón. En los Inmaculados, en aquellos que como María se fían, se entregan y se ponen a disposición de Dios. Seguro que María tenía una agenda muy apretada. Seguro que María tenía sus planes hechos, incluso con el propio José, sin embargo ante la llamada de Dios, lo deja todo y se pone a su entera disposición.
María es la esperanza personificada en este tiempo de Adviento. Es el personaje que lucha contra viento y marea ante las adversidades; María es la que se pone a disposición del Padre y dice que se haga en ella según la voluntad de él.
Por eso María tiene un corazón puro, limpio, aseado, inmaculado que le lleva a dar testimonio de aquello que siente y ha asimilado sin entender y sin saber por qué a ella. ¡Que grande es la fiesta que celebramos este fin de
semana!. ¡Que grande es poder vernos en el rostro de una mujer que se siente feliz por llevar adelante un programa que dura y perdura a lo largo de los siglos.
María es el prototipo de fe. Es el prototipo de lo que Francisco de Asís decía que si es necesario lo digamos con palabras. Ojalá que el ejemplo de María nos ayude a tener un corazón noble, abierto al testimonio de un mensaje que siempre es buena noticia en un mundo al que le hace mucha falta.
Feliz Adviento. Hasta la próxima
Paco Mira

jueves, 28 de noviembre de 2019

CON LA QUE ESTÁ CAYENDO, ¿PODEMOS ESPERAR A ALGUIEN?



La verdad es que no está el horno para bollos: la crisis se sigue cebando en muchas de nuestras familias; los pactos políticos parece que no son del agrado de muchos sobre todo viendo las posibilidades que nos quedan; las declaraciones de algunos miembros del gobierno en materia religiosa pues parece que lo único que hacen es poner más nerviosos - si cabe - al personal. En definitiva, que no está el horno para demasiados pasteles y su disfrute posterior.

Volvemos, llegados a este punto, a utilizar un verbo: ESPERAR, un adjetivo, ESPERANZA; Pero también es verdad que cuanto más utilizamos ciertas cosas nos llevan a desgastarlas de tal manera que pierden su significado y su interés. Cuando a alguien le decimos que espera, ten paciencia, ya verás como todo se soluciona, no tengas prisa, dale tiempo al tiempo.... y este pasa a una velocidad de vértigo... pues como que no encajan ciertas cosas.

Pero hay palabras o expresiones que, en un momento dado, se ponen de moda y son muy utilizadas. Una de esas palabras es ilusionante, que suele emplearse para hablar de un proyecto ilusionante, de un tiempo ilusionante, una fecha ilusionante... Pero la palabra no se crean que me gusta mucho, puesto que la palabra ilusión hace referencia a algo que carece de un fundamento real. Y aunque se puede tomar en un sentido positivo, como sentimiento de anticipación a algo que genera entusiasmo y alegría, llega hasta ahí y cuando esto sucede, se pierde la ilusión. Además si por cualquier motivo este hecho o acontecimiento, no llega a producirse, se rompe, la ilusión se convierte en des-ilusión.

Esto, a veces, puede ocurrir con la Navidad y con los pasos previos a ella en el adviento. Corremos el riesgo de querer que llegue para vivir la "ilusión " de las luces, de la decoración de escaparates y establecimientos, de las decoraciones de las calles, de los regalos que en esta fecha nos intercambiamos...Pero para un cristiano que se precie, el adviento no ha de ser un tiempo ilusionante, sino un tiempo esperanzante que son dos cosas distintas.

La esperanza cristiana no es al ilusión de que algo bueno nos puede ocurrir. La esperanza cristiana es una virtud arriesgada y no una ilusión como la que tenían los israelitas. Nuestra esperanza tiene un nombre, Jesús de Nazaret, y tiene una meta: la cruz como bandera de un Reino que se adelanta a nuestro mundo.

Claro, esto nos lleva a estar preparados. A no bajar la guardia a pesar de las adversidades; a tener siempre la alerta en su punto máximo, puesto que no sabemos ni el día ni la hora. Como dice el Papa, "una mujer embarazada todos los días se toca la barriga, para notar y saborear lo que lleva dentro de sus entrañas". Nosotros los cristianos parece que muchas veces tiramos la toalla porque no vemos la luz al final del túnel y a lo mejor no es cuestión de verla sino de creer que esa luz es posible.
 Reivindico de nuevo el derecho a la esperanza; reivindico el derecho a estar preparados para lo que se nos avecina; reivindico el derecho a que a pesar de todas las dificultades habidas y por haber, siempre hay un hueco para la espera, las ganas y la certeza de que el pobre de Belén se hace presente allí donde el pobre le necesita.

                                                ¡ Feliz Adviento!. Hasta la próxima

                                                                       Paco Mira

viernes, 22 de noviembre de 2019

POR QUÉ NOS MANIFESTAMOS?


Cuando se producen manifestaciones, como las que últimamente se están produciendo en algún lugar de nuestra geografía española, incluso cuando alguien protesta por la representación en forma de fotografía de quien es nuestro "jefe", puede ser hasta común que se quemen fotos de nuestro rey o incluso una especie de espantapájaros que se han con afán burlesco. Puede ser legítimo estar a favor o en contra de un determinado gobierno, pero me da la impresión que dada la desinformación que abunda en nuestra sociedad, sin preguntáramos a quienes se manifiestan por qué están en contra de este gobierno o de la monarquía, en la mayoría de los casos no se sabría dar una respuesta adecuada y razonada. Se suele partir de una visión estereotipada y negativa de la misma, y como se han asumido sin reflexionar todos los prejuicios y tópicos, se rechaza de plano sin analizar ni profundizar en el sentido y la función que tiene, por ejemplo, la monarquía parlamentaria dentro del marco de la Constitución.
Y digo esto porque este fin de semana celebramos la solemnidad de Cristo Rey. Claro muchos lo han identificado con ciertos movimientos nada democráticos del pasado; con ciertas apreciaciones de solemnidad nada cercanas al pueblo y que nos vuelven a retrotraer al pasado. Nos llevan a la imagen de una iglesia poco cercana a los pobres y humildes y más en sintonía con gente que no entiende que en el evangelio se dice "bienaventurados los pobres".
Pero nuestro monarca tiene también su día en el calendario. Un monarca que quizás no difiera mucho de los actuales, o al menos de alguno que conocemos: no es asumido por todo el mundo, incluso alguno se plantea si su figura en los tiempos que corremos dice o nos dice algo y por ello hay que mantenerlo. Alguno plantea que la figura del rey es una figura del pasado y por ello no tiene sentido, ha quedado obsoleta.
Pero casualidades de la vida, su reino, que él mismo decía que no
era de este mundo, se ha convertido en un pueblo de reyes, en una asamblea santa… que tiene como misión que su reinado no se apague, no se acabe… aunque tampoco sea comprendida y entendida. Un pueblo, el de reyes, que será perseguido, calumniado, vilipendiado a lo largo de los siglos. Sin embargo el Jefe, el Rey… nos dirá que no nos preocupemos porque estaremos con él, desde ya en el paraíso.
En un mundo como el de hoy, donde las palabras ya cansan y se las lleva el viento; donde las promesas sin hechos son como hojas a las que el río se lleva sin resistencia, quizás es la hora de preguntarnos cuál es nuestro papel en este maravilloso reinado, donde la fe tiene que empezar a sentirse de una vez por todas sin necesidad que nadie nos lo recuerde.

Se acaba el año litúrgico y ¿van….? Unos cuantos. No sé si es ahora cuando tenemos, los cristianos, que tomar las uvas. No sé si es ahora cuando tenemos que pedir los deseos, lo que sí tengo claro que es la hora de despertar ya, que se nos tiene que notar que somos pueblo de Dios, que tenemos que bendecir a nuestro Dios, que Dios sigue siendo ese Dios que se ha encarnado en el Jesús de Nazaret que tocamos en el hermano que sufre, por eso su reino no es de este mundo.
Amigos, acabamos el año de la fe, pero comencemos a tener fe que se nos note en la cara. Quizás se nos acabó la euforia con la que lo hemos comenzado y nos podemos preguntar, como el título de estas letras, ¿y ahora qué?. Pues ahora será dar razón de nuestra fe, de nuestra esperanza. Seamos reyes de un pueblo, que aunque no sea de este mundo, toca la tierra y las realidades de la misma. A Dios rogando, pero con el mazo dando. Tenemos pues que manifestarnos.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 15 de noviembre de 2019

PASAMOS LAS ELECCIONES Y AHORA TOCA ¿MIRAR EL INFORMATIVO?

Bueno ya está, ¿o no?. Resulta que hemos pasado unas elecciones que me da la impresión que por lo sucedido después del resultado, nos podrían ahorrar dos cosas: tiempo y dinero. Pero bueno, desde aquí quiero tener una mirada hacia la esperanza, y que se gobierne no solo para los que han votado unas determinadas siglas, sino para todos los españoles. Claro, los informativos, ahora, no dejarán de estar todo el día informando de lo que seguro que ya sabemos, pero será su obligación.
Pero también es cierto que cada vez más personas comentan que escuchar o ver las noticias les pone de mal humor. Tanto desastre, tanta injusticia, tanta pobreza, tanta violencia... les afecta, sobre todo porque parece que los intentos de detener o paliar tanto mal caen en el vacío o resultan insuficientes. Eso va generando un estado de ánimo que se concreta en diferentes actitudes ante la realidad: algunos se quedan indiferentes ante los problemas cuando no les afectan directamente pensando que "eso no va conmigo", otros son meros espectadores de la realidad, viendo mucha información, criticando, pero sin hacer nada; y otros, como las avestruces, no quieren saber nada de la realidad, piensan que no hay que hacer, y se refugian en su familia, su trabajo, sus intereses.
Si nos fijamos en el evangelio de este fin de semana, parece un telediario: se alzará pueblo contra pueblo, habrá grandes terremotos, epidemias, la propia familia nos traicionará... según este telediario no hay escapatoria y la única solución que nos queda es esperar a que nos toque nuestro turno.
Sin embargo la respuesta de Jesús ante esta catástrofe es clara: cuando se oigan situaciones como estas, es el momento de no volver la espalda, de no mirar para otro lado, de dar la cara y sobre todo de dar testimonio de aquello que decimos que creemos y que estamos convencidos. Porque además el evangelio no es algo que se nos da en función de lo que hacemos. El evangelio se nos da en la realidad y en la vida de cada uno de nosotros: en lo bueno y en lo malo, en las alegrías y en las tristezas, en la salud y en la enfermedad... y ante un telediario catastrófico, nosotros tenemos que dar anuncio de la Buena Noticia y esta con nombre: Jesús de Nazaret.
Pero hoy más que nunca, "la esperanza de los pobres nunca se frustrará", puesto que este domingo es la III jornada mundial de los pobres. No nos olvidemos que pobre no solamente es aquel que no tiene lo básico, que también; pobre es el que no tiene alegría, el que tiene siempre como compañera a la soledad, el que no es comunicativo, el que ha perdido la esperanza.
Un cristiano, nosotros, no perdemos la esperanza. La historia, nuestra historia, es la historia de salvación; es la historia en la que Dios interviene, nos
guía, nos acompaña y no nos abandona. Es la historia en la que Dios mismo se mete en la misma historia del hombre. ¡Que bueno es que Francisco, nuestro Papa instituyera la jornada mundial de los pobres!. Ojalá que no se convierta en una jornada más; ojala que no sea un día más en el calendario; ojala que no quede ensombrecida por otros acontecimientos. Ojalá que sea una noticia que sale en los informativos para tomar conciencia que hoy son otros, pero que mañana podemos ser nosotros: con nuestra historia, con nombre y apellidos... que no somos anónimos.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 8 de noviembre de 2019

EN MI FAMILIA DIOCESANA NO SOMOS PERFECTOS. PERO NOS QUEREMOS IGUAL Y SIN VOTACIÓN


Este domingo se celebra el "día de la Iglesia diocesana". Le leía a Arturo Pérez Reverte, escritor y académico de la lengua, que, en España, somos muy dados a "hablar de todo, sin entender de nada". Yo, desde la humildad, le diría que no solamente en España. Pero quizás a nivel religioso también se da mucho. Y cuando hablo a nivel religioso, me refiero a las comidillas eclesiales de muchos feligreses, padres de niños, gentes eventuales de visita por funerales, acompañantes a bodas de celebración a posteriori de lo eclesial, etc... que a la hora de criticar a la Iglesia, nos prestamos mucho, porque hablamos de todo, sin entender nada. No es desconocido frases como "quien es el cura para decirme que no...", "La Iglesia es la casa de todos...."
Alguien me preguntaba, cuando se enteró que este domingo se celebra el día de la Iglesia Diocesana, que qué era eso. Y la verdad es que también los que decimos que entendemos, a la hora de explicarnos, no nos salen las palabras o no sabemos hacerlo. Yo se lo comparé a una familia, en la que siendo todos uno, cada uno tiene su función. Esta función probablemente en una familia la dan los años y eso lleva y conlleva una cierta autoridad para que todo funcione (padres) y el resto en la medida en la que vamos creciendo, vamos adquiriendo responsabilidades, desde el conocimiento y la convicción. Una familia, que no es el reflejo para muchos, pero que para mí me vale, en circunstancias normales.
Pues eso mismo pasa en nuestra Iglesia universal, pero a pequeña escala en nuestra Iglesia diocesana. Una Iglesia que se desarrolla en Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura y la Graciosa. Tenerife tiene el resto de islas. Una Iglesia que lucha por mantener viva la llama del cirio que nos recuerda que un tal Jesús de Nazaret no ha muerto; una Iglesia que no le importa acoger a todo el que llega aunque sea en una patera y por ello le pintan con frases nada bonitas en sus locales de caritas; una Iglesia que procura mantener sus cuentas claras y no ocultar nada.
Pero también una Iglesia compuesta por hombres. Hombres que pecan. Hombres que en determinadas circunstancias "lugares y frías regiones" (que diría Francisco, el de Asís), no son el fiel reflejo de aquello que predican. Hombres que caen una y otra vez en la tentación de lo fácil y de lo poco comprometido.
Pero, como a mi familia que tiene errores, esa es la grandeza de nuestra Iglesia. En mi familia la batuta la llevan igual papá y mamá. Me gustaría que en mi querida familia diocesana hubiera paridad; me gustaría que los laicos tuvieran un papel de mayor protagonismo; me gustaría que nuestras parroquias no fueran propiedad privada de quien las gestiona, sino que Dios no quiere una casa para sí mismo ya que lo comparte todo sin egoísmo.
Me gusta esta Iglesia imperfecta, santa y pecadora, que cae y se levanta, que arrima el hombro y se desvive por quienes el fuego les ha dejado sin lo más básico; me gusta esta Iglesia que todavía sigue teniendo el poder de credibilidad para que cuatro muchachos le digan sí para toda la vida a través del sacerdocio. Me gusta esta Iglesia que sigue teniendo un hueco en nuestros colegios, porque la democracia nos da el derecho de la libertad de elección, algo por lo que hemos luchado y que nadie nos puede ni nos debe quitar. Me gusta esta iglesia en la que luchamos por una mayor participación en los órganos de gobierno; una Iglesia que tiene tiempo para atender muchas partes del mundo. Aún así, me gusta
Amemos a nuestra familia diocesana y querámosla tal y como es.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 1 de noviembre de 2019

ZAQUEO, PACO, LUISA...¿ TE ENCUENTRAS O SALES AL ENCUENTRO?


Lo que no podemos negar es que España tiene unos rincones de lo más maravillosos. A veces pensamos que lo de otros es mejor que lo nuestro y no es así. A veces programamos vacaciones en el extranjero, cuando no conocemos nuestra geografía. Salamanca es uno de esos rincones, de esas ciudades de nuestra querida España ( como cantaba Cecilia, aquella del ramito de violetas), que es hermosa, muy hermosa. He tenido la gran fortuna de vivir allí cinco maravillosos años. Cuentan que el gran Miguel de Unamuno, cuando daba clase en la universidad, le hicieron una estatua de reconocimiento, a tamaño natural, que colocaron en el hall principal de la facultad. El, que era de costumbres fijas: horario, espacios, entrar por la misma puerta… de pronto dejó de hacerlo. El bedel de entonces, preocupado por la actitud de D. Miguel, se armó de valor y le preguntó: “D. Miguel, perdone, ¿puedo hacerle una pregunta?. Por supuesto, respondió él. ¿por qué desde que pusieron su escultura en el hall principal, usted dejó de entrar por la puerta que da acceso a él?. Unamuno lo miró fijamente y le respondió. Amigo, es que me da miedo encontrarme conmigo mismo”
Maravillosa la reflexión de Unamuno. Creo que algo parecido le ha sucedido a Zaqueo: No era capaz de ubicarse, de colocarse, de encontrarse y… se hizo el encontradizo, aunque para ello tuviera que subirse a una higuera. Quiso saber lo que pasaba y al que pasaba y las casualidades provocadas hicieron que le señalara con el dedo, que le llamara por su nombre, y que le dijera, hoy me hospedo en tu casa.
Me da la impresión que nosotros no estamos buscando como Zaqueo. Estamos en la higuera, no subidos a ella. Jesús sigue pasando entre la multitud, entre la cantidad de gente que nos rodea. Hay infinidad de situaciones en la vida, de momentos, de rostros, de gestos, de caras… que nos señalan con el dedo y que nos llaman a cada uno por nuestro nombre. Nuestra fe, el programa de todos los santos, de todos nosotros, las bienaventuranzas, tiene que ser un encuentro personal con Jesús.
Zaqueo, para aquella época, seguro que también vivía en una sociedad de ruido, de poco silencio. Cuando pasa Jesús, seguro que también había algarabía, pero él supo hacer su silencio para escuchar su nombre, no el de otros que probablemente también fueron llamados (como los santos que hemos celebrado estos días), sino el de él.
El oír nuestro nombre requiere una respuesta. Ojalá que no tengamos miedo como Unamuno a reconocer nuestra pequeñez como Zaqueo y que busquemos aplicar las bienaventuranzas puesto que es el mensaje propio del que llama a no estar en la higuera.
Hoy, nuestro mundo y nuestra posición en el mundo, nos lleva a estar vivos. No nos quedemos solamente con la visita al cementerio; no nos
quedemos con la visita al lugar de la paz y de la tranquilidad. Seamos ágiles en conocer aquello que el Concilio llegó a llamar los signos de los tiempos, bajemos de nuestra higuera personal, seamos capaces de encontrarnos y dejarnos encontrar y comencemos a abrir las puertas de nuestra casa, de nuestro corazón, puesto que hoy va a quedarse con nosotros.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 25 de octubre de 2019

¿ MEDICINA U HOMEOPATÍA ?

Pues la verdad es que no resulta nada fácil. Unos dirán que el primero estropea el estómago y el segundo no; Habrá quien diga que el primero es un negocio para las farmacéuticas y que el segundo no es negocio. Pero casualidades de la vida, es que en un 90 por ciento el primero cura y el segundo deja muchas dudas en el aire. Habrá quien continúe utilizando el segundo, pero todos acabamos en el centro de especialidades puesto que aquello que queremos que sea nuestra salvación no la encontramos en la tienda de la esquina.
La medicina es el gran invento de la historia. La medicina es la que hace que la vida sea más longeva, quizás y en la mayoría de los casos, de mayor calidad, la medicina hace que el sufrimiento en algún momento sea más llevadero. Nos puede gustar más o menos, pero sin duda la medicina, nunca mejor dicho, cura. La medicina, con todos los errores que pueda tener, es la que nos hace vivir la vida y marcar esta en el momento y lugar adecuados.
Por el contrario la homeopatía (y que ningún homeópata se me enfade), da la impresión que ha perdido un poco de fuelle. Todo el esplendor que se montó con ella, a principios del siglo XXI, parece haberse desinflado. Es más hay facultades que han eliminado la cátedra y ciclos formativos que la han quitado de los planes de estudio, puesto que han llegado a comprobar que es una cuestión más de sicología que de medicina real. Ojo, respeto ambas
Dicho lo cual, en nuestro pueblo tenemos la medicina que nos hace falta. No falta el médico que la administra y los pacientes probablemente sean menos de los que realmente necesitan esa medicina. No estamos hablando de cuestiones baladíes, sino de realidades que nos pueden llevar a que la vida tenga el sentido que realmente tenga que tener. En nuestro pueblo tenemos a Rafa - como decía un amigo -, a Rafael, al arcángel, a ese ángel que está más cercano a Dios que el resto. Que lo único que pide es que quien se acerque a él tenga los pies limpios, tenga el corazón sincero para hablar desde la cercanía y la sinceridad, desde la valentía y la honradez. Rafael es el acompañante del camino, de la vida diaria, del levantarse y acostarse cotidiano, que hace que nos acerquemos cada día más a nuestro padre Dios.
Pero me da la impresión que cada vez somos más de homeopatía que de medicina de Dios. ¿Qué ha hecho nuestro médico que no es capaz de curar los corazones heridos y los pies cansados?. Pues es la pregunta que el médico nos hace a los que hemos dicho que estamos bautizados y somos enviados, pero que cada vez curamos menos.
No hace falta más que hombres y mujeres buenas, como lo esperaba el joven Tobías; hombres y mujeres que no se cansen en el camino de la vida en favor de otros. Seguro que hay muchos en la vida y en el mundo. Pero más cercano lo tenemos este fin de semana, en el que cuatro jóvenes le dan un portazo a la historia y deciden ser médicos de almas, en un mundo enfermo en
muchas de sus partes. Jonathan Almeida, Jonathan Ravelo, Gerardo e Indalecio, dicen sí por la causa de Jesús. Todavía hay gente que necesita del médico, necesita de Rafaeles de la vida y de Tobías necesitados de acompañamiento.
Pero no quiero acabar - aunque algunos me digan que no hable de muchos temas sino de uno solo - sin acordarme de D. Francisco Cases Andreu: setenta y cinco años, y trece al frente de nuestra Diócesis. Seguro que se ha equivocado bastante, ha acertado en mucho, pero marcará la historia de nuestra Diócesis. Déjeme, D. Francisco, que desde estas humildes líneas, que me consta que alguna vez lee, que le diga FELICIDADES, como se lo digo a mis compañeros en la fe de Vecindario por la medicina de Dios.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 18 de octubre de 2019

EL QUE SUFRE ESTÁ GRITANDO, ¿NO LO OYES?


A veces nos dan ganas de no coger el móvil. Cuando vemos un número interminable, pensando que es de un centro hospitalario – por ejemplo – lo cogemos sobre la marcha y resulta que es de una compañía de telefonía móvil, o de alguna compañía que nos presenta alguna oferta que entre otras cosas nos oferta o incluye una clausula de permanencia, que es el compromiso de no darse de baja del servicio durante un tiempo. Solemos ver la permanencia como algo negativo, que nos obliga, nos ata, … pero entiendo que aceptar la cláusula de permanencia conlleva una serie de beneficios que perderemos si nos damos de baja antes de tiempo, además de una penalización económica.
La permanencia, en sentido amplio, consiste en mantenerse en un mismo estado, lugar o situación de una forma constante y estable; todo lo contrario a la tendencia del cambio continuo, a la superficialidad que genera la inseguridad. No hay que confundir permanencia con inmovilismo, con estar simplemente quieto, sin avanzar, ya que eso provoca estancamiento. La permanencia es algo positivo, que genera estabilidad y confianza, y por eso motiva a la persona a perseverar, a mantenerse a pesar de las dificultades, como lo hacen tantos misioneros, a los que se recuerda este fin de semana en la jornada del Domund.
Atrás quedan los paseos de sábados por la mañana y por la tarde con la hucha del negrito para recordar que había que ser solidarios.
Hoy en día, salir a la calle con una hucha pidiendo, es un riesgo nada aconsejable. Este fin de semana se nos recuerda que somos bautizados y enviados. Hace poco me decían que era como el que daba clase de matemáticas: de nada sirve que te sepas la teoría si no sabes resolver los problemas. De nada vale estar bautizados si quedamos en el inmovilismo, en la permanencia estática y no nos movemos, no sentimos la necesidad de ver el envío como algo propio y necesario.
Seguro que podemos caer en el desánimo, sin embargo hay que insistir, como lo hará la viuda del evangelio de este fin de semana. Lo que la viuda pide no es un capricho, lo que pide es justicia. Y es justicia lo que piden y gritan los que están sufriendo. Decía no hace mucho mi amigo Monseñor Agrelo, “Que mientras algunos cumplimos con el precepto dominical y nos damos golpes de pecho, empujamos a muchos Cristos de carne y hueso a ahogarse en el mar o a las concertinas de muchas vallas”. Es la justicia de la viuda y del Cristo crucificado.
Esta semana, María, nuestra Madre del Pino, también acudió a la llamada de los que sufren, de los que se han quedado sin una parte de su vida reflejada en su terreno, en sus animales, en su propia historia. Ha sido impresionante cómo ha sido la respuesta de sus hijos: da igual la hora a la que hay que levantarse; da igual la metereología; da igual si no puedo cumplir con ciertas obligaciones… mi madre me llama y acudo a ella.
Todos los que sufren, esperan, llaman, gritan. Para algunos es una larga oscuridad que parece no tener amanecer. A veces me pregunto si en nuestro diálogo con Dios, no somos capaces de escucharlos cuando nos reclaman la justicia. Una justicia que llega a nuestro Padre Dios y que nosotros en su conversación con él no somos capaces de oírla.
Maravillado me quedo con los que han cogido la maleta misionera: Manolín, Expedita, …. tantos y tantos laicos y seglares; tantos y tantos que sacrifican sus vacaciones para echar una mano fuera de la seguridad de su entorno. La viuda y ellos, gritan Hágannos justicia, ¿lo estamos escuchando o no?
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 11 de octubre de 2019

LAS HUELLAS DEL PASADO


Mi padre tenía un tío carnal, ya murió hace años, que había sido coronel del ejército y que había combatido en la desgraciada guerra civil. La guerra le pasó factura: perdió un ojo y en su lugar tenía un ojo de cristal y una bala no le alcanzó el corazón porque en ese lugar tenía una cartera con una imagen de la Virgen. Siempre que mi padre decía de ir a verlo, él enseñaba con orgullo sus huellas de guerra. Ese orgullo seguro que era doble: estaba vivo y habían ganado la guerra.

Pero podemos poner infinidad de huellas: ¡ quien no tiene en sus rodillas huellas de las caídas de pequeño!, ¡ quién no tiene la huella de alguna operación!, ¡quién no tiene la huella de algún corte con un cristal, con un artilugio de cocina, con….!´, ¡quien no tiene la huella de alguna enfermedad…!, ¡ quien no tiene en su corazón, en su interior la huella de algún suceso que le ha marcado!. Las huellas pueden ser en plan negativo, pero también pueden ser en plan positivo. Las huellas se pueden ver, pero también hay huellas que marcan igualmente, pero son interiores. ¡ Quién no ha ido a un viaje y para no olvidar el sitio se trae algo de recuerdo para que cada vez que lo vea, le transporte al pasado !
Este fin de semana, hay acontecimientos que nos llevan por este camino. Por un lado, nuestra Madre la Virgen del Pino, también quiere dejar huella en un pasado triste, cenizo, tiznado, falto de color e incluso, en algunos lugares y corazones, faltos de esperanza. María quiere recorrer aquellos lugares y con personas que parecen que no ven más que un pasado incierto y por ello un futuro triste y oscuro. La vida, se regenera y tiene opción de cambio y no depende de nadie, sino de la confianza que nosotros ponemos en ella y el convencimiento de que ese cambio es posible. Gracias María por compartir con nosotros no solo la amargura, sino la alegría de la esperanza.
Pero por otra parte el evangelio de esta semana, también nos habla de huellas, pero de huellas que tienen que ser agradecidas, de recuerdos y huellas que tienen que estar presente en nuestras vidas de una manera clara y de convicción. Diez leprosos que quieren salir de su maldad, de su enfermedad. Solo uno, y extranjero, es capaz de alabar a Dios por la bondad que ha obrado en él.
Nuestra fe, a veces, es algo parecido. Cuando alcanzamos los favores no somos muy agradecidos. Cuando alcanzamos lo que nos proponemos, incluso pidiéndole a Dios que nos eche una mano, no somos capaces de gritar a los cuatro vientos que el amor de Dios es grande que obra favores en mí. Cuando alcanzamos aquello que hemos deseado, no somos lo suficientemente sinceros para gritar por medio de quién lo hemos conseguido.
Hasta el propio Jesús se siente extrañado cuando le pregunta al ciego que dónde están los demás.
Todos quieren tener los favores o agarrarse a un clavo ardiendo en el momento más conflictivo de nuestra vida. Pero pocos son
a los que le dirán ve que tu fe te ha salvado. Y es que en el fondo todo se reduce a la fe y a la capacidad que hayamos tenido de ser agradecidos con dios y con los hermanos.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 4 de octubre de 2019

MME



No hace mucho leía un artículo en uno de nuestros periódicos, en el que se mencionaba que nuestros hijos/nietos ya están utilizando un lenguaje que no es demasiado entendible para aquellos que manejamos su vocabulario de una forma y manera bastante escasa. Incluso el articulista mencionaba la posibilidad de que fuera un lenguaje en el que ellos se excusan para que otros (entiéndase padres o familiares directos ) no puedan entenderlos. Pues estoy bastante de acuerdo en ello: TQM (Te quiero mucho), XPF (Por favor), etc...
Pero da la casualidad que ahora mi querida Iglesia, parece que se ha unido a la moda y nuestro Papa Bergoglio, nos convoca a MME (Mes Misionero Extraordinario). Siempre he dicho, y lo mantengo, que cuando conmemoramos el día de algo, o el mes de algo, o luchamos contra algo... es porque ese algo no funciona o funciona mal. Felicito a nuestro Papa, por acordarse de la entrega generosa de tantos y tantos que siguen creyendo que Jesús de Nazaret merece la pena.
Muchos son los que han cogido la maleta y llevan la tira de años en lugares que siempre hemos considerado de misión. Me resulta reconfortante comprobar la cara de emoción, de entusiasmo, de ilusión... después de llevar ya no sé cuantos años. Muchos son los que han dejado su vida, pero literalmente, en favor de aquellos que más lo necesitan. Siempre hay quien no entiende que la solidaridad y la lucha por una causa justa puede ser pacífica. Muchos son los que sin ser consagrados de una manera especial, han cogido su maleta como matrimonio, como amigos... y desarrollan una labor magnífica.
Pero creo que MME es una llamada no solo a los de lejos para que no cedan nunca en su empeño, es una llamada también a los de cerca. Nosotros también estamos en tierra de misión. Seguro que cada vez más. Cada vez más el Jesús que merece la pena y en quien nosotros creemos está teniendo menos hueco en tantos corazones de un mundo que llamamos en desarrollo. Es una llamada a ti y a mi a llevar a cabo una tarea de la que decimos que estamos convencidos de ello.
Me viene a la mente a dos misioneros ejemplares que están en la peana de muchas iglesias. Francisco, el de Asís, cuya fiesta acabamos de celebrar. Un hombre al que la radicalidad de un mensaje le llevó a no hablar mucho, pero sí a actuar con convicción. Esa convicción le llevó a fundar una orden religiosa y a ser modelo de muchos que le admiran. Y la otra modelo de peana, es María, la del Rosario, que celebraremos esta semana que entra.
Un rosario misionero, misionero por los cinco continentes. maría el ejemplo de abandono de sí misma para ponerse al frente de la causa del Padre, siendo la propia madre de su Hijo.
Pero me viene también a la mente a tantos misioneros que no están en las peanas de nuestras iglesias. Esas personas anónimas, pero que siguen dando el callo allí donde se encuentren: Isidoro, Manolín, Expedita, Eva, ...
Precisamente el evangelio de esta semana nos va a retar el evangelio poniéndonos delante de Jesús y que si tenemos fe, le diremos a esa montaña ven y viene. Ellos, los misioneros se han puesto delante de Jesús y le han dicho que quieren ir y fueron. Nosotros tenemos que hacer lo mismo; tenemos que ser de convicciones y decisiones fuertes, de decir que vamos y lo hacemos. Como le dirá Pablo a su amigo Timoteo, "No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor"
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 27 de septiembre de 2019

¡ SI YO FUERA RICO, DUBI, DUBI....O ¿SI FUERA POBRE?



Las crisis, a veces, son buenas, pero por lo general de bueno tienen poco. Los últimos años que nos ha tocado parte de esa crisis, lo único que hicieron fue aumentar las diferencias entre pobres y ricos. Estos no solo no han perdido su poder adquisitivo, sino que han podido hacerse con propiedades a bajo precio. El destino o futuro de los demás, les preocupa bien poco. A nuestro "amigo" Epulón le encanta disfrutar de la riqueza banqueteando cada día y vistiéndose de púrpura y lino. No es capaz de enterarse que en su puerta está el pobre Lázaro que no es capaz de saciar su hambre.
En nuestro mundo hay un pequeño grupo de personas que acapara que acapara la mayoría de los bienes de la humanidad y no se preocupa de tantos que están siendo azotados por la plaga del hambre. Quizás para ellos es que sencillamente no existan. Tengo dinero, luego existo. Si no lo tengo pues no existo. Curioso que para Jesús, solo tiene nombre el pobre, Lázaro. Epulón no es un nombre propio, es un vividor, no tiene nombre.
Pero es curioso que aunque los ignoren, los ricos necesitan de los pobres. Solo hay ricos, porque hay pobres. Lázaro nunca le pidió nada a Epulón, pero es ahora este el que pide para él y para sus hermanos. Son los pobres los que nos pueden ayudar. Nos ayudan dándonos la oportunidad de que compartamos con ellos los bienes materiales y al hacerlo, mostramos que valoramos más a las personas que al dinero. Hay que ser ricos en amigos, existir es tener relaciones de amistad. Epulón no pudo hablar directamente con Lázaro. Lo hizo con Abrahán. Entre Epulón y Lázaro sigue habiendo un muro que los separa y el rico nunca se atrevió a cruzar ese muro. Quizás Lázaro saldría a su encuentro.
Es curioso como la suerte de nuestros protagonistas cambia en el momento de la muerte. El rico es enterrado, seguro que con toda pomposidad funeraria, y es llevado al reino de los muertos. Lázaro también muere, pero no se habla de rito funerario, solo que "los ángeles lo llevan al seno de Abrahán"
Jesús viene a hacer justicia a los pobres. Viene para que no existan los desequilibrios de los que siempre disfrutan y de los que sufren. A veces, incluso desde la Iglesia, podemos caer en el tranquilizante de decirle a los pobres que tranquilos porque en el reino de los cielos tendrán su recompensa. No. Tenemos que empezar aquí y ahora y con toda la claridad del mundo.
Está creciendo en nuestra sociedad la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Evitamos el contacto con las personas que sufren, nos vamos haciendo cada vez más incapaces de percibir su aflicción. La presencia de un niño mendigo en nuestro camino, nos molesta. El encuentro con un amigo, enfermo terminal, nos turba. No sabemos qué hacer o qué decir; es mejor tomar distancia, volver cuanto antes a nuestras ocupaciones.
Si el sufrimiento se produce lejos es más llevadero. Hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a base de datos, números, conferencias de prensa, estadísticas... y tan frías como son estas, así nos deja el corazón. El sufrimiento a través de la televisión, siempre es más frío, menos terrible y quizás más irreal. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, nos esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón.
Tenemos reto para esta semana. En la película del violinista en el tejado, se cantaba"... si yo fuera rico....". Pues si yo fuera rico, seguro que compartiría con algún Lázaro de la vida.
Hasta la próxima
Paco Mira