jueves, 28 de noviembre de 2019

CON LA QUE ESTÁ CAYENDO, ¿PODEMOS ESPERAR A ALGUIEN?



La verdad es que no está el horno para bollos: la crisis se sigue cebando en muchas de nuestras familias; los pactos políticos parece que no son del agrado de muchos sobre todo viendo las posibilidades que nos quedan; las declaraciones de algunos miembros del gobierno en materia religiosa pues parece que lo único que hacen es poner más nerviosos - si cabe - al personal. En definitiva, que no está el horno para demasiados pasteles y su disfrute posterior.

Volvemos, llegados a este punto, a utilizar un verbo: ESPERAR, un adjetivo, ESPERANZA; Pero también es verdad que cuanto más utilizamos ciertas cosas nos llevan a desgastarlas de tal manera que pierden su significado y su interés. Cuando a alguien le decimos que espera, ten paciencia, ya verás como todo se soluciona, no tengas prisa, dale tiempo al tiempo.... y este pasa a una velocidad de vértigo... pues como que no encajan ciertas cosas.

Pero hay palabras o expresiones que, en un momento dado, se ponen de moda y son muy utilizadas. Una de esas palabras es ilusionante, que suele emplearse para hablar de un proyecto ilusionante, de un tiempo ilusionante, una fecha ilusionante... Pero la palabra no se crean que me gusta mucho, puesto que la palabra ilusión hace referencia a algo que carece de un fundamento real. Y aunque se puede tomar en un sentido positivo, como sentimiento de anticipación a algo que genera entusiasmo y alegría, llega hasta ahí y cuando esto sucede, se pierde la ilusión. Además si por cualquier motivo este hecho o acontecimiento, no llega a producirse, se rompe, la ilusión se convierte en des-ilusión.

Esto, a veces, puede ocurrir con la Navidad y con los pasos previos a ella en el adviento. Corremos el riesgo de querer que llegue para vivir la "ilusión " de las luces, de la decoración de escaparates y establecimientos, de las decoraciones de las calles, de los regalos que en esta fecha nos intercambiamos...Pero para un cristiano que se precie, el adviento no ha de ser un tiempo ilusionante, sino un tiempo esperanzante que son dos cosas distintas.

La esperanza cristiana no es al ilusión de que algo bueno nos puede ocurrir. La esperanza cristiana es una virtud arriesgada y no una ilusión como la que tenían los israelitas. Nuestra esperanza tiene un nombre, Jesús de Nazaret, y tiene una meta: la cruz como bandera de un Reino que se adelanta a nuestro mundo.

Claro, esto nos lleva a estar preparados. A no bajar la guardia a pesar de las adversidades; a tener siempre la alerta en su punto máximo, puesto que no sabemos ni el día ni la hora. Como dice el Papa, "una mujer embarazada todos los días se toca la barriga, para notar y saborear lo que lleva dentro de sus entrañas". Nosotros los cristianos parece que muchas veces tiramos la toalla porque no vemos la luz al final del túnel y a lo mejor no es cuestión de verla sino de creer que esa luz es posible.
 Reivindico de nuevo el derecho a la esperanza; reivindico el derecho a estar preparados para lo que se nos avecina; reivindico el derecho a que a pesar de todas las dificultades habidas y por haber, siempre hay un hueco para la espera, las ganas y la certeza de que el pobre de Belén se hace presente allí donde el pobre le necesita.

                                                ¡ Feliz Adviento!. Hasta la próxima

                                                                       Paco Mira

viernes, 22 de noviembre de 2019

POR QUÉ NOS MANIFESTAMOS?


Cuando se producen manifestaciones, como las que últimamente se están produciendo en algún lugar de nuestra geografía española, incluso cuando alguien protesta por la representación en forma de fotografía de quien es nuestro "jefe", puede ser hasta común que se quemen fotos de nuestro rey o incluso una especie de espantapájaros que se han con afán burlesco. Puede ser legítimo estar a favor o en contra de un determinado gobierno, pero me da la impresión que dada la desinformación que abunda en nuestra sociedad, sin preguntáramos a quienes se manifiestan por qué están en contra de este gobierno o de la monarquía, en la mayoría de los casos no se sabría dar una respuesta adecuada y razonada. Se suele partir de una visión estereotipada y negativa de la misma, y como se han asumido sin reflexionar todos los prejuicios y tópicos, se rechaza de plano sin analizar ni profundizar en el sentido y la función que tiene, por ejemplo, la monarquía parlamentaria dentro del marco de la Constitución.
Y digo esto porque este fin de semana celebramos la solemnidad de Cristo Rey. Claro muchos lo han identificado con ciertos movimientos nada democráticos del pasado; con ciertas apreciaciones de solemnidad nada cercanas al pueblo y que nos vuelven a retrotraer al pasado. Nos llevan a la imagen de una iglesia poco cercana a los pobres y humildes y más en sintonía con gente que no entiende que en el evangelio se dice "bienaventurados los pobres".
Pero nuestro monarca tiene también su día en el calendario. Un monarca que quizás no difiera mucho de los actuales, o al menos de alguno que conocemos: no es asumido por todo el mundo, incluso alguno se plantea si su figura en los tiempos que corremos dice o nos dice algo y por ello hay que mantenerlo. Alguno plantea que la figura del rey es una figura del pasado y por ello no tiene sentido, ha quedado obsoleta.
Pero casualidades de la vida, su reino, que él mismo decía que no
era de este mundo, se ha convertido en un pueblo de reyes, en una asamblea santa… que tiene como misión que su reinado no se apague, no se acabe… aunque tampoco sea comprendida y entendida. Un pueblo, el de reyes, que será perseguido, calumniado, vilipendiado a lo largo de los siglos. Sin embargo el Jefe, el Rey… nos dirá que no nos preocupemos porque estaremos con él, desde ya en el paraíso.
En un mundo como el de hoy, donde las palabras ya cansan y se las lleva el viento; donde las promesas sin hechos son como hojas a las que el río se lleva sin resistencia, quizás es la hora de preguntarnos cuál es nuestro papel en este maravilloso reinado, donde la fe tiene que empezar a sentirse de una vez por todas sin necesidad que nadie nos lo recuerde.

Se acaba el año litúrgico y ¿van….? Unos cuantos. No sé si es ahora cuando tenemos, los cristianos, que tomar las uvas. No sé si es ahora cuando tenemos que pedir los deseos, lo que sí tengo claro que es la hora de despertar ya, que se nos tiene que notar que somos pueblo de Dios, que tenemos que bendecir a nuestro Dios, que Dios sigue siendo ese Dios que se ha encarnado en el Jesús de Nazaret que tocamos en el hermano que sufre, por eso su reino no es de este mundo.
Amigos, acabamos el año de la fe, pero comencemos a tener fe que se nos note en la cara. Quizás se nos acabó la euforia con la que lo hemos comenzado y nos podemos preguntar, como el título de estas letras, ¿y ahora qué?. Pues ahora será dar razón de nuestra fe, de nuestra esperanza. Seamos reyes de un pueblo, que aunque no sea de este mundo, toca la tierra y las realidades de la misma. A Dios rogando, pero con el mazo dando. Tenemos pues que manifestarnos.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 15 de noviembre de 2019

PASAMOS LAS ELECCIONES Y AHORA TOCA ¿MIRAR EL INFORMATIVO?

Bueno ya está, ¿o no?. Resulta que hemos pasado unas elecciones que me da la impresión que por lo sucedido después del resultado, nos podrían ahorrar dos cosas: tiempo y dinero. Pero bueno, desde aquí quiero tener una mirada hacia la esperanza, y que se gobierne no solo para los que han votado unas determinadas siglas, sino para todos los españoles. Claro, los informativos, ahora, no dejarán de estar todo el día informando de lo que seguro que ya sabemos, pero será su obligación.
Pero también es cierto que cada vez más personas comentan que escuchar o ver las noticias les pone de mal humor. Tanto desastre, tanta injusticia, tanta pobreza, tanta violencia... les afecta, sobre todo porque parece que los intentos de detener o paliar tanto mal caen en el vacío o resultan insuficientes. Eso va generando un estado de ánimo que se concreta en diferentes actitudes ante la realidad: algunos se quedan indiferentes ante los problemas cuando no les afectan directamente pensando que "eso no va conmigo", otros son meros espectadores de la realidad, viendo mucha información, criticando, pero sin hacer nada; y otros, como las avestruces, no quieren saber nada de la realidad, piensan que no hay que hacer, y se refugian en su familia, su trabajo, sus intereses.
Si nos fijamos en el evangelio de este fin de semana, parece un telediario: se alzará pueblo contra pueblo, habrá grandes terremotos, epidemias, la propia familia nos traicionará... según este telediario no hay escapatoria y la única solución que nos queda es esperar a que nos toque nuestro turno.
Sin embargo la respuesta de Jesús ante esta catástrofe es clara: cuando se oigan situaciones como estas, es el momento de no volver la espalda, de no mirar para otro lado, de dar la cara y sobre todo de dar testimonio de aquello que decimos que creemos y que estamos convencidos. Porque además el evangelio no es algo que se nos da en función de lo que hacemos. El evangelio se nos da en la realidad y en la vida de cada uno de nosotros: en lo bueno y en lo malo, en las alegrías y en las tristezas, en la salud y en la enfermedad... y ante un telediario catastrófico, nosotros tenemos que dar anuncio de la Buena Noticia y esta con nombre: Jesús de Nazaret.
Pero hoy más que nunca, "la esperanza de los pobres nunca se frustrará", puesto que este domingo es la III jornada mundial de los pobres. No nos olvidemos que pobre no solamente es aquel que no tiene lo básico, que también; pobre es el que no tiene alegría, el que tiene siempre como compañera a la soledad, el que no es comunicativo, el que ha perdido la esperanza.
Un cristiano, nosotros, no perdemos la esperanza. La historia, nuestra historia, es la historia de salvación; es la historia en la que Dios interviene, nos
guía, nos acompaña y no nos abandona. Es la historia en la que Dios mismo se mete en la misma historia del hombre. ¡Que bueno es que Francisco, nuestro Papa instituyera la jornada mundial de los pobres!. Ojalá que no se convierta en una jornada más; ojala que no sea un día más en el calendario; ojala que no quede ensombrecida por otros acontecimientos. Ojalá que sea una noticia que sale en los informativos para tomar conciencia que hoy son otros, pero que mañana podemos ser nosotros: con nuestra historia, con nombre y apellidos... que no somos anónimos.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 8 de noviembre de 2019

EN MI FAMILIA DIOCESANA NO SOMOS PERFECTOS. PERO NOS QUEREMOS IGUAL Y SIN VOTACIÓN


Este domingo se celebra el "día de la Iglesia diocesana". Le leía a Arturo Pérez Reverte, escritor y académico de la lengua, que, en España, somos muy dados a "hablar de todo, sin entender de nada". Yo, desde la humildad, le diría que no solamente en España. Pero quizás a nivel religioso también se da mucho. Y cuando hablo a nivel religioso, me refiero a las comidillas eclesiales de muchos feligreses, padres de niños, gentes eventuales de visita por funerales, acompañantes a bodas de celebración a posteriori de lo eclesial, etc... que a la hora de criticar a la Iglesia, nos prestamos mucho, porque hablamos de todo, sin entender nada. No es desconocido frases como "quien es el cura para decirme que no...", "La Iglesia es la casa de todos...."
Alguien me preguntaba, cuando se enteró que este domingo se celebra el día de la Iglesia Diocesana, que qué era eso. Y la verdad es que también los que decimos que entendemos, a la hora de explicarnos, no nos salen las palabras o no sabemos hacerlo. Yo se lo comparé a una familia, en la que siendo todos uno, cada uno tiene su función. Esta función probablemente en una familia la dan los años y eso lleva y conlleva una cierta autoridad para que todo funcione (padres) y el resto en la medida en la que vamos creciendo, vamos adquiriendo responsabilidades, desde el conocimiento y la convicción. Una familia, que no es el reflejo para muchos, pero que para mí me vale, en circunstancias normales.
Pues eso mismo pasa en nuestra Iglesia universal, pero a pequeña escala en nuestra Iglesia diocesana. Una Iglesia que se desarrolla en Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura y la Graciosa. Tenerife tiene el resto de islas. Una Iglesia que lucha por mantener viva la llama del cirio que nos recuerda que un tal Jesús de Nazaret no ha muerto; una Iglesia que no le importa acoger a todo el que llega aunque sea en una patera y por ello le pintan con frases nada bonitas en sus locales de caritas; una Iglesia que procura mantener sus cuentas claras y no ocultar nada.
Pero también una Iglesia compuesta por hombres. Hombres que pecan. Hombres que en determinadas circunstancias "lugares y frías regiones" (que diría Francisco, el de Asís), no son el fiel reflejo de aquello que predican. Hombres que caen una y otra vez en la tentación de lo fácil y de lo poco comprometido.
Pero, como a mi familia que tiene errores, esa es la grandeza de nuestra Iglesia. En mi familia la batuta la llevan igual papá y mamá. Me gustaría que en mi querida familia diocesana hubiera paridad; me gustaría que los laicos tuvieran un papel de mayor protagonismo; me gustaría que nuestras parroquias no fueran propiedad privada de quien las gestiona, sino que Dios no quiere una casa para sí mismo ya que lo comparte todo sin egoísmo.
Me gusta esta Iglesia imperfecta, santa y pecadora, que cae y se levanta, que arrima el hombro y se desvive por quienes el fuego les ha dejado sin lo más básico; me gusta esta Iglesia que todavía sigue teniendo el poder de credibilidad para que cuatro muchachos le digan sí para toda la vida a través del sacerdocio. Me gusta esta Iglesia que sigue teniendo un hueco en nuestros colegios, porque la democracia nos da el derecho de la libertad de elección, algo por lo que hemos luchado y que nadie nos puede ni nos debe quitar. Me gusta esta iglesia en la que luchamos por una mayor participación en los órganos de gobierno; una Iglesia que tiene tiempo para atender muchas partes del mundo. Aún así, me gusta
Amemos a nuestra familia diocesana y querámosla tal y como es.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 1 de noviembre de 2019

ZAQUEO, PACO, LUISA...¿ TE ENCUENTRAS O SALES AL ENCUENTRO?


Lo que no podemos negar es que España tiene unos rincones de lo más maravillosos. A veces pensamos que lo de otros es mejor que lo nuestro y no es así. A veces programamos vacaciones en el extranjero, cuando no conocemos nuestra geografía. Salamanca es uno de esos rincones, de esas ciudades de nuestra querida España ( como cantaba Cecilia, aquella del ramito de violetas), que es hermosa, muy hermosa. He tenido la gran fortuna de vivir allí cinco maravillosos años. Cuentan que el gran Miguel de Unamuno, cuando daba clase en la universidad, le hicieron una estatua de reconocimiento, a tamaño natural, que colocaron en el hall principal de la facultad. El, que era de costumbres fijas: horario, espacios, entrar por la misma puerta… de pronto dejó de hacerlo. El bedel de entonces, preocupado por la actitud de D. Miguel, se armó de valor y le preguntó: “D. Miguel, perdone, ¿puedo hacerle una pregunta?. Por supuesto, respondió él. ¿por qué desde que pusieron su escultura en el hall principal, usted dejó de entrar por la puerta que da acceso a él?. Unamuno lo miró fijamente y le respondió. Amigo, es que me da miedo encontrarme conmigo mismo”
Maravillosa la reflexión de Unamuno. Creo que algo parecido le ha sucedido a Zaqueo: No era capaz de ubicarse, de colocarse, de encontrarse y… se hizo el encontradizo, aunque para ello tuviera que subirse a una higuera. Quiso saber lo que pasaba y al que pasaba y las casualidades provocadas hicieron que le señalara con el dedo, que le llamara por su nombre, y que le dijera, hoy me hospedo en tu casa.
Me da la impresión que nosotros no estamos buscando como Zaqueo. Estamos en la higuera, no subidos a ella. Jesús sigue pasando entre la multitud, entre la cantidad de gente que nos rodea. Hay infinidad de situaciones en la vida, de momentos, de rostros, de gestos, de caras… que nos señalan con el dedo y que nos llaman a cada uno por nuestro nombre. Nuestra fe, el programa de todos los santos, de todos nosotros, las bienaventuranzas, tiene que ser un encuentro personal con Jesús.
Zaqueo, para aquella época, seguro que también vivía en una sociedad de ruido, de poco silencio. Cuando pasa Jesús, seguro que también había algarabía, pero él supo hacer su silencio para escuchar su nombre, no el de otros que probablemente también fueron llamados (como los santos que hemos celebrado estos días), sino el de él.
El oír nuestro nombre requiere una respuesta. Ojalá que no tengamos miedo como Unamuno a reconocer nuestra pequeñez como Zaqueo y que busquemos aplicar las bienaventuranzas puesto que es el mensaje propio del que llama a no estar en la higuera.
Hoy, nuestro mundo y nuestra posición en el mundo, nos lleva a estar vivos. No nos quedemos solamente con la visita al cementerio; no nos
quedemos con la visita al lugar de la paz y de la tranquilidad. Seamos ágiles en conocer aquello que el Concilio llegó a llamar los signos de los tiempos, bajemos de nuestra higuera personal, seamos capaces de encontrarnos y dejarnos encontrar y comencemos a abrir las puertas de nuestra casa, de nuestro corazón, puesto que hoy va a quedarse con nosotros.
Hasta la próxima
Paco Mira