viernes, 24 de enero de 2020

SÍ SE PUEDE-SÍ SE PUEDE-SÍ SE PUEDE-SÍ SE PUEDE

El primero de año, alguien me comentaba:" anoche, viendo las campanadas, no me cabía en la cabeza que la gente tuviera ganas de decir feliz año nuevo, tal y como están las cosas": Y no se puede negar la realidad: falta de trabajo, precariedad laboral, incertidumbre con el gobierno, la cuestión económica - por el momento - no pinta muy bien , la escalada de tensión internacional, el terrible drama de la inmigración y que la escalada de las pateras que no cesa, los incendios devastadores de Australia, la violencia y agresiones sexuales... además de los problemas personales de cada uno, de las rupturas familiares, las enfermedades... Todo esto hace que el año nuevo se presente para muchos como algo oscuro y lleno de amenazas, en donde inevitablemente te tienes que meter sin saber si saldrás. De ahí que no se tengan ganas de decir "feliz año nuevo".
A esto le añadimos que esta semana hemos celebrado la semana de oración por la unidad de los cristianos, Sí es cierto: los cristianos no nos llevamos bien, pero nada bien y eso que somos un montón. Quizás cada vez seamos menos y el ejemplo de no reconciliación puede motivar a que más de uno coja la maleta y diga yo me bajo de este barco. Todos los años pedimos, con diferentes lemas, que la unidad sea una realidad, pero todos los años nos volvemos a quedar en buenas intenciones pero nada más que eso. Me queda el consuelo que el año que viene volveremos a rezar por una unidad que por el momento nunca se cumple. El lema de este año es nos mostraron una humanidad poco común, yo diría que mostramos una humanidad nada común para lo que somos y representamos..
Sin embargo quiero reivindicar y reivindico el grito de muchos estadios de fútbol que cuando su equipo va cuesta arriba y no responde a las expectativas que en un momento determinado se habían planteado para él, resuenan treinta mil gargantas a una sola voz: sí se puede. Y me uno a ese grito unánime. Y me uno, porque este fin de semana celebramos la infancia misionera. Las nuevas generaciones son las que tienen el testigo en su mano para que ese pábilo vacilante no se apague y sigua siendo esa luz en un mundo marcado muchas veces por la tiniebla de la ideología, del insulto, de la falta de respeto.....
Es curioso como Isaías anuncia la marcha de un pueblo que camina sin GPS, en la oscuridad, Jesús, al inicio de su vida pública, se instala en esos lugares donde la luz no es precisamente el lugar de residencia. Hoy en día nuestras nuevas generaciones han de ser las encargadas de llevar esa luz que nosotros les dejamos para que ellos se iluminen y que les hemos enseñado a que su autonomía sirva para no perderse en territorio tenebroso.
Por eso, Jesús, sigue llamando por el nombre de todos y cada uno de nosotros, como lo hizo con Pedro, con Andrés... LLamó en el silencio de una orilla con el susurro de unas olas que probablemente acompasaban su trabajo. Hoy, pero en un mundo ruidoso, donde las nuevas tecnologías impiden el
diálogo fluido, Jesús sigue llamándonos a todos y cada uno de nosotros. Seguro que somos incapaces de oír su llamada. Pero seguro que sigue resonando más que nunca que sí se puede. Ojalá que las nuevas generaciones, cual aficionados en un estadio, como misioneros que empiezan un comienzan, puedan seguir cantando que sí se puede y que Jesús sigue siendo luz que brilla y alumbra en la oscuridad
Hasta la próxima

viernes, 17 de enero de 2020

EL MIMO DEL CORDERO



Seguro que es de las imágenes más bucólicas que podemos tener: la imagen de un cordero: frágil, desprotegido, humilde, blanquito (en el caso de serlo...), inspirador de muchas poesías, oraciones... e incluso de ser la imagen por excelencia de los belenes que hasta hace poco hemos tenido en nuestra casa.
Hoy, con la aparición de las redes sociales, los sectores de la comunicación, de la publicidad... han vivido uno de los desarrollos más interesantes de los últimos tiempos. Pasamos de tener uno o dos canales de televisión a poder diseñar nuestra propia parrilla de salida. Pasamos del telegrama - como método de lo más moderno que había - a la inmediatez del whatsApp. El ser humano se las ha ingeniado para no quedar atrás y los móviles, por ejemplo, que cada vez nos presenta el mercado satisfacen precisamente esa inmediatez, esa rapidez... necesitamos las cosas ya.
Y es curioso que a nivel religioso, no somos capaces de diseñar alguna aplicación para que el evangelio llegue, diga y motive a los que nos consideramos cristianos. Incluso utilizamos las tecnologías, las nuevas, para poder llegar lo más lejos posible y sin embargo no llegamos, no somos capaces de entusiasmar, no somos capaces de ilusionar a quien nos demanda que seamos testigos de aquello que creemos y proclamamos.
Hoy Juan nos demuestra que las nuevas redes sociales no estaban hechas para él. Juan nos demuestra que con mimo y con cariño muchas de las cosas que hacemos pueden tener resultado favorecedor y enriquecedor: "este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo", es como si dijese este es el humilde de Dios, el último, el que no cuenta.... pero el más significativo. Que imagen más bonita, pastoril como la época, pero preciosa.
Juan continúa en su afán de motivación para los que creen en Jesús. No solo es el cordero de Dios, sino que sus parientes y más cercanos no le conocían. El movimiento se demuestra andando y no hay mejor forma de expresar lo que es el amor, el cariño, la amistad que demostrándolo. Podemos pensar que nos tenemos que quedar con lo que nuestros padres nos han enseñado de Jesús, pero mientras nosotros no seamos capaces de interiorizarlo no llegaremos a ninguna parte.
Juan habla del verbo salir. ¡Que bonito es que salgamos de nuestras propias comodidades.. para poder encontrarnos con las realidades que la vida nos ofrece!. A veces tranquilizamos nuestras conciencias con preceptos y el propio Cordero de Dios nos ha dicho que él no venía a cumplir la ley, sino a darle cumplimiento: somos de misa dominical, somos de confesión anterior a la comunión, somos de santiguarnos cuando pasamos delante de una iglesia... pero no somos de amor y cariño con el vecino de al lado que solamente nos reclama una mirada, una sonrisa, una caricia....
Necesitamos salir. Salir de la catequesis de primera comunión o de confirmación con conceptos más que aprendidos, sino de una formación que
requiere adaptación continuada, una manera de ser reciclada, un mimo que Dios tiene que hacer a todos y cada uno de nosotros y que a todos nos gusta y que no tenemos por qué rechazar.
Ojalá que nuestra formación sirva para exclamar como Juan , "este es el cordero de Dios..." eso significará que hemos conocido al verdadero Dios, que nos dejamos querer, amar y mimar por él.
Por cierto, FELICIDADES a la comunidad de Tamaraceite por sus fiestas
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 10 de enero de 2020

EL CURA QUE NO LLEVABA CARNET


Tengo tres amigos curas que no hace mucho tuvieron que ir a un edificio oficial. Un edificio de esos que tienes que pasar por un escaner, te piden el carnet de identidad y te dan una tarjeta identificativa. Casualidades de la vida todos llevaban el carnet, pero a uno se le olvidó dándose cuenta justo en el momento en el que estaban en la puerta. Cuando entraron los dos primeros pasaron y entre otras cosas dijeron que eran curas y cuando llegó el tercero, el guardia de la puerta le dijo: puede pasar puesto que me imagino que, como ellos, también es cura. No tenían distintivo externo que los identificara, ni hizo falta que físicamente enseñara el carnet, sino que solamente dio el número.
Este fin de semana se celebra el bautismo del Señor y acabamos la Navidad. Quizás para muchos, para la mayoría, la navidad acabó el día 6. Seguro que esta fiesta del bautismo queda ensombrecida, igual empobrecida, poco apreciada, … y no la consideramos como el final de un gran proceso de fe, como fue el nacimiento, la manifestación y la ratificación en el Espíritu de un tal Jesús de Nazaret.
Todos celebramos el aniversario de boda. Muchos se acuerdan el tiempo que llevan saliendo con su pareja (años, meses y días incluidos). Muchos se acuerdan – aunque a lo mejor no tanto – del tiempo en el que hicieron la primera comunión; todos nos acordamos y apuntamos una misa por ello cuando algún familiar se ha ido a la casa del Padre. Pero, ¡qué pena, que no celebramos como debiéramos, el recuerdo de nuestro bautismo!.
Mi amigo cura que no llevaba carnet, es curioso que fue reconocido por un guardia que no lo conocía de nada. Es más, los amigos que iban con él eran de diferentes edades y fisonomías, pero él intuyó que también era cura. Tenía algo, seguro que inexplicable, que le delataba.
Yo no se si a nosotros, por la calle, se nos reconoce como bautizados. Yo no se si nosotros en el lugar de trabajo irradiamos un “no sé qué” que lleve a pensar al que nos vea que somos seguidores de Jesús de Nazaret. No tenemos que tener nada especial ni hacer nada especial. Jesús se bautizó, pero se puso a la cola como los demás y no tuvo preferencias, pero Juan lo reconoció y tuvo claro que Aquel era a quien tenía que desatarle la correa de las sandalias.
Vivimos en un mundo, quizás un tanto convulso, en el que no nos fiamos mucho del que tenemos al lado, por eso en muchos sitios nos piden el carnet para poder acceder a determinados lugares. El carnet no es más que la ratificación de quienes somos cada uno de nosotros, no es la desconfianza de quien no nos conoce y, si no hay problema, nos abre un montón de puertas.
Dice el libro de los Hechos que Jesús había sido ungido con la fuerza del espíritu santo, que pasó haciendo el bien, porque Dios estaba con él. Creo que aquí radica la esencia del bautizado: el que hace el bien, el que cura a los oprimidos (el que tiene una palabra de aliento, una sonrisa preparada, un hombro para que el afligido se apoye, un silencio oportuno para que otro se desahogue….) y sobre todo, porque Dios tiene que estar con todos y cada uno
de nosotros. De nada sirve que nos hayan apuntado en un libro de bautismos, de nada sirve que el cura de turno en un momento determinado nos dijera “ yo te bautizo en el nombre….” si con el paso del tiempo no hemos ratificado que Dios está con nosotros. No hay más que ver cómo son las celebraciones de los bautismos en nuestras iglesias: mercadillos de la fe.
Bueno. Tenemos un reto y de muchos de nosotros depende
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 3 de enero de 2020

¡ MANIFIESTATE !


Por el título de estas letras, seguro que a más de uno le viene a la cabeza la famosa tabla de Ouijar. Esa tabla en la que es como un consultorio, para muchos temerario, en la que un vaso, en una tabla alfabetizada, va dando respuestas a infinidad de preguntas: del pasado con antepasados, del presente, pero también a antepasados. Personalmente no entro en la valoración de cada uno, pero no pongo mi fe en la resolución de la tabla.
Pero esta semana que entra, celebramos también una manifestación. Una manifestación, que como todas, debería medirse por los resultados que pueda tener de convocatoria. Cuando se convoca una manifestación, se procura divulgar ampliamente la convocatoria mediante publicidad, redes sociales, etc... Se busca que la manifestación discurra por las principales calles y avenidas de una ciudad (a poder ser las más significativas), se piden los permisos pertinentes para cortar el tráfico, se preparan pancartas, banderas, folletos explicativos y animosos al evento, insignias.. todo para que la manifestación resulte un éxito de participantes. Pero es curioso que en una ocasión, en una ciudad en la que me encontraba, había una manifestación que no llegaría a más de veinte personas, con una pancarta que hasta se me antojaba cutre. Mi primera reacción fue la de "fuerte manifestación, para esto....". Sin embargo, después me admiré por su determinación, aunque eran muy poquitos. Allí estaban manifestándose, sin cortar la calle, sin permisos de manifestación, en el lugar que mejor creyeron oportuno... e incluso ante la mirada indiferente de cuantos pasaban y que más de alguno pensaría, mejor se quedaran en su casa o se fueran a trabajar.
La semana que viene también hay una manifestación. Se me antoja que tampoco va a ser multitudinaria. No hay permiso pedido porque probablemente no hará falta. De hecho en su origen, fue tan sencilla como que se dio en un pesebre porque no había sitio en toda la ciudad. ¡ no se podía interrumpir el censo ordenado por el emperador!. A aquella manifestación solamente acudieron los que no contaban: los pobres, los pastores, los cercanos.... La única pancarta que había es que fueron guiados por una estrella que les indicaba el lugar de la reivindicación.
Hoy en día me da la impresión que pasa un poco algo parecido. Hemos convertido la manifestación en una explosión de júbilo infantil en la que el más pequeño de aquella manifestación igual ya no tiene cabida en nuestros lugares de acogida. Seguro que tenemos que preguntarnos si hoy en
día somos capaces de dejarnos guiar por la estrella que ilumina tantas situaciones de manifestación en tantos pesebres de la vida, porque las grandes posadas, nuestros grandes corazones ya no tienen cabida para tanta humildad.
Aquellos sabios que pasaron por allí descubrieron sencillamente a un matrimonio - quizás tan desconcertado como ellos - con un niño al que no
dejaban de mirar, de caérseles la baba contemplando lo que Dios había hecho en ellos.
Dios es siempre desconcertante, pero no miente. Se sigue manifestando y sigue poniendo estrellas en nuestro camino y en nuestra vida. Seguro que el bullicio, el ruido, los juguetes, la algarabía... oscurece de tal modo nuestra existencia que no somos capaces de verlo y descubrirlo. Pero sigue estando en el pesebre, en Belén, en la casa del pan, en lo esencial de cada día.
Ojalá que seamos capaces de descubrir las estrellas de nuestra existencia y de nuestra vida.
FELIZ AÑO y Hasta la próxima
Paco Mira