viernes, 30 de octubre de 2020

POR FAVOR, DIOS DE VIVOS

Nuestra cultura influye en nuestras relaciones sociales, en nuestra manera de ver la vida, en nuestra forma de compartir vivencias, etc... Una cultura que ha sido transmitida de padres a hijos; una cultura de la que nos hemos sentido - en la mayoría de los casos - orgullosos y una cultura de la en la actualidad seguimos viviendo y alimentándonos.

Uno de esos pilares de nuestra cultura es lo que se refiere a la muerte: lejana, separada, con miedo, oscura y negra, con poco contacto.... eso es lo que nos han transmitido a lo largo de los tiempos. Los duelos eran, y en parte son, un acontecimiento social de lo más tenebroso posible, a dónde los niños no solían acudir, donde la familia expresaba su desesperación ante el luctuoso hecho y donde las amistades alimentaban ese ambiente que daba un aspecto dantesco.

La Iglesia, fruto también de la cultura, ayudó a alimentar este ambiente: ropa litúrgica negra, campanas que avisaban de lo acontecido, el sacerdote que acudía a la casa con toda la parafernalia que eso conllevaba, avisos de portarnos bien, sino el destino no sería los brazos de un Padre misericordioso, sino todo lo contrario, etc... El día de los difuntos era y es el día de obligado cumplimiento con nuestros seres queridos que ya descansan en Padre Dios y por ello los cementerios se convierten en lugar de peregrinación una vez al año.

Pero me gustaría negarme a esa liturgia funeraria socialmente hablando (y religiosa quizás también). A lo largo de todo el año, manifestamos a un Dios que es Padre, que camina con y entre nosotros, que llama a su amigo Lázaro, que le dice a un "enemigo" que hoy estará con él en el Paraíso, que manifestamos - porque él mismo lo ha dicho - que es el Camino, la Verdad y la Vida... por eso me niego a que nos quedemos con un Dios de muertos y no con un Dios vivo, que vive entre nosotros y que es la vida por excelencia.

La liturgia de estos días, nos ofrece las garantías de lo que tiene que ser un verdadero seguidor de un Dios de vivos. Nos llama felices, dichosos, bienaventurados... los que en la vida luchan por el Reino de Dios y procuran ponerlo en práctica. Un Reino de amor, de justicia, de visitar al que tiene como bandera la soledad, la exclusión social; un reino que lucha porque el hambre quede erradicada de una vez por todos; un reino en el que todos tienen derecho a un trabajo y vivienda digna; un reino en el que tienen cabida todos aquellos que se desviven y luchan por los demás, por los que ofrecen su tiempo de compañía, de escucha, de silencio compartido... ¡qué maravilloso reino para un Dios de vivos!.

Esos son los santos, los vivos, no los difuntos. Los santos no son sólo los que tienen una peana en una iglesia y a los que de vez en cuando - solo cuando la vida aprieta - les pedimos, les rogamos, le encendemos una vela, les suplicamos.... un favor y que el resto del año no nos acordamos de ellos. Los

santos seguro que caminan o han caminado con nosotros; que nos dan ejemplo diario en todas y cada una de sus acciones; en nuestra madre abnegada, en el padre bondadoso, en los compañeros de trabajo generosos, en los amigos que lo son para toda la vida, en los hijos agradecidos, en los nietos que se enorgullecen de ser malcriados por los abuelos.... esos son LOS SANTOS Y SANTAS DE DIOS. Pero no nos olvidemos , por favor, que es de un Dios de vivos y no un Dios de muertos.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 23 de octubre de 2020

REPIQUE DE CAMPANAS

EL AMOR TIENE COMPAÑEROS DE CAMINO


¡Qué pena!: también el covid 19 nos ha dejado sin fiesta. Estos días queremos celebrar las fiestas de un patrón que nos ha ayudado
 y nos sigue ayudando a lo largo de los años, de los días,...  en el camino de la vida y sin embargo no podemos sacarlo a lo que más le gusta, que es acompañarnos en los diferentes caminos de cada uno.
Rafael, es uno de esos arcángeles cuya misión es estar más cerca de Dios que otros. No se cuánto puede tener de verdad, pero hay muchos que están muy cerca de Dios, por sus venturas en la vida y no son arcángeles, aunque muchos de nosotros sí los consideremos. Rafael, es un arcángel que camina con nosotros en el camino de la vida, un camino que el covid 19 nos hace poner los pies en el suelo, nos hace caminar titubeando en muchas ocasiones y además - a veces - no sabemos qué dirección tomar.

Precisamente el tiempo que estamos viviendo nos lleva a veces al desánimo, a querer tirar la toalla, a no seguir en ese camino, a abandonar la lucha en muchos de los momentos, a pensar que la vida no nos ofrece soluciones como a nosotros nos gustaría. Es por ello que en un momento determinado nos gusta una palabra de ánimo, ese decir, venga va, tú puedes, sigue, no te desanimes.....queremos emoticones que nos motiven.... pero claro si solamente se quedan en palabras y no se convierten en hechos, es como el refrán que dice "obras son amores y no buenas razones".

No nos olvidemos que el joven Tobías un día esperaba que un hombre bueno le acompañara. Y es que en nuestro camino de cada día necesitamos hombres y mujeres que sepan no ir solamente con nosotros en el camino, sino que sepan acompañar, que sepan salir a los caminos de la vida y nos guíen, nos ayuden, nos den palmaditas y abrazos de sinceridad para no tirar la toalla. Gente que sepa valorar y que sirvan de ejemplo en el camino de la vida.

Jesús nos habla este fin de semana del amor, del amor a Dios y del amor al prójimo. Amar al prójimo no solamente es una serie de acciones benéficas. Las acciones brotan de una unión que inclina más y más hacia el otro considerándolo valioso, digno, grato y bello, más allá de las apariencias físicas o morales. El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Compañeros de camino, quizás haya muchos, acompañantes en el mismo, no tantos. Gente que vive y se desvive por uno en la misma andadura, probablemente no haya muchos.

Rafael, hoy y siempre te pedimos que en nuestra vida seas camino. Camino de amor, porque no podemos amar a Dios a quien no vemos si no amamos al hermano. Camino de compartir con otros lo que sentimos y necesitamos. Camino de medicina de fe en un mundo enfermo de muchas cosas y seguro que también en el alejamiento de un Dios que nos ama y nos quiere.

Rafael, en un mundo dominado por la pandemia, por el mundo del erte, por el mundo del no trabajo, te pedimos que mires por las familias más desfavorecidas, por los pobres de este mundo, por los marginados de los caminos en los que tú acompañas. Cura, da fortaleza, da ánimo a todos  aquellos que con corazón sincero te buscan.

Felices fiestas, aunque estemos con restricciones

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 16 de octubre de 2020

CAROTAS HAY Y HA HABIDO MUCHOS

 

Hace algún tiempo se puso de moda algo que en un principio dio bastante buen resultado a los amigos de la cara, de la poca vergüenza, de no pensar en el trabajo y en las familias de quien se lo curran con honradez... y la moda era simple: comer en un lugar - de mayor o menor lujo -, pedir lo que en la carta se ofrecía y luego.... marchar sin pagar. Incluso hubo quien les dio nombre, era los "simpa", pero no de simpáticos precisamente. Claro, gracias a Dios eso se fue erradicando puesto que los que se ganaban el sudor honradamente, se pusieron las pilas, manos a la obra, y denuncia al canto. A los primeros les salió bien, pero a otros...

Ahora, con el coronavirus y sin afán de entrar en política, también hay gente con cara, con poca vergüenza: No hay más que ver las acciones irresponsables, de mucha cara y poca vergüenza de algunos estudiantes de Salamanca, de Granada o de Valencia (no todos por supuesto), que con sus fiestas están dando rienda suelta a aquello que queremos controlar y que no queremos que se expanda. Pero también es de poca vergüenza, el manejo político que se está dando a toda esta situación. Creo que lo que está pasando en Madrid no es como para ir de fiesta. Los ciudadanos, ellos y nosotros, no nos merecemos unos políticos que están más preocupados en los réditos electorales y control político que en buscar una solución para la comunidad.

Esto genera división entre muchos y casi es lo mismo que pretendían hacer con Jesús, según narra el evangelio de este fin de semana. Más que la encerrona que pretenden hacer, Jesús propone fomentar la cultura del respeto y del diálogo. Nuestros fariseos de hoy en día, parece que a los ciudadanos nos quieren embaucar una cultura de la división, falta de diálogo y de respeto. Pero creo que es tiempo propicio para deponer los odios y las luchas fraticidas y bajar todos al tajo de la construcción de una nueva sociedad y de la búsqueda del bien común, aceptando y valorando las aportaciones de los otros, aunque nuestras ideas difieran. Las víctimas y la cantidad de gente que sufre demandan a quienes dirigen los pueblos la altura de miras que detierre la mezquindad de lo mío para alumbrar un nosotros inclusivo y generador de vida.

Jesús podría haber discutido que era mejor "Dios que el César", pero no. Lejos de alimentar la carroña farisaica, salió del paso, como en muchos de otros fragmentos del Evangelio, que a cada uno hay que darle lo que le corresponde. No se trata de divisiones, sino de complementariedad. A veces nosotros alimentamos ese tipo de división innecesaria.

Ahora que estamos en una época de vacas flacas, muchos de nuestros detractores, están al acecho para provocar divisiones entre nosotros. Lejos debe quedar esa postura entre los que nos consideramos seguidores de Jesús de Nazaret. Debemos buscar juntos la verdad en el diálogo, en la conversación reposada o incluso en una discusión apasionada, siempre que florezca la

verdad. Es un camino perseverante que está lleno de silencios y de sufrimientos.

Démosle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, pero no le quitemos a cada uno, en nombre del otro, lo que le corresponde. No seamos "simpas" de la fe, paguémosle a Dios lo que le corresponde por convencimiento personal, por bautismo responsable y por confirmación agradecida; no intentemos engañar a un Dios que es un Padre que ama con locura a los hijos a los que mima, escucha y atiende.

Hasta la próxima

Paco Mira

jueves, 8 de octubre de 2020

¿ A QUIEN LE AMARGA UN DULCE O UNA BODA?

Llevamos ya ocho meses afectados por la pandemia ( y parece que a peor la mejoría) del coronavirus y, dejando a parte a los irresponsables, al resto nos está costando llevar o sobrellevar esta situación y más en concreto a quienes más directamente la han sufrido o la están sufriendo por haber enfermado, o haber perdido a un ser querido, o haberse quedado sin trabajo. Pero también se hace pesado a quienes, no viéndose gravemente afectados, son responsables para llevar la mascarilla, se ponen gel hidroalcohólico, guardan la distancia de seguridad, respetan los protocolos establecidos, soportan colas interminables en los comercios o en los centros de alimentación... Aunque se procura llevar esta situación lo mejor posible, el ánimo suele estar bajo y en más de una ocasión nos dan ganas de arrojar la toalla, protestamos, manifestamos cansancio y tenemos ganas de volver ya a la normalidad.

Pero en más de una ocasión he dicho que dentro de lo malo del covid19, siempre se puede sacar algo bueno y es que este bichito lo que hizo fue zarandearnos hasta casi dejarnos desencajados para que nos replanteemos infinidad de cuestiones que hasta ahora creíamos que hacíamos bien, pero que ahora ya no encaja. Socialmente dependemos mucho más de las máquinas (ordenadores y teletrabajo o teleasistencia), de los teléfonos, de la lejanía y falta de contacto, de ver las cosas con otra perspectiva aunque muchas veces no logremos entenderla.

Y a nivel de fe, creo que pasa lo mismo. Nuestra pastoral tiene que cambiar o al menos adaptarnos por el momento a los nuevos tiempos. Puede ser un signo de los tiempos (eso que el Vaticano II nos decía que había que estar atentos) que tengamos nuevo Obispo y que coincida con el replanteamiento de muchas cosas. Pues a lo mejor es como la película de Garci, " volver a empezar", pero sin miedo a romper papeles y estructuras, a quemar viejos estilos y costumbres ancestrales, etc... Ánimo D. José.

Pero ¿a quién no le gusta una boda?. ¿A quién no le gusta, desde la sinceridad de los contrayentes, participar de la alegría de la fiesta bien entendida. ?. Es el ejemplo que Jesús nos pone este fin de semana y es el ejemplo que a nosotros nos tiene que valer en nuestra vida de fe. Varias veces hemos escuchado que esta pandemia, con toda su dureza, es una ocasión para ofrecer un testimonio de fe. Un testimonio no solo de palabras, sino también de contenidos de fe, un testimonio práctico. La fe se nos tiene que notar, sino no estamos cumpliendo con lo que decimos que creemos.

La fiesta de una boda no tiene que ser más que el testimonio público de lo que he realizado con anterioridad, por eso me alegro y lo comparto, por eso soy feliz y quiero que los demás sean testigos de de esa felicidad. Y nuestra fe debe ser el reflejo de la felicidad que decimos que tenemos por creer en un tal Jesús de Nazaret.

Pablo en la carta que le manda a sus amigos de Filipos, les dice que "está entrenado para vivir en la pobreza y en la abundancia", como en las bodas: en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad... y Pablo sigue diciendo "Todo lo puedo en Aquel que me conforta".

¿Quién nos conforta a nosotros?. Muchos, ante los momentos de dificultad hemos puesto en entredicho hasta al propio Jesús, pero Pablo, en lo bueno y en lo malo, Dios siempre está con nosotros.

Hasta la próxima

Paco Mira


viernes, 2 de octubre de 2020

NO ES LO MISMO PASTOR, QUE pastor

Bueno, pues ha llegado el día. LLegó el momento en que se produce el relevo en nuestra Diócesis. Lo que oficialmente se anunció en el verano y que era un secreto a voces, ahora se convierte en realidad. Digo que era un secreto a voces, puesto que a pesar del secreto pontificio alguno se ha encargado de descubrir lo que tarde o temprano se iba a saber. A veces uno no entiende esos secretos, pero parece que se le quiere dar más emoción, si cabe, a la sorpresa.

Ese secreto despejó muchas dudas en algunos: ¿sería un canario, sería algún auxiliar de los que ya están consagrados, sería uno de nueva creación no canario...?. Pues es de Osuna y además es médico. No sé si para los tiempos que corremos, el que haya un médico en el Obispado pues a lo mejor no es mala idea. Siempre es bueno prevenir que curar.

No sé tampoco, si conoce mucho de nuestras islas. Algún viaje privado hizo. Sé que se le han enviado cartas poniéndolo al día. Algunas con bastantes folios, quizás haya tomado nota, o por el contrario quiere empezar de cero, porque a lo mejor le queda tiempo por delante para ponerse al día. Sí va a encontrarse con un clero escaso y entrado en años, pero también con un montón de seglares (hombres y mujeres) muy comprometidos con y por el evangelio de Jesús, que quieren seguir trabajando o empezar a hacerlo, y esperan oportunidades.

Creo que es muy bueno, abrir ventanas y puertas y generar corriente de aire para respirar siempre aire fresco; es bueno sacudir alfombras y limpiar zapatos para poder caminar no solo con holgura, sino con comodidad.

No es lo mismo el pastor, que cuida del rebaño, de quien no piensa y siempre obedece, de quien siempre va donde lo hacen otros siguiendo la marca del guía y - a veces - a base de palos, que el Pastor que anima, alienta, escucha, ilusiona, se emociona..... Sabrá que aquí somos muy dados a los asaderos y cuando se está acabando la brasa cogemos un cartón y avivamos la llama. Quiero que mi Obispo sea el cartón de anime, empuje, ilusione, escuche, comparta momentos, patee la Diócesis, ... para que no se acabe nunca la llama viva que en su momento prendió Jesús de Nazaret.

Vivimos momentos muy duros, laboralmente hablando. Aquí vivimos de lo que nos dejan otros cuando disfrutan de lo que nosotros tenemos. Me gustaría, desde la humildad, recordarle a D. José las palabras que el cardenal Hummes le dijo a Jorge Bergoglio cuando fue elegido Papa: "no te olvides de los pobres", justo en el fin de semana en que celebramos la memoria de Francisco de Asis, "pobre entre los pobres de Dios". Que nuestra Iglesia sea también ejemplo vivo de esa pobreza que da testimonio creíble.

El evangelio de este fin de semana, nos manda de nuevo a la viña. Nos manda al trabajo, nos manda a no parar de trabajar por el Reino de Dios y su

justicia; no siempre y no todos, acudimos a esa maravillosa llamada de Jesús de Nazaret.

A D. José Mazuelos Pérez le queda mucho; ojalá que seamos capaces de abrirle las puertas de nuestro corazón. No se las cerremos de antemano sin conocerle; apoyémosle porque lo va a necesitar, seamos los enfermeros con manos siempre dispuestas a ayudar a su médico; tengamos la capacidad de escuchar lo que nos tiene que decir, que seguro que es mucho. Y sobre todo animarle, porque el dueño de la viña sigue llamando y puede que arriende su viña a otros.

Hasta la próxima

Paco Mira