viernes, 31 de julio de 2020

LOS CINCUENTA Y NUEVE OLVIDADOS



Seguro que son muchos más. Me gustaría escribir estas líneas la semana pasada, pero ya tenía escrito lo que se publicó, pero creo que tenía una deuda personal con "esos cincuenta y nueve". Parece el título de una película y seguro que con el tiempo lo será por desgracia.

Alguien, hace ya tiempo, me dijo que la vida era un proceso. La vida se va haciendo y vamos escribiendo en el libro de nuestra historia: con borrones, tachones, faltas de ortografía, corregimos, volvemos a escribir, nos ayudan... pero cada uno de nosotros, todos, dejamos huella en ese maravilloso libro. Algunas huellas son muy "sonoras", son reconocidas por medios de comunicación y personalidades. Otras huellas no son reconocidas por nadie o casi nadie, pero también dejan su impronta, incluso más significativamente que las otras.

Cuando los medios de comunicación dijeron que en "Madrid habían sido enterrados cincuenta y nueve ancianos víctimas del covid 19 y que no fueron reclamados por nadie y que le costó a la comunidad cerca de 150.000€", la verdad es que se me pusieron los pelos de punta. Cincuenta y nueve ancianos que da la impresión que no escribieron nada en el libro de su vida, que no dejaron huella y por ello están olvidados. Me niego a querer creer que eso sea así de cierto.

Ahora que llega el verano y en alguna ocasión hemos leído, "abuelo olvidado en la cafetería de una gasolinera", quiero empezar a creer que ya no estamos hablando de algo irreal, sino de la vida misma. Es triste, muy triste, que la edad es la que tenga que marcar, en la vida humana, el rincón que te corresponde, casi sin valor ninguno, mientras - por ejemplo - que los vinos la edad les marca un lugar privilegiado.

¡ Qué tristeza más absoluta que nadie reclame un cadáver!. No quiero creer que esas cincuenta y nueve personas no tengan a nadie: hijos, nietos, primos, hermanos, vecinos, cuñados, sobrinos..... Me resisto a creer que a uno nadie le eche en falta. Ahora comprendo al que se le olvida al abuelo en una gasolinera. Muchos de esos olvidadizos, seguro que se confiesan cristianos de toda la vida.

Pablo nos pregunta este fin de semana que ¿Quién nos separará del amor de Dios?. A esa larga lista yo añadiría la falta de amor por los familiares, el olvido del beso, el no compartir un silencio con ellos, el no tener la paciencia cuando nos repiten veinte millones de veces lo mismo, el no tener una sonrisa adecuada en el momento oportuno, etc...

Seguro que muchos de ellos se han acordado del Padre en momentos tristes de soledad, de enfermedad, de angustia, de querer compartir con alguien sus momentos tristes y quizás los últimos.... y a todos ellos, Jesús les ha respondido: "te lo aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso".

La triste realidad que a veces nos ofrece esta maravillosa vida es un punto en el que nos tiene que hacer pensar muchísimas cosas. Replantearnos el lugar en el que nosotros nos posicionamos. La semana pasada fue el día de

los abuelos, fue el día en que los nietos reconocen a quien les mima, les malcrían, les cumplen los caprichos.... es la ley de la vida que tiene que ser recíproca. Ojala que en el día de mañana los nietos, los hijos... se rifen a los abuelos - con achaques o sin ellos - , a los padres... para compartir lo que se va agotando y no tengan que acabar - si puede ser evitable - en una residencia donde lo único que hacen es una visita cada vez más espaciada y al final nadie, nadie, los reclama. Solo se quedan con el amor de Dios que no pasa nunca y que como dice el evangelio de este fin de semana, tenemos hambre del Dios que no te abandona.

Hasta la próxima

Paco Mira


viernes, 24 de julio de 2020

EL TESORO ESCONDIDO, IGUAL QUE SANTIAGO


Una de las grandes festividades que tiene nuestro país, es precisamente Santiago Apóstol: aquel al que la tradición le señala como que sus restos descansan precisamente en Santiago de Compostela, de ahí el nombre de la ciudad. Pero como todo en la vida, la secularidad ha hecho que muchas fiestas - y más si son religiosas - no las podamos celebrar como debiera. Es como si celebrar la graduación universitaria o el éxito de un trasplante médico estuviera reñido con la efectividad del trabajo de cada uno. Pero en fin.
Lo que sí tengo claro que Santiago es simplemente un modelo de vida. No es una figura del material que sea que colgado de una peana, le encendemos una velita pidiendo un favor, o le ponemos flores. Santiago es el nombre de muchos que en la vida han descubierto - como el evangelio de este fin de semana - un gran tesoro. Recuerdo que una vez alguien me dijo que Santiago tenía la ventaja de conocer a Jesús en persona y yo le contesté que nosotros también tenemos la oportunidad de conocerlo, lo que pasa es que no le miramos a la cara.
Santiago no fue ni asesino de musulmanes, ni andaba con la espada cual escritor coge el bolígrafo y se pone a escribir. Santiago fue un caminante (por eso llegó a Santiago) que supo asimilar el tesoro que había encontrado. Un tesoro que tampoco estaba fácil de descubrir, pero que el tesón, las ganas, la persistencia, la constancia... hicieron que lo encontrara.
Santiago no fue un masoquista del martirio. Sencillamente fue testigo de la Verdad y fue capaz de llevarla hasta sus últimas consecuencias. Y ser testigo de la Verdad no es fácil. No hace mucho, en un programa de televisión dedicado a la venta de viviendas, la gente se enfadaba porque las viviendas que podían adquirir quedaban fuera de sus posibilidades económicas. Pero alguien les dio una idea: reformen la de ustedes y así cuando la vendan valdrá más, y es que como dice el refrán el que algo quiere, algo le cuesta y fue lo que le pasó a Santiago.
Hoy en día, que vivimos momentos complicados, veo la cara de tantos y tantos cristianos tristes, que no tienen la alegría de haber encontrado el tesoro, y además no son capaces de comunicar el hallazgo. El encontrar el tesoro no te va a librar de algunos contratiempos (enfermedad, trabajo, ...) pero hay muchos que nos dan ejemplo de como tenemos que vivir la vida: ilusión, ganas, energía, entusiasmo.... en el fondo muchos encontraron un gran tesoro llamado Jesús de Nazaret.
Por desgracia, nuestra Iglesia - a veces - no ha ayudado a esa alegría, porque ella misma seguro que no se ha encontrado con ese tesoro y llevamos veinte siglos intentando hacerlo. Los santos, Santiago, nosotros... también tenemos que encontrar el tesoro, el reino de Dios. Como dice el Papa Francisco, el Reino de Dios nos reclama. No es cuestión de curas, de santos, del Papa, es cuestión de coherencia de bautizados. No tranquilicemos nuestra conciencia con una norma de precepto dominical, pongámonos en camino, como Santiago. Encontrémonos con nosotros mismos y con el mundo para
encontrar el tesoro que está escondido. Veamos el rostro de Jesús, como Santiago, en tantos y tantos que pasan a nuestro lado y que solamente con la mirada nos están diciendo yo soy, sígueme.
Ojala que no tengamos que probar las mieles del llanto y rechinar de dientes, (como dice el evangelio de este fin de semana) porque eso supone que no hemos encontrado nada en nuestra vida y hemos deambulado sin rumbo a lo largo de los años en los que hemos estado en ella.
Felicidades a los que han celebrado, como patrón y santo, a Santiago y busquemos cual tesoro escondido, el reino de Dios y su justicia.
Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 17 de julio de 2020

SIN DUDA: LO PEQUEÑO SE HACE GRANDE

Una de las cosas que siempre me han maravillado del evangelio, es que no es una tesis de ingeniería aeroespacial con tintes de física nuclear. Es decir que solamente lo entienden tres y los demás se lo creen porque no tienen ni idea de ello. Pero el evangelio habla de lo que todo el mundo entiende, o por lo menos tiene una idea de ello, no hace falta un master universitario para ello, habla de pesca, de agricultura, de labores domésticas, de situaciones de muerte y de vida en la propia vida, de salud y enfermedad, de alegrías, de sinsabores, de ilusiones, esperanzas.... habla de la vida, de lo que vemos y sentimos cada uno de nosotros en nuestras realidades concretas.

Y este fin de semana - ya lo comenzamos la semana pasada - volvemos a contemplar dos situaciones que vivimos con mucha frecuencia. Por un lado volvemos a plantar un grano de mostaza. No se si ustedes han visto alguna vez un granito de mostaza, es que más pequeño no puede ser, y sin embargo cuando crece, se convierte en un árbol o arbusto más grande que cualquiera de las hortalizas. Por otra parte nos habla de levadura, que es lo que hace aumentar por ejemplo el pan. Ya ven que sin duda, lo pequeño se hace grande.

Se preguntarán que puede tener que ver con nosotros y es que desde el año 33, desde que muere Jesús, hemos querido hacer una religión enorme, poderosa, un cristianismo poseedor de una verdad absoluta y que nadie nos puede rebatir y es curioso cómo el propio fundador nace en la humildad y pequeñez de un pesebre. Es sin duda, el guión programático del Padre: desde la base, desde la certeza de lo pequeño, donde lo grande viene por añadidura y es donde arranca la credibilidad del cristiano.

Atrás quedan las etapas y las épocas de las grandes cruzadas; atrás quedan - o eso quiero creer - las épocas de las guerras de religión porque mi Dios - el Dios de todos - es más grande que el del otro, cuando sabemos de antemano que es el mismo Dios hecho hombre, entregado al servicio de los demás y que entregó su vida por amor, no por salir en la portada de ninguna revista del corazón y que haya cobrado por la exclusiva.

Es verdad que vivimos tiempos convulsos, tiempos de incertidumbre, tiempos propicios para la cizaña, pero no son tiempos nuevos. Siempre ha habido estos tiempos y quizás hasta, dentro de lo malo, es bueno para zarandearnos de alguna manera y que espabilemos ante tanta pasividad. Seguirá habiendo quien intente arrancar lo bueno dentro de lo plantado con ilusión, ganas y esperanza... pero para ello estamos nosotros, para dar validez a la realidad de ese Reino y su justicia que en el fondo es lo que el propio Jesús vino a instaurar.

Miremos por una Iglesia del Papa Francisco, como el pesebre de Belén: humilde, sencilla, sin grandes lujos, pero con la sinceridad de quien está convencida de su misión y de su salida dentro de sí misma. Y ojo, que la Iglesia no son grandes edificios, ni demasiados curas... la iglesia es la responsabilidad

de todos los que en su momento hemos sido bautizados y que no es el privilegio de unos pocos.

Seamos mostaza; seamos levadura... seamos lo pequeño que contribuye a que se haga grande. No seamos los grandes que sabemos más que los pequeños. No nos olvidemos que mientras no nos hagamos pequeños, las puertas del reino de los cielos no se abren demasiado aunque estemos bautizados, vayamos a misa con frecuencia y tranquilicemos nuestras conciencias.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 10 de julio de 2020

PARA SEMBRAR, HAY QUE TENER

Seguro que muchos de nosotros nos conocemos de memoria infinidad de pasajes de la Biblia, especialmente del nuevo testamento. Es más, en alguna ocasión nos han servido de coletilla para argumentar ciertos comentarios e incluso como frases hechas que en un momento determinado nos sacan del apuro en alguna conversación. Uno de esos pasajes es precisamente el evangelio de este fin de semana: la parábola del sembrador. Creo que es de las más conocidas y la hemos utilizado en más de una ocasión.

En esta parábola casi siempre nos fijamos y la explicamos en función de donde cae la semilla y sobre todo, en esa caída, quienes pueden ser los destinatarios de las mismas, para incluso hacer una clasificación de las personas en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en nuestras Diócesis, etc...

No hace mucho, en la parroquia, echando una mano a colocar a la gente con las medidas de seguridad en los bancos antes de comenzar una eucaristía, alguien me preguntaba que para qué quería organizar a la gente, si en la calle cada uno hacía lo que le daba la gana. Me quedé pensando y es verdad que nos podemos dejar llevar por lo que otros no hacen - es lo más fácil -, pero no por lo que nosotros podemos hacer.

Es lo que le pasa a la parábola de este fin de semana. Nos podemos preguntar ¿para qué sembrar, si lo que cae en tierra buena es muy poco?. ¿Para qué sembrar si cuando parece que la cosa va bien, viene el sol abrasador y lo quema todo y nuestro esfuerzo queda en algo baldío?, ¿por qué tanto esfuerzo y tanto trabajo?.

Conozco gente que tiene alguna tierra en la que planta cositas a lo largo del año. Saben a al perfección cuando es la época de cada cosa, y claro cuando va a llegar esa fecha, se preparan concienzudamente: aran la tierra, le echan el abono correspondiente, riegan en su justa medida, buscan que la mala hierba no estropee el mimo con el que hemos puesto a punto la tierra, etc..

Yo me pregunto si en nuestras comunidades es más fácil "predicar" la palabra o dar testimonio de la palabra. A veces tranquilizamos nuestras conciencias diciendo cuatro cosas - que no discuto que no estén bien dichas - pero nuestro ejemplo de vida deja mucho que desear. En el evangelio de este fin de semana, Jesús dice que se sube a la barca, se prepara, piensa lo que dice, asume con todas las consecuencias lo que le puede acarrear lo que dice... Yo no tengo claro que nosotros nos preparemos para anunciar aquello que decimos que creemos y por eso nos preguntamos de qué sirve sembrar si total.... sencillamente es que no estamos en la onda correspondiente.

A veces nos quejamos injustamente, de que la gente no responde y tendríamos que mirarnos en el espejo del testimonio para darnos cuenta si cuando queremos sembrar, llevamos en la talega de nuestro corazón el material necesario para que mayoritariamente caiga en tierra buena, aún sabiendo que una parte no va a caer en donde quisiéramos. Dice la parábola que salió el sembrador a sembrar. Salir, ese es el verbo. Lo decía el Papa Francisco, una Iglesia en salida. Dejemos la comodidad y el evangelio necesita pateo, necesita recorrer terrenos que no siempre son fértiles, pero hay que recorrerlos. Seguro que vamos al gimnasio, caminamos todas las tardes o las mañanas... porque los médicos nos dicen que es bueno para la salud (1 hora al día...), pero eso de salir con el evangelio, como que ¿no?.

Dentro de poco vendrá un nuevo Pastor a sembrar en nuestra

Diócesis. Ayudémosle en esa tarea y no seamos de los que a propósito no limpiamos los campos para que la semilla no germine. Ya hablaremos de él, pero por el momento bienvenido a esta su casa.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 3 de julio de 2020

ÚLTIMA LLAMADA PARA LOS SRES PASAJEROS DE LA VIDA

Bueno, que estamos aquí de paso, eso no lo niega ni lo discute nadie. Lo que sí tenemos que buscar es la forma y la manera que nuestra estancia sea lo mejor posible a todos los niveles. No siempre se consigue, aunque creo que todos lo intentamos.

Es casi como la vida de un aeropuerto: ¡Cuántos miles de personas que nos cruzamos!, con su historia personal, sus problemas, sus dificultades, sus ilusiones, su maleta en la mano, su sonrisa, sus lágrimas de despedidas temporales, su cara de no saber cómo será el destino…. Si nos fijamos, es como la vida misma. Y de vez en cuando se oye: “Ultima llamada, para los sres pasajeros del vuelo….”, no solamente en castellano, sino también en otros idiomas. Pero aprendemos a convivir con ruidos (informaciones) a los que nos hacemos inmunes, oímos pero no escuchamos, porque entendemos que no va con nosotros.

Es curioso que el evangelio de este fin de semana es como la voz del aeropuerto de la vida. Una voz que nos lanza mensajes todos los días y que normalmente hacemos como en los aeropuertos, inmunes a su mensaje. Este fin de semana nos hace no solo una llamada, sino tres.

La primera dice : “vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que yo les aliviaré” ¡para que después digan que el evangelio no tiene actualidad!: nuestros momentos son momentos de arrojar la toalla para muchos, de asfixia, de ertes, de falta de trabajo, de incertidumbres ante el futuro. Jesús es la oferta, se ofrece a sí mismo para dar una oportunidad, no de solucionar el problema puesto que no tiene la varita mágica, pero sí de tomar un cierto resuello que nos de fuerza para afrontar las dificultades.

Una segunda llamada dice “carguen con mi yugo que es llevadero y mi carga es ligera”. En esto hemos tenido – a lo mejor seguimos teniendo – la culpa los que decimos que ya estamos dentro: normas, leyes, preceptos, resoluciones, …. y Jesús lo único que nos dice que el Amor es el único tema del que nos van a examinar. Jesús fomenta, motiva… la libertad de todos y cada uno de nosotros. El mensaje de Jesús es un mensaje de liberación, no de servilismo a intereses que no tienen nada que ver con el mensaje del evangelio, y hacen que su yugo sea una carga tremenda.

Por último se me ocurre una tercera llamada: “ aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso”. ¡Qué difícil es que tengamos humildad en el motor de nuestro cuerpo!. Me quiero imaginar a un Jesús que en los caminos polvorientos de su querida Palestina, nunca había problemas o por lo menos no los buscaba y seguro que tenía motivos para cabrearse. El camino que él propone es un camino que él mismo ya recorre, un camino que no tiene que ser desconocido para nosotros, pues es el camino de poner la otra mejilla, es el camino de perdonar más de setenta veces siete, es el camino de guardar la espada en la vaina, es el camino de quien esté sin pecado que tire la primera piedra, etc.

Este Evangelio, es el Evangelio de lo que el Concilio llamaba los signos de los tiempos. Eso que siempre echamos en cara a la religión o al propio Jesús. No oímos, como en el aeropuerto, las llamadas por la megafonía de la vida, nos hemos echo inmunes a las voces que nos llaman y reclaman sinceridad, autenticidad y ejemplo para muchos que nos tienen como seguidores de Jesús de Nazaret.

Mi felicitación a todos los que empiezan las vacaciones y los de Pamplona por los san fermines.

Hasta la próxima

Paco Mira