viernes, 27 de agosto de 2021

MÁ PAPISTAS QUE EL PAPA


En nuestras comunidades pasa mucho, que el sacristán de turno, el encargado de la liturgia del fin de semana, el monaguillo correspondiente - todo con el debido respeto y cariño -, saben más que el propio cura. En algunos casos hasta puede ser cierto, pero en otros, en algún momento se les dio alguna recomendación y lo han tomado para toda la vida. Porque claro, si un cura dice, por ejemplo : tal día no apunte una misa, y cuando cambie el cura le da lo mismo, con tal de aplicar la eucaristía por un difunto, ¿quien tiene la verdad?. Eso pasa porque no tenemos ni idea de qué va el asunto. Además, si le preguntamos al interesado, ¿por qué no puedo hacerlo, la respuesta es : lo dijo el cura. 

Claro, en esta situación debemos plantearnos, ¡como son nuestros equipos de liturgia!: cambiar un mantel, lo hace cualquiera; rellenar las vinajeras, lo hace cualquiera; leer una monición - aunque no venga a cuento - lo hace cualquiera; buscar quien lea, lo hace cualquiera y probablemente produzca el efecto rechazo, es decir que cuando ves venir a la persona le dices que no tienes gafas, que no te apetece y a veces, es como los que intentan venderte un producto en la calle que te acompañan hasta tu casa con la intención de convencerte.

Cuando alguien, a veces ajeno a los entresijos de una sacristía o de una parroquia, pregunta el por qué de las cosas, los modales no son los adecuados y probablemente lo argumentamos como cuando vamos a un organismo oficial: creemos tener la autoridad porque tú vienes a mí, no yo a tí. ¡Qué pena que para celebrar la fe, tenga que ser así!. A veces somos más papistas que el propio Papa. Ojala tuviéramos un pizco de humildad como Francisco, el actual.

Los fariseos le preguntan a Jesús, ¿cómo comen tus discípulos con manos impuras?. ¿Cómo se te ocurre apuntar un funeral si hoy no se puede?, ¿cómo va a leer un niño en una misa de adultos?, ¿Cómo vas hacer dos cosas si ya lees la primera lectura?... ¡cómo nos fijamos solamente en las manos!, probablemente sean impuras, pero nuestro corazón es el que marca los ritmos que deban alegrar el corazón de los demás y no lo conseguimos.

Mucho tenemos que cambiar en nuestras comunidades. Hay veces que nuestros agentes de pastoral son eternos, no cambian nunca y cuando se les dice de hacer un curso de reciclaje nunca tienen tiempo, porque en su casa tienen muchas tareas (y eso no lo niego), pero somos capaces de corregir a los demás porque entendemos que estamos en posesión de la verdad.

A veces los ritualismos ahogan el corazón y somos capaces hasta de juzgar al mismo. ¡Cuántas veces abrimos o cerramos puertas en nuestras parroquias por una información que damos, sin que seamos la autoridad para ello!. Seguimos siendo más papistas que el Papa.

Por eso Jesús recuerda a Isaías cuando dice que este pueblo me honra con los labios pero no con el corazón. ¡ ay si en nuestras parroquias pusiéramos más corazón en todo lo que hacemos!, pues seguro que no nos quejaríamos tanto de la gente que nos falta, o de los que estuvieron y ya no están, de los que siempre quieren salir en la foto y no dejan que otros salgan, de los que a empujones quieren estar siempre en primera fila. Les pongo un ejemplo facilito: ¡fíjense quien lee en las fiestas principales del pueblo, o la pasión el viernes santo!.

 

Por cierto Feliz Verano

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 20 de agosto de 2021

RUIDOS, LOS JUSTOS Y NECESARIOS

Recuerdo que cuando nos dejaron confinados, el año pasado, el silencio era no se si estremecedor o era revelador: el ruido era el justo y necesario, apenas - en casa- hablábamos alto, nos asomábamos a las ventanas hasta con miedo, veíamos a los soldados patrullar las calles y nos asombrábamos... incluso los comentarios comparativos con los países que estaban en guerra, nos hacían ver cómo eran las cosas en aquellos lugares. El silencio solamente era roto al atardecer, con una canción y un ratito de aplausos. He de confesar que a algunos, alguna lágrima les caía cuando llegaba ese momento.

Claro, estamos viviendo en una sociedad en la que lo que predomina es el ruido: gritos, anuncios publicitarios con megafonía en los centros comerciales, incluso en los aeropuertos es tal el bullicio que los anuncios de megafonía no se oyen; gritos en los colegios... vivimos en una sociedad de ruido, de bullicio, de música a toda pastilla, de correcciones a los hijos con amenaza en la voz...pero ¿a dónde vamos a parar?.

Con todo este bullicio, cuando alguien te habla en un tono normal, lo lógico es que le digamos, ¿pero qué dices?, habla claro que no te entiendo. Probablemente alguno te dirá que si tienes problemas de audición.

El evangelio de este fin de semana nos habla de escuchar en el silencio y para ello tenemos que hacerlo. Las autoridades dicen que se esfuerzan en decir que hay que guardar la distancia de seguridad para evitar contagios y hay quien graba y cuelga en las redes sociales lo totalmente contrario. Jesús le pregunta a sus amigos, vosotros, ¿tampoco lo entendéis?. Y es que tengo que darle la razón, yo tampoco lo entiendo.

Pero no es que no quiera entenderlo, es que no quiero encontrar el lugar, el momento, la ocasión... para entenderlo. Que pena me da que el propio Jesús nos da infinidad de posibilidades y nosotros preferimos el ruido, el botellón, la no mascarilla y la fiesta aún a costa de los demás.

Hoy, más que nunca, Jesús nos sigue invitando a hacer silencio para poder escucharle. Hoy más que nunca nos invita en la alegría del verano, a encontrar el lugar, el espacio, el momento, para decirle aquí estoy para hacer tu voluntad, aquí me tienes haz de mí lo que quieras, que puedo aprovechar las vacaciones y acordarme de tí.

Tengo un amigo que me preguntaba no hace mucho, oye, en verano ¿celebras la eucaristía?. Yo le respondí que sí, y él me dijo: no, por Dios, yo descanso en el verano. Mi amigo es el reflejo de quienes tienen que dar ejemplo en su catequesis anual, en su vida de fe, en su compromiso ante los demás como ejemplo de testimonio de aquello que creemos. Ahora bien, si los que estamos dentro preferimos el ruido al silencio de quien nos conforta, no podemos dar de aquello que no tenemos.

Es por ello que ruidos los justos y necesarios dentro del compromiso que nos atañe Los ruidos han de ser los que oímos cuando nos tocan en la puerta

de nuestro corazón para escuchar la palabra de Jesús. Ruidos son los que nos susurran en la cercanía del corazón inquieto y latente para difundir el mensaje que nos ocupa y preocupa.

Amigos, ojala que el verano, sea el mejor aliado para no tener disculpas de no hacer aquello que decimos que creemos. Ruidos, sí, pero los justos

Por cierto Feliz Verano

Hasta la próxima

Paco Mira

sábado, 14 de agosto de 2021

EN VERANO NO NOS APUNTEMOS AL VIAJE DE LA INTOLERANCIA: CORUÑA, AMOREBIETA... ¿SIGUIENTE?

El otro día, un informativo nacional hablaba que los que organizan el viaje del Imserso, estaban de uñas porque dichos viajes, no cubren gastos. Pero da la casualidad que nuestros mayores, los que lo han dado todo por nosotros y por su querido país, quieren disfrutar de unas vacaciones, seguro que merecidas: dejar a los hijos a un lado, a los nietos en el otro, olvidarse de los vecinos, el tener que mantener una dieta por culpa del colesterol, o de otra cosa, etc... quieren disfrutar, alejados de la rutina anual. Ya veremos si lo consiguen, ojala que sí.

Pero hay otro viaje que creo que nos preocupa o debiera preocuparnos a todos: el de la intolerancia, el de la violencia, el de la falta del diálogo, el de no querer asumir que siendo todos iguales, los hay diferentes o que piensan o actúan de otra manera; el viaje del odio, del rencor, de la intransigencia... y que parece que cada vez más está también de moda. Seguro que este viaje sí que no cubre gastos.

Es curioso como en el caso de Samuel en La Coruña, donde iniciamos nuestro viaje, que divirtiéndose sanamente, con un grupo de amigos, que era seguro el sueño de una noche de verano que la estaba esperando... su vida se vio truncada por quien enarbola la bandera del odio, del machismo absurdo e injustificado y por quienes se creen con una autoridad que no tienen. Es curioso cómo actúan en grupo, que les da la seguridad de una cobardía individual.

Si seguimos nuestro viaje, llegamos a Amorebieta. Un precioso pueblo de Vizcaya, donde también el odio, el rencor y la intolerancia son el pentagrama de una sinfonía que jamás debería ser interpretada en nuestra sociedad que se jacta de tolerante. Era espeluznante oír como el grupo que agredía gritaba: mátalo, mátalo.

Ante todo esto, me bajo de este viaje. NO quiero seguir, pero sí me pregunto ¿qué nos está pasando?. ¿Qué nos pasa a esta sociedad que presume de súper adelantada pero que cada vez con más frecuencia recurre al odio, rencor, venganza y violencia para solucionar sus problemas?.

Es curioso como este fin de semana aparecen en el evangelio dos grandes personajes de la historia del cristianismo: Jesús, protagonista por excelencia y María, mejor actriz secundaria de un viaje lleno de tolerancia, concordia, convivencia de distintos pero iguales. Jesús lleva insistiendo, desde hace unos domingos, en lo humilde, en lo sencillo, en una comida de fraternidad, en lo cotidiano a través de un pan, en solucionar las complicaciones de la vida a través del diálogo y la tolerancia. En este fin de semana lo vuelve a hacer.

A su vez, María, asume un proyecto bueno, tolerante, ambicioso, lleno de grandes posibilidades, corre para anunciarlo a la familia y a su vez, proclama a los cuatro vientos la grandeza de quien le oferta ese programa. Dentro de la

humildad que le caracteriza, se alegra porque todo el mundo le va a felicitar por asumir y aceptar el papel que Dios le encomienda.

Bueno, ¿y nosotros?, ¿qué papel ocupamos, aquellos que nos decimos cristianos de toda la vida, en una sociedad que no es la que quiere Jesús de Nazaret precisamente?. Nos está preocupando el calentamiento del planeta porque los incendios nos lo están recordando con frecuencia; nos preocupa el covid, porque las ucis se están llenando, pero ¿no nos preocupa la violencia con la que estamos solucionando problemas que no lo son y miramos para otro lado porque no va con nosotros?.

Quiero creer que en el verano (y siempre), podemos plantearnos a qué tipo de viaje nos apuntamos

Por cierto Feliz Verano

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 6 de agosto de 2021

LA VACUNA, ¿NOS DA MÁS RESPONSABILIDAD?

 



 LA VACUNA, ¿NOS DA MÁS RESPONSABILIDAD?

 

Estarán de acuerdo conmigo que cuando hablamos en plural, corremos el riesgo de generalizar y eso es siempre peligroso. La reflexión que comparto, puede correr ese riesgo, pero creo también que no me voy a equivocar mucho. Cuando estudiaba la carrera, el profesor que teníamos de sicología (hijo de un minero asturiano, de los de antes), decía que procuráramos no aplicar ya, lo que estábamos aprendiendo, pues corríamos el riesgo de no acertar ni una y acabar odiando la asignatura. Pues algo parecido. 

La semana pasada fui con mi hija - mayor de edad - a un centro de vacunación masiva en el sur de la isla. Fui por dos motivos: uno por la posibilidad de algún tipo de reacción y dos por dar una vuelta. Lo que me encontré allí era una cola inmensa, parecíaque iban a actuar los Rolling. Pregunto que qué es lo que pasa y es que se pueden vacunar ya desde los 14 años en adelante.

Bueno hasta ahí, parecía que todo normal, pero claro al ser menores de edad, todos, absolutamente todos, iban con sus padres o al menos con uno de los dos: carantoñas, mimos, preocupación, caricias, colócate bien la mascarilla, procura estar los quince minutos posteriores, si había que hablar con alguno de los enfermeros lo hacían los padres, etc....

Como saben, trabajo en la docencia. Viendo aquel panorama, me preguntaba si la vacuna, a unos padres, les da más responsabilidad hacia sus hijos que otro tipo de actuaciones en el proceso de crecimiento de los mismos, incluido el educativo. Cuando veo en un centro educativo que llega la entrega de notas y los padres no aparecen; cuando en un centro educativo a un alumno se le expulsa un determinado número de días por un comportamiento inadecuado y encima los padres justifican actitudes de los hijos; cuando en los suspensos - en número elevado - son la "nota habitual" de los hijos y los padres ni se inmutan; cuando  los propios alumnos te dicen que se han quedado hasta las dos y tres o más de la mañana jugando a la play, sabiendo que al día siguiente tienen que responder en su trabajo educativo... no acabo de entender el mimo, el celo... con la vacuna.

Me gustaría que ese mimo hacia sus hijos, que por otra parte entiendo y es lógico por el miedo y la sicosis que estamos viviendo con la pandemia, también lo tuvieran cuando sus hijos se juntan en una plaza cualquiera para compartir bebida y fiesta con los amigos, eso que ellos llaman botellón y que lo justifican con la necesidad de diversión; me gustaría que ese mimo hacia sus hijos, lo tuvieran cuando hay que cumplir con el protocolo de la mascarilla, llevarla, no bajarla; me gustaría que ese mimo hacia sus hijos se llevara a la práctica recordándole a ellos que en el verano también hay que cumplir con ciertos protocolos sanitarios que aunque estemos de vacaciones, no nos queda más remedio.

Comenzaba diciendo estas letras, que el hablar en plural podría llevar a generalizar. Quiero aplaudir a quien no se siente aludido a la reflexión que hice, porque la vacuna es una responsabilidad más dentro de las muchas que ya tenemos. Ser padre, y muchos lo saben, es acompañar un proceso de crecimiento y éste no es solo la vacuna.

El evangelio de este fin de semana, nos vuelve a hablar de la oferta de Jesús a quien quiera recoger el guante. Una oferta que viene en forma de alimento - no para hacer dieta - sino para que la vida tenga VIDA. Y que esa responsabilidad de padres que les han dado a los jóvenes la posibilidad de hacer - por ejemplo - la primera comunión, sean el ejemplo para quienes se han dejado llevar por lo más fácil y que a veces no es precisamente el compromiso.

 

Por cierto Feliz Verano

Hasta la próxima

Paco Mira