viernes, 30 de abril de 2021

LECTURAS DEL PRÓXIMO DOMINGO 5º DE PASCUA - CICLO B

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (9,26-31):

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles. Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 21,26b-27.28.30.31-32

R/.
 El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R/.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R/.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,18-24):

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Palabra de Dios

Evangelio del domingo

 

Lectura del santo evangelio según san Juan (15,1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Palabra del Señor

 

DIARIO DE UN CURA

DESDE LA VENTANA DE MI CASA

Quince días he estado mirando la vida desde una ventana. He visto pasar a la gente, aparcar coches, me han tocado en el cristal, he sentido entrar el viento. No ha entrado nadie en la casa. Tampoco yo he podido salir. Begoña traía  el café y los periódicos cada mañana: los primeros respiros del día.

Fefi, Loly, Juana Fefa y otros  se acercaban a recoger la llave de la iglesia o a dejar algunos sobres o hacer un comentario ligero sobre el día. Era como un contacto con toda la parroquia. 

Con algunas personas rezaba cada día a través del teléfono y poníamos la vida de los amigos, de la familia y de las parroquias delante  del Señor.  Pensaba en los que han tenido o están teniendo peor suerte, más incomunicados o más olvidados o más doloridos. 

Tenía otras ventanas abiertas gracias a Internet, pero esta es la más viva, la más real. Veía a la gente como es. Entraba calor cuando hacía calor y frío cuando hacía frío. Las sonrisas eran de verdad y las palabras, poquitas pero suficientes. 

La misa de cada día, menos los lunes, en una parroquia u otra. Veía a los que leían, a los que comulgaban, a los que subían y bajaban de la sacristía. No tuve sensación de estar confinado. Ni mucho menos. Tuve la sensación de ser una persona de mucha suerte que cada día, por cualquiera de las ventanas, me ponía en contacto con mucha mucha gente. 

Todas las mañanas me llamaba una doctora que me hacía el seguimiento. Teníamos una conversación ligera en la que casi siempre le dije que me encontraba bien y agradecía  sus consejos. Me dijo que se llamaba Concepción Matoso y que era creyente y que le alegraba saber que yo era cura.  Escuché canciones y algunas confidencias telefónicas. A veces me costaba hablar por teléfono y prefería siempre los mensajes. 

Ahora, recién acabado el confinamiento, la nevera la tengo llena. Imposible comerse todo lo que iba llegando. El corazón también quedó lleno. 

 Fui escribiendo notas cada día  para saber el proceso. La temperatura corporal,  y la saturación cada mañana y cada tarde. O los consejos médicos del día o alguna anécdota. Por último, ya resultaba  aburrido no tener fiebre y saturar 97 o 98 cada día. Desde el viernes abandoné mi pequeño diario. Todos los días empezaron a ser iguales. 

Los compañeros curas fueron curas y fueron compañeros. Siempre disponibles. También los que venían a celebrar la eucaristía. 

Desde lejos notaba la buena colaboración de la gente de la comunidad. Las parroquias marchan mejor sin cura. La gente sabe que hay cosas que hacer y que la parroquia ahora es más suya. Hubo unión, participación y buen rollo.  Y eso me daba mucha satisfacción. En toda familia hace falta que el padre o la madre se ponga malo para comprobar que los hijos son hermanos.  Sabía que tenía  muchos sobrinos y ahora me he dado cuenta que tengo el doble. 

He seguido la liturgia de cada día.  He escuchado, gracias a la transmisión de la eucaristía, la homilía del compañero de turno. Y hoy mismo, leyendo lo que san Pablo dice a los cristianos de Corinto, me puse a copiarle. A veces no quedamos con algo meramente anecdótico de Pablo, por alguna frase desacertada que escribió. Pero Pablo fue un hombre de fe, entusiasta, luchador, trabajador, entregado al servicio del evangelio, valiente, perseguidor y perseguido, sincero, inteligente, lleno de Espíritu… a veces soberbio, a veces humilde.

También yo me presenté a ustedes débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que nuestra  fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Eso quisiera ser. 

Me gustaría seguir mirando por la ventana para que nunca pierda el contacto con nadie:  con la chica que pasea su perro delante de mi casa, el joven que riega el jardín o refresca la plaza cada mañana, los amigos que se sientan en el banco cerca de la sacristía, los señores que dialogan  en la puerta de la iglesia… A través de cada uno me llega el Espíritu de Dios. 

A lo mejor la palabra del evangelio de hoy me repite lo que Jesús decía y dice: Que ustedes y yo somos la sal de la tierra. Que tenemos que darle buen gusto a la comida de la vida. El buen gusto es llevarnos bien sin dar importancia a tonterías. Es mantener el buen humor y la alegría. Mandarnos chistes y memes, reírnos, animarnos, felicitarnos y tener siempre la ventana abierta, sin rejas, para que, quien quiera, coja la llave y descubra que aquí dentro hay una comunidad de gente normal, que quiere ser buena y que a veces mete la pata. Y que no le gustan los cristianos raros, ni los que ven pecado por todos lados, ni andan todo el día con rezos, novenas, triduos y devociones extrañas  porque nos podemos cargar el Espíritu de Dios. Y el Espíritu está por fuera de la ventana y por fuera de la iglesia. Los virus pueden estar dentro. 

Abramos las ventanas.


¡ PUES NO HABRÁ MANIFESTACIONES!, O ¿SÍ?

Pues llevamos unos días que están bastante calentitos. Manifestaciones de unos, pérdida de formas en los otros, lanzamiento de objetos - algunos de cierta consistencia y contundencia - por no querer que algunos hablen en mi barrio o en mi zona como si la calle (como decía un cierto político de tiempos pretéritos) tuviera una propiedad privada o un vado de reserva. Esto es la salsa - dicen algunos - de la política. Pues les digo la verdad que me está empezando a cansar un poco esta salsa. Creo que es un poco agria.

Además, si no tuviéramos la pandemia, nuestras calles se llenarían de gente porque este fin de semana es el día del trabajo. Como si el resto del año no tuviéramos que rendir a quien nos sustenta para poder comer todos los días. Si no tuviéramos pandemia, las pancartas serían las que nos indiquen lo que los sindicatos dicen que prometen, pero que a veces dudo que se cumplan sus expectativas, pero seguro que todo quedará en forma telemática. No habrá manifestaciones multitudinarias, de esas en que las delegaciones del gobierno y los convocantes nunca se ponen de acuerdo en el número de participantes.

Sin embargo, este fin de semana un gran líder, lanza la consigna para sus seguidores: permanezcan en mí, no nos demos de baja en su proyecto que encima, no como los sindicatos, es gratuito y nos llena de buenos y grandes momentos. Seguro que los grandes líderes pronunciaran grandes discursos que seguro que no se lo creen ni ellos, pero Jesús nos dirá que sus palabras han de permanecer en todos y cada uno de nosotros. En alguna ocasión llegó a decir que sus palabras eran espíritu y vida.

En el fondo, el evangelio de este fin de semana, nos pone de manifiesto cómo nos estamos dejando empapar en esta época de pandemia. El discípulo de hoy es el que tiene que tener una savia verde, unos sarmientos que rebosen alegría y jovialidad porque el sarmiento siempre está presto para su labor. Muchos de nosotros vivimos una religiosidad fuera de Jesús, fuera del sarmiento principal y cada vez más aferrados a ciertas prácticas que no tienen nada que ver con lo esencial (esa agua bendita que llevamos para casa para no sé qué; ese santo que metemos en la nevera porque no nos ha hecho caso, etc...).

Ser cristiano hoy exige una pasión por el proyecto de Jesús. Muchos de los que nos consideramos cristianos ponemos entusiasmo, empeño en discursos a las masas en días como el de este fin de semana, pero no ponemos ganas ni entusiasmo en lo principal e importante de nuestra vida. Todos tenemos que ser sarmientos, tenemos que estar pegados al tronco que hace que nos sintamos vida y con vida.

El gran ejemplo también lo tenemos en nuestras madres. Dicen que es el día de la madre, cuando eso es durante todo el año. Pero ¡cuántas madres han sido también sarmiento de fe en nuestras vidas! Madres muchas de ellas que no tenían unos conocimientos excesivos pero que nos enseñaron lo básico de

nuestra religiosidad. Tan básico era que no lo hemos vuelto a olvidar en la vida y ¡qué casualidad que ahora lo olvidamos con una facilidad pasmosa!

Jesús sigue diciendo que él es la vid y nosotros los sarmientos, pero sobre todo que permanezcamos en su amor. Permanezcamos también en el amor a nuestra madre, que seamos capaces de recordarlas, valorarlas, quererlas, achucharlas.... lo que no hagamos con ellas en vida, no nos lo echemos en cara en su ausencia.

Ojalá que las manifestaciones de este fin de semana, sean manifestaciones de amor verdadero, sin trampas, sin palabras que no se cree nadie.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 23 de abril de 2021

¿ CUÁNTAS MEDALLAS VAMOS A CONSEGUIR?



 Este verano tenemos cita con el deporte, sobre todo para aquellos que les gusta el mismo. Por una parte está la Eurocopa de futbol y por otra están las olimpiadas. Hay donde escoger. Alguno me comentaba no hace mucho que si lo confinaban, de nuevo, por lo menos le iba a dar uso a la televisión que los Reyes le habían echado este año. Me parece un argumento poco sólido, pero respetable. Seguro que en ambos eventos deportivos lucharemos como nación por conseguir el mayor número de medallas, no solamente representando a nuestro país, sino también, a nivel personal nos dará el mérito que nos corresponde por el esfuerzo realizado. 

Pero muchas veces también recurrimos a colgarnos medallas por méritos que nosotros no hemos realizado. Medallas que nos atribuimos y ni siquiera hemos movido un ápice para que nos llevemos la gloria de algo que ni siquiera hemos sudado. Pero también nos cabreamos cuando otros se cuelgan las medallas de algo que hemos hecho nosotros y que otros ni siquiera han sudado.

Este fin de semana, Pedro da una lección de humildad. Cura un cojo de nacimiento (seguro que el hecho no fue tal y como se narra) y las autoridades le llaman la atención. Pedro podría haberse colgado una medalla delante de todo el mundo y, en especial, delante de las autoridades que le están interrogando. Sin embargo aquel rudo y tosco pescador de la Galilea profunda, da una lección de humildad y sencillez, diciendo que "quede bien claro que lo hice en nombre de nuestro Señor Jesucristo".

Esa humildad de Pedro, le lleva a decirle al cojo que él no tiene nada (ni oro, ni plata, ni dinero....); Pedro reconoce sus limitaciones sobre todo cuando fue capaz de negar a Jesús tres veces y en público (delante de los que estaban en el pretorio); fue capaz de entristecerse cuando Jesús le pregunta por tres veces si lo amaba. Por eso no va a colgarse ahora ninguna medalla que no le corresponde y queda bien claro que lo que hace lo hace en nombre de un tal Jesús de Nazaret.

Este fin de semana se nos recuerda al buen Pastor. El que conoce y cuida a sus ovejas, no el que conoce y cuida a los borregos, a los que no piensan, a los que hacen siempre lo que otros le dicen lo que tienen que hacer. El Buen Pastor, ama, acaricia, protege, mima, se desvela... por su rebaño al que siempre tiene como "un palmito". No es para colgarse ninguna medalla, sino porque es fiel al compromiso adquirido.

Los pastores no son solamente los Obispos o los sacerdotes. Todos estamos llamados a ser pastores, cada uno desde su propia misión. Llamados a mimar, acariciar, cuidar... a todos aquellos que necesitan del cuidado y atención dentro de nuestra comunidad, especialmente en estos momentos duros de escasez, de precariedad y de soledad. Nosotros tenemos que ser como Pedro: lo que hacemos no lo hacemos en nombre propio, lo hacemos en nombre del único Pastor, Jesús de Nazaret.

A su vez, también celebramos la jornada de vocaciones nativas. Aquellos a los que va llegando el mensaje del sepulcro vacío, aquellos a los que se les anuncia que camino de Emaús va también un tal Jesús de Nazaret y que al atardecer se le conocerá no solamente por la capacidad que hemos tenido de amar, sino en la fracción comunitaria del pan.

No nos colguemos medallas, pero luchemos para que no cesemos en nuestras olimpiadas en el anuncio de la buena noticia, y en favor de los más necesitados.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 16 de abril de 2021

PERO, ¡ NO TE VEO!

Si hay cosa complicada en la fe, es poder dar a entender la resurrección. Mi abuela, que en paz descanse, decía que cuando ella muriese la cambiaran de ropa y le pusieran una ropa, si no nueva, al menos limpia: ¡ no iba a presentarse ante el " jefe " de cualquier manera!. Y la forma de pensar de mi abuela no era excesivamente descabellada en relación a lo que actualmente podemos seguir pensando. Seguro que entendemos cualquier otro pasaje del evangelio, lo explicamos con razonamientos lógicos, buscamos las fuentes y les damos la vuelta, pero lo que es la resurrección, como que nos cuesta.

¡ Qué más quisiéramos que ser como Tomás!. El domingo pasado se llevó el premio, porque tocó y creyó; con miedo porque tenían las puertas cerradas, pero al final tuvo lo que esperaba, tuvo recompensa a la insistencia. Para él la resurrección fue como para muchos de nosotros que si no vemos o no tocamos no creemos. Pero claro, ¿hoy, a dónde tenemos que ir que estén con las puertas cerradas, con miedo, que nos digan que lo vieron, que uno sea capaz de discrepar y no creer?.

Creo que lo primero que tenemos que pensar es que Jesús sigue apareciéndose y sigue diciéndonos, "paz a ustedes". Lo primero que tenemos que hacer para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros y hacer circular en nuestros grupos, en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo. Nosotros tenemos que ser los primeros en creer que nuestro amigo Jesús no es un fantasma que vio Tomás. No es un figurante de ópera - como quizás en algún tiempo dimos a entender -, sino que se una persona viva que nos acompaña de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.

A veces pensamos que es como el mago que saca el conejo de la chistera. Creer y tener fe es proceso largo, a veces tedioso, a veces con ganas de arrojar la toalla, a veces con ganas de bajarse de esta maravillosa aventura... pero que en la insistencia está el premio y no hay mayor alegría que el reconocer en nuestra vida, al que , por amor, entrega su vida para que nosotros la tengamos.

Hoy Jesús sigue poniéndose en medio de nosotros como lo hizo con los discípulos. Hoy Jesús nos sigue diciendo que la paz estén con todos y cada uno de nosotros. Hoy Jesús también, como a Tomás, nos pide que toquemos sus heridas. Heridas de hombres que viven la tristeza de la soledad; Heridas de hombres y mujeres que viven la desesperación de la inmigración con la casi certeza de que nosotros no les abrimos las puertas porque tenemos miedo; Heridas de hombres y mujeres que son maltratados por las mafias explotadoras que sin escrúpulos se aprovechan de tiempos inciertos; Heridas de hombres y mujeres que no pueden llegar a fin de mes por la mala gestión económica de unos pocos; Heridas de hombres y mujeres que en la soledad de la habitación de un hospital o de una residencia o de su casa... no tienen con quién compartir la alegría de la Pascua.

Hoy, probablemente, seguimos preguntándonos que no le vemos, que dónde está el resucitado, que dónde queda la alegría de un sábado en el que hemos cantado aleluya. Y él nos sigue diciendo, Paz a ustedes y lo hace en medio de nosotros. Pero ¿por qué estamos tan ciegos?, No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Amigos, estamos en la Pascua, en la alegría de la Pascua, de Jesús resucitado. Abramos los ojos y seguro que no tendremos que preocuparnos de cómo será, sino que ya es y está en medio de nosotros.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 9 de abril de 2021

PERO, ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

PERO, ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Alguien dijo que el miedo era libre. Y el miedo es algo que no se puede medir, como el dolor. " ¡No tienes que tener miedo!, ¿por qué no?". Se lo decimos a nuestros hijos, a los mayores, y sobre todo cuando nosotros no tenemos que pasar por ningún trance que suponga una prueba de valentía. Ahora que está tan de moda las vacunas, somos los primeros que decimos que no hay que tener miedo, pero ¿quién dijo miedo?. Muchos de los que dicen esto, no se vacunan. También hubo quien dijo que los cementerios estaban llenos de valientes.

Pero el miedo no es algo nuevo. Es algo tan antiguo como el hombre mismo. Probablemente el tener miedo nos ha hecho que sigamos como especie en la tierra, pues de no tenerlo igual nos hubiéramos o nos hubiesen extinguido. Por lo tanto el miedo es un mecanismo de defensa que nos puede salir bien.

A nivel religioso, ¿ de qué tenemos miedo?. Nos quejamos un montón de que las cosas no funcionan y las que lo hacen lo hacen mal; nos quejamos que en la Iglesia en vez de ir para adelante, vamos para atrás; nos quejamos que los jóvenes ya no están con nosotros en las celebraciones, etc... nos estamos quejando siempre y , a veces, de lo mismo.

Pero es curioso que las mujeres (siempre las benditas mujeres las primeras) al llegar al sepulcro, alguien les dice "no tengan miedo", las mismas palabras que el Papa Juan Pablo II dijo el día de su proclamación, "no tengan miedo". El del sepulcro invita a la confianza; la seguridad de sus palabras llevan a no asustarse, a abrirnos a lo nuevo, aunque sea desconocido. Incluso a esto, no hay que tenerle miedo.

Pero nada más salir del sepulcro, los discípulos están con las puertas cerradas por miedo. No son capaces de aliviar la pena de la pérdida con la certeza de la Vida, con la certeza del impulso de seguir adelante a pesar de las dificultades. Hoy en día creo que nos pasa lo mismo. Cerramos y nos cerramos pensando que lo tenemos todo "atado y bien atado" y cualquiera que llegue nos lo desata en un abrir y cerrar de ojos.

Hoy el mundo, nuestro mundo, necesita más que nada de nuestro testimonio. Hoy el mundo necesita más que nunca de abrir las puertas, primero de nuestro corazón para que - como decía el Concilio - seamos capaces de abrirnos a nuevas realidades, sin miedo, con valentía, sin necesidad de cortarnos ante nadie ni ante nada. Hoy el mundo, necesita abrir las puertas de nuestra Iglesia (no de nuestros templos, que igual también), como institución y sacudir alfombras con polvo ancestro que lo único que hace es provocar reacciones alérgicas de muchos de los que están fuera y también de los que están dentro.

El abrir puertas puede ser la respuesta a tantas interrogantes de tanta gente que se pregunta el por qué de muchas cosas. Nuestro Papa Francisco nos invita constantemente a la ventilación de nuestra fe, de nosotros como portadores de la misma y de la Iglesia como custodia de esa fe.

Los Apóstoles tenían miedo, pero Jesús les dijo que la paz esté con ustedes. Muchos necesitan tocar para creer. Muchos necesitan testimonios diarios para poder decirle al mundo que lo que acabamos de celebrar no es un cuento, sino una realidad.

"Dichosos los que crean sin haber visto", y les añado "Muéstrame tu fe sin obras, que yo por las mías te diré que Jesús de Nazaret está vivo". ¡Qué fácil en el papel, pero qué difícil en la vida!, pero ¿quién dijo miedo?.

Amigos, no tengamos miedo. Gritemos a los cuatro vientos que Jesús de Nazaret merece la pena, que está vivo y que camina con nosotros.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

jueves, 1 de abril de 2021

PEDRO, SIMÓN Y MARÍA MAGDALENA

¡Fuerte lío el de la pandemia!. , eso les decía el domingo pasado. La semana santa, no ha podido arreglar el desaguisado económico, las pérdidas - quien vive de la economía lo sabe bien - son cuantiosas y eso hace que muchas economías familiares estén resentidas. No podemos inaugurar la temporada playera que tan de costumbre es en Canarias, pero ¿qué hacemos?. No quiero que nos agarremos a un clavo ardiendo, no quiero que nos acordemos solamente cuando truena de santa Bárbara, no quiero que miremos, en esta semana, al cielo y el resto del año como si aquí no hubiera pasado nada.

Quiero agarrarme a la fe, humilde, sencilla, bruta y tosca en algunos casos, a la fe del que no entiende, de tres personajes que aparecen en este único acto que dividimos en tres partes.

Quiero fijarme en Pedro. Pedro es la imagen típica del farruco, del bravucón, del que lo sabe todo, pero que mete la pata en infinidad de ocasiones. Es la fe de muchos de nosotros. Es la fe de los que nos damos golpes en el pecho y que criticamos infinidad de cosas que hacemos en nuestra bendita iglesia y en nuestras comunidades parroquiales. Es la fe de los que decimos que ya está bien y no queremos hacer más, pero que siempre acabamos arrimando el hombro. Pedro es que no quiere que le laven los pies, el que dice que no negará nunca y un gallo se le adelanta por tres veces, es el que no se queda nunca dormido y no es capaz de mantenerse despierto, al que no quiere que le laven los pies y termina siendo besado por quien es el autor de la vida.... ojalá tuviéramos muchos un pizco de fe como la de Pedro.

Quiero fijarme en Simón, el de Cirene. Es el anónimo de la Pasión. Es el que aparece casualmente porque viene del campo, pero que se convierte en el alivio de un reo ajusticiado a morir en el propio peso que lleva. Me gustaría tener un poco de silencio y de entrega como la de Simón: ¡ cuantas cruces hoy en día necesitan de nuestra ayuda!. ¡cuántos son los que son golpeados cuál látigo en la vida y nosotros cruzamos de acera y miramos para otro lado!. ¡Cuántos reos en nuestras cárceles!, ¡ cuántas familias que no llegan a fin de mes!, ¡cuántas colas del hambre en las puertas de nuestras caritas!, ¡cuántos desahucios injustos!, ¡cuántas soledades en nuestros hospitales!... cuántas cruces tenemos que ayudar a llevar y no llevamos ninguna.

Quiero fijarme en María, la de Magdala. La mujer que corre más que nadie. La mujer que sospecha que algo ha pasado, pero que no es capaz de atisbar lo qué. La mujer que espera encontrar la muerte, un cadáver y se encuentra con la Vida, con la vida que va a dar sentido a la suya. La mujer que ha sido retada a que le tiraran piedras los que no tuvieran pecado, y ni una le cayó. Una mujer de la vida, que se encontró con la Vida. Una mujer que fue duramente criticada por las autoridades de la época, pero que supo hacer frente a las criticas y salir adelante.

Ya vemos que es una semana santa diferente en muchos aspectos, pero igual que otros años a nivel de compromiso y actitudes en la vida. Creo que el confinamiento nos viene bien a todos, porque puede ser el termómetro de muchas cosas: del servicio, de la ayuda en los momentos complicados, del testimonio en momentos de duda e incertidumbre. Nuestra semana es la más importante. No nos quedemos solamente con esta semana, es el principio de mucho y nunca el fin de nada.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira