sábado, 26 de diciembre de 2020

FAMILIA, PERO... ¿QUÉ FAMILIA?

 


 

 A lo largo de los años hemos conocido familias idílicas. Familias que de cara a los demás eran ejemplo de lo que la sociedad esperaba de ellas. Seguro que muchos de nosotros nos hemos educado en alguna de ellas. Familias trabajadoras, familias que se desvivían por sus hijos, familias en las que la comunicación era la bandera que ondeaba en un clima de absoluta convivencia. Incluso familias religiosas que compartían la fe dominical, sí o sí. Recuerdo en mi tierra un matrimonio que tenía nueve hijos. El padre en una esquina del banco de la iglesia, la madre en el otro y en el medio los nueve. Todo el mundo se maravillaba.

Los tiempos han ido corriendo, pasando, y esa imagen de familia que tradicionalmente hemos visto, resulta que ahora se ha desvanecido o no encaja en el modelo que tradicionalmente veníamos observando como tal: la fe, seguro que la comparten solamente los progenitores, los hijos ya no aparecen por la Iglesia, eso de rezar antes de almorzar puede suponer gestos o modos de desaprobación aunque se asumen por no hacerle el feo a los padres, pero esperando que - en el caso de hacerlo - acabe cuanto antes.

Celebra la Iglesia, este fin de semana, después de la Navidad, la Sagrada Familia. Quiero imaginar a un José limpiando una cuadra llena de basura de los animales, con un olor , quizás, nauseabundo, para que su mujer pudiera dar la luz. Seguro que las condiciones higiénico sanitarias no fueron las mejores ni las adecuadas. Pero ambos asumieron, desde el amor mutuo, un proyecto que, en principio, dudo que entendieran. Juntos iniciaron un camino seguro que con un temor a un resultado incierto.

El Concilio Vaticano II definía la familia, como una "comunidad de amor". Y es que el amor es el que tiene que mover los proyectos de futuro en una pareja que se ama y que quiere que Dios camine, desde el silencio, con ellos; que les ayude en todos y en cada uno de sus movimientos, que les guíe en los momentos de mayor angustia cuando las dificultades asoman por la ventana o llaman a la puerta de la convivencia.

Hoy la familia ya no es la de mi infancia. Hoy hay parejas, que desde el amor, como "Dios quiere", inician un camino en común y quieren que sus hijos compartan con ellos ese proyecto de vida, igual diferente, igual resulta extraño, pero Dios está en todos y cada uno de ellos.

Tenemos la costumbre de rechazar aquello que no vemos como de "toda la vida o que siempre se ha hecho así"; tenemos miedo a innovar o hacer diferente aquello que pudo servir , pero que ahora ha de ser de otra manera. Parejas que rehacen su vida, porque la anterior no dejaba desarrollar la vida; parejas en las que el hombre y la mujer no están presentes sino que son del mismo género, parejas en las que el amor evangélico es el motor de sus vidas, parejas en las que la fe, aunque muchas veces, no se vea de una manera clara, está presente.

Dios es amor. El amor es el motor que tiene que hacer funcionar el engranaje social que lo conforman las familias. Seguro que José limpió la cueva para acoger a su retoño. Limpiemos nosotros nuestro corazón de prejuicios. Amemos y queramos a todos los que educan a sus hijos en el amor que ellos derrochan. La familia de Nazaret es sagrada porque el amor es sagrado y es lo que nos tiene que mover. Si aceptamos a José y a María, aceptamos a un tal Jesús que nos anima a vivir como comunidad de amor.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 25 de diciembre de 2020

TAMBIÉN HAY RESTRICCIONES EN BELÉN


¡ Y tanto que las hay!. Seguro que no sería por el covid, no el 19, pero a lo mejor por algún virus. Pero seguro que sí las hubo porque todos los que llegaban, no tenían sitio "en la posada", en los hoteles del tiempo, en los lugares más inesperados. Buscando, se encontró un lugar probablemente insolubre: olor a estiércol, moscas por todos los lados, paja húmeda por los orines de los animales, basura acumulada... todo ello propiciaría algún tipo de enfermedad que podría incluso ser contagiada.

            Pero las curiosidades de la vida hace que en el siglo XXI, también hay un virus. Un virus que no nos deja con la tranquilidad de poder celebrar la fiesta que da sentido a nuestras vidas. Seguro que también, hace dos mil años, el nacimiento de Jesús pasó desapercibido. No pasó desapercibido para los más allegados, para María, para Isabel una prima que no esperaba que fuera protagonista de una historia determinante, para José un hombre al que se le viene encima una papeleta que hoy no quisiéramos ninguno... y todo empezó en una casa, a la que acude un ángel y hace que la historia se cuente de otra manera.

            Hemos estado viajando, en este tiempo de adviento,  hasta Belén, hasta la tierra del pan, hasta lo habitual y cotidiano, que es donde este personaje que hoy celebramos se hace presente Y  es curioso que hay muchos pesebres en nuestro avanzado año tecnológico (casi llegamos a Marte, traemos piedras de la luna, etc...) que huelen a porquería y casi diría que están contaminados: pateras que consentimos que sigan llegando; desahucios que se siguen produciendo, Ertes que condicionan la vida de muchas familias, como la de Belén, agobios cuando se está aproximando el final de mes....

            Seguro que cuando suena la campana y me asomo a la ventana- como canta el villancico - veo a un Jesús revolviendo en el contenedor de la basura en busca de algo que llevarse a la boca, o veo a una familia en una de las colas del hambre esperando a un plato de algo caliente que llevarse a la boca gracias a la generosidad de muchos que todavía pueden permitirse el lujo (porque lo es) de ayudar a otros.

            A los pobres todavía se les pide la mascarilla. Piensan que los que nada tienen pueden contagiar a algunos que tienen algo. No veo un belén casero o real con pastores con mascarilla y la PCR realizada para acudir a visitar a una María que todavía no da crédito a lo que ha sucedido en ella. Una María que a pesar de las dificultades, sueña caminos, y que no ha dicho que no en ninguno de los momentos a un Dios del que se fía en todos y cada una de las circunstancias.

            Amigos es Navidad: la VIDA nace en tí y en mí. En todos y cada uno de nosotros y que nazca la vida, supone experimentar la vida para poder regalarla. Dios, como le dijo a María por medio del Ángel, nos dice que no tengamos miedo, que seamos capaces de seguir adelante, que Belén no es el final de ningún tramo, sino que Dios hizo una parada para hacerse hombre, pero que todavía, después de dos mil años, sigue caminando con todos y cada uno de nosotros: "Jesús se hizo hombre y acampó entre nosotros", nos dice Juan, lo creemos, con virus o sin él, con mascarilla o sin ella, con PCR o sin ella, ... Dios nunca nos abandona y por ello celebramos la Navidad. Y por ello la Navidad sigue estando en tantas residencias de nuestros ancianos, en los sanitarios, en la gente de caritas, en los que se desviven por otros...       

            Amigos, FELIZ NAVIDAD. Feliz acogimiento de Dios entre nosotros. Feliz reto para todos y cada uno de nosotros. Más que felicitar la navidad les pido que HAGAMOS NAVIDAD

            Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 18 de diciembre de 2020

NO, POR FAVOR. NO TENGAN MIEDO


 

 El otro día  escuchaba en la radio, (les recomiendo que la escuchen de vez en cuando y dejemos un poco la tv) a un especialista al que el locutor le preguntaba por el miedo: qué era, por qué teníamos miedo, si era o no hereditario, etc... Este hombre respondía que era un sentimiento innato al ser humano, que se suele aprender por asociación y socialización, pero que no era hereditario. Incluso el miedo ayudó al ser humano a poder sobrevivir como especie humana, pues de lo contrario quizás no estaríamos hoy aquí.

Juan Pablo II, cuando fue elegido y en el balcón vaticano, lo primero que dijo fue "no tengan miedo". Daba la impresión que la fe nos hacía estar atemorizados por algo, tener miedo a algo o a alguien.. pero al mismo tiempo nos estaba dando un voto de confianza, como si esta nos hiciera afianzar aquello que tenemos un poco débil.

En este último domingo de adviento, se nos presenta un nuevo personaje que no hace mucho también contemplábamos: María. Un personaje que se me antoja curioso, fuerte, pero al mismo tiempo dubitativo y lleno de incertidumbres en su vida. Seguro que el sí de María, no fue el sí de una noche de verano o de un "farolazo", sino desde la certeza de que Dios estaba con ella. Dios le da una misión, la asocia a su plan de salvación y para ello garantiza su presencia.

Todos, en algún momento de nuestra vida, pasamos por momentos complicados: falta de algún ser querido, situación de erte, paro, abandono... este año el covid19 lo ha sido para todo el mundo. Sin embargo aquellos que nos llamamos seguidores de Jesús, como María, estamos llamados a decir que sí al proyecto de Dios, a estar alegres y llenos de esperanza: no dejemos que nada ni nadie nos robe la alegría o nos secuestre la esperanza: Dios sigue estando presente en la historia y nosotros somos sus testigos.

Hace dos mil años, con el sí de María se abrieron espacios para la humanidad de Dios en la historia. Hoy, con el paso del tiempo, se nos invita a nosotros a que, como María, abramos esos espacios para un nuevo sitio a Dios que se hace hombre en Jesús. Todos y cada uno de nosotros estamos llamados a dar a luz, a parir a Jesús en todas y cada una de las realidades humanas. El evangelio es una buena noticia que nos puede ayudar en esa misión.

La tarea no es fácil. Incluso María pone inconvenientes a su misión, pero el ángel le responde que "para Dios no hay nada imposible". Tenemos muchas heridas que curar y muchos abrazos que quedaron y están pendientes, hay muchas vidas descartadas... tenemos que ponerle a Dios nuestras miserias, que él en ellas pone su confianza para que su plan siga adelante.

No, por favor: no tengamos miedo. No dejemos llevarnos por la incertidumbre, el desánimo, las pocas ganas... Ahora más que nunca la realidad de María tiene que ser nuestra realidad. La realidad de María es la confianza en un proyecto y en un plan que ha de ser asumido desde la humildad de quien se siente humilde. Es un plan que ha de ser asumido y que nos permita decir con ella: aquí esta la servidora del Señor, hágase en mí.

Amigos, María es el prototipo de que lo imposible es posible. Lo más fácil es arrojar la toalla, pero no lo hagamos y luchemos hasta el final, porque la ocasión, el momento y el plan merece la pena.

Hasta la próxima

Paco Mira


viernes, 11 de diciembre de 2020

¿ PREDICAMOS EN EL DESIERTO?



 Ahora que se acaba de aprobar la nueva ley de educación, (la lomloe o la Ley Celaá - por la ministra que la impulsó - ) me viene a la mente si realmente había o no que cambiar de ley, o si la nueva ley nos hace más o menos educados. Pongo mis dudas encima de la mesa, al menos en lo que a eso se refiere (seguro que también pongo mis dudas en otros tantos artículos de la nueva ley). Hace ya muchos años, había una asignatura de obligado cumplimiento y evaluación que se llamaba "urbanidad". Dicha asignatura lo único que pretendía era enseñar cómo había que comportarse ante diversas circunstancias de la vida: en una guagua, en el colegio, en la visita a una casa... Frases como, perdón, ¿nos conocemos?, era una forma de entrar de comunicación y al mismo tiempo era una forma educada de presentación. Claro, hoy podemos presentarnos de diferentes maneras: Chacho, ¿quién eres?.

En la época de Jesús, fueron mucho más claros. Le preguntan a Juan, Tú ¿quién eres? y él responde que es la voz que clama en el desierto. Seguro que muchos de nosotros pensamos casi lo mismo que Juan. Estamos predicando en el desierto, no nos escucha nadie, no merece la pena continuar con esto, las iglesias se están vaciando, ya los niños no van a las eucaristías de los domingos, solo quedan los de siempre,  aquellos de edad avanzada.... parece que estamos predicando en el desierto.

Pero este domingo es el domingo de la alegría. Por muchas desgracias que puedan ocurrir, por muy angustiados que estemos en momentos de incertidumbre como los que estamos viviendo, por no ver el futuro claro ante los acontecimientos... hay que coincidir con el profeta Isaías que " el Espíritu de Dios está en todos y cada uno de nosotros", que nos tiene que llevar a anunciar con alegría la buena nueva a los pobres.

Ahí tenemos el ejemplo de María, como nos lo recuerda el salmo. María acepta un proyecto, María acepta una incertidumbre; María acepta sin saber muy bien lo qué, pero acepta porque se fía. Por ello se va corriendo, llena de alegría a la montaña para compartir su alegría con su prima que le lleva a proclamar que ha mirado la humillación de su esclava, de quien se pone al servicio, de quien ama sin medida.

Está claro que no es fácil, y por ello Pablo cuando le escribe su carta a la comunidad de Tesalónica les dice cuales tienen que ser las características de la educación y del compromiso con el evangelio: la alegría, la oración, la gratitud, ver siempre el lado bueno de las personas y nunca las dobles intenciones de los demás.

Por ello a Juan  le preguntan que qué dice de sí mismo. Quizás a nosotros si nos preguntan lo que decimos de nosotros mismos como cristianos sería curioso ver las respuestas que daríamos. Es más fácil que nos apuntemos al pesimismo, a saber lo que no son las cosas que a saber lo bueno y valioso de lo que tenemos. Tenemos un tesoro en vasijas de barro. Vamos camino de Belén, y cuando vamos de caminata la ilusión del viaje es maravilloso. Nosotros estamos en el fin de semana de la alegría, que se nos note.

Por cierto, este fin de semana es Santa Lucía. Mujer que a pesar de todas las dificultades habidas y por haber ha sido capaz de mantener la alegría en aquel que lo puede todo. Felicidades a todos los que luchan y trabajan con los invidentes y un abrazo para ellos. Seguro que no predicamos en el desierto.

Hasta la próxima

Paco Mira