viernes, 25 de septiembre de 2020

PRIMERAS COMUNIONES EN OCTUBRE: ¿RESPONSABILIDAD O IRRESPONSABILIDAD?

Una de las consecuencias del covid, fue el poner patas arriba todas las agendas. Los que tenemos que utilizarlas porque probablemente ya la mente no tiene la lucidez necesaria para recordar todas y cada una de las fechas, resulta que un virus trastoca todos los planes y lo que se había apuntado hay que reubicarlo en otro lado o sencillamente borrarlo porque ya no tiene cabida, ¡cuántos planes ha trastocado!.

Ha trastocado y sigue trastocando, y si no que se lo digan a tantas y tantas ciudades y pueblos de España que creyendo que estaba todo arreglado, resulta que hay que dar marcha atrás porque las cosas no se estaban haciendo bien. Leía, días atrás, que en Suecia, el gobierno simplemente había recordado a la población lo que no podía hacer si querían erradicar en mayor medida el virus. No hicieron falta medidas sancionadoras, no hizo falta confinar nada... sencillamente el pueblo sueco se sintió responsable y actuó en consecuencia.

Pero he ido al diccionario a buscar la palabra responsabilidad. Esa palabra que tanto está en boca de muchos de nuestros dirigentes, que tanto se nos recuerda, que se nos dice que cumplamos y actuemos como tal... y el diccionario me responde que responsable es aquella persona (entre otras definiciones) que es digna de crédito. Es decir: fiable.

En nuestra vida de fe y con las primeras comuniones, me viene a la mente nuestra credibilidad, es decir nuestra responsabilidad. Es verdad que el virus nos ha impuesto una distancia social, pero no una lejanía absoluta y total de aquello que decimos que creemos y amamos, y llamamos Jesús de Nazaret. Hemos pasado de la primavera eclesial al otoño eclesial. Hemos pasado de la alegría de la primavera, sol, calorcito, bullicio de niños en plazas y jardines.... a la caída de la hoja, tiempo fresco, colegio que impone tareas y los niños ya no están en plazas y jardines.

Me ha decepcionado que en todo este tiempo en el que hemos podido compartir la fe - con aforo limitado - que todos esos padres no se apuntaran a la responsabilidad de acercarse con sus hijos a compartir la fe indicándoles a ellos cual ha de ser el camino de un verdadero seguidor de Jesús. Era curioso como en nuestras celebraciones, solamente había niños que iban con sus abuelos, probablemente porque no tenían con quien quedar: ¡qué grandes los abuelos!.

Sigo apelando a la responsabilidad y a la credibilidad para que demos a nuestros hijos aquello que creemos que es importante, no le demos algo en lo que nosotros no creemos o peor todavía, que no damos ejemplo de ello. Seguro que puede ser como el evangelio de este fin de semana en el que el dueño manda a trabajar en su viña, le dice que no, pero luego se arrepiente. Los padres, con los hijos, ahora han vuelto, porque la fecha se aproxima.

Muchas veces decimos que no a infinidad de cosas, incluida la fe, pero los avatares de la vida nos llevan a arrepentirnos y hacemos aquello que creemos que tenemos que hacer. Tenemos un Dios que siempre es el de las segundas oportunidades. Tenemos un Dios que nos sigue invitando a su viña, aunque le digamos que no mil veces. Siempre estamos a tiempo de ir.

Ojala que las primeras comuniones de nuestros hijos no se queden en el tiempo del otoño, sino que, a pesar del mes del calendario, sea siempre primavera, alegría, jovialidad... y vayamos a la viña, aunque en alguna ocasión le digamos que no.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 18 de septiembre de 2020

TAMBIÉN PARA LOS SINDICATOS: ES DE JUSTICIA. Y UN RECUERDO PARA CARMELO PÉREZ

A la mayoría nos fastidia y mucho que nos cambien los planes. Quien más quien menos tiene su agenda, sus proyectos a corto, medio y largo plazo (Tengo un amigo que cuando quiero quedar con él me dice: de memoria no te puedo decir nada, tengo que mirar la agenda y no la tengo aquí), hemos organizado cosas, cómo, cuando y dónde... y de repente algo o alguien interfiere y echa por tierra todo lo que habíamos planificado, y nos cuesta volver a reajustar todos nuestros planes. Esto lo hemos sufrido a nivel mundial con la pandemia del coronavirus, que ha supuesto un vuelco completo a todos los planes y proyectos que las naciones y sus habitantes tenían previstos y que ha afectado desde lo más cotidiano hasta toda la organización económica, social, laboral, política, sanitaria, educativa....

Dios, con nosotros, tiene esa gran habilidad: la de cambiarnos lo planes de tal manera que siempre nos tiene con la mosca detrás de la oreja y no sabemos como podemos reaccionar. Ya el profeta Isaías, dice que mis planes no son sus planes. Y con esta contrariedad tenemos que entender el evangelio de esta semana. Si los sindicatos fueran a celebrar la eucaristía este fin de semana (que por otra parte no vendría mal ya que defienden con justicia los intereses de los trabajadores), probablemente denunciarían al capataz del relato por pagar lo mismo a quien trabaja todo el día como al que trabaja media jordana: ¡pues anda que en nuestra bendita tierra no se dan este tipo de situaciones!.: seguro que proclamaríamos que es injusto y es un atropello.

Pero en la "empresa" de Jesús, la noción de justicia va más allá de lo que nosotros entendemos por la misma y de dar a cada uno lo que le corresponde, que también. Pero la justicia que propugna nuestro Padre, optar por la justicia del Reino es optar por un nuevo modelo de relaciones entre las personas y los pueblos, en el que el interés propio cede ante el bien común. El afán de lucro cede ante la búsqueda de condiciones más humanas para los millones de personas que, precisamente una economía sin corazón ha dejado tirados a la vera del camino y donde las personas más allá de ser objetos y clientes de la economía del mercado y del consumo, recobran su valor intrínseco. Precisamente el covid ha puesto al descubierto una economía con escaso valor humano: residencias de ancianos que dejan de ser personas para convertirse en objetos de lucro; colas interminables ante los centros de acogida para poder llenar estómagos vacíos; migrantes que llegan por una situación complicada en su origen y nosotros les damos la espalda porque nos vienen a ocupar un terreno que no les corresponde; gente que no puede pagar a fin de mes una vivienda digna (que es un derecho fundamental) y se ven abocados a vivir a la intemperie.... y así podríamos seguir narrando.

Optar por la justicia del Reino, es ser capaces de dejar entrar en nuestros corazones a los preferidos de Dios: los pobres. Ellos necesitan la desmesura del amor y no quisiéramos ser nosotros los que, dejándonos llevar

por la envidia, le pusiéramos freno, o que en algún momento nos viéramos en esa tesitura y nos trataran de la misma manera.

No quisiera terminar sin tener un recuerdo cariñoso para mi amigo Carmelo Pérez. Un hombre bueno y justo. Un hombre al que todo el mundo quería. Un hombre que supo llevar el amor de Dios y su justicia a las aulas en las que estuvo dando clase a lo largo de muchos años. Carmelo, tú escribías la historia de tu pueblo, ahora los demás escribimos la tuya. Gracias por dejarnos tu legado, tu amistar y tu cercanía.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 11 de septiembre de 2020

SOLO, ¿490 VECES?

Los que peinamos algunas canas, nos acordamos - por desgracia - de una época que ojala que no se repita nunca más en nuestro país, aunque todavía anda de moda en muchos otros: en la década de los 80 tuvo su auge la banda terrorista ETA. Una banda donde la sinrazón tenía su palabra y sus argumentos eran exclusivamente las balas. Todo un fundamento.

Uno de los atentados fue el de un teniente coronel de infantería en Bilbao. A los veinte días, un periodista de una conocida emisora de radio, entrevistaba a uno de sus hijos. El periodista preguntaba, " si tuvieras delante a los asesinos de tu padre, ¿qué les dirías?. Se hizo el silencio por unos momentos en la radio y después de un suspiro, el hijo dijo: les perdonaría. Porque odiándoles toda la vida no solucionaría el problema, y yo viviría amargado. La verdad es que aquella afirmación, en aquel tiempo y creo que ahora también, dejó a todos con la boca abierta.

Y es que cuando abrimos el libro de la historia de la humanidad constatamos, no sin dolor, que ha sido necesario dedicar un enorme número de sus páginas a narrar la guerra: peleamos y nos dividimos por el poder político, económico, racial y hasta religioso. En un escenario mundial, atravesado por conflictos de todos los órdenes se oye con más fuerza la llamada a tender puentes de reconciliación que ayuden a frenar la espiral de violencia que tanto dolor y orfandad siembra en personas, comunidades y pueblos enteros. En la propuesta de Jesús, la reconciliación hunde sus raíces en la capacidad de perdonar al injusto agresor para reiniciar el camino y abrir espacios a la esperanza.

El testimonio del hijo del militar me dejó y me deja sin palabras y con unas cuantas preguntas que hace que el corazón se acelere más de la cuenta: ¿cómo se puede perdonar al causante de tanto dolor, del que dejó huérfanos y viuda?; ¿cuánto valor se ha de tener para, yendo más allá del perdón, sanar las heridas de quienes nos han infligido tanto daño?.

El evangelio de este fin de semana es como una ecuación matemática. 490 es el resultado de multiplicar 70 por siete, a la pregunta de ¿cuántas veces he de perdonar?. Pero claro, seguro que en nuestra vida se presentan más de 490 ocasiones en las que tenemos que poner a prueba la pregunta que se le hace a Jesús. Situaciones diarias que no son nada fáciles: en las relaciones familiares, con los hijos, con la pareja, en el trabajo, con la situación política, con los vecinos.... incluso con el propio Jesús: ¿Cómo, con la que está cayendo, no soluciona estos problemas?. Pues me cabreo, me enfado y no te perdono. No es extraño ver a la gente enfadada con los santos a los que incluso a algunos los ponen contra la pared en el congelador de la nevera de casa.

No será la primera vez que oímos, que perdonamos pero no olvidamos, o que olvidamos pero no perdonamos. Sea cual fuere el resultado de la ecuación, el perdón está lejos de la intención de quien lo hace.

Por eso no es fácil el evangelio: tomar la cruz y seguir, reprender al hermano o a la comunidad evangélicamente hablando y ahora perdonar incluso al enemigo. Por eso muchos se bajan de este maravilloso proyecto o muchos sencillamente no se suben al mismo porque el compromiso es tan exigente que no está hecho para todos, aunque todos están llamados a ello.

Amigos, perdonemos y olvidemos. No nos olvidemos que la vida sin perdón es una vida amargada. Se que no es fácil, pero sí merece la pena intentarlo.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 4 de septiembre de 2020

FELICIDADES, MADRE

Esta semana me voy a saltar la norma. Saben que suelo adaptar la palabra de Dios del fin de semana, a alguna realidad concreta que estemos viviendo. Y esta semana, me quiero fijar en el cumpleaños de mi madre. Porque el día 8 celebramos la natividad de María, el cumpleaños de María. De una madre se puede decir de todo, y siempre bueno. De una madre podemos aprender de todo, y siempre bueno. De una madre podemos seguir el ejemplo, y siempre bueno.... si es que ¡madre solo hay una!.

Este año, María, la del Pino, la de Teror, está un poco extrañada porque le va a faltar la algarabía y el bullicio de este fin de semana. Ese ruido a comentario, ese olor a sudor y camino de pies con callos por promesas que esperan ser cumplidas o esas colas interminables con advertencias que casi quedan en afonía para mantener el silencio en la basílica.... ya no se van a dar. María, seguro que lo echa en falta. Como cualquier madre que no entiende que cuando sus hijos están en casa, estén callados cual convento de clausura.

Pero este año, María, la del Pino, ha bajado a ras de suelo. No saldrá en procesión, no recorrerá las calles del pueblo y por extensión las calles de toda la isla, pero junto al altar mayor, pisando el suelo igual que muchos peregrinos, recoge el anhelo, la angustia, la ilusión, la esperanza... de todos los que con sinceridad de corazón se acerquen a compartirlo con ella. Ella, como madre, siempre escucha, aunque pensemos que no nos oye.

Y es que este año ha sido raro, atípico. Un pequeño, pero matón, virus ha condicionado la vida de todo un planeta. No se ha salvado nadie. Muchos han acudido a la madre, a su madre. Le han llevado sus penas y alegrías, su enfermedad, su dolor, sus lágrimas desconsoladas por la pérdida de un ser querido... y María seguro que no se ha mantenido en silencio, "lo ha guardado todo en el fondo de su corazón", pero también ha intercedido para que su hijo Jesús conforte en el dolor a quien pone en él su confianza.

Este año también subirá Francisco Cases, Don Francisco, nuestro Obispo. Todos los años, y ya van 15, sube todos los 8 de septiembre para dos cosas fundamentales: agradecer el año pastoral que termina y presentar el nuevo año. Pero resulta que este año será especial para él, porque se va a despedir de todos los canarios y también de su madre en la fe. No la abandona, cambia de residencia. Seguro que será una despedida sentida, entrañable, de recuerdos inolvidables, de grandes momentos en su pontificado, de celebraciones dignas de ser mencionadas (la bajada de la virgen a la capital o el recorrido por los lugares del incendio, por ejemplo), de acompañamiento a compañeros sacerdotes que ya están en la casa del Padre.... también de momentos tristes, dolorosos... todo, seguro que todo lo va a poner en manos de María.

Y es curioso como la liturgia de este día 8, el evangelio, es la genealogía de Jesucristo. Es decir, los hijos de una madre a la que no se le olvida el nombre de ninguno de ellos. En esa genealogía no hay distinción de razas, de creencias, de colores, de profesiones.... en ella estamos todos y cada uno de nosotros y nuestros nombres también están escritos en su genealogía.

Felicidades mami. Felicidades María por ser como eres y por tener ese corazón en el que cabemos todos y cada uno de nosotros. No dejes nunca de atender nuestra humilde plegaria. Sigue guiando al pueblo canario, ahora castigado por un virus, hacia la senda del amor y de la solidaridad con los pobres y con los más necesitados.

Amigos, porque María está de cumpleaños, nosotros estamos de fiesta. María nos enseña que lo importante no es cumplir años en la vida, sino ponerle vida a los años. Recordémosla, querámosla y no solamente por momentos puntuales, sino para siempre como madre nuestra que es. Vivamos la fiesta, pero seamos responsables.

Hasta la próxima

Paco Mira