jueves, 30 de diciembre de 2021

¿FELIZ 2022?. SÍ, SE PUEDE. SÍ, SE PUEDE.SÍ SE PUEDE. SUSO, TÚ PUDISTE

El "Sí, se puede", se ha convertido casi en un icono de la garra, de la lucha, del coraje... del no rendirse ante las adversidades. En los eventos deportivos es el grito alentador, casi cual griterío aterrador en el circo romano, que lleva en volandas a los deportistas a conseguir la victoria. Es la palmadita oportuna y en el momento adecuado, para dar ese impulso que faltaba y que anima a conseguir la victoria. Otra cosa será el resultado final, pero por lo menos no ha faltado el aliento del público. 

Dicen que no hay que mirar hacia atrás ni para coger impulso. Pero es inevitable no hacerlo máxime cuando lo que estamos viviendo ahora es fruto de lo anterior. Lo hemos pasado mal, no, lo siguiente; hemos perdido a muchos seres queridos; estamos en una sexta ola; condicionamos nuestra vida a un pequeño bichito que nos marca la pauta a seguir en eventos posteriores... y seguro que tenemos, desde un confinamiento encubierto, que decir Feliz 2022.

A nivel religioso este fin de semana nos va a presentar la liturgia a la familia de Nazaret y a hacer hincapié que María guardaba todas las cosas en su corazón. El domingo, volveremos a leer el pregón navideño, en el II domingo de Navidad. Me resulta curioso ambos evangelios. El pregón que anuncia que al principio existía la Palabra, que la Palabra vino a los suyos, que los suyos no la recibieron....

Todavía hoy, entre nosotros, hay muchos a los que Jesús toca en la puerta de su corazón y no le abrimos o no le hacemos un hueco para que pueda estar con y junto a nosotros. Hoy, para muchos la Navidad, se ha convertido en "fiestas de invierno", cuando realmente es el nacimiento de quien ha cambiado el curso de la historia en todas sus facetas. Dios, en su humanidad frágil de niño, nos viene a demostrar el sí se puede que nos tiene que dar coraje para que ante las adversidades no desfallezcamos.

Hemos de quedarnos con lo bueno del año que termina; hemos de aprender de los errores que han sido muchos; hemos de levantarnos de las caídas fortuitas o provocadas, que nos han acaecido... pero nunca tirar la toalla. María, ante todas las adversidades  - y pasó muchas - guardaba todo en el fondo de su corazón.

Celebramos la jornada mundial de la paz. También hacemos un guiño a que sí se puede. Muchos podemos pensar que los grandes conflictos bélicos son los que nosotros no podemos solucionar, sin embargo hay conflictos más cercanos que están en nuestras manos: riñas de pareja, enfrentamiento entre hermanos, malos rollos entre padres e hijos... la paz está al alcance de la mano de todos y cada uno de nosotros.

Seguro que seremos protocolarios alzando una copa de cava y pidiendo un deseo con las uvas. Pongamos, como María, cada copa, cada uva en el corazón de cada uno de nosotros. Pensemos con nombre y apellidos con quienes tengo que animarme para decirles que la Palabra se hizo carne, porque todavía tiene algo que decir y nosotros lo único que tenemos que hacer es abrir el oído para escucharle. Nuestro gran amigo Suso, lo has llevado a la práctica desde hace 50 años en que fuiste ordenado de sacerdote. Felicidades, amigo y digo bien: AMIGO, porque la Palabra se hizo humana y camina y está contigo.

Ojala que cuando la gente nos vea, no vean en nosotros la tristeza personificada, sino que cuando brindemos por el nuevo año, digamos que SÍ, SE PUEDE, claro que sí. Está en nuestras manos y no en las de otros. Por cierto, mi reconocimiento, admiración a Desmond Tutu.

Comparto con ustedes que SÍ SE PUEDE

FELIZ AÑO

Hasta la próxima

Paco Mira

domingo, 26 de diciembre de 2021

NO QUIERO FELICITAR LA NAVIDAD. QUIERO HACER NAVIDAD

 

Creo que todos nos acordamos del "cuento de navidad ". No porque la Navidad sea un cuento, sino porque Dickens escribió un cuento que es muy real en los tiempos que corremos. Al sr. Scrooge no le gustaba la Navidad. Estaba en contra de toda ilusión y entusiasmo que estas fiestas llevan. Pero claro, la negatividad del Sr. Scrooge, también la hay hoy en día. Hay mucha gente a la que no le gusta la Navidad. Unos porque viven de la nostalgia del pasado; otros porque recuerdan ausencia irrecuperables; otros porque la gestión económica no le cuadra... Hay muchos Scrooge de la vida, en nuestra vida. 

Les confieso que a mí me gusta la Navidad. Entiendo que las fiestas que celebramos una vez al año, han de ser irrepetibles. La Navidad es la fiesta del toque de atención; la Navidad es la fiesta que nos tiene que servir de despertador ante la pasividad consumista que nos anestesia y que es inevitable, casi, en no caer en la tentación de ella. Y me gusta la navidad porque la humildad y la fragilidad se hace presente en un mundo de "matones" que ahogan y subyugan al resto. Me gusta la Navidad porque es la única fiesta en la que la humildad y la fragilidad paraliza al mundo entero, sean creyentes o no. 

Alguien me mandaba un wass en el que me preguntaba si la Navidad era una fiesta pagana porque no tenía una fecha real del nacimiento. La Navidad es una fiestas de todos y para todos, porque hace posible que la Vida nazca en ti, (Nativita te), y esto está por encima de cualquier manifestación. La Vida tiene que estar en el horizonte de todos y cada uno de nosotros; la Vida vence y está por encima de la muerte en cualquiera de sus manifestaciones y por ello es motivo de celebración.

Sin embargo, para los cristianos, esa fiesta tiene un nombre y hasta tiene un pregón único: "la Palabra (Dios) se hizo carne y acampó entre todos y cada uno de nosotros". El nacimiento de Jesús tiene sentido en la medida en que seamos capaces de asumir que la realidad del mundo en el que vivimos ha sido cambiada por el nacimiento de la pequeñez que se hace grande en la medida en que seamos capaces de asumir su realidad.

Cuando cantamos "campana sobre campana; asómate a la ventana", seguro que tenemos que asomarnos a muchas ventanas y veremos al niño en una cuna. La cuna de quienes buscan en los vertederos y contenedores para llevarse algo a la boca; la cuna de las colas del hambre, donde el niño de Belén busca también su sitio y está en ellas; la cuna del paro, del erte, de la enfermedad, de la soledad, de las separaciones injustificadas, del maltrato familiar, de las violencias de género.... en todas esas ventanas vemos la cuna del un niño con sonrisa abierta y brazos abiertos para que podamos cogerlo.

Creo que la mejor Navidad es la que nace en el seno de la familia. La Navidad ni se compra ni se vende. La Navidad no tiene rebajas ni ofertas de tres por dos. El domingo celebramos la sagrada familia. Me gusta reivindicar el papel de la familia. Pero de la familia en todos sus acepciones, donde el amor sea el nexo de unión entre todos sus miembros y donde Jesús de Nazaret tenga un pesebre confortable en el corazón de todos y cada uno de sus miembros.

Por eso la Navidad no se felicita, se hace. Es un trabajo que todos tenemos que hacer y poner de nuestra parte. 

Déjenme que les diga: HAGAMOS NAVIDAD.

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 17 de diciembre de 2021

QUIERO DECIR QUE SÍ, COMO TÚ, MARÍA



Creo que todos entendemos que las nuevas tecnologías son indispensables. Les confieso que siento una envidia sana por aquellos que le han dedicado, en su momento, horas y horas a las nuevas tecnologías (ordenadores y programas, tablets, etc...) porque ahora es tiempo que han ganado y se defienden cual pez en el agua.

Sin embargo en lo que ya no estoy de acuerdo es que las nuevas tecnologías ahoguen el contacto físico y humano de las personas, y sobre todo cuando la justificación es por el ahorro de costes en detrimento de los usuarios: cuando en una entidad bancaria todo se hace "on line" y ya no queda tiempo para la cita previa, para que el anciano o el joven no avezado en las nuevas tecnologías, pueda solucionar sus problemas, pues complicado veo la cosa; y si encima ya damos por hecho (desde la entidad bancaria, por ejemplo) que tiene que ser así los modales o las formas hacia quien no lo comprende o no lo entiende, no suelen ser las mejores; en algunos ayuntamientos, por aquello de la cita previa, las colas al sol de justicia del sur de nuestra isla maquilladas con una carpa, suelen ser la imagen de lo que muchas veces criticamos y llamamos tercer mundo; no digamos nada cuando le tenemos que decir al médico por teléfono que nos duele la garganta o que tenemos un dolor en no sé donde y que el galeno tiene que imaginarse y nosotros nos enfadamos porque no nos entiende.

Les confieso que estoy a favor de las nuevas tecnologías, pero que estas no ahoguen al ser humano.

¿Por qué reflexiono con ustedes esto?. Porque el personaje que este fin de semana nos presenta la liturgia es María. Ella podría - en el caso de haberlas - haber utilizado las nuevas tecnologías o los correos de la época para decirle a su prima la gran noticia de su embarazo y sin embargo decidió no perder el tiempo en escribir ni en utilizar los correos de la época y "salir deprisa a la montaña" para visitarla y, además, de viva voz darle la Buena Nueva. Seguro que tardó un tiempo, en su estado y por los medios de transporte de entonces, en llegar, pero mereció la pena.

Hoy, creo, nos está faltando ese contacto. Las nuevas tecnologías nos están alejando del contacto necesario que favorecen las relaciones humanas, sociales y crean vínculos propios del ser humano. María, la mujer del sí de y a Dios. Hoy, que seguro que necesitamos más que nunca ese contacto, prescindimos él. María, a pesar de todas las dificultades de la vida, se fió, creyó y dijo que sí a un proyecto desconocido, desconcertante y a una aventura que no se sabia el resultado.

Dios se fijó y se fija en la humildad de la gente como María, por ello nacerá en un pesebre, que incluso nos llevará a pensar que quienes somos nosotros para merecer tal premio.

Muchas veces me he preguntado si, como receptores de la Buena Noticia, somos capaces de salir corriendo como María a anunciar esa gran noticia; El encuentro de María e Isabel puede ser el encuentro de Dios con los hombres y en más de una ocasión me he preguntado si me he dejado encontrar con y por Dios; me he preguntado y he escuchado la voz de Dios como para anunciar a los cuatro vientos que el mensaje de Jesús merece la pena.

La Navidad está a la vuelta de la esquina y María se nos pone delante como modelo a seguir, a vivir la felicidad, a anunciar la buena nueva, después de un encuentro con el mismísimo Dios.

Amigos, no es fácil la tarea, pero no imposible.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 10 de diciembre de 2021

LA ALEGRÍA DEL Y EN EL ADVIENTO

 LA ALEGRÍA DEL Y EN EL ADVIENTO

Es que este finde es el fin de semana de "gaudete". Solo hay dos en el año: uno en adviento y otro en cuaresma y coincide - en ambos casos - con el tercero. Es el fin de semana de la alegría, a pesar de la espera o de la penitencia (adviento o cuaresma), en ambos casos hay que tomarnos lo que nos viene con alegría, porque merece la pena.

Este fin de semana, insisto que es el de la alegría, el protagonista vuelve a ser Juan. Es curioso como el fin de semana pasado aparecían nombres de hombres que hoy no se lo pondríamos a nuestros hijos, e incluso aparecían cargos que nadie sabe qué significan (tetrarca, etc...), volvemos a hablar de nombres y de hombres conocidos: Juan. Sí, el hijo de Zacarías, vuelve a ser el protagonista porque aún predicando en el desierto, hay quien le escucha y quien tiene duda de lo que hay que hacer.

A Juan se le pregunta, ¿qué hacemos?. Es probablemente la pregunta de muchos de nosotros que no entendemos que aún intentando hacer las cosas de la mejor forma posible, no nos sale como quisiéramos. Juan da una respuesta que cada vez nos cuesta más: el que tenga dos túnicas, que reparta; el que tenga comida que haga lo mismo, etc.... Son los signos y los frutos de la conversión. Muchos de los que trabajan en las caritas de nuestras parroquias han sentido la necesidad de la conversión en la ayuda a los más necesitados.

Pero una segunda pregunta le hacen a Juan, quizás porque igual ya estaban haciendo lo que correspondía, pero no veían la luz al final del túnel y Juan responde, "no exijan más de lo que les corresponde". A veces pensamos - en alguna ocasión lo he comentado - que Jesús no es el mago de la chistera, que no podemos exigirle aquello que nosotros no damos. Exigimos como si echáramos una moneda en un aparcamiento y eso nos da derecho a estar un cierto tiempo en ese lugar. No. Jesús fue el primero que ciñéndose una toalla, se pudo se rodillas y comenzó a lavarse los pies. Nosotros tenemos que cundir con el ejemplo y a veces éste queda muy lejos de la realidad.

A Juan, se le sigue insistiendo en la pregunta y por último, la autoridad, los militares, también preguntan. Y también hay respuesta para ellos: por lo menos, no entorpezcan la labor de los demás; no se aprovechen de otros, tengan en cuenta a los más débiles... con eso estamos dando respuesta a lo que tenemos que hacer.

Juan es claro en su labor. Nosotros tenemos que ser claros en los tiempos en los que nos toca vivir y en especial en la Navidad en que queremos ser solidarios pero las cartas a sus majestades aumentan más las desigualdades en tiempos en que más que nunca tenemos que ser iguales. Los bienes materiales son necesarios pero hay que saber darles el lugar que les corresponde y ubicarlos en el momento y destino adecuados.

Por ello, en este domingo de gaudete, en este domingo de la alegría, resuena con mayor insistencia las palabras de Juan, "alégrense, se lo repito, estén alegres". Tenemos, en la medida en que va pasando el adviento, que ir

demostrando que nuestra vida va cambiando, que nuestra vida le va haciendo caso al Bautista, cuando llama a la conversión.

Todos los años nos da la oportunidad de poder hacerlo y siempre tenemos la ocasión de empezar de nuevo. Ojala que la llegada a Belén la hagamos llenos de alegría por ser personas nuevas que hemos sido convertidas gracias, entre otros, a Juan, el Bautista

Feliz Gaudete en el Adviento

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 3 de diciembre de 2021

NOSOTROS, ¿TAMBIÉN PREDICAMOS EN EL DESIERTO?


Hay que tener valor para vivir en el desierto. Hace poco se murió el único superviviente de la matanza de Argelia, de los anacoretas que vivían en el desierto, hace algunos años. En alguna ocasión él decía que era el lugar donde mejor se vivía, donde mejor se podía encontrar con uno mismo, donde mejor se podía encontrar con Dios, donde mejor se podía encontrar - cuando fue posible y antes de la matanza - con los hermanos. La verdad es hay que echarle valor a sus palabras, porque probablemente el desierto invita a todo, menos a lo bueno.

Sin embargo creo que todos necesitamos algo de desierto. En un "mar de asfalto excesivamente comercializado", creo que necesitamos - al menos los cristianos - un poco de silencio, de calma, de tranquilidad, de encontrarnos con nosotros mismos. La aridez del desierto es el que nos tiene que poner a todos en el lugar que nos corresponde y ello nos viene bien ahora que entramos en ese tiempo maravilloso llamado Adviento.

Creo que Juan, el Bautista, lo entendió a la primera. Un hombre que no le tenía miedo a las consecuencias de su predicación y que no todo el mundo acabó de entenderlo. Juan supo poner de manifiesto que el que venía detrás de él, era más importante que su propia persona, y aunque supiera que su persona corría peligro, no le importó poner la verdad por encima de todo.

A veces, nosotros por vergüenza, no predicamos ni siquiera en el desierto. Y a veces, nuestro mensaje se queda en el polvo de la arena del desierto. Deberíamos de revisar nuestro mensaje. Deberíamos de revisar lo que anunciamos y decimos que creemos, ¿predicamos en el desierto?, ¿nuestra predicación llega a alguien?, ¿la covid19, puso de manifiesto nuestra miseria religiosa y ya nadie nos escucha o nos sigue?. Les confieso que si eso es verdad, Juan el Bautista fue un héroe.

Gracias a Francisco, nuestro Papa, que se dio cuenta del hecho, nos ha convocado a caminar en sinodalidad. A caminar juntos, a lo que Juan anunciaba como Preparar el camino al Señor. No se trata de hacer una Iglesia nueva, sino que aprovechando lo que tenemos, seamos capaces de hacer una Iglesia del tercer milenio.

Hace poco nos metieron (o nos siguen metiendo) el miedo en el cuerpo conque se van a acabar las cosas y por ello tenemos que llenar nuestras despensas, porque vamos a estar desabastecidos. No sé si en todo ello hemos procurado dejar un hueco en nuestro corazón para "preparar el camino al Señor", preparar un lugar para que Jesús, de verdad nazca en nuestro corazón.

Juan, aún viviendo en el desierto, aún viviendo en las dificultades de la vida, aún sabiendo que los que le escuchaban no le iban a hacer mucho caso, grito en el desierto de de la vida, preparen, anímense, alégrense, ... porque entre todos podemos hacer realidad el nacimiento de la Vida.

Ojala que seamos la voz de la Palabra. Ojala que seamos capaces de allanar los senderos. Ojala que seamos capaces de recordarnos cada domingo, con nuestra corona de adviento correspondiente que preparar el camino al Señor es algo que requiere tiempo, sin prisa, cuidar cada momento y cada espacio.

Amigos, vamos camino del segundo domingo. Queda menos, pero en nuestras manos está en no predicar solamente en el desierto y aunque lo hagamos, que gritemos Preparar el camino al Señor.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 26 de noviembre de 2021

VIVIR CON ESPERANZA NO ES VIVIR DESESPERADO

Cada vez más hay profetas de calamidades. Y si es con el volcán de La Palma, pues vale más echarse a correr. Surgen agoreros, echadores de cartas y lectores de lo más insospechado, que son capaces, de lo mínimo, meternos el suficiente miedo en el cuerpo que somos capaces de desvalijar supermercados porque esto no hay quien lo arregle. Parece que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. Los wass corren como la pólvora y nos tiemblan las entrañas, porque somos incapaces de dar con la solución.

 

Comenzamos un nuevo año (litúrgico, claro) y comenzamos el año con Lucas. Pero claro el evangelio de este primer domingo no puede ser más catastrofista: "las naciones estarán angustiadas, los hombres muertos de terror y de ansiedad por lo que se le echa al mundo encima". Pues más actual no puede ser: que estamos nerviosos, seguro; que no vemos el futuro claro, también; que los acontecimientos no son los más favorables, pues seguro... Pero no por ello es cuestión de echarse a correr. Todo lo contrario.

 

El evangelio de este fin de semana, no nos llama a la desesperanza, nos llama a levantar la cabeza, a mirar hacia el frente y porque todo está como está, se nos ofrece el tiempo de adviento, de esperanza y confianza en que Jesús no nos va a abandonar a la suerte que no nos corresponde. El ha entregado su vida por nosotros y a nosotros no nos queda otra que preparar el camino para su venida.

 

La Iglesia actual, esa que quiere caminar en comunión sinodal, camina a veces como una anciana encorvada. Encorvada por el peso de los siglos, de las luchas y trabajos del pasado. Camina con la cabeza baja, consciente de sus errores y de sus pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria de otros tiempos.

 

Por eso hay que levantarse, animarnos los unos a los otros. No mirar al futuro haciendo nuestros propios cálculos, ya que un día ya no viviremos encorvados, ni con el desaliento como bandera. Pero hemos de tener cuidado que no se nos embote la mente, parece que hemos de vivir con un corazón insensible y endurecido, que vive de espaldas a Dios y a los hermanos.

 

Hemos de estar despiertos. Despertando la fe de nuestras comunidades, atentos a la palabra del evangelio. Cuidando mejor la presencia de Jesús en medio de ellas, ya que a veces da la impresión de vivir en comunidades dormidas por la apatía, el desaliento y la desidia.

 

A veces vivimos solamente alimentados por la crítica y que todo está mal. Somos los profetas de calamidades andantes. Vivir despiertos no significa estar alejados del mundo, sino todo lo contrario, dentro del mundo para poder saber distinguir quien es nuestro camino de fe y realidad. La esperanza no es algo pasivo, es algo que nos invita a la acción. Quien vive en la esperanza es quien se esfuerza por hacer de la realidad algo mejor cada día.

 

Seamos sembradores de esperanza. Que se nos note el nerviosismo ante la llegada de quien da sentido a nuestra vida, de quien nos dice que no andemos con la cabeza baja. Todo lo contrario. Que quien nos vea en la calle, se pregunte, ¿a quien esperan tan alegres?. No nos dejemos invadir por millones de luces (que están bien), que no nos dejan ver la claridad de quien va a nacer desde la humildad y la sencillez.

 

Que los cantos y regalos no sean el envoltorio que nos tapa la mirada de los inmigrantes, de las colas del hambre, de las fronteras de cierran el paso a la humanidad que no tiene frontera.

 

Hasta la próxima

 

Paco Mira

viernes, 19 de noviembre de 2021

NO ES UN EXTRATERRESTRE

NO ES UN EXTRATERRESTRE

Tengo un amigo, Daniel, que es astrofísico. Me encanta hablar con él de temas que van más allá de lo que vemos porque además lo vive y le encanta. Es un gran astrofísico, tiene publicaciones, y un blog del que yo, a veces, alimento mi mente ignorante en estos temas. Cuando trabajamos juntos, me encantaba hablar con él sobre la trascendencia, cada uno en su ámbito, porque me daba la impresión que los dos hablábamos de lo mismo: él me exponía un montón de fórmulas físicas y yo no le ponía ninguna fórmula, pero sí llegaba a donde a él la razón no le daba. Era un diálogo enriquecedor.

Siempre me decía y comentaba que los extraterrestres no existían ni existieron nunca y yo le creía. Pero me hablaba de una realidad espacial con tal convicción como si él estuviera de vacaciones en aquello que no vemos, pero que intuimos que existe y además nos lo creemos. Yo le decía, cuando hablaba de Jesús, que su Reino no es de este mundo.

Es más, llegué a decirle que me daba la impresión que en medio de nosotros había extraterrestres. El se echaba a reír y me preguntaba por qué. Le comentaba que nuestro mundo, nuestras relaciones sociales, se habían vuelto de lo más locas: el respeto, la buena educación, las normas cívicas de comportamiento... se habían perdido, incluso en aquellos espacios en los que normalmente creemos que tienen que existir como por ejemplo un centro educativo. Por eso, cuando veo a una persona educada, que pide las cosas por favor, que te da las gracias, etc... creo que hay un extraterrestre.

Por eso el Reino de Jesús, ese Reino al que todos aspiramos no es un Reino de este mundo. Es un Reino de verdad, de justicia, de paz, de amor, de cercanía, de solidaridad, de amistad... palabras que casi se han convertido en extraterrestres, más que en una realidad. Jesús se lo dice a Pilato, que es el que emplea la violencia para dar a conocer la verdad (según él), el que emplea la fuerza que para él es sinónimo de justicia... ¡qué diferencia tan grande!

Acabamos el año litúrgico. No sé si deberíamos de tomar las uvas y desearnos un feliz año. Pero sí deberíamos de mirar hacia atrás aunque sea de refilón y aprender de los errores, que probablemente son muchos, para no volver a caer en la misma o peor de las tentaciones.

Mi amigo Daniel, me decía que en la Nasa se aprendían de los errores, nosotros dudo que hagamos - en muchos casos - lo mismo. Volvemos a caer y a tropezar en la misma piedra y si se puede cada vez más grande. Pero seguimos insistiendo que "mi reino no es de este mundo" o incluso seguimos cantando "anunciaremos tu reino, Señor, tu reino".

Jesús nos recuerda que el que es testigo de la verdad, escucha su voz. Me da la impresión que a veces, o muchas veces, estamos sordos, no oímos la voz del que nos habla desde la sinceridad del corazón. A veces nos interesa estar alejados de la realidad para no inmiscuirnos en los problemas, para que no nos generen más problemas a nosotros.

Probablemente hoy estamos invitados a ser extraterrestres en un mundo demasiado terrenal: que camina deprisa, que está súper tecnificado, que es capaz de generar hombres y mujeres a imagen y semejanza de las máquinas que no tienen corazón. Por eso Jesús, vuelve a insistir que su Reino no es de este mundo. Nos invita a ser ejemplo de la verdad que nos hace libres. Nos invita a que seamos la sal que genera sabor a la vida que nos rodea y sobre todo a seguir el ejemplo del que es Camino, Verdad y Vida.

Feliz fin de año

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 12 de noviembre de 2021

NO ME DESAGRADA EL MES DE NOVIEMBRE

 

 


Dentro del otoño, quizás el mes de noviembre sea el menos querido. Da la impresión de ser un mes triste, un mes que no quisiéramos compartir en muchos de los casos.... sin embargo, a mí, no me desagrada. Fíjense que empieza recordando a los que nos han precedido, a esas grandes personas que han dejado huella en la historia de nuestra vida... y suele terminar con una llamada a la esperanza, cuando comienza el adviento. 

Pero es que en medio de esto, y ya van para cinco años, el Papa, nuestro gran Francisco, ha querido que tengamos presente a los que nos van a preceder en el reino de los cielos: a los pobres, los de las orillas de los caminos, los que no cuentan en esta sociedad más tecnificada y sofisticada, los que fueron en algún momento y ahora no lo son tanto y a los que a lo mejor nosotros hemos apartado de nuestro camino porque no son de nuestra condición.

A eso añadimos una ciudad mágica: Asís. Esa ciudad que todavía conserva el ambiente del siglo XIII; esa ciudad que todavía respira compromiso evangélico; esa ciudad en la que correteaban los ricos que al contacto con los pobres han sido evangelizados por estos, y que se llamaba Francisco, como el Papa. Si es que, nunca mejor dicho, los caminos del Señor son inescrutables, irrefutables y , a veces, difíciles de seguir.

El Papa vuelve a Asís este fin de semana. Vuelve a hablar, aplaudir, y a reivindicar el papel de los pobres en este mundo: Dichosos los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos. ¡Y nosotros preocupados por el desabastecimiento que algunos vaticinan para los tiempos que estamos viviendo, como si fuera el fin del mundo!. Está claro que el Reino de un tal Jesús, no es de este mundo.

Dice el lema de Asís de este año, que "los pobres los tienen con ustedes todos los días" y ¡cuánta verdad!. El pobre, el que nada tiene, el que no tiene nada que perder, el que no está apegado a los bienes de esta tierra, es el que más comparte, discute y defiende la verdad. Porque tiene claro que la verdad nos hace libres.

El cielo, la tierra, los enseres... pasarán, pero como dice el evangelio de este fin de semana, mis palabras no pasarán. Por desgracia sigue habiendo pobres; por desgracia sigue habiendo unos pocos que siguen apoderándose de aquello que le pertenece a otros y que entre todos podeos formar una gran familia. Por desgracia el mundo sigue estando mal repartido, pero porque nosotros no queremos que se reparta de una forma mejor. Jesús sigue gritando a los cuatro vientos, que dichosos son los pobres, los humildes, los sencillos, los agradecidos, los que no tienen el corazón ocupado de banalidades de la vida.

Por ello decía que no me desagradaba el mes de noviembre. Empezar el mes de noviembre es oler a pobre, a sencillez, a no acaparar más de lo que realmente tenemos que tener. Noviembre no es el mes solamente de los difuntos y de olor a flores de cementerio. Es, también, el mes de la esperanza. Es el mes de que las cosas pueden ir a mejor. Es el mes del camino que comenzamos de comunión, participación y misión. Es el mes de salir a los caminos, (como lo de la parábola que los invitados no fueron y el duelo invitó a los que nadie contaba con ellos) y ofertar esa Iglesia que sea más fiel al evangelio que Jesús quiere. Y esa Iglesia empieza por la pobreza, por el testimonio y por la entrega.

Amigos: hagamos de nuestro lugar de residencia un pequeño Asís, un lugar donde nos acordemos de los que no tienen nada, que nos acordemos de aquellos que aún no teniendo, son capaces de compartir lo que son: su persona. ¡Qué maravilla!

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 5 de noviembre de 2021

ME GUSTA ESTA IGLESIA QUE FALLA Y PIDE PERDÓN




 

Este fin de semana celebramos el día de la Iglesia Diocesana. Si en cada Diócesis se celebra lo mismo, luego es como celebrar el día de la Iglesia, el día de todas las Iglesias del mundo en una sola. Mucho se ha escrito, se sigue escribiendo sobre la Iglesia. Muchos son los enlaces que hay sobre ella y con matices y carismas muy diversos: según creamos en alguno de ellos, diremos que tienen razón. Pero también es verdad que pensamos que la Iglesia tiene tinte exclusivo de mitra, anillo, palacio arzobispal, báculo, bonete, nombramiento de y en  cónclave, soplo del Espíritu, etc... 

Y yo, que soy Iglesia, resulta que no he tenido nada de ello. Simplemente he tenido unos padres que por propia convicción me han llevado un día a una pila bautismal y a partir de ese momento formo parte de ese maravilloso mundo que llamamos Iglesia. Una Iglesia, la mía y la de muchos que son como yo, que se equivoca (bendita equivocación), que falla, que no sacamos cartas pastorales ni escribimos encíclicas; una iglesia, la mía, que atiende a las colas del hambre independientemente de cómo los que están en la cola le llamen al Dios en el que todos creemos; una iglesia, la mía, que saluda, conversa, anima y llora con los que se acercan todos los fines de semana a celebrar una fe, que algunos llaman la fe del carbonero, que es la que está - en muchos casos - manteniendo las puertas abiertas de nuestros templos.

Mi Iglesia es la que quiero que se identifique con la pobre viuda del evangelio de este fin de semana que no echa en el cepillo de lo que le sobra, sino que echa lo que tiene para compartir con los que no tienen. Mi Iglesia es la que quiero que se identifique con la humildad de quien nació pobre y humilde en un lugar cualquiera llamado Casa del Pan, o Belén. Mi Iglesia es la que se debe identificar con aquellos que buscan lo mejor para los suyos y huyen de sus lugares de origen por no ser seguros. Muchos quedan en el intento y su ahogamiento sirve de fuerza a los que vienen atrás.

Mi Iglesia es la que está compuesta por personas que cometen errores y fallos. Es la compuesta por aquellos que equivocan su vocación de servicio, con la tiranía y el abuso hacia los débiles e indefensos; Mi iglesia es la que cuando anunció  la buena noticia a quienes no la conocían, se equivocó imponiendo la cruz que es servicio, con la espada que mata.

Pero mi Iglesia es la que también pide perdón. Reconocer el pecado, el error y pedir perdón por ello, es signo de sinceridad, honradez, y buen hacer. Esa es la grandeza de mi Iglesia, de nuestra Iglesia y cuya fiesta queremos reconocer este fin de semana. No es mi Iglesia, es nuestra Iglesia a la que el Papa Francisco invita a caminar juntos. Nos invita a un Sínodo. 

Cuando los seguidores de un equipo de fútbol inglés (del Liverpool) le cantan a su equipo "nunca caminarás solo", me acuerdo de nuestra Iglesia. Nunca, a pesar de las imperfecciones, fallos y pecados , caminaremos solos. Siempre tendremos al Maestro que nos ayude.

Por eso en nuestra Iglesia tienen que tener cabida todos los que actúan de buena fe: los de mitra y los de sin ella, hombres y mujeres que tienen que tener la responsabilidad y valía que le atesora su propia fe y conocimiento. Me gustaría que nuestra Iglesia sea una Iglesia abierta, acogedora, casi de calor maternal que acaricia y abraza como una madre a un hijo, pero también que corrige y reprocha cuando hacemos las cosas mal.

Nunca la juzguemos sin conocer. Te quiero Iglesia y quiero caminar contigo. Camina con los signos de los tiempos. Abre los brazos como el padre de la parábola a tantos hijos e hijas que no han comido otra cosa que algarrobas. Quiere a los que tienen el amor como bandera, sea cual sea su signo y color, porque no nos olvidemos que Dios es amor.

Felicidades Iglesia, entre otras cosas, por pedir perdón

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 29 de octubre de 2021

QUE NO NOS PILLE DURMIENDO



Ni tampoco con el pie cambiado. Este fin de semana cambiamos la hora. Siempre que ser produce un cambio como este, hay infinidad de disculpas o no, para no llegar a tiempo a aquello que es importante: el trabajo, atender el colegio de los niños, las actividades propias de una casa, compartir la fe... seguro que a un asadero, a la fiesta del pueblo o del vecino de al lado... siempre llegamos a la hora, porque la hora la ponemos nosotros, o el vecino. 

Tenemos claro que la pandemia nos ha puesto en nuestro sitio. No había nada atado y bien atado. No había nada que durara para toda la vida. Nuestra fe estaba - y está - en pañales, gateando, balbuceando en los primeros pasos. Muchos han aprovechado estos tiempos para fabricar su propia religión y se han construido su propia moral, una moral a su medida, una moral en la que la norma la pone cada uno y casi siempre no tiene tope. Nunca han buscado otra cosa que situarse con cierta comodidad en la vida, evitando interrogarnos con preguntas que cuestionen seriamente nuestra existencia.

Algunos no sabrían decir si creen en Dios o no. En realidad no entienden para qué pueda servir tal cosa. Viven tan ocupados en trabajar y disfrutar y tan distraídos por los problemas de cada día, los programas televisivos y las revistas del corazón del fin de semana que Dios no tiene sitio en sus vidas. Incluso el volcán de La Palma, fue, pero ya no lo es tanto, noticia de portada en el corazón de muchos de nosotros.

El evangelio de este fin de semana nos habla de amor. De un amor que no está en el mismo plano que otros deberes. No es una norma más, perdida entre otras normas más o menos importantes. Amar es la única forma sana de vivir ante Dios y ante las personas. Si en la política o en la religión, en la vida y comportamiento social o individual, hay algo que no se deduce del amor o va contra él, no sirve para construir una vida humana. Sin amor no hay progreso.

Se puede vaciar de Dios la política y decir que basta pensar en el prójimo. Se puede vaciar del prójimo la religión y decir que lo decisivo es servir a Dios. Para Jesús Dios y prójimo son inseparables. No es posible amar a Dios y desentenderse del hermano. No nos olvidemos que al final de nuestros días, lo único que nos van a pedir es el cuánto hemos amado.

Al comienzo de la semana, es también el día de los santos y de los difuntos. Santos hay muchos y sin peana; caminan con nosotros y probablemente no los conocemos o no queremos rozarnos con ellos, pero nos van marcando el camino y dejan huella. Nosotros hemos de aprender de ellos. Pero son muchos los que nos han dejado, y el recuerdo hacia ellos tiene que ser de agradecimiento y veneración. Es el sentido de una flor en ese día. Pero lo más importante no es tanto la flor, sino el recuerdo de la vida que nos ha marcado y por ello la resurrección tiene sentido. Mientras les recordemos con memoria agradecida, seguro que han resucitado.

Por ello, decía al principio de este escrito, que no nos pille durmiendo. Que no nos pille sin amar, pero amar de verdad, con el corazón, amar a los demás como a nosotros mismos. Por ello el Reino de Dios no está lejos de nuestro corazón. Muchos son los que están en las colas del hambre; muchos son los que dejan sus vidas en el océano porque han decidido llegar a una vida mejor a la que todos tenemos derecho; y nosotros.... no hemos cambiado la hora. Nos ha pillado todavía durmiendo, pensando que llegamos a tiempo y lo hacemos tarde.

Amigos, empezamos un nuevo mes. Empezamos recordando a los que nos han precedido y han dejado y nos dejan sus huellas. No nos durmamos, porque el amor no tiene cambio de hora. Siempre es tiempo de amar.

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

jueves, 21 de octubre de 2021

LAS FIESTAS MÁS SINODALES




Si me lo permiten, este fin de semana me gustaría recordar al patrón de mi pueblo, que sin ser exclusivo del mismo, celebra este finde, las fiestas en su honor: San Rafael de Vecindario. Unas fiestas, que quieren volver a arrancar después de tiempos difíciles y complicados y seguro que estando deseosos de ellas, nos resultarán un poco extrañas. 

Estamos convocados a la fiesta, y fiesta significa diversión, alegría, compartir...Necesitamos, en medio de las dificultades que estamos viviendo, manifestar y compartir la alegría. La alegría que nos une; la alegría que supone compartir nuestra vida; la alegría que nos lleva a la unión entre todos y cada uno de los que vivimos en nuestro pueblo, pero abiertos a aquellos que, desde fuera,  quieren sumarse a la maravillosa aventura de la fiesta.

Un año más también nos convoca San Rafael. Una año en el que las secuelas de la Covid19, en su quinta ola, han dejado su huella. La medicina de Dios, quiere hacerse presente en medio de todos y cada uno de nosotros. No ha sido un año fácil: ha habido ausencias inesperadas; ha habido situaciones de precariedad laboral; un año en que parece que los problemas no tienen solución... pero no debemos perder la esperanza.

Esperanza es lo que no perdió el joven Tobías que un día esperaba que un hombre bueno le acompañara, (como reza el himno al patrón). Nuestro pueblo está lleno de hombres y mujeres buenos que están deseando acompañar a infinidad de Tobías que se han despistado a la hora de encontrar el camino deseado. La alegría de la fiesta, puede ser un momento bueno para el encuentro.

Este mes, el Papa Francisco nos ha invitado a la sinodalidad, a caminar juntos (eso es lo que significa). Y ¡que buena ocasión, es que en esta fiesta lo hagamos!. Seamos sinodales (caminemos juntos) para acompañar a los que no pueden llegar a fin de mes; Seamos sinodales para acompañar a los que están viviendo la soledad de la enfermedad y de la tristeza de la vida; seamos sinodales para abrazar y acariciar a tantos y tantos ancianos que no tienen quien les arrope; Seamos sinodales para ser generosos con quienes el ERTE está haciendo estragos; Seamos sinodales para echar una mano en la tragedia del volcán de nuestros hermanos de La Palma; Seamos sinodales con la cantidad de hombres, mujeres y niños que desesperados de la vida llegan a nuestras costas en pateras (no hace mucho, en 56 horas llegaron mil) y parece que nadie se acuerda de ellos. Seamos sinodales con la cantidad de misioneros y misioneras (este fin de semana también es el Domund) que llevan por el mundo el maravilloso mensaje de Jesús de Nazaret.

San Rafael nos pide unidad en la adversidad. Nos pide mirar al futuro con optimismo. Nos pide que la derrota no sea la bandera de un pueblo que siempre se ha caracterizado y ha demostrado su alegría.

Amigos, estamos de fiesta. San Rafael nos llama a ello. San Rafael nos invita a que nos acerquemos con corazón sincero a visitarle y que, tal y como somos, bebamos de su medicina para coger fuerzas cuando las cosas no nos vayan bien del todo, pero que también bebamos cuando los vientos de nuestro pueblo (que no son pocos) nos sean favorables.

Tenemos un gran reto por delante. Reto al que estamos invitados todos. Rafael nos invita a mirar el futuro desde el presente y eso es lo que nos tiene que animar a que lo hagamos lo mejor posible.

Felices fiestas

 

Hasta la próxima

Paco Mira