viernes, 18 de julio de 2014

FELICIDADES A LA SEMBRADORA Y A SU ZAFRA


FELICIDADES  A LA SEMBRADORA Y A SU ZAFRA
            Volvemos al ámbito rural. Un espacio, el rural, que no nos tiene que resultar extraño, porque a pesar de la delicadeza por la que está pasando el sector, es un espacio que en esta zona se ha dado mucho, se ha vivido mucho, se ha llorado mucho, y ha sacado a muchas familias adelante a pesar que las circunstancias de la vida, de la vida de antes, no eran las de ahora.
            Volvemos a sembrar, a repartir semilla, a preparar los terrenos, a pasar penurias por el polvo de la zona, por los vientos que no siempre soplan favorables, por los sombreros de paja que algo mitigan el calor abrasador del lugar… casi, casi como el Israel que conoció el Jesús de Nazaret. ¡ay, aquellos años!. Años que la gente recuerda con cierta distancia, que recuerda con un espíritu que no quisiera que volviera, pero que sin embargo hay una dosis de nostalgia.

            Hoy la palabra de Dios nos invita, de nuevo, a sembrar. Parece una insistencia a tiempo y a destiempo. Una insistencia aunque los vientos no nos ayuden, sino que incluso nos dificulte el trabajo. Hoy Jesús nos dice que aunque existan contradicciones en la vida, no te olvides que hay que salir para hacer la zafra del tiempo que nos toca. 

 ¿Qué no recogemos mucho?, no importa, ¿qué cae en terreno pedregoso?, no te preocupes, ¿Qué hay quien siembra Cizaña?, da igual. ¿Acaso en nuestras zafras no pasaba algo parecido?. Pues adelante.

            Me gustaría compartir hoy la despedida de una sembradora, de Manoli Martin. Después de muchos años nos deja. No solo el arciprestazgo lo va  a notar, su Balos del alma más todavía. Manoli ha conseguido esparcir la semilla por , no solo, toda una parroquia, sino que con su peculiar estilo y forma, por allá por donde se ha movido. Sin duda que habrá sembrado también no al gusto de todos, pero como dice el refrán, nunca llueve al gusto de todos. Ha sido tenaz, ha sido constante, ha luchado y eso es de valorar. Casi como el sembrador de la parábola. Ella ha preparado muchas zafras, se ha mojado muchas veces, ha compartido los rigores del clima, pero …. Ha seguido y continuado.
           
Manoli, desde aquí, me gustaría decirte algo que ya sabes: no te canses de seguir esparciendo la semilla. Habrá zafras evangélicas mejores, y otras no tan buenas, pero mientras dé para vivir, no pidamos más de lo que nos corresponde.
            El mensaje de Jesús es un mensaje a veces de contradicciones: el bien y lo menos bueno. Jesús lo sabe, por eso en la parábola de hoy habla de sembrar y de gente que planta cizaña; de gente que ayuda, echa una mano, gente que es solidaria, gente de corazón abierto… pero también en los campos de la vida hay gente que va a lo suyo, que su corazón no está abierto a acoger a los demás, a los que tienen mayor dificultar, a los que la debilidad no les ayuda a crecer en condiciones… en definitiva los que siembran cizaña.
            A veces nos podemos preguntar si el problema es de la tierra. No en todas las zafras de esta comarca del sureste, cuando no salieron buenas, la culpa la tuvo la tierra, quizás la tuvo quien plantó. Nosotros tenemos que preguntarnos si sabemos plantar, tenemos que preguntarnos si por lo menos intentamos y nos esforzamos en hacerlo lo mejor posible, o por el contrario nos vale con cualquier cosa. Es cuestión de preguntarnos si cuando salimos fuera de la Iglesia el que nos ve, nos ve  verdaderos sembradores o por el contrario nos ve como a los que nos da lo mismo lo que hacemos.
            Somos débiles y como nos dirá Pablo, el espíritu acude a nuestra debilidad. Abramos pues nuestro corazón a él. Creo que es lo que hizo Manoli en el tiempo que estuvo entre nosotros y a la que le deseo que siga dando en su Andalucía natal el mismo ejemplo que nos dejó en esta bendita tierra guanche.
            Por cierto, ya hablaremos, pero vayamos rezando por la paz.
           
Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 11 de julio de 2014

CUANDO TE LEVANTAS, ¿NO LO VES?

CUANDO TE LEVANTAS, ¿NO LO VES?

            Dice el evangelio de este fin de semana que Jesús se sentó junto al lago. Me resulta curioso cómo, a veces, el evangelio nos da pequeños detalles que pueden parecer insignificantes y que sin embargo dan muestra de cómo era ese tal Jesús de Nazaret. Pensamos siempre en su divinización más absoluta, pero no nos olvidemos que también era humano como nosotros, que caminaba, que tosía, que…. se sentaba junto al lago.
            Sentarse junto al lago, supuso hacer un alto en el camino. Supuso, salir de su casa, porque le apetecía, y parar. Nosotros quizás muchas veces necesitaríamos salir y parar, salir y sentarnos, no sé si junto al lago, pero a lo mejor sentarnos con el ancianito, con el que está en el paro, con la mujer que tiene que luchar para sacar a sus hijos adelante, con el hombre que se ve incapaz de dejar la bebida porque los problemas le acucian… debemos sentarnos junto a tantos lagos de la vida….
            Quizás, ahora que ya se acaba el mundial, ¿cuántas veces no nos hemos levantado para compartir con otros… el fútbol!. Quizás yo el primero. Pero, a lo largo de la vida, ¿cuántas veces nos hemos levantado para compartir con otros nuestro y su tiempo?. El que siembra es el que se levanta y sale, no el que se queda parado y no gasta su tiempo en la tierra. La tierra siempre es agradecida, pero hay que darle tiempo al tiempo. La tierra no te da la respuesta sobre la marcha, al contrario, parece que juega al despiste, y aún así a veces no obtenemos la respuesta que quisiéramos, pero obtenemos respuesta.
            Levantarse y salir. Salir y sentarse junto al lago, es contemplar la maravilla de Dios en todo su esplendor: sus hijos – nuestros hermanos -, la tierra de la que nos sostenemos y que tenemos la obligación de cuidar, en definitiva es ver la obra maravillosa de nuestro Padre y es verle a él, por eso comenzaba preguntando, cuando te levantas, ¿no lo ves?. Sentado junto al lago, ¿no vemos constantemente las maravillas de Dios?.

            A veces somos como los sembradores que esperamos que la semilla siempre caiga en tierra buena. Pero lo mismo que no sabemos ni el día ni la hora, tampoco sabemos, cuando esparcimos, dónde va a caer. Pero sí tenemos la certeza que cae, que alguna cae en tierra buena y porque también exista quien caiga en tierra pedregosa, no por ello vamos a dejar de sembrar. Nunca nos cansemos, a tiempo y a destiempo.
            No quisiera acabar estas letras, sin acordarme de la gente del mar. El 16 es su día glorioso, es el día en que de un modo especial, nuestra Madre, los cubre con su manto. Una profesión y una vocación, la de marino, dura, arriesgada, peligrosa y compleja. Una profesión y una vocación también llena de fe. No habrá un marinero que no lleve en el pecho a su querida Virgen del Carmen.

            Los marineros saben cuando salen, pero quizás no sepan cuando vuelven. Sin embargo ellos si saben, cuando salen, mirar al horizonte y este se llena de esperanza, por muy adversas que sean las condiciones metereológicas. Una esperanza en poder llenar su barco, esperanza en la vuelta y esperanza en volver a salir a faenar y esperanza en que normalmente quien le espera en el puerto, llena su vida. Una esperanza que también en el mar se da, y es que el que siembra recoge, casi como el sembrador.

            Sembremos, por muy áridos que sean los terrenos. Sembremos que ya recogeremos, pero no sembremos por obligación, sino por convencimiento de que la semilla que llevamos en el interior de nuestro corazón, es la mejor semilla que podemos llevar.. Aprovechemos para sentarnos junto al lago y ver y contemplar la maravilla de Dios. Quizás estés hablando ahora mismo con él, pero, como no tenemos tiempo a sentarnos, pues… no lo vemos.
            Por cierto, este fin de semana se acaba el mundial, pero la vida continúa.
Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 4 de julio de 2014

PRECAUCIÓN AMIGO CONDUCTOR



PRECAUCIÓN AMIGO CONDUCTOR…..
            Bueno, antes que nada, déjenme felicitar a los afortunados y afortunadas que pueden y quieren disfrutar de unos días, quizás un mes, de vacaciones. Tal y como está la situación económica hoy en día, es un lujo, poder hacerlo. Incluso arriesgarse a llegar a los confines de sabe Dios que lugar y perderse del mundanal ruido. Otros, si bien no podemos quejarnos, no podemos disfrutar como quisiéramos de los días de relax. Pero insisto, no nos quejemos.
            

       He querido recordar hoy a “Perlita de Huelva”, que cantaba que había que tener precaución en la carretera y lo justificaba porque una madre y una esposa estaban esperando. Curiosamente la dirección general de tráfico se ha encargado, quizás sin querer, con el tiempo también de recordarnos que hay que tener precaución. Curiosamente, la Iglesia, también este fin de semana, quiere recordar, en muchos sitios, a San Cristóbal, aquel que según la tradición y llevado por su altura y fortaleza, ayudaba a los viajeros a cruzar ríos. Este fin de semana es la jornada del tráfico. Por eso hay que tener cuidado, y tener sobre todo precaución.
           

            Es curioso como el ser humano, ustedes y yo, tenemos necesidad de ser bendecidos: bendecimos personas, animales, panes y … hasta los coches, para que nos ayude en todos y cada uno de los pasos que damos en la vida y con quien compartimos nuestros días. El ser bendecidos supone tener un gesto de humildad, de inclinación, de aceptación… no como una sumisión que esclaviza, sino como la aceptación de un mensaje que aunque nos parezca cercano, tenemos que trabajarlo a lo largo de la vida.. Supone una cierta dosis de humildad y de sencillez
            Curiosamente el evangelio de este fin de semana nos habla de gratitud. Pero de gratitud precisamente por la humildad y la sencillez. Creo que son como dos premisas que siempre han de estar enarbolando la bandera del cristianismo. Jesús le da las gracias a su Padre, por hacernos de esta manera. Es más: nos invita a que le ayudemos a llevar su carga, puesto que es ligera y su yugo llevadero.
            La vida nos lleva a luchar con frecuencia contra adversidades que normalmente no encajan en nuestro esquema diario: vivimos vientos en los que el mensaje de Jesús no son como los alisios que normalmente nos sopla en esta bendita zona del sureste. Son vientos que a veces nos dan ganas de pegar un golpe de autoridad y preguntar por qué. Sin embargo Jesús nos vuelve a recordar, que aprendamos de su humildad. Nos encontraremos en nuestro camino, infinidad de compañeros de viaje. Cada uno llevará su propia historia según mejor le convenga, pero a veces y casi sin darnos cuenta, arrimarán su hombro al nuestro y no nos quedará otra que caminar como le contaba Pablo a la comunidad de Roma, caminar con el espíritu de Jesús.
                                                    

            Caminar y, a veces, correr. Eso es lo que la semana que viene harán los pamplonicas, por eso déjenme que desde aquí diga con ellos “gora san Fermín, viva san Fermín”. Corramos, quizás como ellos cada mañana, a encontrarnos con un saludo a Jesús, el que queramos y como queramos. Y me acuerdo de ellos, entre otras cosas porque el verano se presta a la fiesta, a la relajación,…. Pero también a compartir con los amigos el recuerdo y las vivencias de lo trabajado durante el curso. A veces es la única oportunidad. Disfrutemos de la fiesta, disfrutemos de los espacios que esta nos ofrece, disfrutemos de las personas y de su entorno, disfrutemos de la sencillez y de la humildad, disfrutemos del mensaje de Jesús en este verano que algún lugar cercano habrá para poder hacerlo. A veces, el amigo con el que me encuentro, es el propio Jesús el que habla conmigo.  Nunca las vacaciones serán disculpa para no compartir la fe.
            Pero sobre todo, no nos olvidemos de la canción de Perlita, Precaución amigo conductor
Hasta la próxima
            Paco Mira


viernes, 27 de junio de 2014

NUESTRO CORAZÓN, A VECES, NOS JUEGA UNA MALA PASADA. El DE JESÚS NO

NUESTRO CORAZÓN, A VECES, NOS JUEGA UNA MALA PASADA. El DE JESÚS NO

            
       Y la prueba más evidente la tenemos la semana pasada en el encuentro de la UD Las Palmas y el Córdoba. El éxito, la recompensa a un esfuerzo de nueve meses estaba a punto de cumplirse. Sin embargo el corazón pudo más que la cabeza. Y precisamente ese corazón que ha sufrido, ese corazón que nos ha hecho emocionar en más de una tarde, ese corazón que nos ha dado algún susto, incluso hospitalario, nos ha jugado una mala pasada. Si no hubiésemos saltado al campo, igual…. No hubiese pasado lo que pasó. A veces hay que decirle con la cabeza fría al corazón caliente, que las cosas no funcionan con latidos.
            Es un poco la fiesta que celebramos este fin de semana. Pedro y Pablo. Si ellos me lo permiten, dos grandes mounstros de la fe, del testimonio de la fe; es la fiesta de dos figuras claves dentro de la historia de la Iglesia. Es la fiesta del testimonio, es la fiesta de la expresión de la fe en su máxima altura. Quizás hoy sería nuestra fiesta de recordatorio; a veces recordamos, “¿te acuerdas cuando….?  Y la mente se nos echa atrás y una sonrisa o una lágrima, aflora recordando aquello. Hoy nos podemos preguntar, cuando fue nuestra caída del caballo (que nunca hubo) o cuando fue nuestra confesión de fe que sí hubo.
            

     Decía que es la fiesta del testimonio del testigo, es nuestra fiesta, la fiesta de los que nos decimos seguidores y testigos de un tal Jesús. Gracias a los que han reconocido a lo largo de la historia que su corazón les ha fallado o les ha jugado una mala pasada, es como en ciertos momentos de la vida, la historia ha ido avanzando, ha ido caminando; gracias a los que se han dado cuenta que hay que rectificar, es como se puede avanzar por veredas insospechadas y a veces contradictorias.

            Pedro no ha sido una excepción, igual que Pablo. Ambos son la imagen viva de los contrastes del cristianismo: por un lado le defendemos a muerte, pero le negamos, canta el gallo, no queremos que nos laven los pies, lloramos…Decimos que somos de él y dudamos también de él; le confesamos como el Mesías y a veces le traicionamos; somos valientes, nos metemos en el patio y cuando nos preguntan si somos uno de ellos decimos que no, tenemos miedo, nos hundimos, … Pero la fe que Pedro anuncia, no es una fe de quita y pon, es una fe inquebrantable que ata a Jesús de Nazaret.
            Ahora que muchos comienzan las vacaciones de verano, es una oportunidad muy buena para demostrar que a pesar de las ofertas que normalmente nos atan, hay otras, la de Jesús por ejemplo, que nos libera, que hace que no sintamos vergüenza cuando le digamos a los demás que en un ratito volvemos porque vamos a compartir la fe con otros que sienten lo mismo que nosotros.
            Pedro y Pablo, son una pareja válida para cualquier mundial de la fe. Son una pareja que se faja con cualquiera de los centrales más duros de la defensa más aguerrida. Son los baluartes típicos de que a pesar de las adversidades el mensaje que les llama, merece la pena. Ellos fueron el ejemplo de que el corazón no les jugó, al final, una mala pasada. Ellos fueron fieles hasta el final, aunque este fuera trágico. Por ello, como el salmo de este domingo, el Señor los libró, nos tiene que librar de todas nuestras ansias. Pedro y Pablo, a pesar de las dudas, nunca dudaron de la fiabilidad de un mensaje; Pedro y Pablo, son los caminantes que ante las adversidades polvorientas de los caminos de la vida, siguen para llegar a buen puerto.
            Ojalá copiemos un poquito de Pedro y de Pablo.
            Los que puedan, y vayan de vacaciones, que las disfruten
Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 20 de junio de 2014

LA FIESTA DE UN VERBO: COMPARTIR


LA FIESTA DE UN VERBO: COMPARTIR
            Tranquilos, que no voy a dar, ni lo pretendo, una clase de Lengua Castellana. Entre otras cosas porque no soy quien y dudo que tuviera la capacidad como para ello. Sin embargo hay palabras, hay verbos.. que no solo merecen ser conjugados en todos sus tiempos, modos, y formas verbales, sino también celebrados como fiesta.
            Y es curioso que en los tiempos en los que vivimos, este verbo cobra no solo mayor entusiasmo e interés, sino que también lo hace con mayor vigencia que nunca. Tiene también su parte triste y es que precisamente porque estamos en una época complicada, cobra mayor relevancia. Lo bueno sería, que sin estar en época de crisis, el verbo compartir tuviera vigencia, pero claro nos acordamos de santa Bárbara, solo…..
            Compartir, sería partir con, y en los momentos en los que nos encontramos hay muchas situaciones, personales y colectivas, con las que se puede compartir. Compartir una sonrisa con el triste y de estos hay muchos en la vida; Compartir el hombro, con aquel al que las circunstancias de la vida le hace tambalearse y es bueno que tenga un punto de apoyo en nosotros; Compartir tiempo con aquellos que están solos en la vida o a los que la vida ha dejado solos:apurar y aprovechar horas del reloj, para compartir su tiempo; Compartir tiempo con aquellos a los que los achaques de la vida les hace ir a un ritmo distinto al nuestro y quizás tengan que estar en un hospital, en su casa, etc… Compartir tiempo desde la voluntariedad, el altruismo.. en caritas, en comedores sociales… es tiempo no perdido, es tiempo ganado desde el corazón humilde y maravilloso de cada uno.

            Cuando disfrutamos de todas estas situaciones, nos sentimos felices, celebramos una fiesta. Son oportunidades que la vida nos da y que a veces no nos avisa. Son oportunidades que nosotros tenemos –a veces – que aprender a descubrir, y que parafraseando y sin chiste, nos tiene que hacer sentir orgullosos y llenos de motivación.
            Dios también compartió la fiesta. Dios quiso que el amor triunfara por encima de todo; Dios, en Jesús, también quiso partir con todos y cada uno de nosotros. Por eso, una vez a la semana, nos convoca. Nos convoca a compartir la fiesta con todos aquellos que nos sentimos identificamos con el mismo proyecto; nos convoca a una caracteristica que no es fácil en el mundo de hoy, nos convoca a la gratuidad, al desprendimiento…y eso se refleja en su propio Jesús: desde y con amor, lo entrega para que todos podamos vivir para siempre.¿Existe mayor generosidad?
                            

            Por eso hoy es el día de las alfombras. Es el día de sacurdirnos los pies, de limpiar todo aquello que nos impide ser generosos, amables, cariñosos… que nos impide, desde nuestro orgullo, celebrar una fiesta y esta con mayúsculas. Dudo que pueda compartir con los que desde una postura de dejadez, entiendo yo, digan que “para creer en Dios no hace falta ir a misa”: ¿cómo no voy a querer compartir una alegría con otros?.¿acaso celebro un cumpleaños para mí solo?. Nos tiene que motivar el dar gracias;hay que ser agradecidos con la generosidad de la vida y del amor. Pintar y decorar alfombras es un signo y un símbolo de lo que sentimos en un momento determinado y que tiene que ser lo que nos mueva a lo largo del año.
            El compartir un verbo con alegría, el convencer a los demás que el proyecto en el que nos hemos metido merece la pena, no ha de ser algo teórico, ha de ser algo que nosotros contagiemos y que el que nos vea, nos oiga… sea capaz de decir que merece la pena.

            Mi felicitación a las gentes de caritas. Mi felicitación a los que dedican su tiempo a otros. Hoy es su día.
            Amigos tenemos un reto por delante. No es tarera de nadie en general, sino de todos y de cada uno en particular. Por eso entre todos hemos de celebrar que hay un verbo que merece la pena, compartir.

Hasta la próxima

            Paco Mira


viernes, 13 de junio de 2014

DE UNA TRINIDAD (ABDICACIÓN, MUNDIAL, ECONOMÍA) A OTRA TRINIDAD (PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO)

DE UNA TRINIDAD (ABDICACIÓN, MUNDIAL, ECONOMÍA) A OTRA TRINIDAD (PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO)
           


   Tranquilos que no hay dos. ¡bastante misterio tiene una, como para que encima estemos hablando de dos!. Pero me resulta curiosa, la capacidad que tiene el ser humano, que tenemos nosotros, para que en un espacio muy corto de tiempo, vayamos sacando a la luz temas y cambiarlos por otros en función de las necesidades sociales del momento.
            ¡Pues anda que no se le dio cera al asunto de la abdicación del rey!. No quiero entrar en ninguna polémica, pero creo que nuestra querida nación, en España, ya hay bastantes problemas como para crear uno nuevo sin resolver los anteriores. Dudo, y mucho, que los jóvenes de ahora tengan la capacidad de poder decidir la forma de gobierno, cuando según las encuestas lo que menos les interesa es la política. Decía alguien, procura leer, aunque sea el periódico, que una mentira hasta puede ser que se crea. Pero claro, si nuestra cultura no es la mejor, pues los resultados son los que son.

            No contentos con eso, resulta que este fin de semana nos comienza el mundial. Un mundial, también cargado de polémica, por celebrarse en un país que según unos cuantos, quieren cualquier cosa, pero no el derroche en unos campos de fútbol. Aún así, va a suponer el paralizar medio país, para que nos concentremos delante de los televisores, para que vengamos antes de la playa, para evitar salir de paseo los días en los que juegue España, e incluso… podemos cambiar el horario de la misa, para facilitar las cosas.
            Pero la última persona de esta trinidad ficticia, sería la economía. Ninguno de los otros componentes son capaces de arreglar el que exista menos gente en el paro, el que las familiar puedan llegar mejor a fin de mes, el que los niños puedan disfrutar de una comida saludable,  el que las entidades bancarias puedan ser más flexibles para que la gente pueda disfrutar de eso que llamamos economía del bienestar.

            Enfrente de estas tres realidades, estamos los cristianos que este fin de semana celebramos la Trinidad auténtica, celebramos como dice Moisés, el que el Señor vaya con nosotros aunque seamos un pueblo de dura cerviz. Dios, cada dos por tres, sale a nuestro encuentro, se hace el encontradizo con nosotros porque es un Dios que codo con codo lucha a favor de las necesidades de cada uno de nosotros; un Dios que no abandona a la suerte de cada uno a sus criaturas, aún a pesar de todas las ofertas que la sociedad nos ofrece. Es un Dios que nos recuerda que al margen del futbol, hay que gente que no puede disfrutar de cosas como las que nosotros disfrutamos.
            Nosotros tenemos que tener la capacidad de ser moldeables. Tenemos que tener la capacidad de dejarnos invadir por el amor de Dios Padre, manifestado en su Hijo Jesús e impulsado por su Espíritu. Como decíamos la semana pasada, no apaguemos el fuego del Espíritu de Pentecostés. Que arda, que nos queme.. eso significa que estamos vivos y que todavía tenemos la capacidad de contagiar y ya no tenemos las puertas cerradas.
            Seamos los remos de Dios. Buscamos soluciones, a veces, infructuosas. Buscamos remedios donde creemos que nos dan la solución. Creemos que la política, el futbol son los grandes enigmas de nuestra sociedad. Nosotros lo único que tenemos que hacer, es dejarnos mover por el Dios trinitario. Quizás sea un misterio, pero es de una eficacia que hace que muchos en nombre de ese misterio sigan anunciando a un Jesús no muerto, sino resucitado.
            Recordando al fútbol, los hinchas del Liverpool le cantan a su equipo que nunca caminarán solos y Pablo a la comunidad de Corinto y a la nuestra nos dice que nos alegremos, que nos animemos, que tengamos un mismo sentir y que vivamos en paz. Y encima Jesús nos dice que la salvación pasa por sus manos. Pues ya sabemos
            No quisiera terminar sin acordarme de María. Deja la casa de todos, para ir a su casa. Ahora nos invita a ir a visitarla: ¡que hijo se olvida de su Madre!.
Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 6 de junio de 2014

COMO NO. PODEMOS. CLARO QUE SÍ!

COMO NO. PODEMOS. CLARO QUE SÍ!
            Y yo diría que no solo podemos, sino que debemos. Y es curioso como el hombre, nosotros, nos complicamos la vida en buscar y rebuscar palabras que definan nuestra actuación y nuestra actitud, cuando a lo mejor con la primera persona del plural del presente de indicativo de un verbo, solucionamos el problema.
            ¡Ay, cuantas cosas se pueden decir con podemos!. Da la sensación, y también sin darla, que es el fruto de un trabajo conjunto, es el fruto de un esfuerzo común, para poder conseguir aquello que llevamos tiempo anhelando, deseando y con la convicción de que se va a cumplir. Es un tiempo verbal que lo utilizan los deportistas; es un tiempo verbal que lo utilizan, los que trabajan por una causa común; es un tiempo verbal que utilizan los políticos; es un tiempo verbal que también nosotros, los cristianos “ podemos” y debemos utilizar. Es una sensación de positivismo a tope.
            Es un tiempo verbal que políticamente se ha puesto de moda en muy poquito tiempo: en apenas cuatro meses, más de un millón de personas han confiado en una palabra que les ha inspirado confianza, ganas, ilusión… Es una palabra que no ha sido inventada, es una palabra que ha existido desde siempre, pero ¿qué ha tenido ahora que sí ha tocado la tecla y hasta ahora no lo había hecho?.
            Me gustaría aplicarlo a nosotros, los cristianos. A esos que nos creemos que ya tenemos los deberes hechos desde hace dos mil años, pero que en vez de ganar adeptos, lo que hacemos es perderlos. Me gustaría aplicarlo a nosotros, los cristianos, que hemos talado árboles y árboles para escribir a lo largo de la historia importantes tratados de teología – hasta summas  theológhicas - ; me gustaría aplicarlo a nosotros los cristianos que hemos convocado concilios y abierto ventanas porque nos comían las telas de araña y el polvo – decíamos – no nos dejaba ver la claridad y seguimos con la oscuridad que impera en nuestra vida de cada día.
            Y este fin de semana el Espíritu vuelve a revolotear. Nos vuelve, con perdón, a cagar en la cabeza para sacudirnos y limpiarnos de nuestra propia suciedad. El Espíritu vuelve a revolotear para recordarnos que “podemos” seguir anunciando que el mensaje de Jesús no es un mensaje viejo, caduco y agotado a pesar del tiempo transcurrido. Un espíritu que nos vuelve a recordar que de vez en cuando hay que recargar pilas y con energía joven pregonar a los cuatro vientos que ese Jesús de Nazaret es un personaje que merece la pena seguirle y que cada día que pasa sigue teniendo más votos o adeptos.


            Es verdad que vivimos tiempos convulsos, tiempos de renuncia y de de abdicaciones, tiempos de los que no se libra tampoco la Iglesia (como el caso de Benedicto XVI), pero es el tiempo, son los tiempos de la Iglesia: de vaivenes, de tambalearse y casi de perder el equilibrio. Pero es un tiempo maravilloso, lindo, hermoso que nos tiene que servir para  hacernos soñar, para volar, para transformar mi realidad y la que me rodea, que me tiene que servir para colorear la vida, para aplicar tonalidades maravillosas a un mundo, a veces, falto de color.

            Es tiempo de una Iglesia que tiene que ser alegre y no triste. Una Iglesia a la que la sonrisa de los que estamos en ella, sea una sonrisa contagiosa.
                Amigos, esto no es tarea de otros. Es nuestra tarea, es la tarea de los que nos consideramos amigos, discípulos y testigos de Jesús de Nazaret. Es tarea de los que creemos en una Iglesia que tiene fallos, pero que podemos ser mejores. Claro que podemos y debemos, y  no nos extrañemos de que otros lo hacen, nosotros también. Pero no por el valor de otros sino por el nuestro.
            Déjenme que termine con parte del himno de este día:
            Ven, Espíritu divino,
            Manda tu luz desde el cielo.
            Padre amoroso del pobre;
            Don, en tus dones espléndido;
            Luz que penetras las almas;
            Fuente del mayor consuelo.

Hasta la próxima

            Paco Mira