viernes, 10 de febrero de 2017

OTRO AÑO LA MISMA HISTORIA Y.... LOS ESTÓMAGOS SIGUEN VACÍOS


Creo que lo manifesté en más de una ocasión. Hay ciertos días en el calendario que nos recuerdan que hay cosas pendientes. Hay días en el calendario que cada vez que pasan los meses, los años.... siguen estando en el mismo sitio y no se convierten en negro. Creo que cada vez  desgraciadamente "celebramos", más cosas. Y lo que más miedo me da es que nos pase como con la medicación: acostumbremos el cuerpo a ello y no surta el efecto deseado. Con las fechas pasa lo mismo.
 Cuando uno tenía menos años, por desgracia estaba (creo que también hoy)
de " moda" Etiopía. Esas imágenes de niños famélicos, con estómagos hinchados, desnutridos por todas partes. Imágenes que casi siempre coincidía con la hora de la comida porque era la hora del telediario y mi padre cuando salían esas imágenes, normalmente apagaba la tele. 
 Hoy en día, cuando aparecen esas imágenes, da igual cuando nos las muestren. Creo que nuestra indiferencia es patente. Creo que ya nos pasa como con las medicinas, estamos inmunes ante sorpresas televisivas y pocas cosas (igual el divorcio de alguien, sí) habrá que nos separen del plato de comida que tenemos delante. Pocas cosas habrá que nos impacten, igual el maltrato del toro de la Vega nos impacta más que nos digan que todos los días cuatro de cada diez personas se van a la cama (o algo similar) con hambre. Me parece increíble.
 Como increíble me parece que sigamos pasando el calendario y no solucionemos el problema de dedicar un día a. Escuchaba en la radio que dentro de cuatro años, es decir en el 2021 (cada uno que haga cálculos de cuantos va a tener), habrá en el mundo 12.000 millones de móviles. Móviles cada vez más sofisticados. Casi a dos móviles por habitante del planeta tierra y.... sigue habiendo hambre. 
 Triste es decirlo que existen ochocientos millones de personas que pasan hambre en el mundo. Pero hambre severa. ¡ Ya está bien de la hipocresía de por qué el Vaticano tiene que vender para....!.¡Qué forma más absurda de lavarme las manos!. Da la impresión que el problema del hambre es el problema del otro, no es mi problema.
 Sí. Este fin de semana es la campaña contra el hambre en el mundo. Este fin de semana el calendario nos volverá a recordar algo a lo que nosotros haremos oídos sordos porque lo más probable es que no vaya con nosotros. ¡Cuántos programas políticos a lo largo de la historia han prometido lo que nunca cumplen!: se van a preocupar de los que no tienen, de los que tienen necesidades, de los más desfavorecidos.... y seguimos, un año más, apuntando en el calendario que es la jornada contra el hambre.
 El evangelio de este fin de semana es claro: "si nuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos (de los que no cumplen) no entraremos
en el reino de los cielos". (Mat , 5, 20).Me da la impresión que estamos enfermos de incumplimiento en una semana en la que también celebramos la jornada del enfermo. No somos consecuentes con lo que el evangelio nos exige y es dar de comer al hambriento, de no tirar con soberbia lo que no somos capaces de llevarnos a la boca; que no seamos egoístas y darnos cuenta que el repartir nos llena de satisfacción más que dar de lo que nos sobra.
 Nunca nos cansemos de proclamar que la justicia de Dios, de un Dios amor, es implacable. No nos va a juzgar de otra cosa que no sea de la capacidad que hemos tenido de amar, entre otras formas de dar de comer al hambriento.
 Déjenme acabar felicitando a “mi niña”, por sus 21 años de felicidad y de ilusiones. Felicidades Radio Tamaraceite
 Hasta la próxima 
 Paco Mira

viernes, 3 de febrero de 2017

ENTRE MASTERCHEF O LA SUBIDA DE LA LUZ... PUES ¡NO SÉ!


Con razón el Vaticano II, decía que había que leer los signos de los tiempos, que había que mirar a nuestro alrededor para comprobar y darse cuenta que Jesús, en infinidad de gestos y actitudes, también camina con nosotros. Hace falta asomarse a la ventana y comprobar que muchas realidades no hace falta que sean excesivamente escandalosas, para darnos cuenta que en el camino de la vida, la vida es mucho más que penosa, sino que también es maravillosa.
Estos días atrás, en los que el frío atizaba de mala manera a nuestra querida España, a quien fuera no se le ocurre otra cosa, que subir el precio de la luz. Me imagino que se acordarán que las voces, los gritos desgarradores, de quienes para llegar a fin de mes tienen que hacer un montón de números, fueron de lo más sonado. ¡Subir la luz justo cuando más frío hace, parece increíble!, ¡pero seguimos apretándonos el cinturón y seguimos pagando la luz!.
Y pagamos la luz, entre otras cosas, para poder entretenernos delante del televisor para ver programas como Masterchef. Programas donde la competitividad por hacer el mejor plato de comida es el resultado de un casting donde se habrán presentado infinidad de gente, precisamente para poder ganar un poco de dinero con qué pagar la luz tremendamente encarecida.
Uds. se preguntarán que a qué viene todo esto. Y es que el evangelio de este fin de semana, (Mt 5, 13-16), nos habla precisamente de que nosotros
somos la sal de la tierra y la luz del mundo. ¿saben?, a veces lo dudo. Y lo dudo en infinidad de ocasiones, al menos con muchas de mis actitudes.
La sal nos hace saborear un montón de platos, nos hace que nuestro paladar se deleite con infinidad de sabores escondidos en medio de una mezcla de sabrosos productos. La luz nos hace ver infinidad de situaciones que en la oscuridad no seríamos capaces de apreciar. La luz, en definitiva, nos tiene que hacer que no tropecemos con aquello que nos impide caminar hacia adelante.
La buena noticia, el evangelio, nos da la oportunidad de ser luz, de ser sal. Muchos de nuestros hermanos están esperando que les preparemos un plato de comida, a veces no material, el plato del diálogo, el plato del abrazo, el plato del silencio, el plato de la escucha, el plato de la sonrisa..... ¡cuántos platos podemos preparar!.
Pero al mismo tiempo muchos de nuestros hermanos esperan que seamos luz. Muchos andan por el camino equivocado de la droga, del alcohol, de la delincuencia... y ¡cuántas veces no queremos encontrarnos con ellos y los dejamos en la más absoluta oscuridad de su propia equivocación!. Muchos, tristemente arrojados de sus países a la fuerza, saltando vallas que dejan marcas en sus cuerpos. Muchos arrojados de sus casas a la calle porque el
salario no les llega para pagar una mensualidad y.... esperan que nosotros seamos capaces de alumbrarles de alguna manera, de ayudarles a escoger el camino que no les lleve a la equivocación.
Ojo: no hace falta tener un alto voltaje; no hace falta tener mucha potencia que hace que los demás no puedan seguirnos. Quizás la primera lectura nos de la clave: parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al desnudo.... fijémonos que no hace falta una iluminación industrial pues probablemente al lado de nosotros, con una mirada serena, pero que nos dice y nos llama, espera que le iluminemos.
Amigos, ojala que seamos grandes cocineros de amor que seamos capaces de poner sal y que no subamos el precio de lo que nace con nosotros que es la luz que nos dice Jesús que tiene que alumbrar al mundo.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 27 de enero de 2017

PROGRAMAS ELECTORALES QUE SE CUMPLEN

PROGRAMAS ELECTORALES QUE SE CUMPLEN
Casi sin pensar, pero me gusta el título. Esta semana que se acaba resulta que es una semana en la que todos los ojos están mirando para norteamérica. Están mirando para un presidente que parece que la gente le tiene un poco de miedo porque si cumple lo que en su programa electoral decía, pues habrá que agarrarse. Sin embargo es un presidente que la democracia le ha dicho que le da una oportunidad o de cumplir lo que ha prometido o de corregir caballerosamente lo que pueda creer que no es realizable.
Esta semana también se celebraba la fiesta de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas. ¿saben?. Estamos en una sociedad en la que la elegancia y el estilo lo hemos ido perdiendo, al menos los medios de comunicación social, en aras a un tipo de información que lejos de la realidad nos mantiene la audiencia. Y cuando se trata de comunicar hay que saber nadar, guardar la ropa y encima tener elegancia. Y en algunos de los casos los medios de comunicación han hecho que algún presidente no sea todo lo elegante que se merece.
Me gustaría felicitar a muchos medios de comunicación porque tienen la elegancia por bandera, el estilo refinado por uniforme y encima saben llegar al corazón de la gente porque lo que anuncian merece la pena.
El evangelio de esta semana es casi como un anuncio electoral. Es casi como el diario programático de cualquier candidato que se preste a llevar un país, un colectivo o lo que haga falta: las bienaventuranzas. ¡Me quiero imaginar en Estados Unidos, en cualquier país de Africa, de Europa con los refugiados a la cabeza, que un candidato comenzase su programa electoral diciendo Bienaventurados los pobres, los mansos, los que tienen hambre, los que trabajan por la paz, los que son explotados, los que son desahuciados, los que son arrojados de su país a la fuerza, los que saltan una valla, los que son deportados...!
¿Creemos que este programa sería viable en una campaña electoral?. Pero quizás lo que más me preocupa son los electores; me preocupa si los que nos consideramos cristianos somos capaces de votar un partido que tenga esas premisas. Sería maravilloso, seguro que la vida sería de otra manera y los problemas se solucionarían de otra forma.
Quiero creer que para un partido que tenga este programa no hace falta una eminencia. Como les dirá Pablo a los de Corinto, los que tengan un corazón solidario y sean capaces de pensar en los demás, son los que tienen posibilidades de convencernos que el Evangelio merece la pena.
Volviendo a los medios de comunicación social, a los medios que encumbran a un candidato o no, quiero felicitar a los portadores de Evangelio, a los portadores de buenas noticias. Felicidades a los que son imparciales y no hurgan en la llaga del herido. Felicidades a todos aquellos que tienen a la
noticia, a la buena noticia, como norma de vida y si esta se llama evangelio, pues maravilloso.
Cuando veamos que las cosas no salen como nos gustaría que sucedieran, pongamos la solución mejor para que eso suceda, pongamos las fuerzas, las ganas de una o de todas las bienaventuranzas; apliquémoslas en nuestra vida de cada día; seamos capaces de enarbolar la bandera de todas y cada una de ellas; Tengamos la valentía de señalar con el dedo a quien no las cumple, pero seamos nosotros los primeros en hacerlo realidad.
Hasta la próxima



Paco Mira

viernes, 20 de enero de 2017

UNIDAD EN LA PLURALIDAD EN LA MISIÓN


Esta semana que se acaba, ha sido una semana cargada de noticias, de acontecimientos, de hechos (no solamente puntuales) que tienen que marcar la vida y el quehacer diario de todos aquellos que nos llamamos y nos decimos que somos cristianos. Ser cristiano no es bautizarse, aunque eso sea la puerta de entrada. Imagínense que voy al cine. Ir al cine no es solamente comprar la entrada, es tener una predisposición al lugar, lo que veo, el acomodo, con quien voy... etc.... al final el cine será algo más que el precio. Ser cristiano es algo más que bautizarse, aunque este sea lo primero.
Una de las condiciones del cristiano es la unidad en la pluralidad. Es bueno que no todos seamos iguales, porque en eso radica la riqueza que nos hace crecer como personas y como creyentes. Es bueno que tengamos ciertas diferencias que nos atraigan como los imanes (por aquello de los polos opuestos) y solo así podemos averiguar lo que carecemos y por ello lo echamos en falta.
Sin embargo me he dado cuenta, que hay que rezar. Rezar por la unidad. Y también me he dado cuenta que rezar no es masticar o mascullar oraciones más o menos sabidas que tranquilizan nuestras ansias de cumplimiento. Rezar en dialogar con alguien que sabemos que nos escucha. Rezar es ponernos en presencia de quien tiene la gracia de podernos entender. Pero rezar nunca puede ser un diálogo de sordos, un monólogo sin preguntas y sin respuestas.
Esta semana hemos celebrado la jornada de la oración por la unidad de los cristianos. ¿No lo sabían?. Sí. Estamos separados. Y a veces me da la impresión que las ganas de estar unidos no son las más elevadas. Es curioso que en alguno de los casos y de las causas de la separación están en la actualidad más que justificadas. Es desgraciadamente curioso como ha habido una especie de caza de brujas hacia quienes no tenían el mismo credo que nosotros cuando todos teníamos el mismo Padre.
Creo que detalles como los del papa Francisco que viaja y sale como el padre del Hijo Pródigo al encuentro de los que no están en la misma casa que nosotros son un ejemplo que nosotros tenemos que tener para con aquellos que nos miran, a veces, con lupa.
Y eso hay que hacerlo desde pequeños. Desde el convencimiento de que los más jóvenes son los que tienen que ir empujando entre otras cosas porque nosotros les servimos de ejemplo. Este fin de semana se celebra la jornada de la infancia misionera. Celebramos que los más jóvenes de nuestras comunidades están llamados, mediante el ejemplo de los mayores, a ser testigos, desde su posición, de un tal Jesús.
El mensaje de Jesús, no permite medias tintas ni tampoco permite divisiones, como le dice Pablo a la comunidad de Corinto. Jesús a todos y cada uno de nosotros, nos
llama por nuestro nombre, en la situación concreta que estamos viviendo, en nuestra situación laboral y personal o incluso en nuestra
situación familiar y nos dice "ven y sígueme". Es curioso que el texto dice que dejándolo todo le siguieron. Ninguno dudó en ningún momento, aunque me imagino que la incertidumbre a más de uno le habrá venido a la cabeza. Pero las decisiones como las llamadas son en un momento y al momento.
Recemos no sordamente por la unidad; seamos capaces de inculcar a los más pequeños la alegría de un mensaje que merece la pena y sobre todo tengamos el oído atento porque todos los días se pronuncia nuestro nombre. Todos los días y en diferentes circunstancias se nos dice, ven.
Nosotros, como aquellos discípulos, ¿los seguimos?
Hasta la próxima



Paco Mira

viernes, 13 de enero de 2017

LA FELICIDAD DE JUAN, ¿ES LA NUESTRA?

LA FELICIDAD DE JUAN, ¿ES LA NUESTRA?
En las fiestas que hemos acabado hace solo unos poquitos días, algunos hemos sido muy nostálgicos, o al menos hemos pretendido no perder eso "que llamamos buenas costumbres al uso". Por ejemplo, es casi norma, en navidades, el mandar una felicitación. 
Aunque he de confesar que las felicitaciones están en desuso, y sobre todo en la generación de las nuevas tecnologías. Reconozco que escribir un feliz navidad mientras escucho un villancico, a veces suena a frio.
Sin embargo no quiero dejar mal sabor de boca con las felicitaciones, porque en el fondo entiendo que expresan un deseo profundo, procuran dar un granito de felicidad a quien se la deseamos, ¿quien no puede hacer un poquito más feliz a alguien y tratar de no hacer más infeliz a nadie?. Muchas veces sabemos cómo ser felices, y no podemos. También es verdad que otras veces creemos saber como, pero nos engañamos.
Pero ¿en qué consiste ser feliz?. Quizás no es rebosar de alegría, carecer de problemas, libre de dolores, creo que tampoco es que se realicen todos los deseos... Creo que ser feliz es sentirse bien consigo mismo y con todos los demás. Es decir, en paz con todo, a pesar de todo.
Para ser feliz no hace falta una felicidad plena, ni un ánimo perfecto, ni una pareja perfecta, ni una familia perfecta, ni una salud perfecta. Somos seres inacabados y en, en el mejor de los casos, nuestra felicidad también está inacabada. Tener buena salud o mucho dinero, puede ayudar a ser feliz, pero no seremos más felices.
Yo creo que Juan, este fin de semana también es feliz. Es feliz porque es capaz de encontrar lo que le da la felicidad. A veces, en la felicidad, nos quedamos a medio camino. Es como cuando un hijo nos plantea lo que quiere ser de mayor y nosotros le decimos que eso es poco para él. A veces nos quedamos con lo fácil de la vida y no ahondamos un poco más, incluso a nivel religioso nos pasa lo mismo.
Nuestra fe, a veces, se queda en un mero cumplimiento, en un tranquilizar las conciencias, en cumplir con los preceptos que están mandados, pero, como Juan, no salimos al encuentro, no nos hacemos los encontradizos, no provocamos aquello que realmente nos hace felices y lo compartimos. Hoy, Isaías (49,3) dice "es poco que seas mi siervo", estamos llamados a algo más. Estamos llamados a señalar la presencia de Jesús en medio del mundo, aunque eso nos suponga cierto riesgo.
Somos, lo decía antes, seres inacabados. Es por ello que tenemos que colaborar en autoacabarnos y solamente el convencimiento como el que tenía Juan de señalar con el dedo, "este es el Cordero de Dios....", es porque tenemos que descubrir en la cotidianidad y en la relación con los demás lo que Dios quiere de cada uno de nosotros y hacer como el salmista "aquí estoy, Señor para hacer tu voluntad".
¡Qué buenas las lecturas de este fin de semana!. Hemos entrado en el tiempo ordinario. Ordinario no por vulgar, ordinario por ser de todos los días y no haber una fiesta de renombre que nos obligue a tener que cambiar de color. Todo lo contrario. No nos olvidemos que tenemos que dejarnos cuidar y cuidarnos. No, ante las adversidades, tenemos que desesperarnos.
En nuestro fondo habitan la luz y la presencia. Dejemos que desde la presencia del corazón nos digamos que vivamos en paz con nosotros y con todos, en paz con todo y bendigamos la vida de cada día, por la mañana y por la noche, a pesar de todo. Sí, a pesar de todo.
Juan fue feliz, y ¿nosotros?
Hasta la próxima



Paco Mira

viernes, 6 de enero de 2017

MUCHA ILUSIÓN, PERO.... ¿AHORA QUÉ?

Creo que ya se lo dije, pero lo vuelvo a repetir, FELIZ AÑO. Quizás sea una frase como muy utilizada, usada, no sé si gastada, pero es un deseo personal. Es más: me lo propongo todos los años y no siempre lo consigo, pero bueno.

¡Fíjense!. Hace menos de un mes, (algunos más, por supuesto) todos con una ilusión tremenda preparábamos los adornos navideños. En una carta anterior les comentaba que a muchos, incluyéndome, nos hace una ilusión tremenda estas fiestas. Hace menos de un mes desempolvábamos los adornos, las figuras del belén, completábamos aquello que nos faltaba, algunos montaban árbol y belén. Incluso los abuelos llaman a los nietos para que les ayuden a decorar la casa. Soñamos, primero con Papá Nöel, luego con los reyes.... ¡cuanta ilusión!. Pero una ilusión sana.

Sin embargo, ahora que se acaba toda la parafernalia de la época en cuestión, me da la impresión que guardamos las cosas no con la ilusión para el año que viene, sino con el cabreo de quien nos ha manchado la casa, con el cabreo de unas fiestas que nos hicieron coger no sé cuántos kilos, con el desastre de haber gastado un montón de dinero.... pero cabreados.

Me pregunto ¿qué hace que en veinte días, mal contados, nos cambie el sentido del humor siendo prácticamente el mes el mismo?. ¡Qué rápido ganamos y qué rápido perdemos las ilusiones!. Así nos va. Los niños, los grandes protagonistas humanos y mundanos de la fiesta que celebramos, son los que nos dan lecciones de cómo no hay que perder la ilusión, de cómo hay que caminar por la vida, sin la tristeza impregnada en la cara, de cómo hay que salir corriendo porque la caravana de sus majestades pasa y lo más probable es que no me de tiempo a contemplarla.

Dios se ha manifestado a los pueblos. Sigo preguntando lo mismo, ¿lo hemos visto, contemplado, saboreado...? o por el contrario, como hemos hecho con el belén de casa, ¿estábamos deseando que se acabaran los tiempos de navidad, para recoger de prisa y corriendo para poder limpiar y dejar las cosas como estaban?. Si es así, así nos va. Nuestra fe, lo más probable es que vaya a trompicones y se mueva en función de los tiempos que nos invitan a vivir ciertos acontecimientos, pero pasajeros.

Jesús se bautiza. Una voz dice que ese es su Hijo, el amado, el predilecto. Nosotros que ya estamos bautizados, ¿qué voces oímos y escuchamos? y mejor, ¿nosotros decimos que Jesús es el amado, nuestro predilecto, el faro que nos guía en la vida?. ¿ Somos capaces de descubrir al que contemplamos en un pesebre hace muy poquito y al que le catábamos villancicos?.

Uff, me da la impresión que cambiamos rápidamente de tesitura. El bautismo, nuestro bautismo nos tiene que dar una identidad lo suficientemente fuerte como para dar razón de nuestra esperanza allí donde quiera que vayamos. Tenemos que hacer como Pedro, que cuando pregunta si conocen lo que pasó en Galilea que un tal Jesús pasó haciendo el bien.

Esa tiene que ser nuestra razón de ser. Hacer el bien. Hacer el Belén con ilusión y mantenerla trescientos sesenta y cinco días y que cuando llegue diciembre recargar las pilas, pero no perder la ilusión de lo que decimos que queremos y no hacemos. Dios siempre da otra oportunidad y en este caso no da un montón de ellas.

Recojamos lo iniciado, pero pensemos en el momento de guardar cada una de las figuras de lo que pueden significar en nuestras vidas y con quien las identificamos.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 30 de diciembre de 2016

PIN, PAN....¡SE ACABÓ!

PIN, PAN....¡SE ACABÓ!
         Les digo la verdad que no se si es el mejor título que le puedo poner a la reflexión de esta semana. Pero si echamos la vista a aquel uno de enero del 2016, todos los deseos eran pocos. A algunos ya los tenían cumplidos porque la lotería había asomado a la puerta, otros querían que esos deseos se cumplieran en el año que comenzaba. Miren por donde, que esos deseos, se cumplieran o no, ya no hay vuelta atrás.
    
     Acaba el año y volvemos a repetir el ritual de todos los años. Me pregunto, ¿tan difícil es poner de nuestra parte?. Estoy convencido que siempre que decimos que no podemos hacer nada, creo que no es verdad. Podemos, si queremos, hacer lo más cercano mejor. Podemos, si queremos, que aquello que nos rodea sea de otra manera.
         Es verdad que el año que termina viene marcado por el silbido de las balas, de los actos terroristas, de camiones asesinos contra gente inocente, por resolución de políticas y gobiernos que estaban indecisos, por gente que no ha podido, todavía, salir del paro, por jóvenes que todavía no han encontrado trabajo, por gente que en la curia vaticana quieren ir contra Francisco.... ¡cuántas cosas marcaron el 2016!.
         ¡Cuántas madres han llorado por la no felicidad de sus hijos o de sus familias!. Ahora volvemos a contemplar a María en el inicio del año. Volvemos a contemplar a María poniéndole nombre a su Hijo, poniendo nombre a todos y cada uno de nosotros. María, como Reina de la Paz, María como sufriente por algo que a nosotros se nos antoja imposible y que ella insiste en que la hagamos realidad.
         Lo más probable es que cuando este fin de semana nos hemos puesto los mejores trajes; lo más probable es que cuando este fin de semana hemos levantado la copa de cava; lo más probable que cuando hemos ido tomando las uvas, una a una, e ir acompasando cada una de ellas a los toques de los relojes, procurando no equivocarnos y acabar como marca la tradición.... hemos pensado en algo o en alguien.
         Lo más probable que al acabar las campanadas hemos ido, quizás corriendo, a besar, a abrazar a la persona que más marca nuestra vida.... con el fin de desear aquello que hemos pensado.... y quizás la vida continúe - como cantaba el gran Julio Iglesias - igual.
      
   La vida nos vuelve a dar la oportunidad de 365 días. No son pocos, son todo un año para poder hacer aquello que llevamos insistiendo y que no somos capaces de conseguirlo. Me gustaría que cuando acabe el 2017, fuésemos capaces de recurrir al título del estas letras: "pin, pan... se acabó". Que seamos capaces de decir que aquello que hemos deseado se ha cumplido.
         No queremos ser perfectos. No queremos ser el modelo de nadie, pero sí queremos ser los fieles cumplidores de un Nacimiento que acabamos de celebrar y que no acabamos de dar cumplimiento.
         Echemos la vista atrás, sí, pero corrijamos aquello en lo que nos hemos equivocado. Echemos la vista atrás, sí,  y tengamos la humildad para pedir perdón por aquello que no ha funcionado. Echemos la vista atrás, sí, pero sobre todo a los 365 días que nos quedan por delante, porque son 365 oportunidades nuevas con pensamientos que ya tenemos.
         Dios, en su Hijo, siempre nos dice que nunca es tarde para volver a empezar. Nunca se cansa para comenzar oportunidades que nos tocan en la puerta.
         Sí les digo que FELIZ AÑO, pero les digo Que nunca es tarde para ser felices y en nuestra mano está, en parte, el poder conseguirlo.
         Hasta la próxima

         Paco Mira