viernes, 19 de mayo de 2017

LAS PRIMERAS COMUNIONES Y DÓNDE ESCUCHAR A DIOS


Estamos en plena vorágine de las primeras comuniones. Es el mes de mayo, es el mes de las flores, es el mes de visitas papales a lugares de peregrinación, es el mes de la primavera…. Y los niños, dicen, desean, anhelan… recibir a Jesús. O eso dicen. Es el mes de los nervios, de ensayos, reuniones, de preparaciones, compra de vestidos, reserva de lugares de celebración, etc.…
A veces me pregunto, ¿para qué?. Quizás todos los años hacemos la misma reflexión del cómo y del por qué de un sacramento que por el momento no ha caído como otros. Todavía las primeras comuniones siguen siendo un momento de encuentro familiar, un encuentro donde a veces florece la nostalgia de cuando uno estaba en el lugar de las criaturas que ahora son los protagonistas de la fiesta.
Pero claro, cuando uno asiste a este tipo de celebraciones y oigo a los presbíteros decir que “hoy Jesús viene a ustedes y por eso están tan guapos”; cuando veo en este tipo de celebraciones donde los templos se ponen hasta las columnas de gente; donde este tipo de celebraciones las conversaciones en voz alta en la Iglesia no dejan ni oír lo que el cura quiere transmitir; donde este tipo de celebraciones incluso se puede wasapear o hablar descaradamente por el móvil; donde probablemente este tipo de celebraciones sean las ultimas para muchos de los chiquillos y de los acompañantes… cuando todo eso pasa, me pregunto, ¿dónde, en este tipo de celebraciones, puedo escuchar a Dios?.
Cuando esto sucede veo en un artículo de las redes sociales, que en Salamanca hay un encuentro de Éffeta. Un encuentro donde existe la posibilidad de encontrarse con Dios. Plantea seis pasos que me parecen interesantes: en la acogida a los sin techo, en los que están solos en la vida, en los enfermos y en los que han perdido a alguien y están de duelo, en la familia, en la contemplación y en la fiesta.
¡Qué buenos esos pasos!. Y me pregunto, ¿por qué en las primeras comuniones no puedo escuchar a Dios?. Probablemente alguno me dirá que sí. Que también se puede escuchar a Dios, sin embargo creo que los seis pasos que proponen en Salamanca, son seis realidades que en la vida del ser humano cada vez – algunos por desgracia – se dan con mayor frecuencia. Pero también se da en la
familia y en la fiesta y las primeras comuniones es encuentro familiar y encuentro de fiesta.
Creo que estamos en una época en la que tenemos que tomarnos en serio lo que ofertamos. Hasta ahora no había problema porque teníamos la seguridad de que no “se nos marchaba nadie”; ahora eso no lo tenemos tan claro, pero seguimos ofertando viejos esquemas, para tiempos nuevos y gente nueva.
Creo que hay que plantearse que las primeras comuniones sean una plataforma de compromiso de los más pequeños con los sin techo de nuestras comunidades; creo que hay que plantearse con los más pequeños de nuestra comunidad estrategias de acercamiento a los que están solos, a los enfermos, a los que han perdido a algún ser querido; nuestras primeras comuniones tienen que ser una posibilidad de un encuentro personal y hasta familiar con el Dios que quiere acercarse a nosotros y que nosotros tenemos que acogerle
con un corazón sincero y generoso. La familia tiene que ser el espacio donde debemos descubrir todos los valores que nos llevan al Dios del amor, de la paz y de la convivencia. La familia es la que tiene que conservar y preservar aquello que considera como importante.
Solo al final de esto, podremos hacer fiesta. Fiesta porque la primera comunión no será la última sino la primera de muchas. Felicidades a los de Salamanca por el proyecto Ëffeta. Gracias por invitar a recorrer un camino para poder escuchar a Dios y a los que invitamos a los que hacen la primera comunión y a sus familias
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 12 de mayo de 2017

LAS APARICIONES TAMBIÉN TIENEN GPS


Este fin de semana, Fátima, el lugar portugués mundialmente
conocido, está de cumpleaños. Pero cumpleaños centenario. Un 13 de Mayo de 1917, tres niños eran los privilegiados de una aparición que iba a marcar sus vidas, la de sus vecinos, amigos y familiares y sobre todo iba a marcar para toda la vida la de la ciudad de Fátima. Lucía, Jacinta y Francisco iban a ser testigos de un acontecimiento único y quizás, para muchos envidiable.
Hoy en día no sé si se produjera algo parecido a aquel acontecimiento, tuviese la repercusión que tuvo entonces. Probablemente desde el párroco de Iría, lugar donde se encuentra la cueva, hasta el Vaticano las dudas, los interrogatorios, quizás el escepticismo, seguro que el reconocimiento médico a los interesados.... nos dejarían una huella que quizás el tiempo hubiese borrado. Pero en Fátima no. Dios, a través de María, ha dejado su huella. Dios, a través de María, le ha hablado al hombre.
Es curioso que el evangelio de este fin de semana, nos habla casi
como de un gps. En un mundo cada vez más tecnificado. En un mundo cada vez más dominado por las nuevas tecnologías, Jesús va y nos dice que "yo soy el camino, la verdad y la vida". ¡ Cuántas veces recurrimos a los gps para que nos digan el camino que no encontramos!. ¡Cuántas veces recurrimos a los gps para encontrar la dirección correcta en el momento oportuno y en el lugar adecuado!.
Las apariciones reales y verdaderas, no los desvelos de alguien que cree que fue y no sucedió tal cosa, no dejan de ser las huellas que Dios va dejando en el camino de los hombres. Unos hombres que tienen que tener un condicionante como lo dice el propio evangelio: "te doy gracias, Padre, porque se lo has escondido a los sabios y entendidos y se lo has revelado a la gente sencilla". Y el evangelio va y se cumple: Dios, por María, se habla a tres niños, a tres pastores sencillos y humildes de una localidad humilde y sencilla a las afueras de Fátima.
Jesús hoy nos vuelve a mostrar su tecnología. Jesús este fin de semana nos vuelve a dar la realidad de un mundo tecnológico:
Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida. ¿por qué buscamos fuera lo que tenemos dentro?. Da la impresión que no nos fiamos del gps que tenemos continuamente con nosotros. Lucía, Jacinta y Francisco hicieron como hace dos mil años María, la que ahora habló con ellos. En aquella ocasión María, con miedo sin duda, le dijo al ángel que se hiciera la voluntad del Padre. Ahora, estos tres niños no dudan de la voluntad de Dios a través de María.
Mucho se ha especulado sobre el contenido de los mensajes de la Virgen. Quizás sea lo de menos. Nuestra curiosidad nos ha comido y recomido por dentro para saber si se había cumplido alguno de ellos. Pero lo más importante es que los tres niños han escuchado la voz de Dios en María y la han puesto en practica.
Probablemente cuando un niño nace, nosotros cuando lo vemos exclamamos: "es igualito a su Padre/madre" o "si se te pierde no te preocupes que te lo llevan a casa". No se si los que nos ven por la calle pueden decir de nosotros que somos igualitos a Jesús, que somos igualitos que nuestro Padre. Seguro que Dios, como a Lucía, Jacinta y Francisco también nos está hablando
todos y cada uno de los días, pero probablemente nosotros no sabemos reconocer esas palabras y esa huella en la realidad cotidiana.
Probablemente digamos que son apariciones baldías, o alucinaciones sin sentido, pero Dios habla y deja huella a los que no se hacen problemas excesivos con su mensaje, sino a la gente humilde y sencilla; a los que son limpios de corazón y la verdad es la bandera de su mensaje.
Felicidades a ellos, a Fátima como pueblo y a las mujeres que llevan su nombre, felicidades a los que son igualitos que su Padre" y reconocen a Jesús como el Camino, la Verdad y la Vida
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 5 de mayo de 2017

HOMENAJES: NO TODO SE COMPRA O SE VENDE


Estamos en el mes de mayo: mes de María, mes de las flores, mes de la cruz en el dintel de las puertas de casa, día de la madre, feria de Sevilla.... quizás podríamos seguir enumerando: ¡cuántas cosas en apenas un mes!. Recuerdo que en una Iglesia, "muy mona ella" (al templo me refiero), de esas iglesias que hasta cuando respiras es arte, había un Cristo que por lo visto era una talla de las que merece la pena ser visitada. Y al lado había un cirio enorme que todo el año estaba encendido (quizás no fuese muy litúrgico). Cuando los turistas entraban con el guía se detenían en la imagen del Cristo, hasta que un día se encontraron con el párroco de la citada iglesia y les decía que lo importante no era la cruz, aunque sí necesaria. La cruz era el paso previo para que el cirio siempre estuviera encendido. La vida siempre vence a la muerte.
Este fin de semana (como desde hace muchos años) me da la impresión de que nos venden a nuestra madre. Digo que nos venden porque probablemente nosotros hemos querido entrar en el juego de comprar y vender para agasajar a mamá. Y creo que hay cosas que no tienen precio, creo que hay cosas que ni se compran ni se venden y menos el ser mismo de una madre. La vida, como la llama del cirio, se regala. La vida no es fácil, la vida no siempre tiene una buena cara, la vida tiene sus cruces, pero merece la pena que se viva de la mejor manera posible.
El trabajo de una madre en casa, el amor con que mamá hace las cosas en casa - seguro que se equivocará en más de una ocasión, pero probablemente no lo haga a propósito - , las noches que mamá se ha quedado sin dormir porque a los demás no les ha ido bien el día; las noches en las que mamá se ha quedado en vela por los hijos (fiebre, malestar, dolores....); las madres corajes que hacen que las cosas salgan adelante a pesar de las dificultades; esas planchas, esas lavadoras, esos almuerzos que sin ir a los programas de televisión no los supera ningún chef y son los mejores del mundo... Les digo que eso no se compra ni se vende.
Hoy quiero hacer un homenaje a todas las madres: a las presentes y a las que ya se fueron pero que quedan y quedarán en la memoria resucitada de todos y cada uno de nosotros. Quiero hacer un homenaje a las que en vida se han equivocado o no han tomado decisiones acertadas; un homenaje a las que ríen, pero también a las que lloran con frecuencia. A todas y cada una de ellas decirles que su labor innegable no tiene precio por mucho que las grandes superficies nos lo quieran hacer ver.
El evangelio de este fin de semana nos va a decir que Jesús conoce a todos y cada uno de sus hermanos y que Dios, como María, a todos y cada uno de sus hijos. Nos llama a todos y cada uno por nuestro nombre; no deja que nos perdamos ni un solo momento. ¡ qué hermoso es pensar en la seguridad de un pastor que te cuida y te mima o qué maravilloso es pensar en que una madre te da la seguridad suficiente para poder ir confiado en la vida!.
Es curioso que el evangelio termina diciendo "he venido para que tengan vida y vida abundante". Gracias al pastor las ovejas no tienen miedo y tienen larga vida. Gracias a una madre que da su vida para que nosotros, como hijos, también tengamos vida. Desde el propio momento de la concepción nuestras madres ya nos están dando vida. María dio su vida, dio su sí incondicional a un
proyecto del que no sabía nada y que probablemente tendría hasta miedo. ¡Cuántas de nuestras madres han dudado de nuestro embarazo!, sin embargo la ilusión y las ganas de un proyecto por descubrir les ha hecho tirar para adelante.
Amigos, hagámosle un homenaje a nuestras madres, pero no compremos ni vendamos su imagen. Ellas son mucho más que una moneda de cambio.
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 28 de abril de 2017

EMAÚS, ¿CURSO ON LINE O PRESENCIAL?

EMAÚS, ¿CURSO ON LINE O PRESENCIAL?
Todo tiene su tiempo y su momento. Probablemente en época de crisis, cuando la desesperanza en la tónica en nuestra vida; cuando las posibilidades de salir adelante del atolladero en el que nos encontramos no son las más claras y adecuadas, …. nos apuntamos a cursos con la esperanza de acumular lo máximo posible, por un “si acaso me sirve para el día de mañana”. En ello los cursos on line han jugado un papel importante. Porque, ¿saben?, en el fondo somos un poco vagos y si nos movemos poco, pues mejor.
Claro, lo que la gente no acaba de asimilar que los cursos on line tienen una mayor exigencia que los presenciales, puesto que el tiempo que tenemos que dedicarle a los ordenadores, a la investigación personal… no tiene parangón con los que asisten a una tutoría personalizada, a unas clases donde compartir con los compañeros de aula, a una investigación en la biblioteca del centro donde me encuentro, etc.…
Creo que eso es lo que les ha pasado a los discípulos de Emaús. Ellos, después de asistir en el Gólgota a una lección presencial, después de asistir a una tutoría personalizada, después de compartir con sus compañeros del “aula de la vida y del seguimiento” a la enseñanza suprema de lo que es el Amor, se sienten como que han suspendido; se sienten como que lo que han aprendido hasta ahora no les ha servido de nada, puesto que el fracaso era evidente: en la cruz se han plasmado los fracasos de toda una vida de abnegación y entrega.
Por eso van a sus casas tristes. Probablemente buscando – como nuestros alumnos – explicación al examen suspendido; explicación a las preguntas vitales que no han sabido responder, quizás porque a lo mejor no las habían estudiado lo suficiente o pensaban que no entraban en el examen. Se van tristes, desolados…. Es más: cualquiera que se les acerque, el tema de conversación es el mismo: no nos ha salido bien el examen.
Es curioso que, de camino, se les acerca un personaje, quizás misterioso, no identificable, un personaje que comparte inquietudes, que se mete en la conversación, que a ellos no les importa que se les una, un personaje con el que descargan su frustración. Un personaje que se va metiendo en el papel, hasta congeniar al cien por cien con ellos. Un personaje que les ha caído tan bien, que le piden “porfi, no te vayas, quédate, se hace de noche (más de noche si cabe en la vida de ellos), vamos a cenar y no nos importa que compartas la cena con nosotros, quizás no tengamos mucho, pero lo poco que tenemos lo compartimos.
¡Fuerte personaje que hace exclamar “ no ardía nuestro corazón...” !. Quiero imaginar que casi estarían al borde del infarto, porque el corazón quedaría tan henchido de la presencia de aquel personaje, que llegaba casi a arder.
Sin duda, el relato de Emaús no es un relato on line, un relato que yo hago a distancia, un relato que el ordenador me da las pistas para que pueda daar cuenta de un resultado o de un examen. El relato de Emaús no es el que se hace en una universidad a distancia. El relato de Emaus es presencial, es el de la universidad de la vida, donde la clase en la realidad del propio mundo en el que me encuentro y donde los compañeros son aquellos que se cruzan en mi caminar diario.
Jesús se arrima a cada uno de nosotros. Jesús camina por las veredas y orillas de los caminos y se hace el encontradizo. Jesús te pregunta “de qué hablan?, ¿cuáles son sus inquietudes?, ¿qué problemas te afligen?”. Nos pide que una y otra vez acudamos a su encuentro, a su Palabra, que podamos exclamar “no arde nuestro corazón cuando….”
Por desgracia hoy los infartos, los problemas de corazón son por el estrés de infinidad de situaciones, quizás no sean por el ansia y deseo de descubrir en el otro la presencia no de un fantasma, sino de un Jesús resucitado.
Creamos en él, pero sobre todo creamos que en la fracción del pan tenemos la vitamina suficiente y las ganas propias para poder dar testimonio del que no ha muerto y resucitado y que nos acompaña en el camino de la vida.
Por cierto la fiesta es también un motivo de encuentro presencial. Encuentro con José, el carpintero, el artesano, prototipo de la gente humilde y sencilla. Ojalá que el Cruce de Arinaga, que está de fiesta, se convierta en un pequeño Emaús.
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 21 de abril de 2017

¿CON CUÁNTOS TOMASES ME ENCUENTRO EN LA CALLE?

¿CON CUÁNTOS TOMASES ME ENCUENTRO EN LA CALLE?
El evangelio de este fin de semana, son de esos evangelios que los podíamos aplicar a cualquier fin de semana. De esos hay unos cuantos a lo largo del Nuevo Testamento. Es también curioso, que probablemente muchos habrán dicho que "por fin se acabó todo": ya está bien de procesiones en la calle, de interrumpir el tráfico, de decirnos a los demás que no podemos comer carne, de celebraciones en la Iglesia que son interminables, etc...
Sin embargo da la casualidad que ahora empieza todo. De nada sirve lo que hemos estado haciendo hasta ahora, si a partir de ya no lo ponemos en práctica. El evangelio nos presenta una situación que creo que hasta ahora nosotros, como cristianos la llevábamos a la práctica: estaban con las puertas cerradas por miedo. Probablemente hasta hace muy poco, los cristianos teníamos las puertas de nuestras iglesia cerradas con la intención de que no nos quitaran nada de lo que tenemos dentro y que el que quisiera estar con nosotros nos tenía que llamar.
La situación ahora ha cambiado: hay que abrir puertas, no hay que tener miedo, hay que salir fuera a los marginados, a las orillas de los caminos, a los enfermos que la sociedad ha diagnosticado aunque muchos no lo estén... y ofrecer nuestra realidad. Una realidad, a veces, incomprensible; una realidad por momentos dura y muy dura, pero una realidad que probablemente tenga que ver con el servicio (jueves santo), por el sacrifico (viernes santo) y por el triunfo de la verdad y de la justicia.
¿ De qué, a qué y a quién tenemos miedo hoy?. ¿a ser sinceros?, ¿a proclamar allí donde nos encontramos que Jesús es la defensa de mi vida y que nadie me hace temblar?, ¿a que nos señalen con el dedo y nos critiquen por ello?. Creo que hemos pasado de una situación de privilegio (y de ello no hace muchos años) a una situación de dependencia, de testimonio, de fiabilidad y de credibilidad. Mirémonos en el espejo y preguntémonos ¿qué vemos?
El relato sigue con la historia de Tomás. Siempre me he preguntado si yo puedo ser un rebelde del cristianismo, que mientras los demás o muchos creen porque la tradición y la fe de sus padres se lo ha confirmado, yo no necesito gritar que mientras no toque con mis manos las llagas y meta los dedos en su costado...¡Ay, cuantas heridas habría que tapar con nuestras manos!
Cuando uno mete la mano en la herida con la intención de curar y de sanar, es porque está convencido que lo va hacer: la herida del odio, la herida del rencor, la herida del no saludo, la herida de la soledad, la herida del abandono.... tantas y tantas heridas que mis manos pueden ayudar a curar, simplemente porque he metido mis manos en la propia esencia de Jesús de Nazaret.
Les confieso que asistir a los oficios de semana santa, probablemente no nos cueste mucho, a lo sumo llegar un poco antes para que no nos quiten el sitio y que pueda ver mejor. Pero cumplir con la Pascua de Jesús de Nazaret no es tan fácil: ¡cuántas veces se me presenta en la calle el propio Jesús y probablemente diga, como Pedro, que no lo conozco ni de vista!
Dichosos los que crean sin haber visto. Claro que sí, pero probablemente tengamos que hacer en más de una ocasión de Tomás. De meter los dedos en las heridas para intentar curar aquellas que tienen cura, o por lo menos de intentarlo. La Pascua no es una felicitación que le damos a los demás. La pascua es el paso de situaciones de olvido, de desesperanza, de ingratitud, .... de muerte.... a situaciones de vida. Y esa vida la tendré que poner yo en más de alguna ocasión.
Invito a todos y me invito a mí mismo a ser Tomases, a ser personas que necesitar tocar al Jesús de la calle, del que se cruza conmigo, de abrazarle, de besarle, de ser partícipe de sus alegrías y sus penas, de sus saludes y enfermedades.
Por cierto. Hemos llegado a las 200 aportaciones en el blog.
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira

sábado, 15 de abril de 2017

EL CRISTO DE LA PASCUA Y LA ZANGA

EL CRISTO DE LA PASCUA Y LA ZANGA
        Si el fin de semana pasado les decía que España es un país de refranes, hoy quiero también decir que "un gesto vale más que mil palabras" y esa es la grandeza de la expresividad gesticular del ser humano: cuando no hay palabras un gesto, un guiño, una mueca... es lo suficiente para que en la mayoría de los casos el que nos ve, se de cuenta de lo que pretendemos, de lo que queremos y a donde hay que ir.
            Y en eso la Iglesia, nuestra Iglesia es especialista. Especialista en simbología que es capaz de de dar a entender realidades que si no fuera por los gestos probablemente nadie, a nivel racional, sería capaz de entenderlo. Y esto es tan antiguo como la propia Iglesia. Ya Jesús hablaba en parábolas, y ni más ni menos que para hacer entender que el Reino de Dios está entre nosotros.
            En esta semana santa asistí a un viacrucis
arciprestal. Me gustó. Y me gustó porque aunque no lo parezca somos capaces de hacer cosas juntos. Y de hacerlas desde la fe y desde el compromiso que nos une. Y me gustó porque reunió, en algunos momentos, a unas trescientas personas, que por el motivo que fuera se unieron al evento. Y me gustó porque no hemos sentido vergüenza de caminar por las calles de nuestro pueblo, por la avenida principal, cantando, rezando y llevando en medio de la gente a la imagen del Cristo que era el que nos congregaba.
        
    En nuestra bendita tierra canaria las cartas son un motivo, también, de reunión, de encuentro, de compartir. También, a veces, son motivo de discusión, de enfados pasajeros... y todo por el furor del propio juego que hace que todos queramos tener la razón defendiendo la jugada o la estrategia que empleamos.
            En ese viacrucis, como digo por la avenida principal del pueblo, pasamos por delante de varios bares donde la actividad principal es la zanga o el dominó. Curioso: se practique o no a nivel religioso; se rece o no particular o colectivamente, se acuerde o no uno de los santos cuando las cosas nos salen mal.... pero todos, especialmente los mayores, al paso del Cristo, dejaban la baraja, dejaban el dominó y se ponían de pie y se descubrían, el que lo estaba. ¡Que bonito!
            Y es que el Dios de la vida allá por donde pasa, hace que las situaciones que nos rodean se conviertan de otra manera. El Dios de la vida, que aparece crucificado, hecho una piltrafa, muerto... nos invita a no quedarnos en la oscuridad de la noche, sino a contemplar y transmitir la luz de la vida. y es que cuando dejamos de hacer lo que estamos haciendo, cuando el abuelo deja de jugar a las cartas, cuando el padre se para por la calle y le explica al niño lo que está viendo, cuando la gente al salir del supermercado se para y le saca una foto al Cristo, es que.... no está muerto, ESTÁ VIVO
            El evangelio de esta Pascua, la buena noticia es que la vida vence a la muerte. Y nos tenemos que echar a correr para anunciarlo, aunque las posibilidades que nos ofrece lo que nos rodea a veces no sean las mejores. María Magdalena, echó a correr. A María Magdalena se le cayó el alma a los pies cuando su "gozo en un pozo" porque lo que iba a buscar no estaba; porque con lo que había vivido y compartido resulta que ahora no tenía sentido.
            Pero no nos olvidemos que "mientras hay vida hay esperanza". Y los cristianos tenemos que ser testigos de la esperanza. No testigos de un Cristo desgarrado, humillado y azotado, sino testigos de la esperanza de un sepulcro vacío porque a la vida no se le puede encerrar. Hemos pasado del servicio del jueves, al sacrificio del viernes pero hemos desembocado en la gran fiesta que nos invita a recorrer las calles.
            Una fiesta que tenemos que vivir allí donde estemos: en la zanga, en el trabajo, con la familia, en los ratos de ocio.... Una fiesta llena de esperanza en la que tenemos que preguntarnos si somos portadores del contagio, si los que nos ven son capaces de decir que merece la pena salir de un sepulcro vacío, pero salir corriendo y anunciar que Cristo ha resucitado.
     
       ¡Que bonito!. Amigos, no nos olvidemos de que no hay que apagar la llama que nos mantiene con esperanza. Cristo ha resucitado y nosotros damos testimonio de ello.
            Feliz Pascua
        Hasta la próxima
            Paco Mira

viernes, 7 de abril de 2017

¡ JÓVENES, NO SE HAGAN LOS SUECOS EN SEMANA SANTA!

¡ JÓVENES, NO SE HAGAN LOS SUECOS EN SEMANA SANTA!

Que España es un país de refranes, eso no lo niega nadie. Que a veces los refranes nos ayudan a expresarnos, eso seguro y que a veces los refranes se utilizan cuando menos se tiene que hacer o incluso a destiempo también es verdad. No quiero, este fin de semana, hacer un refrán fácil con ánimo de molestar a nadie. Pero verán que creo que vienen a cuento.

Dicen que tiempos pasados fueron mejores. En parte puedo estar de acuerdo: en algún tiempo la peseta tenía un valor que para algunos era ejemplar; en algún tiempo el sueldo daba para llenar algún carro de la compra y casi todo el mundo estaba contento; en algún tiempo las Iglesias estaban llenas, etc... y así podríamos seguir enumerando. En definitiva muchos o la gran mayoría estaban contentos.

Incluso, cuando la Diócesis con su Obispo a la cabeza organizaba un encuentro de jóvenes, los lugares donde se celebraban se "atestaban" de gente joven que daba vitalidad a aquellos lugares por donde pasaban. Todavía recuerdo aquel 1991, en Vecindario, cuando a la sombra de Ramón Echarren cerca de 3.500 jóvenes invadieron la localidad del sureste. No era un día, eran dos: alegría, fiesta, implicación, cercanía, animación... viento, calor.

Este fin de semana, también a la sombra de nuestro Obispo D. Francisco, y en el Tablero, habrá un encuentro de jóvenes. Lejos quedaron los 3.500 jóvenes; lejos, quizás, queda el entusiasmo de muchos del lugar que esperarían ansiosos a una multitud que diera un poco de savia joven al lugar. Probablemente sean muchísimos menos que los de hace 26 años se juntaron en Vecindario, aún así los seguiremos contando y diremos, "pues nada más que fueron...." Pero, ¿saben?, los jóvenes aquellos de Vecindario son los padres de los de ahora. Los que antes acudían a todos los encuentros que se convocaban son los padres de los que probablemente no vayan nunca. ¿Qué pasó?. Como cantaría Mecano, "¿dónde está nuestro error"?.

Ahora que comenzamos la semana santa, inaguramos también la playa. Parece un protocolo casi establecido y obligatorio. Es casi como una liturgia con su ritmo y tiempo acompasado a los acordes de pasos de semana santa que nos suenan como lejanos y ajenos a nuestro propio ser de cristianos.

Probablemente nos haremos los suecos y miraremos para otro lado. Hacerse el sueco es no entender lo que sucede, no querer involucrarse por no entender la lengua. Todos, en esta semana, deberíamos ser un poco o mucho suecos. El terror y la muerte siguen pululando indiscriminadamente, pero es un lenguaje que todos entendemos y que desgraciadamente algunos lo escriben con su propia sangre.

Me gustaría que los jóvenes y los que no somos tan jóvenes, contempláramos esta semana con sentido actual lo que en ella va a suceder. Curioso que en un tiempo donde nos aferramos a lo más intimo de un móvil, la escena aparece con un Jesús que pide todo prestado: un burro prestado, un cenáculo prestado... no tiene nada propio y nosotros a lo nuestro que nadie me estorbe.

Un momento de servicio, de echar una mano a los demás, de solidarizarse con los que nos piden: ¡cuántos pies cansados de kilómetros y kilómetros de fronteras, pasaportes, papeleo burocrático, campos de refugiados

que no reúnen las más mínimas condiciones .... y "lo que yo hice con ustedes, háganlo ustedes con los demás!. ¡Que trabajito nos cuesta echar una mano al que lo necesita, sin saber su nombre, ni su apellido, simplemente por ser humano como yo.

¡Cuántos Cristos sigue habiendo en la vida!.¡Cuántos crucificados del paro, de la violencia de género, de los abusos escolares, de incomprensiones familiares, de desahucios inhumanos, de refugiados a los que les cerramos las puertas, de víctimas del odio y del terror en Suecia, en Siria y tantos y tantos que no salen en los medios de comunicación....!

Dejaré para la próxima, el final de esta reflexión. Quizás la luz tengamos que aportarla nosotros en virtud de la que hemos cogido el jueves y el viernes

Feliz semana para todos

Hasta la próxima


Paco Mira