viernes, 7 de julio de 2017

PORFI, UN ALIVIO. GRACIAS

La semana pasada, hablaba de la televisión y, perdón por ello, esta semana voy a volver hacer lo mismo. No es que esté pegado a ella, aunque lo parezca, pero quizás por el tiempo en que la veo, puede ser que aparezcan los programas no que a uno le interesa, pero sí que uno puede sacar algo de provecho. Esta semana le toca el turno a Risto Mejide. Confieso que hubo un tiempo que le tenía manía, quizás no fuera muy evangélico esto. Pero cuando se sentaba en el sillón de Chester hubo entrevistas muy buenas que me han enganchado. Los protagonistas se desnudaban - en el buen sentido de la palabra - e incluso se podía aprender de los errores y aciertos de los invitados.
 Esta semana vi la entrevista que le hizo, en un programa dedicado al amor, a Andrés Aberasturi. Un fenómeno de persona, gran profesional, gran periodista y comunicador, hombre de radio... pero al que le vida le dio un toque: tiene un hijo, Cris, que tiene una parálisis cerebral. En esa entrevista, Risto le preguntaba que qué había pasado y él empezó a desgranar todas las posibilidades que se le habían pasado por la cabeza con la intención de dar la respuesta al problema de su hijo: se preguntaba por qué la vida había sido tan injusta con su
hijo; por qué le había tocado a él; por qué se truncaba la vida de un niño de esa forma y manera; que dónde estaba Dios al que le preguntó por qué y dijo que solamente había silencio y que no era capaz de encontrar una respuesta ni en la religión y menos en Dios. 
 Les confieso que la entrevista me dejó tocado. Y me dejó tocado porque muchas de las preguntas que se hacía Alberto se la hacen miles de padres que tienen un hijo o un familiar en esas circunstancias. Buscamos respuestas a la inmediatez de la grandeza - a veces absurda - de la vida. Buscamos el ya de una respuesta que quizás no le vemos la salida, entre otras cosas, porque nos tocó a nosotros.
 Esto viene a cuento, porque en el evangelio de esta semana (Mateo 11,25) me gustaría darle la respuesta a Alberto y a tantos que desde el anonimato viven situaciones parecidas a Alberto. Sé que mi reflexión es desde quien no vive esa situación, pero que me gustaría que me sirviera a mí también. Es curioso como la vida nos pone a prueba en infinidad de situaciones y Jesús en ese evangelio empieza dando gracias, porque lo importante de la vida se lo esconde a los sabios y se lo revela a los sencillos y humildes. Ante la grandeza de la vida (¿cruel a veces?) de nada valen las carreras, los diplomas... solo vale la desnudez de lo que somos,.
 Jesús sigue diciendo que nos aliviará, pero claro, ahora viene la pregunta ¿cómo?. Seguro que Alberto me diría, ya Paco, pero cómo lo hago. Jesús no habla de quitar la carga a nadie, no es el mago de la tribu, pero sí habla de aliviar el peso de la carga, de aliviar la tragedia. A veces nos sentimos como bueyes atados a un yugo que resoplamos cuando la carga es pesada y no entendemos el por qué.
 Dándole vueltas a la respuesta que Alberto busca, quizás no es que
Dios esté escondido y no quiera, quizás, seguro, Dios está con Cris. Dios está con Alberto en ese agobio de preguntas que buscan respuesta y que según él no encuentra. Probablemente Alberto buscaba una respuesta racional a un problema que siéndolo no tiene esa respuesta. Jesús no quita la cruz, Jesús camina con nosotros, a nuestro lado, tira de las dificultades con nosotros, siempre a nuestro lado y nunca desde la lejanía.
 Todos buscamos la varita mágica que saca un conejo de una chistera. Jesús no es ese. Jesús cargó con su cruz y sigue cargando con infinidad de cruces que a lo largo de la vida se van sucediendo en infinidad de situaciones y momentos como muy concretos. También en el caso de Alberto Aberasturi y de su hijo Cris. Jesús va con él, carga la cruz con él. Solo hay que querer verlo y lo encontraremos.
 Alberto estoy/estamos contigo. Con los que buscan como tú. También con los que encuentran, seguro, como tú. Animo
 Hasta la próxima y feliz verano
 Paco Mira

jueves, 29 de junio de 2017

CON LA COMIDA NO SE JUEGA, Y MENOS AHORA QUE CARGAMOS CON MÁS DE UNA CRUZ

CON LA COMIDA NO SE JUEGA, Y MENOS AHORA QUE CARGAMOS CON MÁS DE UNA CRUZ
           
            Creo que todos vemos la televisión. Es más: normalmente vemos aquellos programas que incluso nos atrevemos a decir que no sirven, que son una basura, que cambiamos de canal. Sin embargo es curioso que en cualquier tertulia o conversación
familiar o de amigos hablamos, comentamos, opinamos… sobre aquellos programas que decimos que no vemos o que decimos que deberían quitar de la parrilla de la programación.
            Esto es lo que me pasó a mí. El otro día viendo un programa de una cadena que en mi televisión se coge en el número cinco, viendo a unos individuos en una isla que dicen que pasan mil calamidades e incluso hambre, había una prueba que el que la ganara tenía que comer, con las manos a la espalda, una pata de cochino cocida, atada a un madero y que solamente se podía utilizar la boca. Todo esto jaleado por un presentador que cuando habla parece emular a la infabilidad pontificia porque da la impresión de no equivocarse y hablar en nombre de la mayoría, porque esta le aplaude.
            La pata de cochino había que comerla en un tiempo determinado y lógicamente cuando acabó el tiempo, la pata también acabó destrozada y probablemente acabarían tirando la pata, puesto que en una sociedad tan fina y sofisticada como la nuestra, la del primer mundo, ¿cómo podemos comer una pata mordida por otros?. ¡ Que pena!. Los mismos que nos quejamos de la televisión somos los mismos que fomentamos dichos programas y lo que conlleva esto.l
            Lógicamente si me lee el que presenta el programa, probablemente dirá que es demagogia, pero ¿diría lo mismo o también es demagogia el que no llega a fin de mes o que no tiene para ir todos los días al supermercado?. Porque puede ser que yo tenga para ir al super todos los días, pero eso no quita que me duela que se juegue con la comida y más en los tiempos que corremos.
            Decía el otro día el secretario general de caritas que nos hemos acostumbrado a la pobreza, incluso los pobres. ¡qué triste!. La sociedad y los que la formamos nos hemos acostumbrado y nos hemos adormecido ante una realidad a la que no somos capaces – o no queremos – darle una solución. Parecemos anestesiados, que ya no nos produce dolor, lo que otros hagan con lo más básico como es la comida.
            Dice el evangelio de este fin de semana, que cada uno tiene que ser consciente de llevar su propia cruz; que tiene que apuntarse al seguimiento de quien nos ha marcado el camino para poder llegar a la felicidad y este camino no pasa por la televisión o al menos en ciertos juegos a los que nos invita la misma.
            Hemos de prepararnos para ello. La primera lectura nos recuerda como hay que
acoger a los que nos visitan. La primera lectura del libro de los reyes (2Re 4,8) nos recuerda como una mujer le prepara al profeta Eliseo su casa. ¡Cuántos, en la vida de cada día, en nuestro caminar diario, nos piden que les acompañemos, que les acojamos…. Que no pasemos de largo ante su dolor y ante sus angustias….! Y nosotros, probablemente, nos quedemos viendo la televisión y en ella programas que juegan con lo más básico y que no se debería jugar con ello.
            Dios toca todos los días en la puerta de cada uno de nosotros. Dios todos los días nos invita a mirar al pobre, al desvalido, al que nada tiene… entre otras cosas porque es Dios mismo quien se refleja en los más necesitados.
            No nos dice que no veamos la televisión, pero sí que seamos más críticos con lo que esta nos ofrece y sobre todo si se trata de comida en tiempos de crisis, con esta no se juega.
        Hasta la próxima y feliz verano
            Paco Mira

viernes, 23 de junio de 2017

OJO CON LA POLILLA. NOS CARCOME SIN MIEDO



            Les recuerdo algo que ya saben: ¡ estamos en verano!. . El veranos es ese tiempo que muchos desean, quieren, aprovechan…. Es el tiempo del calor, aunque algunos estén – perdón por la expresión – calientes de antemano; es el tiempo de las vacaciones, ese tiempo en el que muchos deciden o decidimos procurar hacer aquello que a lo largo del año no hacemos, es decir nada.
            Pero también es verdad que es un tiempo que nos sirve para ponernos al día de cosas que habíamos dejado  para este momento: arreglar aquello estropeado, poner al día aquella carpeta de papeles que a lo mejor tenía que haber arreglado hace tiempo y por qué no, arreglarme yo que quizás esté un poco abandonado.
            La polilla es ese animal que detestamos con frecuencia, entre otras cosas porque nos come aquello que con sudor, esfuerzo, quizás sacrificio, nos ha costado tener. Y la polilla no se esconde, al contrario: va dejando su huella por donde quiera que va: su montoncito de serrín la delata. Se va adueñando de aquello que quizás no le corresponda, pero que estropea lo que no le corresponde.
            Estos días veía con desolación el incendio de nuestros hermanos portugueses: más de 60 personas a las que un “golpe de sentido contrario” le ha llevado a encontrarse antes de tiempo con padre Dios. La verdad es que cuando uno mira las imágenes de la desolación, cuanto menos se pregunta por qué; ¿qué hicimos mal?. Probablemente preguntaremos que donde estaba Dios en esos momentos, como si Dios fuese el mago Tamariz que es capaz de controlar la naturaleza para su propio antojo y espectáculo para los demás.
            También me pregunto si nosotros esperamos, a veces, que Dios haga como los magos, un truco en nuestra vida para que desaparezca la polilla. ¡cuántas cosas se van destruyendo en nuestro interior y en nuestra vida y que no somos capaces de ponerle remedio!. Probablemente el serrín, el odio, el dejar de hablar, el rencor, la envidia…. Nos delata que la polilla está en nosotros.
       
     El verano es buen momento para resarcir lo estropeado. El verano es buen momento para reparar lo que creemos estropeado; el verano, dentro del descanso, es para quitar los montoncitos que delatan que la polilla ha hecho mella en nosotros. 
            A veces el verano nos supone tal descanso, que hasta pensamos que Dios también descansa y por ello no puede atendernos, como si tuviera un despacho que cierra en los momentos estivales. Quizás es el momento para ponernos al día y reparar la carcoma que durante el invierno nos ha ido entrando. Dice el evangelio de este fin de semana (Mateo 10) que al que no confiese a Jesús, él tampoco nos confesará ante el Padre y al revés que al que lo confiese él lo confesará ante el Padre. Muchos toman vacaciones también en el verano, y ojo Dios no descansa ni en vacaciones, aunque va con nosotros y con su toalla a la playa.
            Este mismo evangelio también nos dice “no tengan miedo”. Es verdad, pero se lo dice al refugiado que acabamos de celebrar su día, por desgracia (si no hubiera la necesidad de tener que ser refugiados, probablemente no tendrían su día); se lo dice a la mujer maltratada; nos lo dice a todos y cada uno de nosotros cuando ciertos elementos de corte terrorista pretenden perturbar nuestra paz; se lo dice a los hombres y mujeres que buscan un trabajo para poder sacar a sus hijos adelante; se lo dice a los que la injusticia de la ley le convierte en habitantes de la calle porque les han quitado la casa. No tengamos miedo a decir que Jesús de Nazaret es el gran tipo que todos buscamos y queremos.
            Animo, feliz verano a todos aunque nos sigamos leyendo a través de estas páginas.
        Hasta la próxima
            Paco Mira

viernes, 16 de junio de 2017

DESPACITO, MOZAMBIQUE Y EL CORPUS

A veces las modas las marcan las canciones. Pero no se crean que es una novedad del siglo XXI. Los que peinamos canas, nos acordamos de autores, canciones... que marcaron una época, un estilo y hasta una forma de comportamiento de muchos de nosotros. Ahora le toca a una canción que está haciendo furor, y si les digo la verdad creo que no es mejor que otras, lo que pasa que es que le "ha pillado" en buen momento: " Despacito". Y no es porque la canción sea precisamente el título de la misma: ¡ tiene una marcha increíble!.
El otro día me enviaron un wass en el que un cura, de Córdoba, en el que habían adaptado la música de esta canción a una de la Iglesia: ¡no vean la marcha que en aquella Iglesia había!. Y yo me preguntaba, si para captar "clientes" había o hay que recurrir a ello. Porque claro, después también
me preguntaba si cuando la moda de Despacito acabase, ¿qué pasaría?. He ahí el dilema. ¿Seguiría habiendo gente que celebrase la fe de aquella manera?. Me acordé de aquella frase evangélica, “Cuando el Hijo del Hombre se vaya, ¿seguirá habiendo fe en la tierra?”
Estos días me he encontrado con cuatro mujeres que han venido de Mozambique. Han compartido espacio en el arciprestazgo, han compartido su vida y experiencia, pero sobre todo han compartido la fe. Y había que ver la forma de hacerlo: cantando, bailando, … no miran el reloj. Me resulta curioso curioso que este fin de semana han compartido la fe en San Rafael y alguno se fue por largo, otros diciendo que casi no acaban…. Pero ¡qué prisa tenemos para dedicarle al Señor un tiempito de nuestra vida!
Cuando veía a estas mujeres reflexionar, meditar, expresar con el cuerpo el perdón, la acción de gracias, el santo… casi me preguntaba que a veces mucho estudiar teología, liturgia y sin embargo no somos capaces de ir más allá de los 35 minutos que tiene que durar nuestra eucaristía, es como si tuviéramos prisa (que de hecho la tenemos), para compartir con Aquel que decimos que es el Camino, la Verdad y la Vida.: ¡viéndolas a ellas cuanto me acordé de la canción de despacito!.
Este fin de semana celebramos el Corpus. Una comida. El Cuerpo y la sangre de Jesús. Celebramos que las cosas, despacio, saben mejor, hacemos mejor la digestión. Comer con otros en la misma mesa, favorece el diálogo, favorece el descubrimiento de compañías que probablemente no sabíamos que existían; compartir mesa supone valorar al otro en su justa medida.
A veces por nuestro trabajo, de jornadas partidas, de horarios que no son al uso, desaprovechamos oportunidades que pueden ser únicas. Siempre se tiene en la mente a esos peninsulares de sobremesas interminables. Pero ¡cuántas amistades, negocios, encuentros…. Se hicieron al calor de un cafetito, de una copa, de …. una gran sobremesa!.
Creo que esto es lo que tiene que ser este fin de semana. Es lo que tiene que ser lo que celebramos. El saborear, el disfrutar, el compartir...lo que se parte y reparte en beneficio de todos y cada uno de nosotros. Saborear con calma un almuerzo, una compañía, una amistad.
Alfombremos nuestras calles, porque en el fondo una alfombra da calor, evita suciedades, decora y valora la imaginación y buen hacer de aquellos que se molestan y levantan temprano para que los demás podamos disfrutar de aquello que luego vamos a compartir.
Amigos esta es la fiesta del corpus. Gracias a las amigas de Mozambique que me hacen ver la vida sin prisa; gracias por ayudarme a saborear lo esencial e importante de la vida que se llama Jesús de Nazaret
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 9 de junio de 2017

¡ TRES EN UNO. UFF. UN POCO COMPLICADO!

¡ TRES EN UNO. UFF. UN POCO COMPLICADO!
Nada más mencionar lo de tres en uno, todo el mundo ya sabe a lo que nos atenemos. Un problema atascado, un poco de tres en uno y se soluciona el mismo. ¡De cuantos problemas nos ha sacado el
desatascador!. Pero es verdad que no es duradero, y de vez en cuando hay que volver a aplicarlo. Pero esa es la historia.
Recuerdo que un niño una vez me preguntó, “Paco, ¿qué es eso de la Trinidad”. Sobre la marcha se me ocurrió decirle que era un Misterio. No mentía, pero probablemente no solucionara la duda del niño, y recurrí a lo más fácil: ¿Tienes un papá, verdad?. Sí; ¿a qué se dedica?, trabaja en un banco; ¿tiene alguna afición?. Sí, hace natación. Le dije yo, ah, ¿tienes tres papás?. No, Paco, uno solo, con un tono de extrañeza por mi ignorancia. Le dije eso es como la Trinidad: tres en uno, pero no distintos, el mismo.
Eso es lo que celebramos este domingo. Por ello me gustaría compartir el modo de proceder de Dios en el mundo de hoy. Nuestro Dios, no es un Dios lejano que se queda impasible ante el dolor y el sufrimiento de cientos de miles de sus hijos. Probablemente muchos se preguntarán ¿dónde estaba Dios cuando la muerte tocó en la puerta de Londres o de Paris?. Pues seguro que no estaba con quien habla por medio del silbido de las balas o de las bombas.
Probablemente nosotros estamos viviendo la globalización de la indiferencia, la anestesia que produce la civilización del espectáculo y la impotencia que sentimos ante los mercaderes de la muerte, que incluso nos quitan hasta las ganas de implicarnos en causas justas. Me gustaría que fuésemos capaces de mirar con la mirada de Dios, capaces de mirar a nuestro alrededor para ser capaces de implicarnos. El resultado de esa mirada es la llamada a la redención del género humano. Dios nos ama tanto que abandonando su condición divina, hace que su Hijo, asuma la condición humana y se haga solidario con nuestra historia: aquel Dios lejano del Antiguo Testamento, inaccesible, se hace carne, camino, verdad y vida, ya que Dios no envía su hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo.
Cuando la gente pregunta,ante la barbarie, donde está Dios, habrá que responder que estaba sufriendo con las víctimas, llorando con las viudas y con los huérfanos, naufragando en las pateras con los inmigrantes, haciendo jirones en la piel cuando saltan las vallas que separan los pueblos hermanos, pasando hambre y frio con los habitantes de la calle, cargando piedras para construir puentes de reconciliación.
Nosotros podemos echarle una mano a Dios. Nuestras voces pueden ser un susurro en medio del atronador ruido de las balas y de los cuchillos. Por ello muchos susurros puede convertirse en una auténtica coral que acalle fusiles y levante la voz para cantar a la vida, a la justicia, a la paz, a la reconciliación y al amor.
Es la hora de levantar nuestra voz y juntar nuestras manos para ayudar a Dios a hacer la redención del género humano. Es la hora de la unidad, siguiendo el ejemplo de la comunidad trinitaria, aportemos lo mejor de cada uno de nosotros a la tarea de reconstruir el mundo. No fijemos nuestra mirada en lo que nos separa, sino en lo que nos une.
Echar una mano a Dios implica ser capaces de dejar nuestro lugar de confort para lanzarnos a la búsqueda creativa de alternativas de convivencia que hagan posible otra forma de vivir en el mundo.
Probablemente el niño que me preguntó no entienda mucho lo que acabo de escribir, pero seguro que sus padres sí. Por ello eduquemos desde la infancia al susurro de la unidad en la
diversidad. La Trinidad es la que nos tiene que servir de unidad en la consecución de los logros que nos proponemos. Por ello nos debemos invitar a por lo menos intentarlo.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 2 de junio de 2017

¡ ESTOY HASTA EL GORRO DE LAS PALOMAS!

¡ ESTOY HASTA EL GORRO DE LAS PALOMAS!
Pues no se crean que no es un problema. Tengo un amigo que tiene
una casa que no habita con frecuencia y cada vez que da una vuelta viene cabreado. Motivo, que las palomas se han hecho dueñas de su azotea, con lo que eso conlleva: suciedad, infecciones, mortandaz de las mismas.... y las soluciones que le dan son inviables: de tiros nada; de eliminación clandestina tampoco. Me preguntaba, Paco ¿qué hago?. La verdad es que no supe que contestarle, pero sí reconocía que la desesperación de aquel hombre era grande y eso que la paloma siempre fue el símbolo de todo lo contrario de mi amigo: paz, tranquilidad, portadora de la rama del vencedor.... y mi amigo...
Hoy celebramos una de esas fiestas que quizás puedan quedar en la sombra por aquello que el fútbol puede eclipsar los acontecimientos de esta semana. Muchos estarán en Cardiff, muchos lo verán por la televisión, y otros probablemente estaremos pendientes de una vigilia de Pentecostés, de celebrar la fiesta del Espíritu. Muchos nos juntaremos para celebrar juntos que el Jesús que el domingo pasado decía que se iba, nos dejaba su legado y su fuerza para continuar la labor.
Muchos, quizás por la tele o por otros medios, nos pasamos todo el año "mirando al cielo"; o quizás mirando para otro lado; o quizás no queriendo ver la realidad de la buena noticia que llamamos evangelio. Y Pentecostés es precisamente la fiesta de la actividad, es la fiesta del fuego que cicatriza y curte la piel, el ánimo y el corazón de aquellos que nos sentimos comprometidos. Mirar al cielo es darle la espalda a un compromiso que tiene los pies en la tierra y que además tiene nombre y apellidos.
A lo largo de la historia el Espíritu se ha representado como una lengua de fuego que sopla donde y como quiere. A lo largo de la historia se ha representado como una paloma que se va posando sobre las cabezas de todos y cada uno de nosotros. Pero es una paloma que no es como las de mi amigo, que nos tiene hasta el gorro, sino que una paloma que invita a sus hijos a que le acompañen en el vuelo.
Hoy es la fiesta de todos. Hoy es la fiesta de la Acción católica y del apostolado seglar. Hoy es la fiesta en la que cabemos todos los que nos sentimos comprometidos y que una paloma, el espíritu de Dios, nos invita a volar lo más alto posible, pero nunca mirando solamente al cielo, sino que a "Dios rogando y con el mazo dando".
La vida, nuestra vida, cada vez nos depara más sorpresas, La vida cada vez nos interpela más sobre los acontecimientos que nos van sucediendo: cada vez los tiros son más frecuentes; las violencias de género son más abundantes, los casos de corrupción están más al orden del día.
Quizás tengamos que preguntarnos si a nosotros se nos nota la fuerza que nos impulsa a dar ejemplo de aquel a quien decimos que creemos; quizás tengamos que preguntarnos si tenemos fuego por dentro que nos invita a correr y anunciar que Jesús, el que se fue el domingo pasado, resulta que es el que nos dice: "¡venga, va. A currar. La mies es mucha y los obreros pocos!". Y no solo que los obreros son pocos sino que cada vez somos menos.
Esta es la fiesta. Esta es la alegría. Esta es la ilusión: Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo, Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido. Ya tenemos que ser mayores de edad en la fe. Ya el carnet de
nuestro testimonio nos dice que tenemos que dejar el cobijo de los mayores y que tenemos que empezar a trabajar por nuestra cuenta.
Demos testimonio, hoy y siempre que las buenas noticias merecen la pena y esta lo es y por ello merece la pena.
Feliz Pascua
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 26 de mayo de 2017

NO SÉ, SI SE NOS PUEDE DEJAR SOLOS


 En el fondo es lo que celebra la Iglesia en el día de hoy, con la fiesta de la Ascensión. Y digo que no sé si se nos puede dejar solos, después de lo vivido esta semana en Manchester. Probablemente muchos padres habrían dado la oportunidad a sus hijos de hacer aquello que ellos siempre han querido hacer: sentirse libres y
responsables por unas horas; me imagino que muchos padres han recordado todo lo que normalmente hacen: ten cuidado con lo que bebes; ten cuidado con el móvil; si necesitas algo no dudes en llamarnos; no fumes; mira a ver con quien te juntas… Probablemente los hijos habrán contestado con una sonrisa de satisfacción por sentirse protagonistas un día: “¡ que sí, mamá/papá. Que pesado/a eres!”
 Y es curioso, por desgracia, que algunos de esos niños han cumplido lo que sus padres les habían recomendado, pero no han vuelto a casa. Los padres los han buscado con cierta esperanza – que por cierto es lo último que se pierde -, pero que ésta se ha desvanecido.
 Lo más triste y es lo que también me cabrea – con perdón – que la razón que dan los que hicieron lo que hicieron, es que lo hicieron en nombre de Dios. Me gustaría compartir que probablemente es más fácil decir lo que no es Dios, que lo que sí es: Dios no es odio, Dios no es rencor, Dios no es el silbido de una bala; Dios no pone colorado a nadie; Dios sí es amor, y no solo porque la Biblia lo dice, sino porque: “dejen que los niños se acerquen a mí y quien no se haga como uno de ellos no entrará en el reino de los cielos”. Ese y este es el Dios de los cristianos, de los musulmanes, de los judíos. Es el Dios de todos y cada uno de nosotros. Es el Dios que llora con el que llora y sufre; es el Dios que acompaña a los que sienten solos y abandonados y que seguro acompañará a los padres que se sienten solos y a abandonados… pero nunca es el Dios doliente y sufriente y menos un Dios sanguinario. Por ello pediría, casi exijo, que nunca se diga el nombre de Dios en vano; que nunca se digan que las tragedias se hacen en nombre de Dios.
 Este fin de semana se celebra la ascensión. Es casi como decir que ya tienes que caminar solo, aunque yo te acompaño en la sombra y en el silencio para que no te pierdas. Los hinchas del Liverpool, equipo de fútbol inglés, le cantan a su equipo: “ You Will never walk alone” (nunca caminarás solo). Dan a entender que el equipo, pase lo que pase, nunca estará solo en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas….

En la Ascensión, Jesús nos pone en la tesitura de qué podemos hacer a partir de ahora que ya sabemos volar, que ya sabemos lo que tenemos que hacer. Jesús nos ha dejado los deberes, solo nos queda el hacerlos, las líneas maestras están marcadas; lo que tenemos que resolver está definido… tenemos que madurar en la fe, sin el maestro, como le sucedió a los Apóstoles, entre otras cosas porque el propio Jesús confía en nosotros. Pero claro, casos como los de Manchester no se si podremos caminar solos.
 Me gustaría que seamos capaces de caminar solos, con madurez, en la fe. No porque no queramos que nuestros mayores nos acompañen, sino  que hemos sido capaces de asimilar aquello que consideramos como bueno. Es mucho el camino que nos toca recorrer. Veía no hace mucho a una madre que se emocionaba porque su hija hizo la primera comunión. Esperemos que las lágrimas sirvan porque su hija hizo la primera, la segunda, la tercera…. Las
lágrimas son porque su hija ha madurado y continúa en la fe que su madre le ha inculcado.
 Feliz Pascua
 Hasta la próxima 
 Paco Mira