viernes, 16 de febrero de 2018

CUARENTA DÍAS, ¿PARA QUÉ?

CUARENTA DÍAS, ¿PARA QUÉ?
          
  No se crean que la pregunta que encabeza esta reflexión es "baladí", es decir que no tiene sentido. He traducido la palabra Cuaresma, por si alguno de los que me leen no entiende bien lo que quiero decir. Es más: estos días en que le damos patadas al lenguaje y al diccionario pero a altas esferas(portavozas, por ejemplo), justificando ciertas reivindicaciones, no quiero por ello que la palabra cuaresma sea de las que se meta en el mismo cajón que las demás.
            El otro día alguien me preguntaba y me decía que si la ceniza era de los cigarros que los curas - los que lo hacían - fumaban. En un principio me lo tomé como algo que entraba dentro de las bromas que hacia la religión se suelen dar, pero resulta que no: era algo absolutamente en serio. Pensaban que el inicio de la cuaresma se hacía con los restos de la ceniza que se recogía de varios ceniceros por ahí delante, en algunas casas parroquiales, o no sé en donde.
            Siempre he dicho que la Iglesia es una gran pedagoga. Quizás la más grande de todas, porque entre otras cosas tiene que dar a entender a través de gestos y símbolos aquello que es un misterio y que no se puede entender con la simple palabra: ¡qué hermoso y maravilloso es que a través de una ceniza, de un simple polvillo... se nos haga ver la pequeñez, lo simple y sencillos que somos, lo frágiles y poco altivos que tenemos que ser!.
            Cuarenta días de peregrinación. Cuarenta días de desierto, cuarenta días de interiorizar aquello que probablemente otros se lo tomen con la suficiente frivolidad para no darle la importancia que para nosotros tiene que tener y que no siempre tiene. ¿Saben?. A veces uno le gustaría volver a los tiempos del judaísmo primitivo en que los sacramentos - lo que hoy son para nosotros - se daban y recibían después de un proceso de interiorización largo en el que la comunidad de referencia de acogía, te animaba y servía de referencia.
          
  Si eso es así, podremos en la actualidad  entender el por qué de cuarenta días. Podrían ser diez, dieciocho... pero son los que son, porque las cosas importantes se preparan con tiempo, sin prisa y con calma. Un tiempo en el que los ingredientes son muy sencillos. La mochila no tiene que ir excesivamente cargada. 
            Por un lado el AYUNO. Vivimos en la sociedad de la gran tecnología. En la sociedad en que el tener puede más que el ser y el privarnos de cosas no va en nuestro pack de cada día. Probablemente el AYUNO no es tanto pasar hambre, porque eso va en contra de los principios del propio Dios. Pero de qué cosas puedo prescindir en esta vida. Probablemente de muchas que no me hacen falta. Y si aligero la mochila, seguro que camino mejor estos cuarenta días que me quedan para la fiesta principal.
            Por otro lado la LIMOSNA. ¡Qué fácil, cuando uno tiene dinero, es escoger a los que tengo que ayudar!.¡qué fácil es que la gente dependa de mí, pero yo no dependo de nadie!. Solo el que se siente necesitado sabe entender la ayuda que otros necesitan. Dar limosna no es dar de lo que me sobra sino compartir lo que tengo con aquel que le hace falta.
            También habrá que ABSTENERSE, pero ¿de qué?. Creo que no hay una fórmula unánime que nos permita que todos ayunen, den limosna y se abstengan de la misma manera. Creo que tenemos infinidad de cosas que no nos hacen falta para el camino. Un camino que va a estar lleno de dificultades, de piedras que obstaculizan que los cuarenta días sean los mejores.
            Antes se decía, que éramos polvo... ahora se nos dice que nos convirtamos y creamos que el mensaje de Jesús es el válido, es el que nos hace coger sentido en la vida que recorremos. Convertirse es volver a empezar de nuevo, es sentirnos como la ceniza, polvo que llevada por el viento es capaz de llegar a todos los lados, pero para ello hay que ser conscientes de la humildad de la ceniza.
            Cuarenta días, ¿para qué?: para preparar la gran traca final de la Pascua. Para llegar a la gran fiesta que hace que los cristianos nos demos cuenta que tenemos un hueco en la vida y que nuestro mensaje no ha acabado el viernes santo, sino el domingo al alba, con la luz.
            Déjenme que les diga, Feliz Cuaresma.
            Hasta la próxima
            Paco Mira

viernes, 9 de febrero de 2018

DE CONMEMORACIONES Y ENFERMEDADES


Vivimos en una sociedad contradictoria en muchos de sus aspectos. Por una parte - y me lo han oído en más de una ocasión - cuando celebramos algo es que eso que celebramos no funciona, por eso hay que recordarlo para que la gente no se olvide; pero por otra parte si no lo recordamos probablemente lo que queremos que funcione no lo hace. Es un poco la pescadilla que se muerde la cola. Y eso es lo que me parece que va a suceder este fin de semana.
Muchos tienen la mirada puesta en Francia: el país de la república, el país del laicismo, el país del liberalismo... el país de la paradoja de la igualdad, y de la fraternidad, pero donde la religión queda relegada al ámbito de lo privado porque en lo público no tiene sitio ni cabida. Es el país que en su momento, María, nuestra madre en la fe, escogió para manifestarse a los humildes y sencillos en el pueblo de Lourdes. Es allí donde este domingo todas las miradas están puestas, desde la fe, en la esperanza de que los milagros puede ser que sigan operando, y extendiéndose de forma que sean lo más operativos posible.
Este fin de semana muchos correrán para creer que sus enfermedades serán curadas y sanadas. Este fin de semana se rezarán más rosarios que nunca. Este fin de semana hasta el que no cree, probablemente, será el mayor de los creyentes que existen bajo la tierra. Se lo juro: se me pone la piel de gallina cuando la gente es capaz de manifestar su fe de esa manera y yo no soy capaz de ello.
Pero también este fin de semana celebramos la campaña de Manos Unidas, la campaña contra el hambre. Leía el otro día que solamente en un año mueren hasta 60 millones de niños en el mundo de hambre, sin contar los que no son tan niños. La verdad es que las cifras son abrumadoras, son demoledoras y creo que tendrían que hacernos parar en el camino de la vida para pensar lo que estamos haciendo.
Dice el propio evangelio, que "no solo de pan vive el hombre" aunque este sea el elemento primordial para poder caminar en la vida. Probablemente el hambre de hoy en día sea de muchas cosas y no solo
de pan. Cosas que hacen que desemboquen en el pan: de justicia que no se aplica a infinidad de situaciones en la vida; de desahucios que no tendrían que producirse y que no tenemos el techo para compartir el pan con los nuestros; de solidaridad con aquellos que más sufren, etc... y podríamos seguir enumerando infinidad de situaciones que hacen que el hambre en el mundo sea mucho más amplia que el propio pan del que todos nos alimentamos.
La falta de comida, la falta de los alimentos que antes he mencionado hace que estemos enfermos, que no solamente miremos a Lourdes, sino que miremos a María como madre: enfermedad de la soledad, enfermedad de la tristeza, enfermedad del alejamiento, enfermedad de privación de libertad, enfermedad de la ignorancia; enfermedad del abuso.... ¡cuántas enfermedades que nos llevan al hambre personal y por empatía al hambre colectiva!.
Me gustaría que viajásemos a Lourdes no solamente pensando en mi curación personal - que también - sino que por extensión pudiese, mirando a los ojos a María, sanar las enfermedades del corazón. De aquellas enfermedades que probablemente no se ven exteriormente, pero que hacen
que tenga hambre e intente saciarme dejándome un vacío interior que hace siga teniendo hambre.
Solo el que se llena de lo que realmente te harta es capaz de dar lo que a otros les hace falta. Sólo el que se reconoce como necesitado de alimento es capaz de valorar lo que es realmente lo que te sacia. Solo el que experimenta lo bueno que es el alimento evangélico se convierte en verdadero discípulo que me hace viajar hasta los confines de la tierra.
Aprovechemos las oportunidades. Aprovechemos al campaña contra el hambre para sensibilizarnos materialmente y del corazón. Hagámonos una radiografía para comprobar que, a veces, no estamos enfermos exteriormente sino un poco más hacia el interior. María puede ser un buen escáner.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 2 de febrero de 2018

¿ REALMENTE SIRVEN LAS ENCUESTAS?

¿ REALMENTE SIRVEN LAS ENCUESTAS?
Vivimos en una sociedad que se me antoja que no es tan compleja como nosotros, a veces, queremos hacerla. Creemos que la mitad de las cosas no funcionan y por eso hay que cambiarlas aunque muchas de ellas, por el tiempo que llevan puestas en práctica, ni siquiera les ha dado tiempo a saber si sirven o no. Pero es más: enseguida nombramos una comisión que tiene que analizar lo que sucede y además, planteamos una encuesta a la gente, porque creemos y entendemos que la democracia tiene que ser eso: el gobierno del pueblo y este tiene que intervenir.
Pero claro: las encuestas funcionan en la medida en que los problemas surgen y probablemente un problema existe, no se ha solucionado, pero no está en primera plana y en la encuesta no sale como prioritario. Eso es lo que pasa o ha pasado, por ejemplo, en nuestra querida Cataluña.
Si hoy hiciéramos una encuesta de cuál serían los problemas más acuciantes de nuestra sociedad pues tendríamos una lista interminable: la enfermedad, el paro, los hijos, la situación en determinada comunidad autónoma, el terrorismo, etc. y claro, siendo todos importantes, ¿cuál es prioritario según las encuestas?.
Y es curioso que las encuestas también demuestran, que las necesidades y a veces calamidades de los hombres son caminos y vehículos que nos acercan a Dios. ¿Tiene que ser así?, probablemente no , pero también es una oportunidad de acercamiento. Dice el evangelio de este fin de semana que a Jesús le acercaban muchos enfermos para que los curara. Pero el evangelio también dice que nunca decía que no, nunca rechazaba a ninguno de ellos, sino que acogía a todos y cada uno de los mismos.
Pero me da la impresión que a veces tratamos a Jesús como el echador de cartas, o el mago astrólogo que consulta el horóscopo y en función de ello da soluciones a problemas que en un momento determinado tenemos. Lejos de la intención. Jesús es la confianza de quien pone su corazón en la realidad de que se va a cumplir lo que se pide. ¿Qué sentido tiene pedir algo a alguien en quien no creemos o de lo que pasamos y solamente nos agarramos a él en momentos puntuales que dan solución a nuestros intereses personales?
Jesús es ese hermano que todos tenemos y en quien confiamos. Para él es importante que las personas le conozcan y se vayan abriendo a su mensaje. A él le duele el dolor de sus hermanos y se implica con ellos solidariamente. El ver a un Dios que se agacha para recoger la miseria y el dolor humano fortalece la fe de los testigos, hace más creíble el anuncio y nos demuestra, una vez más, que el Reino ha de traducir en acciones concretas de transformación humana y social.
Si nos quedamos en el anuncio, en las encuestas y no pasamos a la acción y al compromiso corremos el riesgo de ser irrelevantes ante la sociedad a la que le decimos que tenemos que ser comprometidos. Cuando la Iglesia anuncia el evangelio desde el compromiso con los últimos y se agacha para servir, se hace creíble y convincente su mensaje, se vuelve sal y luz para el mundo.
Cada vez veo más claro que la encuesta tiene que ser el preludio de una realidad que todos quieren y desean. La encuesta tiene que ser la realización práctica de aquello que pedimos y solicitamos como válido y verdadero. Jesús dice que va a casa de la suegra de Pedro: ¡cuántas veces atendemos a los de
lejos y nos olvidamos de los de casa!. Probablemente los de fuera, a veces, se/nos comportamos como gente que busca agradar a los que se nos acercan, pero en el fondo lo que sucede es que tenemos que convivir con los que están alrededor. ¡Qué bueno el ejemplo de Jesús!: primero la suegra, los de casa, los más cercanos.
Ojalá que aprendamos lo que tenemos que hacer cuando el ejemplo de los próximos nos tienen que llevar a los más alejados

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 26 de enero de 2018

EL RESPETO ES UNA FORMA DE AUTORIDAD

EL RESPETO ES UNA FORMA DE AUTORIDAD
En los pueblos había un "tridente" que era temido por los más ancianos del lugar. La autoridad la tenían el médico, el cura y el maestro: la medicina, la moral y la enseñanza. Si nos paramos a pensar casi son los pilares sobre los que se sustenta la existencia de la vida humana. Pero claro el que estos tres estamentos fuesen considerados como la máxima autoridad en cualquiera de los pueblos de nuestra geografía se llegó a convertir no en una autoridad, sino en un autoritarismo que a veces se extralimitaba en sus funciones.
Con el paso del tiempo, esa autoridad se fue perdiendo para pena de muchos, puesto que las formas y las maneras no eran las adecuadas para enseñar a nuestros infantes. Se pasó al coleguismo, a la amistad mal entendida y que algunos probablemente achaquen hasta falta de respeto que también se da en la medicina, en la Iglesia y en los colegios e institutos... y justamente aquello que hemos perdido, probablemente ahora lo queramos restituir como mejor forma de enseñanza para las generaciones que nos siguen, cambiando quizás la metodología e incluso la pedagogía a utilizar.
Este fin de semana, el evangelio nos habla de que Jesús nos habla con autoridad, una autoridad que por su apariencia no le da cierta credibilidad: "¿no es este el hijo del carpintero?". Los más cercanos no tienen claro que él pueda hablar de la manera que lo hace. Pero a pesar de esta oposición y rechazo, Jesús no renuncia a ejercer su autoridad porque tiene claro que su misión es anunciar el evangelio y el mensaje de salvación que contiene.
Es curioso que este fin de semana se celebra la jornada de la infancia misionera. Siempre he dicho y lo mantengo que cuando celebramos una jornada es porque hay algo que no funciona. Todos seguimos bautizando a los más pequeños. Todos queremos que los más pequeños, una vez que han crecido un poco, hagan la pequeña comunión. Ahí paramos el proceso (confirmación ya nada, probablemente no tenemos conciencia de hacer cosas mal y no necesitamos el perdón de un Padre porque somos autosuficientes) y esperamos a que los más pequeños tomen decisiones por su cuenta.
Sin embargo no enseñamos a nuestros hijos a ser anunciadores de un gran tesoro que escondido en nuestra fragilidad (vasijas de barro), tiene que dar mucho que decir y hablar. No enseñamos a nuestros hijos a ser misioneros y probablemente nosotros que decimos que creemos en Jesús de Nazaret estamos convencidos que el mensaje de salvación hay que anunciarlo.
Me da la impresión que estamos viviendo una época en que lo religioso no tiene cabida en una sociedad super sofisticada tecnológicamente pero poco dada a la reflexión y al diálogo. Nuestros hijos no sabrán infinidad de cosas básicas de convivencia, pero sí de juegos - llámese play 4 - de móviles, de ordenadores.... pero quizás lo que se llama respeto, ayuda, silencio, escucha... ni en casa, ni en la escuela, ni en la Iglesia....¿Dónde está nuestra misión?.
Creo que aquí esta la clave de nuestra autoridad. La misma que la proclamación de la buena noticia le dio a Jesús y la misma que nos da a nosotros en el 2018 la creencia en la misma noticia. Debemos mantener nuestro respeto; debemos mantener nuestra escucha a los signos de los tiempos que nos marcan los lugares, tiempos y formas de evangelizar.
Nuestros hijos pueden y deben ser misioneros si nosotros estamos convencidos que ser misionero merece la pena. Nuestro cristianismo no debe claudicar ante los avatares de la sociedad en la que vivimos; nuestro cristianismo no debe agachar la cabeza ante una sociedad que dice que no tiene cabida para un tal Jesús de Nazaret aunque muchos sigan cumpliendo con cierta fidelidad con compromisos religiosos que han convertido en sociales más que de testimonio.
¡ Qué grande es la autoridad, cuando respeta y se deja respetar!. Es la autoridad que Pilato tuvo que reconocer que venía de lo alto. Debemos, como cristianos, de ganarnos el respeto de la sociedad en la que vivimos para que no sea rechazado y sobre todo porque nuestro testimonio convence a los que nos ven, nos oyen y probablemente nos quieran imitar.
Podríamos intentarlo

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 19 de enero de 2018

PERO... ¿ QUÉ ESTÁS HACIENDO?... PESCANDO


Hay ciertas expresiones en el lenguaje cotidiano que nos pueden llevar a malinterpretar lo que queremos decir, porque probablemente "no estamos en la onda". Pero es más: hay expresiones que
parecen tener más sentido cuando lo dice un determinado grupo de gente que en función de la edad es la que nos da la pauta de lo que decimos y de cómo tenemos que decirlo. Últimamente parece que se ha puesto de moda el verbo pescar. No es un verbo nuevo, pero la gente joven normalmente cuando uno está distraído, o mirando para otra parte, o está a lo suyo.... "está pescando". Incluso el estar pescando parece que puede ser hasta despreciativo.
Pero pescar no es nuevo, aunque la gente joven no se lo crea: ¡quien no pescó un resfriado!; ¡qué policía no ha pescado a un chorizo!; ¡qué joven no pescado novio/a!... ya ven que hay expresiones no nuevas que a veces las renovamos para creer que son innovadoras.
Este fin de semana el evangelio nos habla de pesca. Los pescadores son aquellos hombres rudos que lo son, porque el medio en el que se desenvuelven así quieren que sea: frío, viento, soledad, lejanía de seres queridos, sueldos que a veces no se corresponden con el trabajo realizado... y Jesús habla de hacer "pescadores de hombres". Siempre me ha llamado la atención esta frase: echar el anzuelo y esperar que piquen.
Si en la gente joven pescar es "andar en su mundo", creo que el reto de este fin de semana es precisamente lanzar el anzuelo en el mundo en el que vivimos; lanzar el anzuelo en un mundo donde la fuerza y el ruido del oleaje cotidiano contrasta con la paciencia y tranquilidad de quien aguanta la caña para poder salir airoso de lo que busca.
Pero claro podemos preguntarnos, ¿dónde tenemos que pescar?, ¿dónde está ese muelle, esas piedras adecuadas a lo que queremos para poder sacar lo mejor de ese mar que nos alimenta. Dios elige en medio de la cotidianidad, en el entorno de la vida ordinaria. Así lo hizo con Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Lo extraordinario para Jesús es hacer lo ordinario de manera extraordinaria, es decir, inundando todo lo que somos y hacemos con la sabiduría del Reino y con el espíritu de las bienaventuranzas. Si hay algún lugar teológico especial para discernir la llamada de Dios a ser compañeros o compañeras es la vida que se entrega día a día en el servicio silencioso, pobre y humilde a las personas con quienes construimos la historia y en el compromiso con las causas justas que son las que hacen posible que, aún en medio de la noche, brille el lucero del alba. El anzuelo no es engañar a nadie, sino que el anzuelo es el propio evangelio que anuncia el Reino de conversión y de creencia.
Pero el texto sigue siendo muy claro. Tan claro que nos aporta cómo tiene que ser nuestra respuesta.
Dice el Evangelio que los primeros discípulos, al recibir la invitación de Jesús, lo dejaron todo y le siguieron sin dilación. Es cierto que los discípulos de la primera hora no tenían muchas cosas y desprenderse de poco cuesta menos. Nosotros vamos llenando nuestras mochilas de tantas cosas que hacen pesado nuestro sí y lenta nuestra disponibilidad. El desafío de la misión a la que Jesús nos llama requiere de hombres y mujeres de sí generoso y oportuno. Son muchos los lugares que requieren, aquí y ahora, artesanos de vida, de paz y compasión y, sin duda, muchos de nosotros podemos ser uno de ellos si nos decidimos a dar el primer
paso, a salir de nuestros lugares de confort, a asumir el riesgo de ser portavoces de un proyecto contracultural y, sobre todo, a dejar moldear nuestro corazón por el Señor para recobrar, junto a Él, la armonía de la canción.
Creo que entre las lecturas de la semana pasada y las de este podemos sacar conclusiones muy claras: en la semana pasada Samuel acabó escuchando la voz de Dios. En esta semana, una vez escuchado, dejaron todo y le siguieron. Dios sigue llamando en nuestra pesca, en nuestro mundo, en nuestras situaciones concretas, No es el mago que saca el conejo de la chistera, es el que toca la fibra sensible de quien está dispuesto a dejarse interpelar.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 12 de enero de 2018

PERO REALMENTE, ¿TE IMPORTA DÓNDE VIVO?

PERO REALMENTE, ¿TE IMPORTA DÓNDE VIVO?

Cuando era pequeño, recuerdo que mis padres, a los amigos, les decían, vivo en la calle tal y en el número x. No era más que una invitación a compartir el mismo espacio, porque probablemente compartían ciertas inquietudes comunes o incluso ciertas gustos también comunes. Pero también, y todo tiene un pero, podría incluso servir para quedar bien a sabiendas que a quien se lo decían no iban a decir que iban de visita con frecuencia.
El otro día, alguien en el pueblo, con una estampa nada recomendable fisicamente e incluso con un olor un poco desagradable, me dice: "Oiga, amigo. ¿A mí?. Si, si, a usted, ¿dónde vive el cura que le voy a decir cuatro cosas?". Uff, complicado me lo puso, porque no fui capaz de decirle donde vivía, entre otras cosas porque podría pensar que qué le importaba donde vivía el cura de mi pueblo, aunque después también pensaba que, si no se lo decía, quedaba un poco fuera de contexto y el cura no cumplía con la misión que le habían encomendado de "atender a todo el mundo".
Pero este fin de semana le preguntan al Maestro que donde vive y él se lo dice: ¡ qué mal quedaste Paco, con aquel que te ha preguntado!.
Maestro, ¿dónde vives? Esta pregunta, que no surge de la nada o de una curiosidad infantil, sino del movimiento interior de búsqueda de lo profundo suscitado por la afirmación que el Bautista hace de aquél hombre sencillo, pobre y humilde: “Este es el Cordero de Dios”, no se responde con la indicación de un lugar geográfico o de una dirección en la ciudad. La respuesta que buscan los discípulos tiene que ver con su misión, sus apuestas, su experiencia de relación con el Padre, su estilo de vida, etc. Como he señalado arriba, me atrevo a desarrollar el “Venid y lo veréis” de la respuesta de Jesús.
Jesús vive en todas las personas que están tiradas a la vera del camino como resultado de la mala gestión de algunas de las estructuras de la convivencia humana y del fracaso del contrato social que insisten en firmar personas e instituciones que ponen por encima de la dignidad de la persona los resultados de la economía, el poder que les genera un ejercicio de la política que se olvidó del bien común y los alcances tecnológicos y científicos, entre otros. Jesús vive y habita en todas las personas que reclaman, anhelan y trabajan por la reconstrucción de su proyecto de vida con dignidad.
Jesús vive en todas las personas que se esfuerzan y se dejan la piel por hacer que la vida de los demás, especialmente la de los últimos, sea una experiencia gozosa por el reconocimiento de la dignidad negada y por la creación de las condiciones de posibilidad para que las personas puedan disfrutar de todo aquello que hace que la vida se pueda llamar, en sentido estricto, humana. Jesús acompaña y fortalece a todos los que son capaces de salir de su propio amor, querer e interés para ir en búsqueda de los rostros y las historias de los nuevos crucificados. Vive entre los maestros que, yendo más allá de la transmisión de conocimientos, se esfuerzan por formar personas compasivas, competentes, comprometidas, conscientes y coherentes. Vive en los trabajadores sociales que, día a día, acompañan los procesos de reconstrucción del proyecto vital de los empobrecidos. Vive en miles de profesionales de la medicina, del derecho y de la ciencia que ejercen su oficio con criterios de solidaridad y justicia, tendiendo puentes con aquellos que, en el otro lado del puente, están marginados. Vive en los artistas, en los soñadores y
en los que modelan utopías para que no dejen de recordarnos que nuestra vida trasciende y nuestros nombres están tatuados en el corazón de Dios.
Jesús vive en las comunidades de puertas abiertas porque entienden que el proyecto de Jesús no se puede vivir en la soledad sino en la experiencia de la comunión. Comunidades que entienden que su vivencia de la fe no se puede separar de su compromiso con la justicia. Comunidades que entienden que la liturgia, más allá de un conjunto de ritos, es un encuentro para celebrar la vida y el paso de Dios. Comunidades que entienden que la Palabra del Señor es la fuente que llena de sentido su ser y su quehacer.
Jesús vive en la creación, en la casa común de todas y todos, con la que manifiesta de diversas maneras su amor, su ternura y su preocupación por nuestra vida. Una creación que no le pertenece a unos cuantos sino que tiene un destino y una vocación de universalidad.
Para otra vez entenderé que Jesús también vivía dentro del que me ha preguntado.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 5 de enero de 2018

UNA MANIFESTACIÓN SIN SINDICATOS, PERO COMPROMETIDA

Los que peinamos ciertas canas, no nos las pintamos, y tenemos ciertos años, recordamos - no se si con cierta nostalgia o no - tiempos pretéritos en los que estrenábamos democracia y además todo lo que ello conllevaba: libertad de expresión (oral y escrita), libertad de reunión (pública y privada), libertad de manifestación. Pero como hasta la fecha no habíamos tenido esa oportunidad, no se sabía cómo había que hacerlo y para ello surgen los sindicatos, para ayudarnos - según ellos - a reivindicar lo que nos corresponde o por lo menos a lo que tenemos derecho.
Pero claro: quizás todo tenga un pero: lo que nace como una novedad maravillosa, como una oportunidad de ser lo que no éramos, se convierte en una rutina que mata la idea original: nos manifestamos por todo, hasta por toser. Y todo lo que se generaliza - como los medicamentos - acaba perdiendo su efecto. Solo basta ver las manifestaciones de hace diez años con las de ahora. No tienen nada que ver y como el día de la manifestación esté soleado, probablemente haya más gente en la playa que aguantando una pancarta.
Se preguntarán a qué viene lo que estoy contando. Y es que este fin de semana hay una manifestación. Una manifestación sin pancarta escrita, porque la sola presencia del protagonista es ya la pancarta. Una manifestación en la que no hacen falta sindicatos que nos convoquen a ella, puesto que la convocatoria ya viene impresa en el rostro del manifestante. Este fin de semana celebramos una epifanía: Dios en Jesús, por si no lo teníamos claro, se da a conocer a todo el mundo. En todas las manifestaciones hay un manifiesto final, aquí no hace falta escribir nada, no hace falta micrófono... hace falta ver y contemplar un pesebre, una indigencia en un portal, para darnos cuenta que el mensaje tiene que ser asumido e interiorizado.
Es curioso como tres eminencias, tres representaciones de todo el mundo, se arrodillan (no es al revés) ante la evidencia. Se arrodillan ante la reivindicación de los derechos de los pobres, de los humildes, de los sencillos, de los inmigrantes, de los que son desahuciados, de los que se quedan en el paro, de los que son asesinados sin causa o simplemente por hacer como los magos de arrodillarse ante el niño hecho carne, de las/los que son víctimas de la violencia de género..... Y probablemente muchos de nosotros, hoy, nos arrodillamos ante el móvil de última generación que ha salido al mercado.
Pero el fin de semana también es una llamada al compromiso. Si los sindicatos - en su momento - tenían que estar comprometidos con la causa, nosotros también tenemos que estar comprometidos con la causa de Jesús de Nazaret y eso lo hacemos a través del Bautismo. El agua que han derramado en nuestras cabezas, no es más que el carnet que nos obliga a continuar con la causa que les llevó a los Magos a recorrer unos cuantos kilómetros y que nos sigue obligando a nosotros a continuar con esa labor. Estamos en época de crisis "e afiliación", pero los que todavía estamos dentro, somos los que tenemos que convencer, con el ejemplo y el testimonio, a los demás que esto merece la pena.
La Epifanía y el bautismo de Jesús, es una manifestación sin sindicatos, pero comprometida con nosotros y con los que nos rodean. Pero la epifanía es también el momento de la ilusión compartida. Especialmente los niños, pero
también los mayores, nos ilusionamos no solo esta noche sino que tenemos que ilusionarnos cada día que amanece. Vivimos a veces sumidos en la tristeza. Les confieso que yo también tengo ilusiones y deseos. Me ilusiono y deseo que la vida me/nos sonría como el niño de Belén en gesto de agradecimiento; me ilusiona y deseo que los gestos, las caricias, los abrazos, los silencios, las compañías - a veces inesperadas - marquen las pautas a seguir en los siguientes trescientos cincuenta y ocho días que quedan para el próximo recuerdo de la manifestación de Dios.
Para terminar, mi felicitación a un grupo de padres que este fin de semana ratifican su fe en Jesús a través del sacramento de la confirmación. En gestos así, sigue habiendo Epifanía.

Hasta la próxima
Paco Mira